domingo, 25 de junio de 2017

CACIQUES DE LA REGION: ANCAFILÚ

Cacique Ancafilú - Ilustración de Carlos Roume (1923-2009)


Ancafilú fue un ulmen o cacique principal de las tribus pampas que habitaba las sierras de Tandil. Desde 1820 hasta su muerte a fines de 1823 fue entre los indígenas uno de los principales y más irreductibles enemigos de la Provincia de Buenos Aires. Vivió en las costas del arroyo Chapaleofú en jurisdicción de Tandil, por los años de 1810 a 1822. Deamuló por lo que es hoy Tandil, Vela, Barker y Villa Cacique. Según la documentación existente fue un valiente guerrero que soportó las incursiones de la población blanca y logró huir después de la llegada de Martín Rodríguez. En “mapudungu” (lengua mapuche) “ancafilú” significa “mitad de víbora” (filú = víbora / anca = mitad). En la cosmogonía mapuche, en su historia del Diluvio Universal intervienen dos víboras, una maligna y la otra benévola, de modo que hay que considerarlas como un animal sagrado.


En el Diario de la Expedición de 1822 a los campos del sud de Buenos Aires desde Morón hasta la Sierra de la Ventana al mando del coronel don Pedro Andrés García y los correspondientes trabajos científicos ejecutados por el oficial José Maria de los Reyes, podemos constatar la ubicación en donde se encontraba el cacique Ancafilú:

“Temerosos como hemos dicho de ser invadidas todas su poblaciones situadas en la sierra pasada, es decir, desde el Volcán hasta el Cairo, fueron abandonadas por sus dueños; entre ellos el celebre cacique Ancafilú y Pichiloncoy se retiraron a la vista de la segunda sierra de la Ventana. Las poblaciones las desampararon poco antes del paso de la Comisión por la sierra (se refiere al grupo del coronel don Pedro Andrés García) pues se encontraban aun claros en donde habian existido. El cacique Ancafilú fue el primero que abandonó la suya, situado con su tribu en las margenes del arroyo Chapaleofú, cerca de las faldas del Tandil, cuando fue sorprendido y acuchillado en la expedición del año 20, (en donde nos hallamos) hasta cerca de la Ventana, adonde permanece al presente”

Pacto de Miraflores
Tratado de Paz de la Estancia Miraflores

Hacia 1820 la situación de la frontera sudoeste de la Provincia Buenos Aires era pacífica. Inmerso en una crisis civil sin precedentes el gobierno buscó un acuerdo con los indígenas de las sierras de Tandil que le permitiese asegurar esa frontera. Cuando las propuestas llegaron a los indígenas, los caciques Tacumán, Tricnín, Carrunaquel, Aunquepán, Saun, Trintri Loncó, Albumé, Lincón, Huletru, Chañas, Calfuyllán, Tretruc, Pichiloncó, Cachul y Limay se reunieron en las tolderías de Ancafilú en las riberas del arroyo Chapaleufú y autorizaron a Ancafilú, Tacumán y Tricnín a tratar con el gobierno en su nombre.

Estancia de “Miraflores” (Partido de Maipú), fundada por Don Francisco Hermógenes Ramos Mexía año 1811.

Los representantes arribaron al sitio de las negociaciones, la estancia de Miraflores de Francisco Hermógenes Ramos Mejía y autorizaron a su vez al hacendado para que actuara como su vocero. El 7 de marzo de 1820 el comandante general de la campaña, general Martín Rodríguez, y Ramos Mejía a nombre de los caciques, firmaron la convención denominada Pacto de Miraflores por la que se ratificaba la paz en el territorio y se declaraba como línea divisoria definitiva la alcanzada por los hacendados de las estancias al sur del río Salado. Los indígenas debían devolver el ganado robado y recibirían trabajo en la estancia.

Artículo 4°. Se declara por línea divisoria de ambas jurisdicciones el terreno que en esta frontera los hacendados (han alcanzado), sin que en adelante pueda ningún habitante de la Provincia de Buenos Aires internarse más al territorio de los indios.
Artículo 5°. Los caciques se obligan a la devolución de las haciendas que se llevaron y existen de esta parte de las sierras. El cacique Tacumán se encargará de arrear dichos animales hasta la estancia de Miraflores.
 
Pero tras el tratado que debía ratificar la paz existente la situación se deterioró rápidamente en todos los aspectos. El sargento mayor Juan Cornell diría años después: "Pero desgraciadamente las turbulencias del año 20 y el mal manejo que se tuvo para tratarlos hizo disgustarlos en tiempo del gobierno del General Rodríguez, y se retiraron de Kaquel donde residían las tribus de Ancafilú, Pichiman, Antonio grande y Landao, que vivían pacíficamente agasajados por Don Francisco Ramos Mejía, que permanecía sin ningún temor en su estancia con toda su familia y sin exageración diré, rodeado de estas indiadas."


Si bien Ancafilú era considerado indio amigo, participó en un parlamento de tribus de Buenos Aires y Santa Fe que acordó enviar una diputación de cuatro caciques para acordar con el caudillo chileno José Miguel Carrera. Ancafilú y Anepán fueron de los cuatro que a principios de octubre, acompañado de 16 capitanejos, llegaron al campamento del Rosario dispuestos a negociar su ayuda a Carrera, quien los recibió amistosamente y temiendo un pacto de su aliado el gobernador de la provincia de Santa Fe Estanislao López con Buenos Aires escuchó su propuesta y los conservó en el campamento:

"Yo los contemplo i trato de asegurarlos en mi amistad para lo que pueda convenir. Si no es por San Juan iremos a Chile por los indios a ver que hace San Martín i el huacho [O'Higgins]".

El 24 de noviembre López cerró el tratado de paz entre Santa Fe y Buenos Aires en la estancia de Tiburcio Benegas en las márgenes del Arroyo del Medio. López, ya enemistado con Carrera, acordó detenerlo con sus soldados y dio órdenes de marchar a sus Dragones desde Santa Fe. Carrera tuvo noticias de esa orden y a medianoche del 26 de noviembre se puso en marcha hacia el interior con 140 chilenos que le acompañaban sirviéndole de guías los caciques. Llegado al campamento tuvo noticias de los planes:

"Ayer a las 12 de la mañana llegué al campo de los indios compuesto como de 2000 enteramente resueltos a avanzar a las guardias de Buenos Aires para saquearlas, quemarlas, tomar las familias i arrear las haciendas. Doloroso paso. En mi situación no puedo prescindir de acompañarlos al Salto que será atacado mañana al amanecer. De allí volveremos para seguir a los toldos en donde estableceré mi cuartel para dirigir mis operaciones como más convenga".

El 3 de diciembre de 1820 José Miguel Carrera con sus hombres y los indios ranqueles de Yanquetruz y Pablo y los pampas de Ancafilú y Anepán, atacaron la localidad de Salto y tras tomar la Guardia de Salto destruyeron la población.

Indios pampas


Tambien en 1820 el cacique Negro realizó un malón en la zona de Mar Chiquita, por lo que fue perseguido, desde Monsalvo hasta la sierra de la Tinta, por el capitán Lara con 50 blandengues y 200 milicianos de Tordillo. Negro obtuvo una victoria sobre Lara en la Batalla de la Sierra de la Tinta.

Perseguidos por las fuerzas del gobernador Martín Rodríguez, la primera de las Campañas de Martín Rodríguez contra los indígenas, indios y chilenos huyeron rumbo al sur hasta que en los primeros días de enero de 1821 se detuvieron a la vera del río Colorado. Allí Carrera organizó un parlamento con sus aliados y los araucanos, tras lo cual en enero de 1821 partió rumbo al norte (provincia de Córdoba) con 30 escoltas indios mientras que los pampas regresaban con sus hombres a su asentamiento en la sierra del Tandil.

Expedición de Martín Rodríguez

Por su parte, la división de Rodríguez cruzó el río Salado rumbo al sur, acampó a orillas de la laguna Kakel Huincul y avanzó hasta la sierra del Tandil, donde atacó por sorpresa las tolderías de los caciques Ancafilú y Anepán en las márgenes del arroyo Chapaleufú, pero el arroyo tuvo que ser pasado a nado por lo que las tropas sólo lograron capturar algunos niños y mujeres y ganados. Los indios de lanza se dispersaron en pequeñas partidas y enviaron luego una embajada solicitando parlamentar. Abiertas las negociaciones, Rodríguez devolvió los prisioneros y sus rebaños quedando los caciques en presentarse en pocos días. El plan de las tribus consistía en incorporar 300 indios de lanza a la columna como tropas aliadas y dirigir a las fuerzas de Rodríguez a una celada pero el cacique Juan Landao los delató. Sólo el cacique Pichiloncoy intentó atacar a Rodríguez pero fue derrotado y sufrió 150 bajas.

Los indios piden parlamento. Ilustracion Carlos Roume. Clarin Rural. Año 1969

Los indios pidieron nuevamente parlamento pero al reunirse con los enviados de Rodríguez los asesinaron cerca de una laguna conocida desde entonces como laguna de la Perfidia. Con el ejército semisublevado, Rosas que renunciaba a su comisión y se proponía regresar a su estancia de los Cerrillos y en la certeza de la inutilidad de proseguir las operaciones, Rodríguez resolvió replegarse a Kaquel Huincul, mientras los pampas (entre ellos Ancafilú, Catriel, Antonio Grande, Pichimán y Pichiloncoy) se concentraban y trasladaban a la Sierra de la Ventana y de Pillahuincó.

En Miraflores Ramos Mejía protestó ante lo que consideraba una violación flagrante del Pacto de Miraflores por el Gobierno. Desde el fuerte de Kaquel Huincul Rodríguez ordenó por su parte que fueran detenidos todos los indios que trabajaban en la estancia y el mismo Ramos Mejía acusándolos de ser quienes proveían a "los demás indios noticias que les favorecen para sus excursiones" y de que allí "es donde se proyectan los planes de hostilidades contra la provincia". Ramos Mejía le aconsejó tratar previamente con las tribus avecindadas a su estancia, que obedecían a los caciques Ancafilú, Pichuiman, Antonio Grande y Landao, para asegurarse su cooperación o por lo menos su neutralidad en la empresa. Rodríguez no solamente desoyó el consejo, sino que desconfiando de Ramos Mejía, le sometió a prisión, remitiéndolo con su familia a Buenos Aires.

Mientras Ramos Mejía era trasladado esposado a caballo y su familia encerrada en una carreta, los indios eran detenidos y 80 de ellos degollados. No se encontró ninguna prueba que ligara a Ramos Mejía o a los indios de sus tierras con los malones o de que representaran una amenaza para la frontera. Cornell afirmaría que la incursión fue un fracaso que:


 "... no produjo ésta mayores resultados, si no al contrario más disposición en los indios para hacernos la guerra y no poca por haber traído preso en el mismo ejército a Don Francisco Ramos Mejía con toda la tribu de indios pacíficos que tenían sus tolderías en su estancia Miraflores."


José Luis Molina y sus gauchos.

En efecto, muchos caciques pacíficos, entre ellos el cacique pampa Curu-Nahuel (llamado Curunau, jaguar negro, pantera) que vivió en las cercanías de Miraflores entre 1805 y 1835, padre de Cachul, y el cacique pampa Calfugán, se unieron a Ancafilú contra la provincia.

José Luis Molina escapó con dos peones más y se refugió entre la indiada, Al ser capataz de Francisco Ramos Mexía en su estancia Miraflores, tenía amistad con los caciques Antonio Grande, Ancafilu y Pichimán, por lo que se fue con ellos uniéndose a una de sus mujeres y recibiendo hospitalidad en cambio del auxilio de su brazo y de sus conocimientos topográficos de la Pampa. Se ganó la confianza de los indios, imponiéndose finalmente como caudillo y liderando desde entonces todas las invasiones que asolaron las zonas Oeste y Sur de Buenos Aires.


Casco de la estancia Miraflores, lugar desde donde Don Francisco Hermógenes Ramos Mexía fundó el gran territorio que incluyó al aborigen integrándolo, lo que les permitió vivir en armonía  dentro de sus límites.
¿De qué manera pudo concretarse el avance efectivo de la colonización blanca de tierras ubicadas al sur del río Salado?. El rol de las alianzas establecidas entre algunos caciques y sus tribus y las autoridades militares y gubernamentales fue fundamental para que dicho avance fuera exitoso. Dice Cornell :

“Pero desgraciadamente las turbulencias del año 20 y el mal manejo que se tuvo para tratarlos hizo disgustarlos en tiempo del gobierno del General Rodríguez, y se retiraron de Kaquel donde residían las tribus de Ancafilú, Pichiman, Antonio grande y Landao, que vivían pacíficamente agasajados por Don Francisco Ramos Mejía, que permanecía sin ningún temor en su estancia con toda su familia y sin exajeración diré, rodeado de estas indiadas…”[...]

Respecto de la expedición de Martín Rodríguez, el mismo Cornell afirma que:

[...] no produjo ésta mayores resultados, si no al contrario más disposición en los indios para hacernos la guerra y no poca por haber traído preso en el mismo ejército a Don Francisco Ramos Mejía con toda la tribu de indios pacíficos que tenían sus tolderías en su estancia Miraflores.


Documental sobre Francisco Ramos Mejía
Gentileza Dario Mariano Bruno

Por las referencias de Oreste Carlos Cansanello (1995), sabemos que las tierras de esa estancia, ubicada en las cercanías de la laguna Kaquel, fueron concedidas por el Gobierno a Ramos Mejía para que las explotara -aunque no en propiedad- en 1817. En ellas también se hallaba instalado un destacamento de blandengues y La Guardia o Comandancia General de Kaquel. Allí se asentaban tolderías indígenas que trabajaban en tareas rurales, criaban ovejas y tejían. En un convenio firmado en 1820 entre el gobierno de Buenos Aires y las tribus de la frontera Sud de la provincia, firmando a nombre de los caciques, aparece el hacendado Francisco Ramos Mejía. 

Territorio por el cual deambulaba el cacique Ancafilú

Ubicacion de la Laguna Kakel Huincul.
En abril de 1821 un malón de 1500 hombres de lanza guiados por José Luis Molina destruyó la naciente población de Dolores y arreó cerca de 250.000 cabezas de ganado.

El mismo autor refiere que los indios que estaban conchabados como peones fueron atacados por Martín Rodríguez, acusados de facilitar la llegada de los malones sobre las haciendas del sur. Ramos Mejía, su familia y todos sus indios fueron presos a la Capital. En abril de 1821 una invasión indígena cayó sobre la naciente población de Dolores. Muñiz también afirma que el gobierno consideraba a la estancia como centro de oposición política. En abril de 1821 un malón de 1500 hombres de lanza guiados por José Luis Molina destruyó la naciente población de Dolores y arreó cerca de 250.000 cabezas de ganado.


Angel Hechenleitner - Milonga por Molina
Gentileza Museo Emma Nozzi


Pedro Andrés García

En 1821 se produjo la Expedición a la Sierra de la Ventana al mando del coronel Pedro Andrés García. La Comisión tenía por objeto evaluar la situación de la frontera y finalizada la amenaza de Carrera llegar a un acuerdo con las tribus indias. Mientras se mantenía detenida en la Guardia de Lobos, fue enviado el cacique amigo Antiguan quien transmitió la propuesta de paz a una conferencia de caciques. Los caciques Pablo, Calimacú y Ancafilú, entre los principales, se opusieron al acuerdo, sosteniendo:

"…que por muchos conductos habían sido informados de que el gobierno trataba de sorprenderlos y atacarlos que por lo tanto creían deberse poner en armas y que ciertamente lo habrían hecho si él [Antiguan] no hubiese llegado".

Antiguan sostuvo que debía aceptarse la propuesta que consideraba sincera "porque ya no existían Carreras ni Ramírez que los habían comprometido faltándoles á todo lo que les habían ofrecido y que hoy el gobierno libre de aquellos enemigos aplicaría todas sus fuerzas para destruirlos y lo conseguiría bien presto" y que la guerra ocasionaría "la pérdida de su comercio la de muchos artículos de consumo entre ellos que ya se habían hecho como de primera necesidad, la inquietud y continua agitación en que vivían huyendo de unos y temiendo de otros".

Indio pampa. Ilustración


Finalmente intervino el cacique principal y más antiguo, Lincón diciendo "que el que no estuviese por la opinión de la paz antes convenida y pedida al gobierno de Buenos Aires se retirase en el instante de aquella reunión con todos los suyos, que pusiesen en ejecución sus planes hostiles contra la provincia que ellos también pondrían los suyos para escarmentar á la facción agresora y á hacer una paz sólida y permanente que les proporcionase un perpetuo sosiego á sus familias que hacia algún tiempo no disfrutaban por causa de los malvados", lo que decidió la votación.

Finalmente se produciría la reunión con García de los ulmenes o principales pampas Neculpichuy, Pitrí, Lincón, Avouné, Pichiloncó, Califiau, Anepán, Ancaliguen, Cachul, Llaneueleu, Epuan, Huilletrur, Chanabilú, Catrill, Chañapan, Trignin, Curunaquel, Amenaguel y Tacumán, y los conas o capitanejos Antiguan y Catrillan, y los Huilliches Niguiñilé, Quinifoló y Pichincurá, al frente de todas sus tropas. De los presentes en la primer asamblea, sólo Ancafilú permanecería obstinadamente fuera del acuerdo:

"El cacique Ancafilú, uno de los de esta tribu, y de los principales por su antigüedad, fuerzas militares y valor acreditado en sus correrías, no se reunió a los tratados, a pesar de haber sido invitado por todos los caciques, y repetidas veces por los principales o ulmenes, a quienes no quiso obedecer. La causa de esta conducta nos era desde antes de emprender esta Comisión bien conocida; este resultado lo esperábamos por los antecedentes que teníamos que era uno de los opuestos para hacer la paz, y confabulado con el cacique ranquel Pablo, que era el más tenaz, y el principal de los disidentes. Sabíamos que este se oponía a entrar nuevamente en liga, y era regular que aquel siguiese su opinión y no adhiriese, hasta que no entrase este último en relaciones. Ancafilú conservaba, y conserva aún, un odio irreconciliable contra la Provincia, desde la expedición del año 20, como uno de los que fueron atacados y sorprendidos en sus tolderías, en las riberas del arroyo Chapaleofú, y el que hizo la guerra de intrigas por vengarse de la sorpresa, y había jurado no cesar en sus proyectos hasta que así lo consiguiese. Esta conducta conocida hubiera estado en contradicción con cualquier paso que hubiese dado en unión de sus compañeros, a quienes trataba de disuadir a que no admitiesen la Comisión, e hiciesen la guerra a la Provincia."

    Expedición a la Sierra de la Ventana,
Coronel Pedro Andrés García.

Juan Lañado fue un cacique pampa que poblaba los campos comprendidos entre Tandil y Ayacucho en la campaña bonaerense, por los años 1810-1827. Se mantuvo en paz con los criollos argentinos que ocupaban esos mismos campos. Quizás para congraciarse con las tropas de Martín Rodríguez, denunció un asalto que por represalias pensaba llevar el cacique Ancafilú contra las fuerzas de Rodríguez. El referido jefe militar ataco sorpresivamente a los indios, causándoles 150 muertos e infinidad de heridos. El ataque fallido del cacique Ancafilú, obedecía a malos tratos y persecuciones de las fuerzas de Rodríguez contra las tribus que vivían en paz en esa zona. Pocas fueron las ventajas que obtuvo Juan Landao con su delación.

Ancafilú se retiró pero pronto volvió a atacar. En 1823 un malón mandado por Ancafilú y Pichimán, con la ayuda de algunos gauchos renegados que les servían de guías hacia las estancias con más ganado, ingresó por los campos de Magdalena, donde recogieron un rebaño que los cálculos de la época estimaron en ciento cincuenta mil animales, siendo perseguidos por los blandengues, fuerzas del coronel Domingo Soriano Arévalo y Miguel Cajaraville y un piquete de los Colorados del Monte al mando de Juan Manuel de Rosas. Las tropas gubernamentales al mando de Arévalo y guiadas por el baqueano Juan Francisco Olmos dieron alcance a los indios y el gigantesco arreo cerca de la laguna del Arazá (partido de Castelli) el 3 de noviembre de 1823.

Allí se trabó un encuentro por varias horas, porque los indios estaban frenados en su retirada al insistir en llevarse su inmenso botín de vacas. En ataques sucesivos los soldados infligieron a los indios fuertes bajas hasta conseguir que se desbandaran. En la acción murió Ancafilú y 60 de sus hombres, siendo rescatadas más de 80.000 cabezas de ganado. Los indios en sus deliberaciones al volver del malón, achacaron el contraste a los guías renegados.
 
Gaucho peleando con un indio pampa

Algunos de ellos fueron degollados, en tanto que el principal, llamado el gaucho José Luis Molina, pudo zafar gracias a su excelente caballo que lo puso en el fuerte Kakel Huinkul, donde su comandante, el mayor Cornell, tuvo que defenderlo nuevamente, ahora de los pobladores blancos que quisieron lincharlo por su colaboración con los caciques en el malón precedente.
 
Tapa del libro "El gaucho Molina y la Batalla de Carmen de Patagones" de Armando S. Fernandez


Cabe destacar que Rosas conocía profundamente el mundo indígena, hablaba correctamente el araucano en sus dialectos pampa y ranquel y sabía de sus costumbres y necesidades, y además respetaba a rajatabla los acuerdos asumidos para garantizarles su protección si vivían en paz con los cristianos. Al mismo tiempo que llevaba años empleando indios para trabajar tanto en sus establecimientos rurales como en aquellos que administraba. Su prestigio era tal, que los porteños unitarios para mofarse y desacreditarlo en sus periódicos lo llamaban justamente Ancafilú.

Descendientes del cacique Ancafilú. Adela Ancafilú - Demetrio Rosas. Limay Mahuida circa.1930

Resultado final: las campañas del coronel Federico Rauch

En agosto de 1826 el Partido de Salto fue asolado por 400 indígenas procedentes de Chile y 35 hombres de Pincheira, quienes arrearon todo el ganado. En septiembre un nuevo malón se produjo sobre Dolores, Chascomús y Monsalvo, participando realistas evadidos de Las Bruscas. Unos 1.000 hombres atacaron y robaron ganado en la Cerrillada de los Huesos. El 11 de septiembre de 1826 se produjo la Batalla de los Toldos Viejos, siendo derrotado el teniente coronel Morel por una fuerza de 700 indígenas del cacique Mulato y fusileros pincheirinos al mando de Godé.


Coronel Federico Rauch

Entre octubre de 1826 y enero de 1827 el coronel de origen prusiano Federico Rauch realizó tres campañas militares durante las cuales la frontera se estableció desde Melincué, pasando por Junín, 25 de mayo y Tapalqué, hasta el cabo Corrientes.
  • Primera campaña: partió el 25 de octubre de 1826 con 800 soldados desde Toldos Viejos (50 km al suroeste de Dolores) como represalia contra los indígenas que habían realizado malones poco tiempo antes, objetivo que se cumplió. Se dirigió al arroyo Sauce Grande del Norte en la sierra de la Ventana, atacó a las tribus de los caciques Can Huihuir y Colú Macun, matando a muchos indígenas y rescatando cautivos y mucho ganado. Luego regresó a Tandil para reponer la caballada y volvió a la sierra de la Ventana para atacar y destruir a las tribus de Curá Llan y Menu Có. Luego persiguió a los caciques Pablo y Quintana hasta las Salinas Grandes, retornando a la sierra de la Ventana para atacar y destruir a las tribus de Lincon y Nahuel Huequé.7
  • Segunda campaña: partió en noviembre de 1826 con 1.200 soldados de los Regimientos de Caballería de Línea 5, 6 y 7 con el mismo objetivo que la primera campaña.
  • Tercera campaña: partió a fines de enero de 1827 con el mismo objetivo que las anteriores, lo cual se logró.
No obstante, cuando se produjo la invasión imperial por la zona del Río Negro, en 1827, el capitán de baquianos el gaucho José Luis Molina se encontraba en Carmen de Patagones. Cuando el 6 de marzo desembarcaron los brasileños en la margen S. del Río Negro, al mando de James Shepherd, Molina se incorporó con su partida a la fuerza que mandaba el subteniente Sebastián Olivera, que sumaba 114 milicianos de caballería. Mientras Olivera atacaba frontalmente a sus numerosos enemigos, Molina se había corrido a sus flancos y retaguardia con su pequeña fuerza y había puesto fuego a los grandes pajonales circundantes; esta circunstancia y la muerte del jefe de los brasileños, Shepherd, agregada a la de otros compañeros, determinó a los enemigos a rendirse a discreción, entregándose a Olivera, 13 oficiales y 288 hombres de tropa. José Luis Molina tuvo importantísima intervención en este glorioso hecho de armas, que tuvo lugar el 7 de marzo de 1827, al mismo tiempo que los imperiales lanzaban otro ataque directamente sobre el puerto y pueblo de Patagones.


Juan Lavalle (1797-1841)

Tras la revolución producida en Buenos Aires, en diciembre de 1828, en que el general unitario Juan Lavalle depuso al gobernador federal Manuel Dorrego, Federico Rauch tomó partido por el jefe revolucionario. Solicitó permiso al nuevo gobernador de la provincia para retirarse a Buenos Aires, por lo que el mando de Fuerte Federación pasó nuevamente al coronel Escribano, partidario también de Lavalle. A principios del año siguiente volvió a salir en campaña con el apoyo de gauchos e indios, para enfrentar a los federales, que estaban conducidos por Juan Manuel de Rosas, que también tenían en sus fuerzas a los gauchos y a los indígenas.

Muerte de Federico Rauch. Ilustración de F. Fortuny.

Rauch fue derrotado en el combate de las Vizcacheras, ocurrido el 28 de marzo de 1829, durante el cual fue lanceado por el jefe ranquel Nicasio Maciel, apodado Arbolito, junto al coronel Nicolás Medina. Rauch fue decapitado, su cabeza fue primeramente arrojada en la puerta de la madre del después coronel federal Prudencio Arnold, a quien Rauch supuestamente había jurado matar, y luego llevada en triunfo a la ciudad de Buenos Aires y arrojada en una calle céntrica como un desafío.


Escultura del cacique Ancafilú

El 15 de octubre del año 2009 en la entrada simbólica de Villa Cacique, en el marco de los festejos del un nuevo aniversario de Barker y sus Villas, se descubrió una escultura del cacique Ancafilú. La misma se realizó por Iniciativa del programa de FM Sinfonia, Escuadrón Siambretta (José “Negro” San Roqueondo, Fabio Bustos y Ángel “Judy” Herrera), donde le dieron participación a los internos de la Unidad Penitenciaria N° 37, del Servicio Penitenciario Bonaerense.

El Intendente de Benito Juárez, Pedro Gamaleri; el Director de la Unidad 37, Inspector Mayor Ángel López; el Delegado de Barker Miguel D’onofrio; el Presidente del HCD, Dardo Pacheco y el profesor Eduardo Antonio Ferrer descubrieron la escultura, dejando inaugurado el monumento al Hombre Originario el cual fue denominado "Ancafilú" en honor al cacique. Año 2009. Imagen gentileza de frambuesabarker.wordpress.com

Los empleados de la Sección Talleres le presentaron los lineamientos a los internos y estos últimos crearon al cacique que desde hoy recibe a todos los que visiten esta villa serrana. Esta obra fue obsequiada al pueblo de Barker al cumplir su centenario el año pasado. Para una inclusión en un contexto histórico del mismo, Herrera, se contacto con el profesor e investigador de historia Antonio Ferrer, quien creyó conveniente llamar a la escultura "Ancafilú" (mitad Víbora o Cuerpo de Víbora).

Momentos en que se descubría la escultura de "Ancafilú" Año 2009. Imagen gentileza de frambuesabarker.wordpress.com
Los Internos de la Unidad Penitenciaria Nº 37 donaron a la localidad de Barker la escultura metálica del Cacique Ancafilú. El Sr. Luis Pérez Biondi la trabajó con varios compañeros de la cárcel que manejan la parte metalúrgica. Año 2009. Imagen gentileza abchoy.com.ar

Para finalizar, el Intendente de Benito Juárez Pedro Gamaleri; el Director de la Unidad 37, Inspector Mayor Ángel López; el Delegado de Barker Miguel D’onofrio; el Presidente del HCD, Dardo Pacheco y el profesor Eduardo Antonio Ferrer descubrieron la escultura, dejando inaugurado este monumento al hombre originario.

Detalle de la escultura dedicada al cacique Ancafilú. Año 2009. Imagen gentileza de frambuesabarker.wordpress.com
Fuentes:

CORNELL J., [1864]...De los hechos de armas con los indios. Informe del Sargento Mayor solicitado por el Ministro de Guerra y Marina Genral Don Juan Andrés Gelly y Obes. Estudio preliminar y notas: Beatriz Goldwasse y Oreste Carlos Cansanello. IEHS. Universidad Nacional del Centro de la Pcia. de Bs. As. Depto de Ciencias Sociales. Area Historia Americana y Argentina. Universidad Nacional de Luján, 1995.

martes, 20 de junio de 2017

CACIQUES DE LA REGION: YANQUETRUZ



YANKETRUZ O IANKÜ-TRUR (CHURRETE CAÍDO).

Sindicado pehuenche y ubicado en el siglo XVIII río Salado arriba, sería padre de Yanketruz  el viejo, o el jefe ranquel. Habría heredado en 1787 el cacicazgo en el sur de la provincia de Buenos Aires, a la muerte del cacique Negro, o Chanül, Chanel, Chanal o Chanil, quien puede haber sido su padre, tío o hermano mayor.


Cacique Yanquetruz. Imagen Canal Encuentro

En cuanto al cacique Negro, Francisco de Viedma (designado como Comisario Superintendente  de  los  Establecimientos  del  Río  Negro,  al mando de las obras de construcción del Fuerte y ordenando diversas expediciones de reconocimiento de las zonas aledañas a él) lo identifica en un primer momento  como  jefe  de  los  “pampas”.  Con  este  grupo  las  relaciones  fueron menos tensas y vale recordar que aún antes de la partida de la expedición hacia las costas patagónicas, este cacique ofrecía su ayuda a la misma en Buenos Aires (de la Piedra [5-12-1778]), aunque el Virrey lo identificaba como un “cacique principal de los Teguelchús” (Vértiz [3-12-1778]). La gente del cacique Negro había participado de malones sobre  Buenos  Aires  o  llegaban  habitualmente  hasta  sus  cercanías  para comerciar o proveerse de algún recurso natural, es decir: eran territorios muy frecuentemente transitados por ellos.




El nombre de esta familia de célebres caciques sería mapuche, a pesar de su estirpe tehuelche según investigaciones del Dr. Rodolfo Casamiquela, que glosó en un enjundioso libro todo el linaje de los Yanquetruz. Bajo la forma de Llancathrur –según Cuadrado Hernández- en idioma mapuche, “deriva de llanca, piedrecillas cobrizas, de color verde-azulejo horadadas, muy estimadas por los mapuche para pagas y adornos, las que mezcladas con cuentas de vidrio se llaman chaquiras, perlas, joyas, y thrur, que significa hermoso, precioso, sin defecto, con la acepción también de cosa igual, ajustada, compuesta.

De manera que Llancathrur o Llanquetruz se traduciría por: piedrecita preciosa o igual a las piedrecitas, o piedrecita perfecta. Por su parte, llanca, es antecedentes de apellidos y es el tótem de muchas estirpes araucanas. Yanquetruz muere en 1788.

JOSÉ MARÍA YANQUETRUZ -EL VIEJO-

Yanquetruz, padre de Cheuqueta o Yanquetruz, fue el cacique mayor de los ranqueles en las primeras décadas del siglo XIX, célebre por sus malones a la frontera Norte y por su oposición a las fuerzas del Centro y Oeste de la expedición Rosas. También citado por cronistas de la época como Llanquetruz o Chanquetrox, y cuyo nombre en castellano fuera José María Yanquetruz.

Yanquetruz, el viejo fue un lonko mapuche huilliche (o tehuelche septentrional para otros), que en 1818 se estableció entre los ranqueles del sur de Córdoba, Santa Fe, San Luis y La Pampa. Se lo llamó Yanquetruz el fuerte y tomó el mando de los ranqueluches a la muerte de Carripilún, ocupando entonces el campamento de Leuvucó. Habría sido chileno, emigrando a nuestro país hacia 1818 junto a cien de los suyos, sucediendo por su notable capacidad de guerra al jefe ranquel muerto sin descendencia Cari Agel (máscara verde).  


cacique Yanquetruz el viejo

Era descendiente de Llanquitur, que en las últimas décadas del siglo XVIII luchó en el sur de Mendoza contra Amigorena. La mujer de Yanquetruz era Carú Luán y su hijo, bravo como él, Pichún. El 3 de diciembre de 1820, junto al pichi rey José Miguel Carrera, atacó Salto destruyéndolo por completo, cautivando mujeres y asesinando a los hombres. También maloneó contra Rojas, Lobos y Chascomús. En 1831, asociado con los voroganos Cañuiquir, Rondeau, Canuillán y Mellín, sitió Río Cuarto y arrió gran cantidad de cabezas de ganado.

Estas acciones derivaron en la ruptura con Rosas y en la favorable recepción del unitario aindiado Manuel Baigorria que se refugió en las tolderías junto a buen número de sus partidarios. Durante la campaña rosista al río Colorado, Yanquetruz batió a Ruiz Huidobro causando su retirada. En 1834 fuerzas de San Luis y Buenos Aires al mando de Pantaleón Argañaraz, derrotaron a Yanquetruz, asesinando a los caciques Colipay, Pulcay, Pichul, Carrané, Pallán y Cutido. Habría fallecido hacia 1836, luego de la expedición de Rosas, cuando decidió retirarse hacia la cordillera. Yanquetruz fue sucedido por Painé Nürü.

JOSE MARIA BULNES YANQUETRUZ

Nació en la provincia de Buenos Aires, en 1831, hijo del cacique Cheuqueta.  A los seis años de edad, fue tomado prisionero por los pehuenches del norte, y seguramente vendido llegó a Chillán para formar parte de la servidumbre de algún potentado local (¿General Manuel Bulnes?) que se preocupó de darle instrucción.  Aprendió a leer y escribir de manera rudimentaria y conoció las costumbres del pueblo. En 1850, repitió la proeza de su padre dándose a la fuga.  Logró reclutar una partida de guerreros, quizá mocetones que estuvieron a las órdenes de su progenitor con los que cometió una serie de tropelías por Patagones y Bahía Blanca.

Luego de aumentar las filas de su escuadrón, optó por incorporarse a las huestes de Calfucurá.  Su alianza no fue duradera.  Adquirió gran ascendiente, y tomó como mujer a una de sus hijas llamada Mashal.  Durante la época en que estuvo al lado suyo participó activamente en las campañas depredatorias.  Temeroso aquél de su combatividad y talento, urdió trama para eliminarlo, pero Yanquetruz consiguió ponerse a salvo con su gente yendo a ocupar el territorio de sus mayores.
 
Cruce del rio Limay. Libro de Musters.c. 1865. Archivo General de la Nación

Cruzó al sur del río Limay y venció a una parcialidad de patagones, que dominó aliándose de inmediato con ellos. Reforzadas sus tropas, atacaron a Calfucurá, quien los derrotó, obligándolos a retirarse a sus lares, y ambos jefes quedaron más enemistados que nunca. Después de la caída de Juan Manuel de Rosas buscó la amistad del cristiano, pero sin conseguirla mayormente.  A fines de 1854 o 1855, atacó a Calfucurá, el que ya actuaba a favor de Urquiza, en Salinas Grandes, consiguiendo arrebatarle crecida cantidad de hacienda que comerció en Patagones con la autorización del comandante Julián Murga. Desvinculado de Calfucurá, por estar distanciado, realizó por su cuenta varios ataques sucesivos a Patagones.

Batalla de San Antonio de Iraola

El 8 de septiembre de 1855, Yanquetruz y sus hombres invadieron campos y poblados en la zona donde hoy se ubican, entre otras, las ciudades de Juárez, Chillar y Tandil; ante tal situación, el general Hornos, acantonado en Azul, ordenó al teniente coronel Nicanor Otamendi que, con 124 soldados, marchara en auxilio de las poblaciones en peligro.  El 12 de septiembre, el escuadrón llegó a la estancia San Antonio de Iraola (actual Partido de Benito Juárez)

comandante Nicanor Otamendi

Al parecer, tanto Yanquetruz mismo como la indiada en general tenían mucho respeto por el teniente coronel Otamendi y, como se dirigían en esa dirección, le mandó a su lenguaraz (traductor), a los efectos de convencerlo de que lo dejara pasar sin entrar en combate, ya que arreaba, como producto de sus correrías, 20.000 animales robados, amén de algunas cautivas, con el propósito de venderlos en Chile.  Otamendi aprisionó al lenguaraz, ante lo cual la indiada, enardecida, se lanzó contra sus tropas.

Al amanecer del 13 de septiembre, y después de algunas escaramuzas, advirtiendo que no sería posible enfrentar a 2.500 indios de lanza en campo abierto, el teniente coronel y sus hombres se abroquelaron en un corral de palo a pique de la estancia mencionada, comenzando un combate desesperado.  Otamendi resolvió atacar, abriendo el fuego con un pequeño cañón y disparos de carabinas; a la ca­beza de sus soldados fue el primero en cargar contra el enemigo cayendo muerto en la puerta del corral.  Los indios echaron pie a tierra y llevaron un ataque formidable con sus lanzas y boleadoras en medio de una gritería infernal, que hizo espantar a la caballada encerrada, lo que motivó que los animales pisotearan a los defensores.

Los soldados, entorpecidos por su propia caballada, resistían el ataque de oleadas de indios, los cuales desmontaban y echaban por delante sus caballerías, para protegerse de las balas de los defensores.  Tras más de dos horas de lucha, los pocos soldados de Otamendi que aún se encontraban vivos, incluyendo los heridos, se reunieron en círculo alrededor de su jefe y del glorioso estandarte celeste y blanco, peleando cuerpo a cuerpo y cayendo uno a uno, sin dar ni pedir piedad.  Cuando el humo de la pólvora y el polvo de la caballada se disipó, sólo se sintió el grito victorioso de la indiada degollando a los enemigos heridos.

En el lugar, yacían los cuerpos de 124 soldados, así como los de más de 300 indios, amontonados en inmediaciones del corral.  Sólo quedaron vivos un corneta de alrededor de 15 años, herido levemente, a quien Yanquetruz llevó a Chile con él, pues le gustaba oír tocar ese instrumento, así como un soldado de apellido Roldán (gravemente herido, con 7 lanzazos en el cuerpo), quien fue encontrado por una patrulla de la división Azul y llevado a esa localidad, donde médicos militares le salvaron la vida.

Aún calientes los cuerpos del teniente coronel Otamendi y sus 124 soldados muertos en combate, el capitanejo Yanquetruz, ebrio de poder y ginebra, se pavoneaba de la victoria en las tolderías del cacique Calfucurá, arengando a la indiada manifestándole que las cautivas cristianas iban a ser entregadas a ese jefe indio, previo sometimiento de las mismas, y que él se iría a Valdivia por el Camino de los Chilenos, a fin de negociar la hacienda robada con comerciantes de ese país, que eran sus únicos amigos.

Firma del tratado de paz

Durante los siguientes meses de 1855, Yanquetruz continuó maloneando por la zona de Tandil, Lobería y La Tinta, robando hacienda, asaltando estancias, secuestrando cautivas y matando a cualquier colono y/o soldado que tratara de impedir su obra maléfica. Relevado Julián Murga, lo reemplazó el comandante Benito Villar, en octubre de ese año, quien no tardó en trabar amistad con Yanquetruz, logrando pocos meses después su alianza, sin reticencias, alentado sobre todo, por su resolución de aniquilar el poderío de Calfucurá con la ayuda de milicianos bien armados. El gobernador Pastor S. Obligado, interesado en evitar los malones, y asegurar un refuerzo serio para la lucha contra Calfucurá, le remitió en 1856, dos cartas en las que le hizo ofertas tentadoras.  Por su parte, el coronel Villar comisionó al capitán Pablo Morón, de Guardias Nacionales y al teniente Morando para que sirvieran de enlace entre los caudillos indios y las autoridades.

 
Jose Maria Bulnes Yanquetruz


Con el ánimo dispuesto para celebrar la paz y alianza ofensiva y defensiva contra las tribus enemigas del Estado, Yanquetruz llegó a Patagones el 13 de abril de 1857, para entrevistarse con el coronel Villar. Terminadas las ceremonias protocolares en la Comandancia, se embarcó en el vapor “Belisario” para dirigirse a Buenos Aires a fin de ratificar y firmar el tratado de paz y alianza, recomendado a Mitre por el Juez de Paz, Manuel B. Alvarez. El 14 de mayo de 1857, el gobierno de la provincia de Buenos Aires firma un tratado de paz con el capitanejo Yanquetruz, donde se le reconoce el grado militar (teniente coronel), sueldo y cargo, así como uso del uniforme.

Invitado de honor a Buenos Aires, es recibido personalmente por el gobernador Obligado.  Entre muchos agasajos y banquetes que tuvo, fue convidado, con su comitiva, a una función de gala en el teatro Colón, donde se les brindó la ópera “Il Trovatore”; Yanquetruz no sólo se durmió en la butaca de tan respetable Coliseo, sino que, embebido en alcohol, dejaba escapar todo tipo de gases de naturaleza humana ante lo más encumbrado de la sociedad porteña.  También fue invitado a una fiesta en una residencia particular El 19 de mayo de 1857, en el acto de asunción del nuevo gobernador, Valentín Alsina, Yanquetruz estuvo a su lado, presidiendo la festividad y la parada militar correspondiente.  Con el gobernador saliente, recorrió la ciudad de Buenos Aires a caballo, acompañado por su séquito.

Valentin Alsina (1862)


Estuvo en los festejos del aniversario de la Revolución de Mayo, y el 26 se embarcó en una lujosa goleta en el puerto de Buenos Aires, con rumbo a Carmen de Patagones (donde se encontraban sus toldos y casi siempre realizaba sus correrías), siendo despedido por el gobernador en ejercicio, funcionarios de turno, políticos y la banda del Ejército tocando marchas acordes con el “emocionante momento”. Llanquetruz, indudablemente, era el más talentoso entre sus pares, porque “sin haber estudiado en la Escuela Superior de Guerra, ni derecho internacional y sin ser un estadista –como dice el doctor Vignati- supo comportarse a la altura de cualquiera de ellos con rasgos bien perfilados”.

Apenas llegado a Patagones se entregó a los excesos y desarreglos del alcohol.  Reconvenido seriamente por el coronel Villar, prometió abstenerse de beber para cumplir sus compromisos.  Finalmente cambió su comportamiento y se situó en Valcheta interesado en formar un establecimiento. En 1858, arribaron a Patagones, Yanquetruz y su primo Sayhueque, con otros capitanejos, animados de las mejores disposiciones de obediencia al gobierno, lo que exasperaba a Calfucurá.  A pesar de ello, mantenían relaciones diplomáticas, ya sea por correspondencia o por emisarios.

 
Cacique araucano Valentín Sayhueque, lider de las tribus de la cordillera neuquina, fue el último jefe en rendirse, el 1ro de enero de 1885. Primo de Yanquetruz. (1818-1903).Archivo General de la Nación. Dpto. Documentos.Fotográficos. Inventario 289894.

Gustavo Manuel, interprete del cacique Sayhueque.

Guardó mucha afición por el alcohol, y una vez ebrio, le daba por pelear.  En uno de esos entreveros, el 28 de octubre de 1858, fue muerto de una puñalada por la espalda, en la pulpería de Luis Silva, frente a la plaza de Bahía Blanca, por el capitán de Guardias Nacionales Jacinto Méndez. Al conocer su trágico fin, Calfucurá y sus huestes olvidaron todos los resquemores y no pensaron más que en vengar en él la muerte de uno de los suyos.  Con ese fin organizaron prontamente una expedición formidable que saqueó el pueblo de Bahía Blanca, el 19 de mayo de 1859, último malón, donde Calfucurá salió mal parado. El viajero y cronista Augusto Guinnard no ocultó su admiración por el cacique, y según él, la destreza y valentía de Yanquetruz eran tan relevantes que lo convirtieron “en una especie de personaje que los españoles (seguramente debería decir argentinos) procuraron atraerse a toda costa”.

El explorador Guillermo Cox, informa que Yanquetruz no era alto, pero tenía su imponencia; su rostro, aunque feo, expresaba audacia y franqueza; magnífico en su indumentaria, casi siempre vestía casaca fina, sombrero claro, chiripá azul y calzoncillos bordados.  Y jamás se desprendía del sable, cuya empuñadura y vaina era de plata maciza, como los estribos, el freno, las cabezadas y otras prendas de su apero.  Y les complacía que los mocetones de su escolta fueran así, igualmente ostentosos”. A su vez, George G. Musters, que anduvo por Patagones en 1870, lo cita en su obra, titulándolo poderoso cacique, y dice que logró concluir los antiguos feudos, y unir bajo su mando a los indios de ellos.  Era alto ( a diferencia de lo que expone Cox), musculoso, de serio y grave continente, de agilidad felina, tenía músculo de acero, ha escrito un contemporáneo, Sánchez Ceschi.  Presumía de elegante.

Por último el doctor Vignati, ha expresado: “Llanquetruz no era un indio vulgar; era capaz de elevarse a especulaciones intelectuales de orden étnico –la influencia telúrica es tan violenta en él como en otros de mayor prosapia- que, por disparatadas y pueriles que sean, muestran un cerebro que pensaba en algo más que en satisfacciones materiales como lo hacían sus connacionales.  Llegó a exponer tesis propia relativa al parentesco que vinculaba a los alemanes con los habitantes norpatagónicos”.  Posteriormente agrega: “no era un hombre vulgar”.

JUAN YANQUETRUZ

Nació en 1890. Entrevistado por primera vez por Rodolfo Casamiquela en 1953, esa vez en compañía de Tomás Harrington. Considerado punta visible del hilo por el primero de ellos. Decía carecer de nombre indígena propio; era poblador de Blan Cumtre, paraje al sureste de Gastre (Centro-Norte del Chubut). Ese primer encuentro fue en pleno campo, al pie de la piedra pintada de Blan Pilquín. Casamiquela volvió a visitarlo en 1972, cuando el hombre había cumplido sus 82 años. Era entonces el último cacique tehuelche septentrional o Yanquetruz.

Juan Yanquetruz


Fuente
“Jose Maria Bulnes Yanquetruz” del sitio Revisionistas.com.ar http://www.revisionistas.com.ar/?p=9755
Cutolo, Vicente Osvaldo – Nuevo diccionario biográfico argentino – Buenos Aires (1985).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
Pérez, Daniel Eduardo – Nicanor Otamendi, el héroe de San Antonio de Iraola.
Torti, Enrique – El escuadrón inmolado – La Nueva Provincia (Bahía Blanca).
Vignati, Milcíades A. – Un capítulo de etno-historia norpatagónica – Buenos Aires (1972).
"El linaje de los Yanquetruz". por Rodolfo Casamiquela
Yanquetruz el viejo. Del sitio Lagrimas de Circe.com