domingo, 25 de junio de 2017

CACIQUES DE LA REGION: ANCAFILÚ

Cacique Ancafilú - Ilustración de Carlos Roume (1923-2009)


Ancafilú fue un ulmen o cacique principal de las tribus pampas que habitaba las sierras de Tandil. Desde 1820 hasta su muerte a fines de 1823 fue entre los indígenas uno de los principales y más irreductibles enemigos de la Provincia de Buenos Aires. Vivió en las costas del arroyo Chapaleofú en jurisdicción de Tandil, por los años de 1810 a 1822.


En el Diario de la Expedición de 1822 a los campos del sud de Buenos Aires desde Morón hasta la Sierra de la Ventana al mando del coronel don Pedro Andrés García y los correspondientes trabajos científicos ejecutados por el oficial José Maria de los Reyes, podemos constatar la ubicación en donde se encontraba el cacique Ancafilú:

“Temerosos como hemos dicho de ser invadidas todas su poblaciones situadas en la sierra pasada, es decir, desde el Volcán hasta el Cairo, fueron abandonadas por sus dueños; entre ellos el celebre cacique Ancafilú y Pichiloncoy se retiraron a la vista de la segunda sierra de la Ventana. Las poblaciones las desampararon poco antes del paso de la Comisión por la sierra (se refiere al grupo del coronel don Pedro Andrés García) pues se encontraban aun claros en donde habian existido. El cacique Ancafilú fue el primero que abandonó la suya, situado con su tribu en las margenes del arroyo Chapaleofú, cerca de las faldas del Tandil, cuando fue sorprendido y acuchillado en la expedición del año 20, (en donde nos hallamos) hasta cerca de la Ventana, adonde permanece al presente”

Pacto de Miraflores
Tratado de Paz de la Estancia Miraflores

Hacia 1820 la situación de la frontera sudoeste de la Provincia Buenos Aires era pacífica. Inmerso en una crisis civil sin precedentes el gobierno buscó un acuerdo con los indígenas de las sierras de Tandil que le permitiese asegurar esa frontera. Cuando las propuestas llegaron a los indígenas, los caciques Tacumán, Tricnín, Carrunaquel, Aunquepán, Saun, Trintri Loncó, Albumé, Lincón, Huletru, Chañas, Calfuyllán, Tretruc, Pichiloncó, Cachul y Limay se reunieron en las tolderías de Ancafilú en las riberas del arroyo Chapaleufú y autorizaron a Ancafilú, Tacumán y Tricnín a tratar con el gobierno en su nombre.

Estancia de “Miraflores” (Partido de Maipú), fundada por Don Francisco Hermógenes Ramos Mexía año 1811.

Los representantes arribaron al sitio de las negociaciones, la estancia de Miraflores de Francisco Hermógenes Ramos Mejía y autorizaron a su vez al hacendado para que actuara como su vocero. El 7 de marzo de 1820 el comandante general de la campaña, general Martín Rodríguez, y Ramos Mejía a nombre de los caciques, firmaron la convención denominada Pacto de Miraflores por la que se ratificaba la paz en el territorio y se declaraba como línea divisoria definitiva la alcanzada por los hacendados de las estancias al sur del río Salado. Los indígenas debían devolver el ganado robado y recibirían trabajo en la estancia.

Artículo 4°. Se declara por línea divisoria de ambas jurisdicciones el terreno que en esta frontera los hacendados (han alcanzado), sin que en adelante pueda ningún habitante de la Provincia de Buenos Aires internarse más al territorio de los indios.
Artículo 5°. Los caciques se obligan a la devolución de las haciendas que se llevaron y existen de esta parte de las sierras. El cacique Tacumán se encargará de arrear dichos animales hasta la estancia de Miraflores.
 
Pero tras el tratado que debía ratificar la paz existente la situación se deterioró rápidamente en todos los aspectos. El sargento mayor Juan Cornell diría años después: "Pero desgraciadamente las turbulencias del año 20 y el mal manejo que se tuvo para tratarlos hizo disgustarlos en tiempo del gobierno del General Rodríguez, y se retiraron de Kaquel donde residían las tribus de Ancafilú, Pichiman, Antonio grande y Landao, que vivían pacíficamente agasajados por Don Francisco Ramos Mejía, que permanecía sin ningún temor en su estancia con toda su familia y sin exageración diré, rodeado de estas indiadas."


Si bien Ancafilú era considerado indio amigo, participó en un parlamento de tribus de Buenos Aires y Santa Fe que acordó enviar una diputación de cuatro caciques para acordar con el caudillo chileno José Miguel Carrera. Ancafilú y Anepán fueron de los cuatro que a principios de octubre, acompañado de 16 capitanejos, llegaron al campamento del Rosario dispuestos a negociar su ayuda a Carrera, quien los recibió amistosamente y temiendo un pacto de su aliado el gobernador de la provincia de Santa Fe Estanislao López con Buenos Aires escuchó su propuesta y los conservó en el campamento:

"Yo los contemplo i trato de asegurarlos en mi amistad para lo que pueda convenir. Si no es por San Juan iremos a Chile por los indios a ver que hace San Martín i el huacho [O'Higgins]".

El 24 de noviembre López cerró el tratado de paz entre Santa Fe y Buenos Aires en la estancia de Tiburcio Benegas en las márgenes del Arroyo del Medio. López, ya enemistado con Carrera, acordó detenerlo con sus soldados y dio órdenes de marchar a sus Dragones desde Santa Fe. Carrera tuvo noticias de esa orden y a medianoche del 26 de noviembre se puso en marcha hacia el interior con 140 chilenos que le acompañaban sirviéndole de guías los caciques. Llegado al campamento tuvo noticias de los planes:

"Ayer a las 12 de la mañana llegué al campo de los indios compuesto como de 2000 enteramente resueltos a avanzar a las guardias de Buenos Aires para saquearlas, quemarlas, tomar las familias i arrear las haciendas. Doloroso paso. En mi situación no puedo prescindir de acompañarlos al Salto que será atacado mañana al amanecer. De allí volveremos para seguir a los toldos en donde estableceré mi cuartel para dirigir mis operaciones como más convenga".

El 3 de diciembre de 1820 José Miguel Carrera con sus hombres y los indios ranqueles de Yanquetruz y Pablo y los pampas de Ancafilú y Anepán, atacaron la localidad de Salto y tras tomar la Guardia de Salto destruyeron la población.

Indios pampas


Tambien en 1820 el cacique Negro realizó un malón en la zona de Mar Chiquita, por lo que fue perseguido, desde Monsalvo hasta la sierra de la Tinta, por el capitán Lara con 50 blandengues y 200 milicianos de Tordillo. Negro obtuvo una victoria sobre Lara en la Batalla de la Sierra de la Tinta.

Perseguidos por las fuerzas del gobernador Martín Rodríguez, la primera de las Campañas de Martín Rodríguez contra los indígenas, indios y chilenos huyeron rumbo al sur hasta que en los primeros días de enero de 1821 se detuvieron a la vera del río Colorado. Allí Carrera organizó un parlamento con sus aliados y los araucanos, tras lo cual en enero de 1821 partió rumbo al norte (provincia de Córdoba) con 30 escoltas indios mientras que los pampas regresaban con sus hombres a su asentamiento en la sierra del Tandil.

Expedición de Martín Rodríguez

Por su parte, la división de Rodríguez cruzó el río Salado rumbo al sur, acampó a orillas de la laguna Kakel Huincul y avanzó hasta la sierra del Tandil, donde atacó por sorpresa las tolderías de los caciques Ancafilú y Anepán en las márgenes del arroyo Chapaleufú, pero el arroyo tuvo que ser pasado a nado por lo que las tropas sólo lograron capturar algunos niños y mujeres y ganados. Los indios de lanza se dispersaron en pequeñas partidas y enviaron luego una embajada solicitando parlamentar. Abiertas las negociaciones, Rodríguez devolvió los prisioneros y sus rebaños quedando los caciques en presentarse en pocos días. El plan de las tribus consistía en incorporar 300 indios de lanza a la columna como tropas aliadas y dirigir a las fuerzas de Rodríguez a una celada pero el cacique Juan Landao los delató. Sólo el cacique Pichiloncoy intentó atacar a Rodríguez pero fue derrotado y sufrió 150 bajas.



Los indios piden parlamento. Ilustracion Carlos Roume. Clarin Rural. Año 1969

Los indios pidieron nuevamente parlamento pero al reunirse con los enviados de Rodríguez los asesinaron cerca de una laguna conocida desde entonces como laguna de la Perfidia. Con el ejército semisublevado, Rosas que renunciaba a su comisión y se proponía regresar a su estancia de los Cerrillos y en la certeza de la inutilidad de proseguir las operaciones, Rodríguez resolvió replegarse a Kaquel Huincul, mientras los pampas (entre ellos Ancafilú, Catriel, Antonio Grande, Pichimán y Pichiloncoy) se concentraban y trasladaban a la Sierra de la Ventana y de Pillahuincó.

En Miraflores Ramos Mejía protestó ante lo que consideraba una violación flagrante del Pacto de Miraflores por el Gobierno. Desde el fuerte de Kaquel Huincul Rodríguez ordenó por su parte que fueran detenidos todos los indios que trabajaban en la estancia y el mismo Ramos Mejía acusándolos de ser quienes proveían a "los demás indios noticias que les favorecen para sus excursiones" y de que allí "es donde se proyectan los planes de hostilidades contra la provincia". Ramos Mejía le aconsejó tratar previamente con las tribus avecindadas a su estancia, que obedecían a los caciques Ancafilú, Pichuiman, Antonio Grande y Landao, para asegurarse su cooperación o por lo menos su neutralidad en la empresa. Rodríguez no solamente desoyó el consejo, sino que desconfiando de Ramos Mejía, le sometió a prisión, remitiéndolo con su familia a Buenos Aires.

Mientras Ramos Mejía era trasladado esposado a caballo y su familia encerrada en una carreta, los indios eran detenidos y 80 de ellos degollados. No se encontró ninguna prueba que ligara a Ramos Mejía o a los indios de sus tierras con los malones o de que representaran una amenaza para la frontera. Cornell afirmaría que la incursión fue un fracaso que:


 "... no produjo ésta mayores resultados, si no al contrario más disposición en los indios para hacernos la guerra y no poca por haber traído preso en el mismo ejército a Don Francisco Ramos Mejía con toda la tribu de indios pacíficos que tenían sus tolderías en su estancia Miraflores."


José Luis Molina y sus gauchos.

En efecto, muchos caciques pacíficos, entre ellos el cacique pampa Curu-Nahuel (llamado Curunau, jaguar negro, pantera) que vivió en las cercanías de Miraflores entre 1805 y 1835, padre de Cachul, y el cacique pampa Calfugán, se unieron a Ancafilú contra la provincia. 


En abril de 1821 un malón de 1500 hombres de lanza guiados por José Luis Molina destruyó la naciente población de Dolores y arreó cerca de 250.000 cabezas de ganado.

José Luis Molina escapó con dos peones más y se refugió entre la indiada, Al ser capataz de Francisco Ramos Mexía en su estancia Miraflores, tenía amistad con los caciques Antonio Grande, Ancafilu y Pichimán, por lo que se fue con ellos uniéndose a una de sus mujeres y recibiendo hospitalidad en cambio del auxilio de su brazo y de sus conocimientos topográficos de la Pampa. Se ganó la confianza de los indios, imponiéndose finalmente como caudillo y liderando desde entonces todas las invasiones que asolaron las zonas Oeste y Sur de Buenos Aires. En abril de 1821 un malón de 1500 hombres de lanza guiados por José Luis Molina destruyó la naciente población de Dolores y arreó cerca de 250.000 cabezas de ganado.
 
Pedro Andrés García

En 1821 se produjo la Expedición a la Sierra de la Ventana al mando del coronel Pedro Andrés García. La Comisión tenía por objeto evaluar la situación de la frontera y finalizada la amenaza de Carrera llegar a un acuerdo con las tribus indias. Mientras se mantenía detenida en la Guardia de Lobos, fue enviado el cacique amigo Antiguan quien transmitió la propuesta de paz a una conferencia de caciques. Los caciques Pablo, Calimacú y Ancafilú, entre los principales, se opusieron al acuerdo, sosteniendo:

"…que por muchos conductos habían sido informados de que el gobierno trataba de sorprenderlos y atacarlos que por lo tanto creían deberse poner en armas y que ciertamente lo habrían hecho si él [Antiguan] no hubiese llegado".

Antiguan sostuvo que debía aceptarse la propuesta que consideraba sincera "porque ya no existían Carreras ni Ramírez que los habían comprometido faltándoles á todo lo que les habían ofrecido y que hoy el gobierno libre de aquellos enemigos aplicaría todas sus fuerzas para destruirlos y lo conseguiría bien presto" y que la guerra ocasionaría "la pérdida de su comercio la de muchos artículos de consumo entre ellos que ya se habían hecho como de primera necesidad, la inquietud y continua agitación en que vivían huyendo de unos y temiendo de otros".

Indio pampa. Ilustración


Finalmente intervino el cacique principal y más antiguo, Lincón diciendo "que el que no estuviese por la opinión de la paz antes convenida y pedida al gobierno de Buenos Aires se retirase en el instante de aquella reunión con todos los suyos, que pusiesen en ejecución sus planes hostiles contra la provincia que ellos también pondrían los suyos para escarmentar á la facción agresora y á hacer una paz sólida y permanente que les proporcionase un perpetuo sosiego á sus familias que hacia algún tiempo no disfrutaban por causa de los malvados", lo que decidió la votación.

Finalmente se produciría la reunión con García de los ulmenes o principales pampas Neculpichuy, Pitrí, Lincón, Avouné, Pichiloncó, Califiau, Anepán, Ancaliguen, Cachul, Llaneueleu, Epuan, Huilletrur, Chanabilú, Catrill, Chañapan, Trignin, Curunaquel, Amenaguel y Tacumán, y los conas o capitanejos Antiguan y Catrillan, y los Huilliches Niguiñilé, Quinifoló y Pichincurá, al frente de todas sus tropas. De los presentes en la primer asamblea, sólo Ancafilú permanecería obstinadamente fuera del acuerdo:

 "El cacique Ancafilú, uno de los de esta tribu, y de los principales por su antigüedad, fuerzas militares y valor acreditado en sus correrías, no se reunió a los tratados, a pesar de haber sido invitado por todos los caciques, y repetidas veces por los principales o ulmenes, a quienes no quiso obedecer. La causa de esta conducta nos era desde antes de emprender esta Comisión bien conocida; este resultado lo esperábamos por los antecedentes que teníamos que era uno de los opuestos para hacer la paz, y confabulado con el cacique ranquel Pablo, que era el más tenaz, y el principal de los disidentes. Sabíamos que este se oponía a entrar nuevamente en liga, y era regular que aquel siguiese su opinión y no adhiriese, hasta que no entrase este último en relaciones. Ancafilú conservaba, y conserva aún, un odio irreconciliable contra la Provincia, desde la expedición del año 20, como uno de los que fueron atacados y sorprendidos en sus tolderías, en las riberas del arroyo Chapaleofú, y el que hizo la guerra de intrigas por vengarse de la sorpresa, y había jurado no cesar en sus proyectos hasta que así lo consiguiese. Esta conducta conocida hubiera estado en contradicción con cualquier paso que hubiese dado en unión de sus compañeros, a quienes trataba de disuadir a que no admitiesen la Comisión, e hiciesen la guerra a la Provincia."

    Expedición a la Sierra de la Ventana,
Coronel Pedro Andrés García.

Juan Lañado fue un cacique pampa que poblaba los campos comprendidos entre Tandil y Ayacucho en la campaña bonaerense, por los años 1810-1827. Se mantuvo en paz con los criollos argentinos que ocupaban esos mismos campos. Quizás para congraciarse con las tropas de Martín Rodríguez, denunció un asalto que por represalias pensaba llevar el cacique Ancafilú contra las fuerzas de Rodríguez. El referido jefe militar ataco sorpresivamente a los indios, causándoles 150 muertos e infinidad de heridos. El ataque fallido del cacique Ancafilú, obedecía a malos tratos y persecuciones de las fuerzas de Rodríguez contra las tribus que vivían en paz en esa zona. Pocas fueron las ventajas que obtuvo Juan Landao con su delación.

Ancafilú se retiró pero pronto volvió a atacar. En 1823 un malón mandado por Ancafilú y Pichimán, con la ayuda de algunos gauchos renegados que les servían de guías hacia las estancias con más ganado, ingresó por los campos de Magdalena, donde recogieron un rebaño que los cálculos de la época estimaron en ciento cincuenta mil animales, siendo perseguidos por los blandengues, fuerzas del coronel Domingo Soriano Arévalo y Miguel Cajaraville y un piquete de los Colorados del Monte al mando de Juan Manuel de Rosas. Las tropas gubernamentales al mando de Arévalo y guiadas por el baqueano Juan Francisco Olmos dieron alcance a los indios y el gigantesco arreo cerca de la laguna del Arazá (partido de Castelli) el 3 de noviembre de 1823.

Allí se trabó un encuentro por varias horas, porque los indios estaban frenados en su retirada al insistir en llevarse su inmenso botín de vacas. En ataques sucesivos los soldados infligieron a los indios fuertes bajas hasta conseguir que se desbandaran. En la acción murió Ancafilú y 60 de sus hombres, siendo rescatadas más de 80000 cabezas de ganado. Los indios en sus deliberaciones al volver del malón, achacaron el contraste a los guías renegados.
 
Gaucho peleando con un indio pampa


Algunos de ellos fueron degollados, en tanto que el principal, llamado el gaucho José Luis Molina, pudo zafar gracias a su excelente caballo que lo puso en el fuerte Kakel Huinkul, donde su comandante, el mayor Cornell, tuvo que defenderlo nuevamente, ahora de los pobladores blancos que quisieron lincharlo por su colaboración con los caciques en el malón precedente.

Cabe destacar que Rosas conocía profundamente el mundo indígena, hablaba correctamente el araucano en sus dialectos pampa y ranquel y sabía de sus costumbres y necesidades, y además respetaba a rajatabla los acuerdos asumidos para garantizarles su protección si vivían en paz con los cristianos. Al mismo tiempo que llevaba años empleando indios para trabajar tanto en sus establecimientos rurales como en aquellos que administraba. Su prestigio era tal, que los porteños unitarios para mofarse y desacreditarlo en sus periódicos lo llamaban justamente Ancafilú.

Descendientes del cacique Ancafilú. Adela Ancafilú - Demetrio Rosas. Limay Mahuida circa.1930

Resultado final: las campañas del coronel Federico Rauch

En agosto de 1826 el Partido de Salto fue asolado por 400 indígenas procedentes de Chile y 35 hombres de Pincheira, quienes arrearon todo el ganado. En septiembre un nuevo malón se produjo sobre Dolores, Chascomús y Monsalvo, participando realistas evadidos de Las Bruscas. Unos 1.000 hombres atacaron y robaron ganado en la Cerrillada de los Huesos. El 11 de septiembre de 1826 se produjo la Batalla de los Toldos Viejos, siendo derrotado el teniente coronel Morel por una fuerza de 700 indígenas del cacique Mulato y fusileros pincheirinos al mando de Godé.


Coronel Federico Rauch


Entre octubre de 1826 y enero de 1827 el coronel de origen prusiano Federico Rauch realizó tres campañas militares durante las cuales la frontera se estableció desde Melincué, pasando por Junín, 25 de mayo y Tapalqué, hasta el cabo Corrientes.
  • Primera campaña: partió el 25 de octubre de 1826 con 800 soldados desde Toldos Viejos (50 km al suroeste de Dolores) como represalia contra los indígenas que habían realizado malones poco tiempo antes, objetivo que se cumplió. Se dirigió al arroyo Sauce Grande del Norte en la sierra de la Ventana, atacó a las tribus de los caciques Can Huihuir y Colú Macun, matando a muchos indígenas y rescatando cautivos y mucho ganado. Luego regresó a Tandil para reponer la caballada y volvió a la sierra de la Ventana para atacar y destruir a las tribus de Curá Llan y Menu Có. Luego persiguió a los caciques Pablo y Quintana hasta las Salinas Grandes, retornando a la sierra de la Ventana para atacar y destruir a las tribus de Lincon y Nahuel Huequé.7
  • Segunda campaña: partió en noviembre de 1826 con 1.200 soldados de los Regimientos de Caballería de Línea 5, 6 y 7 con el mismo objetivo que la primera campaña.
  • Tercera campaña: partió a fines de enero de 1827 con el mismo objetivo que las anteriores, lo cual se logró.
No obstante, cuando se produjo la invasión imperial por la zona del Río Negro, en 1827, el capitán de baquianos el gaucho José Luis Molina se encontraba en Carmen de Patagones. Cuando el 6 de marzo desembarcaron los brasileños en la margen S. del Río Negro, al mando de James Shepherd, Molina se incorporó con su partida a la fuerza que mandaba el subteniente Sebastián Olivera, que sumaba 114 milicianos de caballería. Mientras Olivera atacaba frontalmente a sus numerosos enemigos, Molina se había corrido a sus flancos y retaguardia con su pequeña fuerza y había puesto fuego a los grandes pajonales circundantes; esta circunstancia y la muerte del jefe de los brasileños, Shepherd, agregada a la de otros compañeros, determinó a los enemigos a rendirse a discreción, entregándose a Olivera, 13 oficiales y 288 hombres de tropa. José Luis Molina tuvo importantísima intervención en este glorioso hecho de armas, que tuvo lugar el 7 de marzo de 1827, al mismo tiempo que los imperiales lanzaban otro ataque directamente sobre el puerto y pueblo de Patagones.


 
Juan Lavalle (1797-1841)

Tras la revolución producida en Buenos Aires, en diciembre de 1828, en que el general unitario Juan Lavalle depuso al gobernador federal Manuel Dorrego, Federico Rauch tomó partido por el jefe revolucionario. Solicitó permiso al nuevo gobernador de la provincia para retirarse a Buenos Aires, por lo que el mando de Fuerte Federación pasó nuevamente al coronel Escribano, partidario también de Lavalle. A principios del año siguiente volvió a salir en campaña con el apoyo de gauchos e indios, para enfrentar a los federales, que estaban conducidos por Juan Manuel de Rosas, que también tenían en sus fuerzas a los gauchos y a los indígenas.

Muerte de Federico Rauch. Ilustración de F. Fortuny.

Rauch fue derrotado en el combate de las Vizcacheras, ocurrido el 28 de marzo de 1829, durante el cual fue lanceado por el jefe ranquel Nicasio Maciel, apodado Arbolito, junto al coronel Nicolás Medina. Rauch fue decapitado, su cabeza fue primeramente arrojada en la puerta de la madre del después coronel federal Prudencio Arnold, a quien Rauch supuestamente había jurado matar, y luego llevada en triunfo a la ciudad de Buenos Aires y arrojada en una calle céntrica como un desafío.


Fuentes:

martes, 20 de junio de 2017

CACIQUES DE LA REGION: YANQUETRUZ



YANKETRUZ O IANKÜ-TRUR (CHURRETE CAÍDO).

Sindicado pehuenche y ubicado en el siglo XVIII río Salado arriba, sería padre de Yanketruz  el viejo, o el jefe ranquel. Habría heredado en 1787 el cacicazgo en el sur de la provincia de Buenos Aires, a la muerte del cacique Negro, o Chanül, Chanel, Chanal o Chanil, quien puede haber sido su padre, tío o hermano mayor.


Cacique Yanquetruz. Imagen Canal Encuentro

En cuanto al cacique Negro, Francisco de Viedma (designado como Comisario Superintendente  de  los  Establecimientos  del  Río  Negro,  al mando de las obras de construcción del Fuerte y ordenando diversas expediciones de reconocimiento de las zonas aledañas a él) lo identifica en un primer momento  como  jefe  de  los  “pampas”.  Con  este  grupo  las  relaciones  fueron menos tensas y vale recordar que aún antes de la partida de la expedición hacia las costas patagónicas, este cacique ofrecía su ayuda a la misma en Buenos Aires (de la Piedra [5-12-1778]), aunque el Virrey lo identificaba como un “cacique principal de los Teguelchús” (Vértiz [3-12-1778]). La gente del cacique Negro había participado de malones sobre  Buenos  Aires  o  llegaban  habitualmente  hasta  sus  cercanías  para comerciar o proveerse de algún recurso natural, es decir: eran territorios muy frecuentemente transitados por ellos.




El nombre de esta familia de célebres caciques sería mapuche, a pesar de su estirpe tehuelche según investigaciones del Dr. Rodolfo Casamiquela, que glosó en un enjundioso libro todo el linaje de los Yanquetruz. Bajo la forma de Llancathrur –según Cuadrado Hernández- en idioma mapuche, “deriva de llanca, piedrecillas cobrizas, de color verde-azulejo horadadas, muy estimadas por los mapuche para pagas y adornos, las que mezcladas con cuentas de vidrio se llaman chaquiras, perlas, joyas, y thrur, que significa hermoso, precioso, sin defecto, con la acepción también de cosa igual, ajustada, compuesta.

De manera que Llancathrur o Llanquetruz se traduciría por: piedrecita preciosa o igual a las piedrecitas, o piedrecita perfecta. Por su parte, llanca, es antecedentes de apellidos y es el tótem de muchas estirpes araucanas. Yanquetruz muere en 1788.

JOSÉ MARÍA YANQUETRUZ -EL VIEJO-

Yanquetruz, padre de Cheuqueta o Yanquetruz, fue el cacique mayor de los ranqueles en las primeras décadas del siglo XIX, célebre por sus malones a la frontera Norte y por su oposición a las fuerzas del Centro y Oeste de la expedición Rosas. También citado por cronistas de la época como Llanquetruz o Chanquetrox, y cuyo nombre en castellano fuera José María Yanquetruz.

Yanquetruz, el viejo fue un lonko mapuche huilliche (o tehuelche septentrional para otros), que en 1818 se estableció entre los ranqueles del sur de Córdoba, Santa Fe, San Luis y La Pampa. Se lo llamó Yanquetruz el fuerte y tomó el mando de los ranqueluches a la muerte de Carripilún, ocupando entonces el campamento de Leuvucó. Habría sido chileno, emigrando a nuestro país hacia 1818 junto a cien de los suyos, sucediendo por su notable capacidad de guerra al jefe ranquel muerto sin descendencia Cari Agel (máscara verde).  


cacique Yanquetruz el viejo

Era descendiente de Llanquitur, que en las últimas décadas del siglo XVIII luchó en el sur de Mendoza contra Amigorena. La mujer de Yanquetruz era Carú Luán y su hijo, bravo como él, Pichún. El 3 de diciembre de 1820, junto al pichi rey José Miguel Carrera, atacó Salto destruyéndolo por completo, cautivando mujeres y asesinando a los hombres. También maloneó contra Rojas, Lobos y Chascomús. En 1831, asociado con los voroganos Cañuiquir, Rondeau, Canuillán y Mellín, sitió Río Cuarto y arrió gran cantidad de cabezas de ganado.

Estas acciones derivaron en la ruptura con Rosas y en la favorable recepción del unitario aindiado Manuel Baigorria que se refugió en las tolderías junto a buen número de sus partidarios. Durante la campaña rosista al río Colorado, Yanquetruz batió a Ruiz Huidobro causando su retirada. En 1834 fuerzas de San Luis y Buenos Aires al mando de Pantaleón Argañaraz, derrotaron a Yanquetruz, asesinando a los caciques Colipay, Pulcay, Pichul, Carrané, Pallán y Cutido. Habría fallecido hacia 1836, luego de la expedición de Rosas, cuando decidió retirarse hacia la cordillera. Yanquetruz fue sucedido por Painé Nürü.

JOSE MARIA BULNES YANQUETRUZ

Nació en la provincia de Buenos Aires, en 1831, hijo del cacique Cheuqueta.  A los seis años de edad, fue tomado prisionero por los pehuenches del norte, y seguramente vendido llegó a Chillán para formar parte de la servidumbre de algún potentado local (¿General Manuel Bulnes?) que se preocupó de darle instrucción.  Aprendió a leer y escribir de manera rudimentaria y conoció las costumbres del pueblo. En 1850, repitió la proeza de su padre dándose a la fuga.  Logró reclutar una partida de guerreros, quizá mocetones que estuvieron a las órdenes de su progenitor con los que cometió una serie de tropelías por Patagones y Bahía Blanca.

Luego de aumentar las filas de su escuadrón, optó por incorporarse a las huestes de Calfucurá.  Su alianza no fue duradera.  Adquirió gran ascendiente, y tomó como mujer a una de sus hijas llamada Mashal.  Durante la época en que estuvo al lado suyo participó activamente en las campañas depredatorias.  Temeroso aquél de su combatividad y talento, urdió trama para eliminarlo, pero Yanquetruz consiguió ponerse a salvo con su gente yendo a ocupar el territorio de sus mayores.
 
Cruce del rio Limay. Libro de Musters.c. 1865. Archivo General de la Nación

Cruzó al sur del río Limay y venció a una parcialidad de patagones, que dominó aliándose de inmediato con ellos. Reforzadas sus tropas, atacaron a Calfucurá, quien los derrotó, obligándolos a retirarse a sus lares, y ambos jefes quedaron más enemistados que nunca. Después de la caída de Juan Manuel de Rosas buscó la amistad del cristiano, pero sin conseguirla mayormente.  A fines de 1854 o 1855, atacó a Calfucurá, el que ya actuaba a favor de Urquiza, en Salinas Grandes, consiguiendo arrebatarle crecida cantidad de hacienda que comerció en Patagones con la autorización del comandante Julián Murga. Desvinculado de Calfucurá, por estar distanciado, realizó por su cuenta varios ataques sucesivos a Patagones.

Batalla de San Antonio de Iraola

El 8 de septiembre de 1855, Yanquetruz y sus hombres invadieron campos y poblados en la zona donde hoy se ubican, entre otras, las ciudades de Juárez, Chillar y Tandil; ante tal situación, el general Hornos, acantonado en Azul, ordenó al teniente coronel Nicanor Otamendi que, con 124 soldados, marchara en auxilio de las poblaciones en peligro.  El 12 de septiembre, el escuadrón llegó a la estancia San Antonio de Iraola (actual Partido de Benito Juárez)

comandante Nicanor Otamendi

Al parecer, tanto Yanquetruz mismo como la indiada en general tenían mucho respeto por el teniente coronel Otamendi y, como se dirigían en esa dirección, le mandó a su lenguaraz (traductor), a los efectos de convencerlo de que lo dejara pasar sin entrar en combate, ya que arreaba, como producto de sus correrías, 20.000 animales robados, amén de algunas cautivas, con el propósito de venderlos en Chile.  Otamendi aprisionó al lenguaraz, ante lo cual la indiada, enardecida, se lanzó contra sus tropas.

Al amanecer del 13 de septiembre, y después de algunas escaramuzas, advirtiendo que no sería posible enfrentar a 2.500 indios de lanza en campo abierto, el teniente coronel y sus hombres se abroquelaron en un corral de palo a pique de la estancia mencionada, comenzando un combate desesperado.  Otamendi resolvió atacar, abriendo el fuego con un pequeño cañón y disparos de carabinas; a la ca­beza de sus soldados fue el primero en cargar contra el enemigo cayendo muerto en la puerta del corral.  Los indios echaron pie a tierra y llevaron un ataque formidable con sus lanzas y boleadoras en medio de una gritería infernal, que hizo espantar a la caballada encerrada, lo que motivó que los animales pisotearan a los defensores.

Los soldados, entorpecidos por su propia caballada, resistían el ataque de oleadas de indios, los cuales desmontaban y echaban por delante sus caballerías, para protegerse de las balas de los defensores.  Tras más de dos horas de lucha, los pocos soldados de Otamendi que aún se encontraban vivos, incluyendo los heridos, se reunieron en círculo alrededor de su jefe y del glorioso estandarte celeste y blanco, peleando cuerpo a cuerpo y cayendo uno a uno, sin dar ni pedir piedad.  Cuando el humo de la pólvora y el polvo de la caballada se disipó, sólo se sintió el grito victorioso de la indiada degollando a los enemigos heridos.

En el lugar, yacían los cuerpos de 124 soldados, así como los de más de 300 indios, amontonados en inmediaciones del corral.  Sólo quedaron vivos un corneta de alrededor de 15 años, herido levemente, a quien Yanquetruz llevó a Chile con él, pues le gustaba oír tocar ese instrumento, así como un soldado de apellido Roldán (gravemente herido, con 7 lanzazos en el cuerpo), quien fue encontrado por una patrulla de la división Azul y llevado a esa localidad, donde médicos militares le salvaron la vida.

Aún calientes los cuerpos del teniente coronel Otamendi y sus 124 soldados muertos en combate, el capitanejo Yanquetruz, ebrio de poder y ginebra, se pavoneaba de la victoria en las tolderías del cacique Calfucurá, arengando a la indiada manifestándole que las cautivas cristianas iban a ser entregadas a ese jefe indio, previo sometimiento de las mismas, y que él se iría a Valdivia por el Camino de los Chilenos, a fin de negociar la hacienda robada con comerciantes de ese país, que eran sus únicos amigos.

Firma del tratado de paz

Durante los siguientes meses de 1855, Yanquetruz continuó maloneando por la zona de Tandil, Lobería y La Tinta, robando hacienda, asaltando estancias, secuestrando cautivas y matando a cualquier colono y/o soldado que tratara de impedir su obra maléfica. Relevado Julián Murga, lo reemplazó el comandante Benito Villar, en octubre de ese año, quien no tardó en trabar amistad con Yanquetruz, logrando pocos meses después su alianza, sin reticencias, alentado sobre todo, por su resolución de aniquilar el poderío de Calfucurá con la ayuda de milicianos bien armados. El gobernador Pastor S. Obligado, interesado en evitar los malones, y asegurar un refuerzo serio para la lucha contra Calfucurá, le remitió en 1856, dos cartas en las que le hizo ofertas tentadoras.  Por su parte, el coronel Villar comisionó al capitán Pablo Morón, de Guardias Nacionales y al teniente Morando para que sirvieran de enlace entre los caudillos indios y las autoridades.

 
Jose Maria Bulnes Yanquetruz


Con el ánimo dispuesto para celebrar la paz y alianza ofensiva y defensiva contra las tribus enemigas del Estado, Yanquetruz llegó a Patagones el 13 de abril de 1857, para entrevistarse con el coronel Villar. Terminadas las ceremonias protocolares en la Comandancia, se embarcó en el vapor “Belisario” para dirigirse a Buenos Aires a fin de ratificar y firmar el tratado de paz y alianza, recomendado a Mitre por el Juez de Paz, Manuel B. Alvarez. El 14 de mayo de 1857, el gobierno de la provincia de Buenos Aires firma un tratado de paz con el capitanejo Yanquetruz, donde se le reconoce el grado militar (teniente coronel), sueldo y cargo, así como uso del uniforme.

Invitado de honor a Buenos Aires, es recibido personalmente por el gobernador Obligado.  Entre muchos agasajos y banquetes que tuvo, fue convidado, con su comitiva, a una función de gala en el teatro Colón, donde se les brindó la ópera “Il Trovatore”; Yanquetruz no sólo se durmió en la butaca de tan respetable Coliseo, sino que, embebido en alcohol, dejaba escapar todo tipo de gases de naturaleza humana ante lo más encumbrado de la sociedad porteña.  También fue invitado a una fiesta en una residencia particular El 19 de mayo de 1857, en el acto de asunción del nuevo gobernador, Valentín Alsina, Yanquetruz estuvo a su lado, presidiendo la festividad y la parada militar correspondiente.  Con el gobernador saliente, recorrió la ciudad de Buenos Aires a caballo, acompañado por su séquito.

Valentin Alsina (1862)


Estuvo en los festejos del aniversario de la Revolución de Mayo, y el 26 se embarcó en una lujosa goleta en el puerto de Buenos Aires, con rumbo a Carmen de Patagones (donde se encontraban sus toldos y casi siempre realizaba sus correrías), siendo despedido por el gobernador en ejercicio, funcionarios de turno, políticos y la banda del Ejército tocando marchas acordes con el “emocionante momento”. Llanquetruz, indudablemente, era el más talentoso entre sus pares, porque “sin haber estudiado en la Escuela Superior de Guerra, ni derecho internacional y sin ser un estadista –como dice el doctor Vignati- supo comportarse a la altura de cualquiera de ellos con rasgos bien perfilados”.

Apenas llegado a Patagones se entregó a los excesos y desarreglos del alcohol.  Reconvenido seriamente por el coronel Villar, prometió abstenerse de beber para cumplir sus compromisos.  Finalmente cambió su comportamiento y se situó en Valcheta interesado en formar un establecimiento. En 1858, arribaron a Patagones, Yanquetruz y su primo Sayhueque, con otros capitanejos, animados de las mejores disposiciones de obediencia al gobierno, lo que exasperaba a Calfucurá.  A pesar de ello, mantenían relaciones diplomáticas, ya sea por correspondencia o por emisarios.

 
Cacique Valentín Sayhueque, lider de las tribus de la Cordillera neuquina, fue el último jefe en rendirse, el 1ro de enero de 1885. Primo de Yanquetruz


Guardó mucha afición por el alcohol, y una vez ebrio, le daba por pelear.  En uno de esos entreveros, el 28 de octubre de 1858, fue muerto de una puñalada por la espalda, en la pulpería de Luis Silva, frente a la plaza de Bahía Blanca, por el capitán de Guardias Nacionales Jacinto Méndez. Al conocer su trágico fin, Calfucurá y sus huestes olvidaron todos los resquemores y no pensaron más que en vengar en él la muerte de uno de los suyos.  Con ese fin organizaron prontamente una expedición formidable que saqueó el pueblo de Bahía Blanca, el 19 de mayo de 1859, último malón, donde Calfucurá salió mal parado. El viajero y cronista Augusto Guinnard no ocultó su admiración por el cacique, y según él, la destreza y valentía de Yanquetruz eran tan relevantes que lo convirtieron “en una especie de personaje que los españoles (seguramente debería decir argentinos) procuraron atraerse a toda costa”.

El explorador Guillermo Cox, informa que Yanquetruz no era alto, pero tenía su imponencia; su rostro, aunque feo, expresaba audacia y franqueza; magnífico en su indumentaria, casi siempre vestía casaca fina, sombrero claro, chiripá azul y calzoncillos bordados.  Y jamás se desprendía del sable, cuya empuñadura y vaina era de plata maciza, como los estribos, el freno, las cabezadas y otras prendas de su apero.  Y les complacía que los mocetones de su escolta fueran así, igualmente ostentosos”. A su vez, George G. Musters, que anduvo por Patagones en 1870, lo cita en su obra, titulándolo poderoso cacique, y dice que logró concluir los antiguos feudos, y unir bajo su mando a los indios de ellos.  Era alto ( a diferencia de lo que expone Cox), musculoso, de serio y grave continente, de agilidad felina, tenía músculo de acero, ha escrito un contemporáneo, Sánchez Ceschi.  Presumía de elegante.

Por último el doctor Vignati, ha expresado: “Llanquetruz no era un indio vulgar; era capaz de elevarse a especulaciones intelectuales de orden étnico –la influencia telúrica es tan violenta en él como en otros de mayor prosapia- que, por disparatadas y pueriles que sean, muestran un cerebro que pensaba en algo más que en satisfacciones materiales como lo hacían sus connacionales.  Llegó a exponer tesis propia relativa al parentesco que vinculaba a los alemanes con los habitantes norpatagónicos”.  Posteriormente agrega: “no era un hombre vulgar”.

JUAN YANQUETRUZ

Nació en 1890. Entrevistado por primera vez por Rodolfo Casamiquela en 1953, esa vez en compañía de Tomás Harrington. Considerado punta visible del hilo por el primero de ellos. Decía carecer de nombre indígena propio; era poblador de Blan Cumtre, paraje al sureste de Gastre (Centro-Norte del Chubut). Ese primer encuentro fue en pleno campo, al pie de la piedra pintada de Blan Pilquín. Casamiquela volvió a visitarlo en 1972, cuando el hombre había cumplido sus 82 años. Era entonces el último cacique tehuelche septentrional o Yanquetruz.

Juan Yanquetruz


Fuente
“Jose Maria Bulnes Yanquetruz” del sitio Revisionistas.com.ar http://www.revisionistas.com.ar/?p=9755
Cutolo, Vicente Osvaldo – Nuevo diccionario biográfico argentino – Buenos Aires (1985).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
Pérez, Daniel Eduardo – Nicanor Otamendi, el héroe de San Antonio de Iraola.
Torti, Enrique – El escuadrón inmolado – La Nueva Provincia (Bahía Blanca).
Vignati, Milcíades A. – Un capítulo de etno-historia norpatagónica – Buenos Aires (1972).
"El linaje de los Yanquetruz". por Rodolfo Casamiquela
Yanquetruz el viejo. Del sitio Lagrimas de Circe.com

jueves, 15 de junio de 2017

CACIQUES DE LA REGIÓN: LOS CATRIEL



CACIQUE JUAN MANUEL CATRIEL

El cacique Juan Manuel Catriel fue el cacique principal de la nación pampa, caracterizado por su amistad y aprecio hacia los hermanos criollos. En muchas oportunidades la tribu de Juan Catriel colaboro con las autoridades para evitar el pillaje de los aucas chilenos y de grupos cristianos alzados y renegados que inundaban la campaña argentina. Este cacique vivió en sus tierras conjuntamente con los cristianos, hasta que falleció en un combate librado contra indígenas maloqueadores, luchando junto al coronel Barros y al cacique Quentrel.
 
Juan Catriel el viejo (1770-1848).
El cacique Catriel fue colaborador y auxiliar en la expedición de Rosas al desierto en el año 1833 y junto con él colaboraron los caciques Fracamá, Reilet, Venancio Cayupán, Llanquelén, Chacul y otros más. Años antes, en 1827, había colaborado con el coronel en Rauch, secundado por el cacique Negro y sus tehuelches.

Juan Catriel el viejo (1770-1848).
Genealogía de los Catriel

Grupo de tehuelches. Dibujo de 1832 realizado durante el viaje de Jules Dumont d'Urville.

Podemos decir que el Gran Cacique Juan Catriel, colaboró con Juan Manuel de Rosas, hasta su caída del gobierno en 1852. Fue muy amigo también de los caciques Cachul y Lucio que tenían sus tribus en las costas del arroyo Tapalquén, al noroeste de la población del Azul. A su muerte le sucedió en el mando de su tribu su hijo Cipriano. Los indígenas conocidos posteriormente como catrieleros, viven en nuestros días en pequeñas propiedades que mantiene cerca de la localidad de Los Toldos en la provincia de Buenos Aires.
 

Dice Rodolfo Casamiquela en la nota ¿A qué llamamos mapuches? (1985) Revista Cultura, Hombre, Sociedad (CUHSO) de la Universidad Católica de Temuco, Vol. 2, N°1, 1985:

Era tehuelche septentrional puro José María Yanquetruz, a pesar de su nombre araucano. Lo era Catriel el Viejo, a pesar de lo mismo; lo eran Chokori y Shaihueque (padre e hijo), aquél sableado por Rosas, éste, señor de Las Manzanas (sur del Neuquén) en tiempos de Moreno y Musters. Todos estos ejemplos para que se entienda que la araucanización más que un traslado masivo de tribus, de hombres, fue un proceso, una especie de oleada, la que por su índole, esencialmente cultural, y por el hecho de transitar por encima de pueblos intermedios, es denominada por algunos antropólogos "transculturación". Así la mayoría de los indígenas del ámbito extraandino oriental, según he dicho, para mediados del siglo pasado (o mejor, antes de la Conquista del Desierto, que comenzó poco antes del 80) eran de abolengo local, aculturados o transculturados. Con creciente sangre araucana, sin duda, y hablantes de esa lengua (aunque en parte bilingües), y alternando el "quillango" de pieles -tehuelche- por el poncho tejido -araucano- pero conservando -e imponiendo- el toldo y la boleadora locales...”

CACIQUE CIPRIANO CATRIEL

Cipriano Catriel (1837 - 1874) fue un cacique principal de la dinastía de los Catriel, hijo del cacique Juan "el joven" Catriel. Mantuvo leales y respetuosas relaciones de paz con los criollos argentinos. Al frente de sus guerreros pampas, colaboró con el Ejército Argentino para imponer el orden en la campaña de la Provincia de Buenos Aires. La ciudad de Catriel, en la provincia de Río Negro lleva este nombre en su honor.


Cipriano Catriel con el traje militar que le había otorgado el entonces presidente Domingo Sarmiento.

Inicios de su cacicazgo

Cipriano Catriel asumió el mando de su tribu en 1866, por la muerte de su padre Juan "el joven" Catriel. Desde el año siguiente colaboró en la defensa de la frontera frente a otras tribus hostiles a las autoridades de Argentina. El 9 de octubre de 1870, el coronel Francisco de Elías, comandante de la frontera del Azul, firmó en representación del gobierno nacional un tratado de paz con Cipriano Catriel, para poner fin a las represalias que llevaban a cabo los indígenas contra los malos tratos de que eran objeto por parte de la fuerza militar. 

Cacique Cipriano Catriel

El coronel Elías no era bien visto por los indios a causa de las matanzas que había llevado a cabo sobre los mismos y debido a que ganaba dinero retrasando o robando los sueldos y raciones que debía entregarse a estos guerreros por los servicios que prestaban como caballería auxiliar del Ejército Argentino. En mayo de 1871 los caciques Manuel Grande, Chipitruz y Cafulcir, se vieron obligados a sublevarse contra el despótico Elías. Esos caciques obedecían a Cipriano Catriel, por cuanto eran tribus que integraban el Ulmen Pampa.

Batalla de San Carlos de Bolívar

En diciembre de 1873, Cipriano Catriel participó con sus lanceros, en la batalla de San Carlos de Bolívar, junto a las tropas regulares del General Rivas, que vencieron al cacique Calfucurá.

La revolución de 1874 y la muerte de Catriel

En noviembre de 1874, Cipriano Catriel se encontraba acampado con su tribu cerca de Azul, cuando sucedió el levantamiento armado de Bartolomé Mitre, sublevado contra el gobierno de Nicolás Avellaneda. Catriel fue inducido por el General Rivas, segundo de Mitre, para incorporarse a sus fuerzas, lo que fue aceptado por el cacique. Esta decisión provocó una enemistad con su hermano Juan José Catriel, y parte de los guerreros, que lo consideraron un traidor, originando su separación. Cipriano Catriel no llegó a sumarse a las fuerzas de Mitre, ya que fue perseguido por tropas gubernamentales al mando del comandante Hilario Lagos (hijo). Fue apresado y remitido prisionero a Olavarría. 
 
Cacique Cipriano Catriel
 


A continuación podemos ver una carta enviada por Cipriano Catriel al Ministro de Guerra Martin de Gainza en el año 1870. En la trascripción de la carta de Cipriano Catriel al Ministro de Guerra Martín de Gainza dice lo siguiente:


Exmo Señor Ministro de la Guerra
Coronel Don Martín de Gainza

Señor de mi respeto y aprecio
He tenido la honra como también el placer de recibir la atenta carta de V.E. de fecha de 23 de septiembre por la que veo con transportes de (..) que V.E. comprende y estima en su justo valor el noble pensamiento que abrigo de mejorar la condición de los indios y hacerles conocer la necesidad del trabajo y el respeto a la propiedad.

Todavía Señor Ministro no he llevado la misión que me he impuesto, la he principiado recién, sus resultados serán más dignos de la justa apreciación de V.E. que lo hecho hasta aquí.

Tanta es mi gratitud por el obsequio que V.E. se digna hacerme enviándome un carruaje para mi uso, que me creo ya no ser indio. Sírvase pues V.E. aceptar mi respeto y aprecio personal como también transmitir mi adhesión al Señor Presidente a cuyo Gobierno cabrá la gloria de realizar la regeneración de los indios.


Carta del cacique mayor de los pampas Cipriano Catriel al ministro de Guerra Martin de Gainza, c. 1870.
Documentos escritos.Fondo Museo Histórico Nacional. Sala VII legajo 62.

Juliana Román, una de las últimas sobrevivientes de la tribu de Cipriano Catriel (fotografía de 1934)


Pero a pedido de su hermano Juan José Catriel, el 24 de noviembre fue liberado, quedando a su merced. Éste lo juzgó como traidor y aprovechó la oportunidad para hacerlo lancear, atado con guascas de cuero crudo en las muñecas. Junto con él también fue muerto el Coronel Santiago Climaco Avendaño. Avendaño era Intendente General de Indios, puesto que le había asignado el Presidente Domingo Faustino Sarmiento en su oportunidad por su dominio del idioma pampa. El 26 de noviembre de 1874 se produjo la batalla de La Verde donde Mitre fue derrotado por fuerzas nacionales al mando del Teniente Coronel José Inocencio Arias.

 
Casa del Cacique Cipriano Catriel en Azul. Provincia de Bs.As.- Año 1984. Gentileza de Luis Alposta del blog Mosaicos Porteños

Parte de los restos del cacique Cipriano Catriel fueron adquiridos por el perito Francisco Perito Moreno quien poseía su cráneo y se había apropiado también de su poncho. En una carta dirigida a su padre, Moreno le cuenta que tiene la cabeza de Catriel, diciendo:

   “…no quiero separarme de esa joya, la que me es bastante envidiada.”

    Francisco P. Moreno

CACIQUE JUAN JOSE CATRIEL

Nació hacia 1838 en el campo de Nievas, distante unos 15 km de aquella población, muy cercana a la actual ciudad de Olavarría y a 300 km. de la ciudad de Mar del Plata. Juan José Catriel, cacique pampa del Azul, nació hacia 1838 en el campo de Nievas, distante unos 15 km de aquella población. Segundo hijo del cacique Juan Catriel, a la muerte de su padre en 1866, no asumió el cacicazgo, sino que lo hizo su hermano menor Cipriano, quién poseía mayores dotes militares y diplomáticas. 

Juan Jose Catriel. Imagen gentileza de Revisionistas.com

Según tradición familiar se rehusó a asumir el mando por no estar de acuerdo con los tratados de paz firmados por su padre con el gobierno nacional.  Alejado de los resortes del poder dentro de la tribu, se dedicó a la cría de ganado al pié del “Cerro Negro” (cerca de Olavaria).

Juan José Catriel solicita su liberación y la de su familia de Martín García. AGA, caja 15287

Con el paso de los años, una serie de desgraciadas circunstancias trocaron su carácter y su suerte.  La disconformidad con muchos años de gobierno de su hermano Cipriano –propenso por carácter y principios a mantener buenas relaciones con los jefes de frontera y gozar de las ventajas de la vida civilizada- lo indispusieron anímicamente contra él.

Tolderías del Cacique Catriel en Azul, Pcia. de buenos Aires. (Colección Witcomb, AGN). Benito Panunzi

En este sentido, Juan José siempre manifestó otro temperamento y otras opciones de vida: menos inteligente que su hermano, más independiente y frontal, menos negociador, contrario a todo acercamiento y componendas con los cristianos, por quienes sentía profunda aversión, siempre prefirió la vida del desierto, en toldo y campo raso, manteniendo inalterables las costumbres que le venían de origen y raza.


General Ignacio Rivas

A estas disposiciones anímicas, se unió la turbulencia de la Revolución Mitrista, en septiembre de 1874, a la cual se plegó –para propia desgracia- su hermano Cipriano, aconsejado en esto por su amigo el general Ignacio Rivas.  Derrotadas por el ejército nacional las tropas adictas a Mitre –en la “Verde”, en noviembre de ese mismo año- la suerte de los hermanos quedó sellada.  Cipriano murió degollado en Olavaria, junto con su secretario, Santiago Avendaño; mientras que Juan José, partícipe activo con su gente en el crimen, fue reconocido por el gobierno como nuevo cacique de los catrieles, contando con el apoyo de los coroneles Hilario Lagos y Julio Campos por entonces al mando de las tropas que perseguían a los mitristas. Su suerte estaba echada. Lanceado en el acto, sólo alcanzó a escupir la cara de su hermano Juan José, gritándole: ¡Cochino!. Éste remató la escena decapitándolo de un saque.

Por algún tiempo, Juan José se estableció en el campamento de Blanca Grande, ahora al mando del coronel Nicolás Levalle, colaborando con sus indios en la vigilancia y defensa de la frontera, conservando la tribu los fértiles campos de Nievas. La resolución del gobierno de adelantar paulatinamente la frontera, hasta llevarla a las márgenes del Río Negro, trajo consigo la necesidad de reubicar la indiada de Juan José, en una zona más propicia para tales fines, contando para ello con su sometimiento y fidelidad como hasta esos momentos.  Pero los planes del astuto cacique eran otros.
 
Mapa de los cacicazgos. Se puede ver la ubicación de Catriel.Gentileza del rojiverde.com. Diario de los Pueblos Indigenas

En principio aceptó el ofrecimiento del ministro Adolfo Alsina, formulado en agosto de 1875, de trasladarse a las inmediaciones del Fortín Aklecoa para conformar una especie de “colonia pastoril”, cuyos hombres quedaran afectados a la Guardia Nacional en calidad de “auxiliares” (militarización).  Pero habiendo iniciado tratativas con el cacique salinero Manuel Namuncurá, se plegó con sus fuerzas a la invasión que a fines de diciembre de ese mismo año cayó sorpresivamente sobre Azul y zonas vecinas, conocida como “Malón Grande” por sus efectos devastadores.  De este modo, aprovechó el regreso de los invasores para confundirse con ellos y emigrar juntos, con toda la tribu, a Salinas Grandes, para recobrar la libertad perdida, rompiendo toda relación con el gobierno nacional y con sus antiguos vecinos de frontera.

 
Nota del oficial Diego Lucero al coronel Winter, por el fracaso en la captura del cacique Catriel, c.1878.
Manuel Namuncurá

A principios de 1876 fijó su residencia en “Treyco”, en las cercanías del actual Guantraché (La Pampa), bajo la protección de Namuncurá.  De allí en más, demostró una abierta y desafiante resistencia a la decisión gubernamental de trasladarse a la frontera de Carhué. Asumiendo como conducta habitual el organizar frecuentes invasiones sobre fortines y poblaciones –por cuenta propia o unido a los caciques de Salinas Grandes-, a modo de hostigamiento y obtención de recursos para el sostenimiento de la tribu.

Los hermanos Marcelino y Juan Jose Catriel
Bajo el rigor de las batidas despachadas desde Carhué y desde Puán, terminó por rendirse, junto con su hermano Marcelino y toda la tribu, el 26 de noviembre de 1878, en Fuerte Argentino ante el comandante Wintter. Al poco tiempo, los hermanos Catriel fueron embarcados con sus familias en el vapor Santa Rosa rumbo a la isla Martín García, quedando allí sujetos a una espantosa epidemia de viruela y a toda clase de privaciones.  Los dos hermanos fueron bautizados en Buenos Aires el 11 de agosto de 1879, en la iglesia del Pilar, junto con otros indígenas enganchados en el ejército.  
 

El 7 de octubre de 1886, Maximino Matoso, autoridad de la isla de Martín García, informaba al Ministerio de Guerra y Marina que Juan José Catriel, su hermano Marcelino y parte de su familia eran liberados y se dirigían hacia la capital tras ocho años de encarcelamiento, siete de ellos en la isla. Había finalizado la Conquista del Desierto y la manumisión era una decisión adoptada por Carlos Pellegrini en respuesta a una carta escrita un mes antes por el propio Juan José Catriel, misiva que en realidad tenía como destinatario al presidente Roca. Radicado junto a su esposa en las inmediaciones de Olavarría, Juan José Catriel moriría en 1910 en el hospital de la ciudad, afectado por un cáncer. (Nocetti, 2011: 45-46).

MARCELINO CATRIEL

De la dinastía de los Catriel, fue un cacique pampa, hijo de Juan "el joven" Catriel y hermano de Cipriano y Juan José. No tuvo la actuación de los otros miembros de su familia, pero se destaca entre los príncipes de la pampa, como un bravo guerrero que de acuerdo con las leyes de su vieja estirpe no desea la amistad de los llamados en mapu huincas, es decir, los colonos blancos. En el año 1877 debe abandonar las costas del arroyo Tapalquén y huir tierras adentro, donde es hecho prisionero junto con el cacique Blás Román, en los llamados derrames del Chasicó.

Marcelino Catriel. Cacique de Linaje que antecedió a Bibiana García.

Acta defunción de Blas Catriel, hijo de Marcelino.En él se menciona que la familia vivía en un rancho cerca del lazareto. AGA, caja 15283

Marcelino, al ser liberado, también se radicó en la zona de Sierras Bayas en la Provincia de Buenos Aires, y además de criar ovejas trabajó en las canteras de piedra de la zona. Así lo hizo hasta su muerte que se produjo en 1916. (Nocetti, 2011: 45-46).


LA ÚLTIMA CACIQUE EN LA TRIBU DE LOS CATRIEL

La historia de Bibiana García (Dughu Thayen) es un homenaje a todas las mujeres en su día. Un caso único dentro de las sociedades nativas donde la mujer cumplía un rol secundario en cuanto a las decisiones. No careció de firmeza a la hora de heredar el protagonismo de los caciques. Reina y fundadora, una mujer irrepetible. La semblanza es real y poco conocida de una mujer admirable que vivió en nuestra zona y que por circunstancias que veremos más adelante debió asumir el liderazgo de la conocida tribu de los Catriel, evitando con su sagacidad y entereza el hambre y por consecuencia, la rápida desaparición de sus componentes.

Bibiana García. Caras y Caretas 1899.

Esta española, que fuera cautivada y llevada a los toldos desde niña, tuvo la posibilidad de reintegrarse a su sistema de vida primaria al ser rescatada por una partida militar, pero ella eligió regresar y seguir siendo india. Una decisión donde privó el amor hacia aquellos que le dieron afecto y un nombre en su lengua, por sobre la posibilidad de una vida más cómoda. Si su determinación hubiese sido otra, hoy no estaríamos hablando de una Machi (curandera-médica) que al transformarse en cacica de manera fortuita, se erigió en la base fundamental para fundar dos colonias que se transformaron en ciudades.

La “Reina” Bibiana García (Dughu Thayen)
Una mujer irrepetible

En 1878, los caciques Catriel eran derrotados luego de tremendas luchas con la milicia. Superiores en armamentos y ayudados por el ferrocarril, el telégrafo y el aporte monetario de hacendados (que multiplicarían sus ganancias, luego de limpiado el desierto), el gobierno quitó las tierras (y muchas vidas), a los dueños originarios para entregarlas de manera “generosa entre los hacendados y a cuentagotas al resto. Marcelino Catriel cayó prisionero en julio de 1878, mientras que Juan José se entregó en el Fuerte Argentino (hoy Tornquist) en noviembre del mismo año. Ambos quedaron en calidad de prisioneros, situación que provocó el descabezamiento de la tribu.

De las aberraciones que se cometieron en la llamada “Conquista del Desierto” habría que hablar en otra ocasión. Fueron tantas que consumirían demasiado espacio y nos “iríamos por las ramas”, perdiéndose así el hilo conductor sobre el personaje que nos interesa. Pero resumiendo, podríamos decir que el destino de aquellos prisioneros se resolvió así: caciques y capitanejos enviados a la isla Martín García, hombres de la tribu a trabajo de zafra o como mano de obra barata en cualquier labor. Los niños entregados en subastas a familias adineradas de Buenos Aires, las jóvenes y adultas al servicio de las mismas personas y finalmente, los viejos ejecutados. Resta decir que los sacerdotes rebautizaron con nombres españoles para que fuese difícil el reencuentro de las familias y que todo esto ocurría a mediados de 1870. Por eso, cuando le digan que la esclavitud en Argentina se abolió en 1813, no tenga duda que eso fue solamente en los papeles. Otros habitantes del desierto tuvieron mejor suerte y pudieron eludir el accionar militar, aunque a costa de quedar dispersos y errantes por todo el territorio nacional.

Al carecer de una conducción visible, el deambular de un lado hacia otro era constante y sin sentido, por eso cuando Roca realizó la expedición de 1879, al pasar cerca de Pichi Mahuida, el 21 de mayo, Manuel Olascoaga anotó en su diario de campaña: “pasamos tocando a nuestra izquierda las antiguas tolderías de Catriel... y fuimos a plantar carpas en el lugar llamado Abra de Catriel”, para luego, mas adelante, avistar a otro grupo de la misma fracción en General Conesa. Allí se afincaba el segundo núcleo, que según el decreto fundacional decía: “pequeña población, compuesta de doscientas familias de indios y colonos”. Estos estaban asentados como colonia indígena de acuerdo al decreto de creación Nº 11.215 de 14 de febrero 1879, el cuál expresaba: “Considerando que la forma en que actualmente se atiende la subsistencia de los Indios y familias de la Tribu de Catriel, sometidos a la autoridad militar de Patagones... decreta: ...art. 2º Esta colonia se formará con los restos de la Tribu de Catriel y se denominará, Colonia General Conesa...”.

 
Las primeras tribus que tuvieron asiento en Azul, fueron la del Casique Catriel, lo testimonia la foto adjunta sacada por el fotógrafo Domingo Di Ferrante en el año 1883.


En base a ese pequeño contingente se fundó (en el Fortín General Conesa), sobre el río Negro, la colonia para una parte de los catrieleros. El gobierno debía suministrarles elementos para construir viviendas; semillas y útiles de labranza, mas el infaltable sacerdote que viviría con ellos para arrancarles su religión y convertirlos al catolicismo. Poco duraron en ese sitio, porque una creciente en julio de 1880 los mudó a la margen sur del río Negro y es ahí dónde toma las riendas de la situación una mujer muy especial que en base a una fuerte personalidad, haría historia grande. Bibiana García había nacido probablemente en 1849. Era hija de los españoles Florencio García (a quién apodaban “macho blanco”) y Petrona Flores.

Siendo aún muy niña, su padre fue muerto durante un malón y Bibiana, junto a su hermana Eufemia, fueron llevadas cautivas. Tan fuertemente asimiló las costumbres nativas, que cuando una partida militar las rescató, ella pidió regresar al lugar dónde se había aquerenciado y adoptando el nombre de Dughu Thayen, que en mapuche significa “cascada rumorosa”. Con el transcurrir del tiempo, Bibiana adquirió una gran reputación entre los suyos y sus dotes de clarividente y sanadora la transformaron en la “Machi” de la tribu. Una “Machi” era una mezcla de bruja, vidente, curandera y doctora. Esta función era muy respetada en cualquier campamento nativo y no era la excepción dentro de la otrora numerosa tribu catrielera, arraigada por muchos años en las zonas de Azul y Olavarría.

La dama tuvo un hijo con Cipriano Catriel y al morir este (decapitado en noviembre de 1874 en Olavarría), enviudó y se casó con Juan Cortés. En 1875, cuando los pueblos originarios se alzaron contra el gobierno en el llamado “Malón Grande” (porque abarcó toda la provincia de Buenos Aires), Bibiana estaba instalada junto a otros componentes en la laguna de Paragüil, sitio que aún debía ser demarcado por el agrimensor Alfredo Ebelot para destinarse a la tribu de Catriel. Durante el apresamiento de los caciques Juan José y Marcelino Catriel, se establece en Río Negro y el 1878 el gobierno los titula como colonos en el Fortín Conesa. La mencionada inundación de 1880 hace que busquen otra zona no inundable y desde ese momento empiezan las gestiones de Bibiana para conseguir un lugar digno dónde vivir. Su aguda claridad mental funcionó rápidamente y comprendió que el tiempo del racionamiento y el intercambio de favores habían quedado atrás para siempre, y que si no encontraba enseguida la forma de adaptarlos a otras labores que le permitieran un medio de subsistencia, su pueblo desaparecería en un corto lapso.

Fue entonces cuando con gran entereza empezó su peregrinaje por cada uno de los toldos. Influenciaba a los indios y persuadía a los caciques, caciquillos y capitanejos para que evitaran la disgregación. Y esa persistencia tuvo sus frutos. El corolario fue una multitudinaria asamblea indígena, dónde la líder exhibió toda su capacidad de oratoria y liderazgo. Carismática y emprendedora propuso basarse en la unidad para presionar más firmemente sobre el gobierno argentino y conseguir la instalación de las familias desperdigadas en tierras aptas para el cultivo y la cría de animales. Aunque algunos no aceptaron esta propuesta, el consenso fue bastante amplio y la cacica (a quién empezaron a llamar “Reina”), emprendió el viaje a caballo rumbo a Bahía Blanca con un séquito numeroso de su tribu. Desde esa localidad viajó en tren hasta Buenos Aires y una vez allí se dedicó a desarrollar su plan.

Pueblos originarios de la raza tehuelche

Aquel trabado lenguaje mapuche-español de Bibiana recorrió todos los despachos oficiales para hacer oír sus reclamos. Auténtica y valiente, clamaba ante los funcionarios por las promesas incumplidas de facilitarles tierras y medios de supervivencia. “La reina” quería parcelas de terreno apto y sin dueños para poder criar ganados, sembrar, pescar y cazar. Alegaba que de esa manera se podrían abastecer de casa, vestimenta y alimentos, pero exigía, además, que el Estado cumpliera con la palabra empeñada de facilitar los útiles vitales para que los colonos, pudieran organizarse laboralmente.

El problema era histórico. Los nativos pedían vivir en paz, “donde no fueran maltratados” (decía Bibiana), ya sea por quienes falsamente se adjudicaban la propiedad de los campos que ocupaban ellos, o por los arrendatarios. Lo descripto motivó que le sugiriera al Gobierno Nacional el traslado, como dueños, a “la costa Sur o Norte del río Colorado”, pero gobernador Tello, se negó terminantemente a la petición, proponiendo que se los ubicara en una fracción entre los ríos Negro y Colorado. Hecha la propuesta a Bibiana García, esta no aceptó por considerarlas no aptas.


 

En uno de los tantos expedientes rechazados “La Reina” decía que desde 1880 se había establecido “con una tribu de indígenas amigos y antiguos servidores del Gobierno Nacional compuesta de novecientos individuos de ambos sexos, más o menos, entre las márgenes de los ríos Negro y Colorado”. Formaban parte de la aquella tribu los caciques: Fermín Garro, Juan Centeno, Juan Cortés, Antonio Peña, Saturnino Molina, Mariano Guerra, Simón Rosas, José Arriola, Mariano Mercado, Félix Real, Ignacio Silva, Braulio Bustos, José Peralta, José Luca, Lorenzo Callupil y Florencio García.

Durante 16 años, repitió una y otra vez sus viajes a Buenos Aires, pasando por Azul y Bahía Blanca, para volverse inevitablemente con las manos vacías. Los largos viajes, el cansancio y la sordera de los funcionarios parecían no hacer mella en el espíritu de la cacica, que volvía periódicamente a pagar de su peculio cada largo peregrinaje para plantarse frente a las autoridades nacionales y hacer cada vez mas firme su reclamo.

Hacia 1896, el grupo comandado por Bibiana había evolucionado y poseían un número aproximado de 136.000 ovejas, 70.000 caballos y 2.000 vacas, habiendo registrado ella misma en 1893, una marca propia para el ganado de su propiedad. Al fin, en 1899, un decreto firmado por Julio Argentino Roca expresaba lo siguiente:

“Art. 1º) Fúndase dos colonias pastoriles en el territorio de Río Negro, de acuerdo ambas con la ley del 2 de octubre de 1884 y decreto reglamentario de 7 de marzo de 1885 la una en las nacientes del río Valcheta, en el departamento de 25 de Mayo y la otra en el departamento General Roca, en los lotes: Nº 1, 2, 3, 8, 10, 11, 12, 13, 18, 19, 20 y la parte Norte de los Nº 21, 22,23 todos de la fracción “A” de la sección XXV

Art. 2º) La primera de estas colonias se denominará “Valcheta”y tendrá ciento veinticinco mil (125.000) hectáreas de superficie y la segunda llevará el nombre de “Catriel” y ocupará igual extensión

Art. 3º) El Ministro de Agricultura dispondrá la mensura, subdivisión y entrega de la tierra, previa la reserva de cinco mil (5.000) hectáreas, en cada colonia, en el punto mas adecuado para las necesidades futuras de la colonización agrícola y la formación de centros urbanos:

Art: 4º) Los indígenas que actualmente habitan los territorios de La Pampa y del Río Negro, serán preferidos al efectuarse la adjudicación de los lotes, siempre que se encuentren en las condiciones que exigen la ley del 2 de octubre de 1884;

Art 5º) Derógase el decreto de 4 de diciembre de 1889:

Art 6º) Comuníquese y dese al Registro Nacional.

Firmas: Roca y Frers
 
La cacica Bibiana Garcia y parte de su familia y tribu (1899), el día que le entregaron las tierras en Buenos Aires.

Como podrá verse, esta mujer increíble, que estuvo afincada alguna vez en la zona de Olavarría, fue fundadora de la localidad de Catriel y sin temor a equivocarnos, podríamos decir que también Valcheta le debe a su esfuerzo la creación. Fueron tantos los años de lucha y constancia, que aquel decreto la tomó por sorpresa y reaccionó con escepticismo. Al momento de darse a conocer el mismo, Bibiana García, Dughu Thayen, “La Cacica” o “Reina”, como quieran llamarla, estaba en Buenos Aires y recibía la visita de un periodista que quería fotografiarla, gestándose esta conversación:

- Venía a verla Da. Bibiana, para retratarla a usted y a la familia.
- ¿Detratar…? ¿y pa’ que?
- Para enseñarle al país quién es usted… y que vive.
- Quen está país?
- El gobierno.
- Ah…!Güeno… Mejor sería que darme mi la tierra pa’ mis indios… Nosotros dueños tierra no tenemos y lo gringo llenito.
- ¿Sí…? Ahora le van a dar.
- ¡Lindo tierra pa’ morir…! ¡Agüita nada!

Así se enteraba de su triunfo pacífico, luego de años de batallar y recorrer miles de kilómetros. Al fin sus indios tendrían el sitio propio que tanto buscó, aunque no serían nada fáciles los primeros tiempos en aquel terruño. Siempre había algún oportunista que quería apoderarse de lo ajeno y recurría a la violencia para intimidar. El 5 de noviembre de 1902, a solo tres años del decreto firmado por Roca, la “Machi” se presentó en la comisaría de General Roca en el Territorio de Río Negro y realizó una denuncia contra el vecino y comisario de Peñas Blancas, Cristóbal Hervitt, y contra el sargento Mauricio Méndez. Su hijo, Froylán Cortés, firmó la denuncia en el nombre de “Bibiana García, Reyna de las Tribus de Catriel".

Los acusados habían quemado sus ranchos con todo adentro, incluso boletas de marca y guía de campaña. También habían robado unas riendas con pasadores y alguna que otra pieza de plata. Los acusados hicieron el descargo, amparándose en que los indios ocupaban la picada hasta el río Colorado, que eran sucios y que ellos no habían quemado más que osamenta y chilca. La “Machi” era inquebrantable. Su fortaleza sin límites no carentes de astucia, le llevaron a organizar un servicio de inteligencia que la mantenía alerta a lo que ocurriera a su alrededor. Había elegido como jefe a un hombre de apellido Huaifil, una persona muy hábil y sagaz, encargado de suministrar información que permitía anticiparse a cualquier contingencia. 

Su lugarteniente era Rosa Niculpil, quién en ausencia de Bibiana tomaba el mando de la colonia. Esta cacica gobernó la tribu durante treinta años y cuando sintió que la muerte acechaba, designó a un vidente pampa llamado Pedro Rojas, a quien le manifestaba que los dioses de su tribu lo habían elegido como sucesor de ella. Según José Benigar, Bibiana (su tía abuela política) “ lo designó en los últimos meses de su vida como sucesor. El se resistía, lo que le costó el tullimiento de un lado. Porque es peligroso contrariar la voluntad de los dioses...

Juan Formigo, descendiente del cacique Catriel, encargado de preparar el asado para el Príncipe de Gales durante su visita a la Argentina, Chapadmalal 1926. Documento Fotográfico. C. 2317
Tras una reunión, en la zona de Puelen (La Pampa) convocada por el cacique Baigorria la reina emprendió el regreso y al detenerse en la casa de su sobrino, Pedro Morales, que vivía al pie del “cerro negro” falleció repentinamente, el 30 de noviembre de 1910. En ese mismo lugar, en medio del desierto y sobre la ladera de la elevación, fueron depositados sus restos, mirando al sol naciente con su caballo y riquezas.

El acta de defunción sentenció:

Acta Nº21: En Puelen, décimo quinto departamento del territorio Nacional de La Pampa Central, a primero de diciembre de 1910. Ante mi, David Sánchez, jefe del registro civil:

Pedro morales, de cuarenta y siete años, argentino y domiciliado en este departamento en el paraje Cerro Negro declaró:

Que ayer a las cuatro de la tarde en el expresado domicilio falleció su tía Bibiana García de enfermedad al corazón, según certificado de los vecinos Otto Obist y Daniel Chirino a falta de facultativo médico, archivado bajo el número de esta acta, y que era de setenta años, viuda, argentina, sin profesión, domiciliada accidentalmente en la casa en que falleció, hija de Florencio García y de Petrona Flores, ambos ya fallecidos. No ha testado.

Leída el acta la firmaron conmigo, por el exponente que manifestó no saber, Alberto Oliva de sesenta y tres años, soltero y el testigo Vicente Escudero de treinta y siete años, soltero. Ambos de este vecindario, quienes han visto el cadáver.

Puelen 1º de diciembre de 1910.

Bibiana García fue un caso único dentro de estas sociedades nativas donde la mujer cumplía un rol secundario, en cuanto a las decisiones. No careció de firmeza a la hora de heredar el protagonismo de los caciques, sino que podría decirse lo contrario. A su muerte, el vacío que dejó fue de tal dimensión que la tribu terminó de disolverse definitivamente en poco tiempo.
 
Construcción del monumento a Bibiana Garcia en Catriel
Monumento a Bibiana García - Catriel

En el año 2010, las autoridades de Catriel resolvieron colocar un monumento en memoria de su fundadora, que ocuparía un lugar cercano al de José de San Martín. Un merecido homenaje a esta representante de primerísimo orden del género femenino.

La única “Reina”Argentina, la última cacique de la tribu de los Catriel.

Bibiana García tuvo dos hijos, Aidé (bisnieta) asegura que tuvo sólo uno: Jacinto Cortés. Este dato aclaratorio surge porque Aidé lo solicitó al sentirse molesta por las versiones que afirman que Juan y Bibiana tuvieron dos hijos, como dice el libro: “Rastros de nuestra tierra” del escritor Hugo Lencinas. Pero de esta aseveración se desprendió otro dato que califica a Bibiana García como una mujer transgresora para la época ya que después de enviudar, se casó con Juan Cortés, un hombre 16 años menor que había sido una especie de hijo de crianza durante los años que vivió con su primer esposo: Cipriano Catriel.
 
Aidé es bisnieta de la cacica Bibiana García
Más allá de estas citas anecdóticas, Aidé volvió a valorar la tenacidad de aquella mujer luchadora, que persiguió el mismo fin durante más de cuatro años sin rendirse, fin que finalmente consiguió y que eran las tierras prometidas; las mismas de las que hoy espera obtener los títulos de propiedad, su descendencia

Comunidad Mapuche-Tehuelche Peñi-Mapu,

A mediados de 1996 comenzaron a desarrollarse los primeros pasos de una investigación enmarcada en el área de la Arqueología Histórica, la que incluye una línea de trabajo desde la Antropología Social. El proyecto, que se continúa hasta el momento, ha tenido como objetivos indagar, por un lado, la experiencia histórica de las sociedades de frontera relacionadas con una fortificación de mediados del siglo XIX en el actual partido de Tapalqué, llamada “Cantón Tapalqué Viejo”. Por otro, pretende estudiar la conformación de una identidad en relación con ese pasado a partir de los discursos y prácticas actuales de los habitantes de la región.

Victor Hugo Gonzalez Catriel y Mario Epugmer Ranquel. Gentileza de Bemba Fotografía.

La investigación implicó, desde un principio, el registro de entrevistas a descendientes de indígenas pertenecientes a los cacicatos que se asentaban en la zona del mencionado cantón, entre otras personas. A partir de esas instancias, aquellos que se reconocieron como descendientes, específicamente los de Catriel, iniciaron una serie de contactos entre “parientes”, en la mayoría de los casos no conocidos interpersonalmente, contactos establecidos y mediados por el trabajo de búsqueda y de rastreo de informantes de los antropólogos.
 
Mailde Catriel. Bisnieta del Cacique Cipriano Catriel quien lidero el cacicato catrielero de los denominados asentamientos indígenas aliados a la política del gobernador de la Pcia de Buenos Aires Gral. Juan Manuel de Rosas durante el siglo XIX. Matilde vivio sus últimos años en el barrio Villa Fidelidad de la ciudad de Azul junto a su hija Marta Pignatelli Catriel en la ciudad de Azul. Falleció en febrero de 2008.

Imposición del nombre Matilde Catriel al CEC 805, de la localidad de Sierras Bayas. Año 2012

Se trató de localizar, en principio, a las personas residentes en la zona vinculadas con la descendencia del cacique de Juan Catriel "El Viejo" (apelativo que históricamente se ha utilizado para distinguirlo de su hijo homónimo). De la búsqueda inicial surgieron tres, dos de ellas viviendo en la ciudad de Azul y la restante en Sierras Bayas, localidad de Olavarría. Las primeras eran la nieta y la bisnieta de Cipriano Catriel; el sierrabayense, bisnieto de Marcelino Catriel. Cipriano, Marcelino y Juan José fueron nietos de Juan "El Viejo" y la única descendencia mencionada de aquél, en cuanto al linaje, en los textos históricos.   

La primer entrevista fue realizada a la nieta de Cipriano, Matilde Modesta Catriel. Las entrevistas posteriores se continuaron con Pedro Galván, el sierrabayense, quien se interesaba por la situación actual de Matilde. Más tarde, consultando el trabajo del Profesor Gustavo Monforte sobre la reconstrucción de la descendencia de Juan Catriel "El Viejo", se pudo contactar en la ciudad de Olavarría y en la localidad de Sierra Chica (partido de Olavarría) a otras personas pertenecientes al linaje: las de Juan José y las de una de las líneas no reconocidas por la historia, la de Marcelina Catriel, hermana de Cipriano, Juan José y Marcelino.

Víctor Hugo González Catriel, de Peñi-Mapu. Gentileza Diario El Popular de Olavarría

Se sumaron algunas personas de la localidad -intervinientes en las gestiones para realizar el encuentro-, estudiantes de antropología social y de arqueología de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNICEN, un descendiente de mapuches chilenos -ex - integrante de Huerque Mapu- (llegado de España y de visita por Argentina) y periodistas de la televisión olavarriense. Si bien para esta reunión se preveía el reencuentro de los descendientes de aquel cacique, la situación excedió tal expectativa, ya que desde Azul también arribaron otras personas, bisnietos y tataranietos de aquellos que integraban el cacicazgo de "El Viejo" pero que no pertenecían a su linaje. 

Todos ellos se identificaban como residentes del barrio Villa Fidelidad de la ciudad de Azul, fundado en 1856 por la presidencia de Mitre con el objetivo de hacer efectivo el control sobre los grupos indígenas de la zona relocalizándolos en dicho espacio.  Tanto los de Azul como los de Olavarría llegaron al encuentro con banderas mapuches, las que colocaron en diferentes lugares del "escenario". Una asamblea improvisada y que devino hacia la media tarde, formada por todos los descendientes reunidos, concluyó que se debía convocar a un Parlamento Indígena para el 19 de abril de 1998.

Acto de Restitución de Restos a Pueblos Originarios. En la imagen Victor Hugo Gonzalez Catriel representante de la comunidad Peñi-Mapú de Olavarría. Año 2015
En el año 1998 se realizó el proyecto de reconstrucción del antiguo cantón, ubicado en la localidad de Tapalqué y denominado “Cantón Tapalqué Viejo”. El Parlamento Mapuche-Tehuelche se realizó en la ciudad de Olavarría en el recinto del Honorable Consejo Deliberante el 19 de Abril de 1998. Entre las actividades que se desarrollaron en aquel proyecto figuraba la puesta en contacto con los descendientes de los habitantes de las proximidades del cantón, habitantes que en su gran mayoría eran indígenas, perteneciendo buena parte de ellos a los cacicatos de los hijos de Juan Manuel Catriel “el Viejo”.

De esta manera se fueron contactando muchas personas que resultaban ser parientes entre si en muchos de los casos, lo cual propició con el transcurrir de los meses que muchos de los que se reconocían como descendientes de la tribu de los Catriel decidieran juntarse. Esta reunión se llevó a cabo en la localidad de Sierras Bayas el 1º de Marzo de 1998 y, en la misma se decidió realizar un parlamento con una convocatoria más amplia que incluyera a todos los mapuches y no solo a los Catriel.
 
Acto de Restitución de Restos a Pueblos Originarios. En la imagen Victor Hugo Gonzalez Catriel representante de la comunidad Peñi-Mapú de Olavarría. Año 2015

Acto de Restitución de Restos a Pueblos Originarios. En la imagen Victor Hugo Gonzalez Catriel representante de la comunidad Peñi-Mapú de Olavarría y en el extremo derecho de la foto el Dr. Juan Carlos Pellitta - Intendente de Olavarría. Año 2015

Cuando fue nombrada la última adhesión se entonaron las estrofas del himno nacional argentino y, un concejal junto a tres miembros del pueblo mapuche, cada uno de ellos descendía de un cacique diferente de manera que tres líneas de descendencia estuvieron representadas, izaron la bandera argentina que estaba dispuesta en el interior del salón, sumándose a la bandera mapuche que estaba colocada en una de las paredes laterales.

 
Acto de Restitución de Restos a Pueblos Originarios.Municipalidad de Tapalqué. Los restos de Lonko (caciques) Mapuches-Tehuelches que integraban la colección del Museo de La Plata fueron restituidos a sus comunidades residentes en las localidades bonaerenses de Trenque Lauquen y Tapalqué, en un acto y ceremonia de los que participó el Intendente Gustavo Cocconi.

Así quedó inaugurado el parlamento, se retiraron las autoridades del Consejo Deliberante, los visitantes y organizadores no indígenas, permaneciendo en el interior del recinto solo los indígenas previamente inscriptos para parlamentar. Las deliberaciones se extendieron hasta las 19 hs. momento en el que se cerraron las mismas. Luego a las 20 hs. fue elegido presidente de la naciente asociación mapuche Peñi-Mapu, la que actualmente se halla interviniendo en la sociedad como institución sin fines de lucro. La creación de esta asociación planteó un espacio para revitalizar la identidad indígena, incentivando el reconocimiento en términos de autoadscripción y de adscripción y promoviendo prácticas de inserción en los espacios políticos.
 
Acto de Restitución de Restos a Pueblos Originarios

Acto de Restitución de Restos a Pueblos Originarios. De la misma participaron referentes de la Facultad de Ciencias Sociales de Olavarría, comunidades de pueblos Originarios provenientes de Mar del Plata, Tandil, La Plata, Villa Elisa, Olavarría, Miramar y Puerto Madryn, quienes se reunieron para celebrar la restitución de los restos humanos hallados en cercanías del Puente del Arroyo Salado, en Ruta 86 y su posterior Ceremonia de Enterramiento en ese sitio. Gentileza Bloque PJ La Madrid
Restitución de Restos a Pueblos Originarios.
Este tiempo transcurrido encuentra a Peñi-Mapu con la satisfacción de haber vivido cuestiones muy fuertes como por ejemplo un Parlamento a nivel provincial durante el año 2000 en el Cerro Luciano Fortabat al que concurrieron una buena cantidad de descendientes de toda la provincia, de celebrar por primera vez la llegada del Wiñoy Xipantu (Año Nuevo Mapuche) en la localidad de los Toldos y de haber invitado a Peñis de Bahía Blanca para que dicten Talleres de Wizùn (ceramica) y Witral (telar) Mapuche en la Facultad de Ciencias Sociales.

El Cantón Tapalqué Viejo (CTV)
Ubicación geográfica y breve reseña histórica:

El sitio Cantón Tapalqué Viejo se halla a 36º 34' 40'' latitud Sur y  60º 04' 40.6'' longitud Oeste, en Argentina, provincia de Buenos Aires, partido de Tapalqué. Está ubicado en el interior de un campo de 2350 hectáreas -dedicadas a la producción ganadera y a la agricultura- y a la vera del arroyo homónimo, en una 'rinconada' que forma el curso de agua y que fue utilizada como barrera natural en el sistema de defensa de la fortificación. Dista a 17 kilómetros de la actual ciudad de Tapalqué, cabecera del partido mencionado. El lugar se corresponde con la subregión pampa húmeda, específicamente con lo que se define como Area de Depresión del Río Salado (Politis, 1988). 

 
Toldos de Catriel en Sierra Chica a la vera del Tapalqué

En la transición a convertirse Argentina en una incipiente 'nación', los años sucesivos a la Revolución de Mayo (1810) y a la Independencia (1816) marcaron una etapa de expansión territorial interna y el planteo de unificación ideológica para formar el Estado argentino. Consecuentemente, lo que se denominó "Conquista del Desierto" a partir de las “líneas de fronteras” en la provincia de Buenos Aires, a fines del siglo XVIII y durante siete décadas del siglo XIX, fue el concepto legitimado por los gobiernos sucesivos para continuar la expansión sobre el territorio de los cacicatos. En forma muy similar a la "Conquista del Oeste" (EEUU), coincide en la implementación de dos estrategias básicas:

1- el avance de una línea de frontera móvil, esto es, la movilización de tropas militares -desde un centro geográfico determinado, generalmente el lugar de residencia del poder político- para ir estableciendo fortificaciones sobre el territorio a conquistar (espacio de asentamiento de sociedades indígenas), las que, en la 'Conquista del Desierto' fueron denominadas fuerte, fortín, cantón y comandancia, según la cantidad de tropas que albergaran y el poder logístico que asumieran desde su instalación.

2- la apropiación de esos territorios -para implementar un modelo económico europeo sobre la base de la explotación del recurso tierra- y la 'colonización' de los mismos a partir de la instalación permanente de poblaciones 'blancas', preferentemente en áreas aledañas a aquellas fortificaciones, instando a la creación de poblados que luego serían las ciudades de hoy.

Las fronteras internas fueron límites simbólicos -materializados en fortificaciones- de esa situación permanente de colonización (Cabodi, 1950). Paralelamente, las leyes de enfiteusis instalaban a colonos inmigrantes, otorgaba tierras de la pampa bonaerense a oficiales y soldados que hubieran participado de las luchas por la Independencia o “contra el indio” (Raone, 1969) y regalaba tierras a allegados de los gobernantes, lo que aseguraba  el cambio de manos de ese recurso: de 'indios' a 'blancos' (Donghi, 1969, 1975 y 1972; Bechis, 1982; Fradkin, 1987). Sucesivamente, la línea “avanzaba” y “ganaba” tierras para el incipiente Estado Nacional. Es así que los malones fueron considerados por algunos autores (Mandrini, 1987 y 1992) como 'empresas', esto es, estrategias de la sociedad indígena para la recuperación de bienes y para la redefinición económica y política ante la instancia de su exclusión.

Ubicación del cantón Tapalque Viejo.

En octubre de 1831 se produjo un ataque indígena a la hacienda del Gral. Marcos Balcarce, entonces Ministro de Guerra y Marina y amigo personal del gobernador de Buenos Aires, Don Juan Manuel de Rosas. En consecuencia, éste ordenó la construcción del Cantón Tapalqué en tierras de aquél, en una explanada elevada, a la vera del arroyo Tapalqué y coincidiendo con una zona de tránsito y de comunicación para los grupos indígenas y para las partidas de militares y comerciantes hacia el sur. El Cnel. Gervasio Espinosa fue el comandante de la nueva fortificación durante cinco años y la primera dotación militar habría contado con veintisiete hombres (Capdevila, 1963).

La presencia de agua y pasturas permanentes, la proximidad al sistema serrano de Tandilia y la rinconada del arroyo definieron también la importancia logística para establecer la fortificación y relocalizar parte de los cacicatos considerados aliados por el gobierno central, los de los caciques Cachul y Catriel. Los grupos de ambas sociedades indígenas sumaban quinientos indios pampas en su población (Martínez Sarasola, 1992; Sarramone, 1993). El CTV pasó a integrar la denominada Línea Frontera Sur.

Canton Tapalque Viejo. En 1839 se erigió en el sitio que ocupara el cantón un monolito recordatorio "a los héroes y pobladores del Tapalqué Viejo". El lugar fue designado Sitio Histórico en 1945. Gentileza Sebastian Asensio. Panoramio.

Fue habitado permanentemente desde 1831 hasta 1855, cuando se decidió trasladar la población y fundar el Nuevo Fortín Tapalqué, a 17 kilómetros al norte, donde actualmente se halla la ciudad de Tapalqué. Declinó su importancia al perder Rosas el poder político y, finalmente, el cargo de gobernador. Según algunos autores, el fortín estuvo ocupado aún después de 1855 (Capdevila, 1963; Comando General del Ejército, 1974). 

La Historia destaca al Canton Tapalque Viejo por dos batallas: la de octubre de 1836, un enfrentamiento entre vorogas, indígenas provenientes de Chile, y tropas acantonadas, y la de 1839, un ataque al cantón ejecutado por Calfucurá (cacique que forma una Confederación, alianza entre distintos grupos indígenas a modo de estrategia resistencia colectiva) y una coalición de caciques y capitanejos (jerarquía menor dentro de las organizaciones indígenas), en donde las tropas militares mataron cerca de trescientos indios, mientras que de sus fuerzas murieron un teniente, dieciocho soldados y cinco indios “amigos”; los militares recuperaron también los caballos robados. En el cantón existe un monolito con una placa recordatoria de esta última batalla, la que determinó la declaración de Tapalqué como partido, y, en 1945, la del sitio como Lugar Histórico Nacional.
 
Este primer libro indaga sobre los criterios de propiedad de un territorio de frontera que se propuso no solo desde la política implementada por el régimen rosista, sino también por la propia organización social de los pobladores del Cantón Tapalqué. Parte de los marcos teóricos sobre propiedad de la tierra. Gentileza del blog http://arquologiahistoricafrontera.blogspot.com.ar

La ocupación del lugar no se limitó al espacio de la fortificación, sino que abarcó un área común para el desarrollo de actividades de sociedades que, en apariencia, se presentaron como diferenciadas pero que, en la práctica, participaron de una serie de tareas integradas y de relaciones sociales complejas. La investigación en el CTV aborda el estudio de dicha interacción, la del pasado y la del presente. Militares y no militares se constituyeron en la base de una población que fue conformando una identidad en consonancia con el medio, sobreviviendo al desmantelamiento de la fortificación y relocalizándose, en parte, en la actual ciudad de Tapalqué. 

Fuentes:
Roca, Julio Argentino – Iconografía Militar, Museo Roca, Instituto de Investigaciones Históricas, Buenos Aires (2006).
Juan Jose Catriel. Revisionistas. http://www.revisionistas.com.ar/?p=88
Historiador José Carlos Depetris
Walter Minor / Especial para infoeme.com
www.historiasdeolavarria.blogspot.com
http://www.elorejiverde.com/historia/los-caciques  
La Asociación Peñi Mapu: Conformación de una identidad étnica en contextos de globalización por la Lic. Nora Marcela Guerci.
http://www.equiponaya.com.ar/congreso2002/ponencias/marcela_guerci.htm
Emotiva Restitución y Ceremonia en el corazón de las pampas
http://www.elorejiverde.com/buen-vivir/393-emotiva-restitucion-y-ceremonia-en-el-corazon-de-las-pampas

Los Catriel, de amigos a apresados. ¿El fin o la continuidad de una estrategia? Por Mariano Nagy.  http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851-96282014000100006#nn13 
https://independent.academia.edu/RevistaTefros