jueves, 1 de junio de 2017

PUEBLOS ORIGINARIOS: LOS PAMPAS

La historia de Tandil tiene además de los hombres por todos conocidos, otros que pertenecen al pasado más remoto y que es de aborígenes que habitaron este suelo, luego de haber desplazado a los pampas. Algunos adquirieron fama y llegaron hasta nosotros por sus hazañas o antihazañas. En este artículo -seguramente polémico especialmente para quienes no comparten los términos- trataremos, apretadamente, de dar un panorama de lo que fue el proceso de araucanización (araucano/a: de Arauco, antigua región de Chile, o de La Araucanía, región actual en este mismo país.) de nuestra llanura pampeana y la consiguiente desaparición de los verdaderos antiguos habitantes-dueños de estas tierras.

Matando lobos marinos. Grabado realizado quizás en los talleres de T.de Bray alrededor de 1599. (Recreación por Laura Lorenzo).

Los estudios más recientes reafirman que pobladores provenientes de allende los Andes, del actual Chile más exactamente, invadieron nuestro territorio y paulatinamente fueron absorbiendo a las culturas originarias de estas llanuras, sobre cuya denominación hay varias teorías-posturas-denominaciones- pero que en definitiva se trató de aquellos que llegaron tempranamente del sur patagónico y aquí se instalaron como nómades con sus costumbres, su o sus lenguas y que estaban cuando vinieron los primeros españoles, en el siglo XVI. Son varios los autores que a ellos los denominaron "pampas", pero que es abarcativo de varios otros, presentando prima facie una confusión en la que todavía no hay un acuerdo definitivo, al menos que nosotros conozcamos.

Historia

Pampa es un vocablo de origen quechua que significa llanura. Denominó a estos indígenas citados por varios de los viajeros y por los misioneros jesuitas desde el siglo XVII en adelante, que los encontraron en estas extensas tierras y más exactamente entre las sierras del Tandil y las de Ventania o Casuhati -en lengua pampa- como los aborígenes que las poblaban desde muy antiguo, denominados -según el autor- también como serranos y confundidos en algunos casos con nombres como los de borogas y otros.

En azul los Het (Pampas antiguos). Según la clasificación de Thomas Falkner. En rojo, a principios del siglo XIX, los grupos araucanos consolidados


Grupos pre-araucanos (Het).
Clasificación de Thomas Falkner

  1. Taluhets: Este del río Desaguadero, al norte de la llanura en la zona más húmeda. En esta división se incluyen a los Querandíes.
  2. Diuihets: Al oeste, en las zonas más secas.
  3. Chechehets: Región este de los ríos Colorado y Negro.
  4. Leuvuches: Región oeste de los ríos Colorado y Negro.
Grupos post-araucanos
"Pampas del siglo XIX"

Al comienzo, los Araucanos constituyeron núcleos aislados, a veces rivales, pero una vez dominado el territorio, se unieron. No formaron una nación con un jefe único, pero se distinguían los siguientes grupos:

  1. Vorogas: Parcialidad mapuche originaria de la zona comprendida entre los ríos Cautin y Toltén. Hacia 1825, llegaron a Argentina; tras malonear en el sur de Mendoza, San Luis, Córdoba, Santa Fe y el oeste de Buenos Aires, se asentaron en la zona de Salinas Grandes (La Pampa), Guaminí y Carhué (Buenos Aires).
  2. Ranqueles: Su filiación cultural se entronca con la del grupo Pehuenche, que para la época de su migración (fines del siglo XVIII) se encontraban fuertemente araucanizados. Se establecieron entre los ríos Quinto (sur de Córdoba y San Luis) y Colorado (sur de La Pampa), su centro más importante fue Leubucó (norte de La Pampa).
  3. Puelches: Ocuparon la parte de la cordillera y el espacio que media entre el norte del río Diamante y el Limay por el sur.
Si nos atenemos a los valiosos estudios del más importante tehuelchista, Rodolfo Casamiquela, la zona de Tandil fue poblada tempranamente por los tehuelches septentrionales, también denominados guénaken o günuna-kena, conocidos posteriormente también como puelches, pero ya bajo dominación araucana, dado que el nombre en esa lengua significaba “habitantes o gente del este” (puel: este y che: gente). Misioneros jesuitas como Falkner, a mediados del siglo XVIII, los llamaron chechehet (Ver “Entre los Pampas de Buenos Aires”).

Plano de ubicacion de tribus tehuelches
En el centro-sur de la provincia de Buenos Aires, la vieja dura lengua de los tehuelches septentrionales fue documentada como sobreviviente (sierras de Tandil y de la Ventana) en 1865 por el notable naturalista suizo, Claraz, y por ende ha de haberse conservado todavía algunos años más.


Toldos, de cuero de guanaco pero de modelo tehuelche, del cacique de ese origen (tehuelche septentrional) "Tetruel" (Tretruill); ver Casamiquela 1969: 21 y sig.), en la sierra de la Ventana en 1828. Acuarela de Carlos E. Pellegrini sobre un croquis del Narciso Parchappe (cf. del Carril 1992: 106).

Toldo de pieles de guanaco de modelo cupuliforme, perteneciente al cacique tehuelche septentrional Manikiken, presente en la fotografía con su familia; Chubut. Apréciese el ingreso lateral al vestíbulo o hemi-toldo anterior (oriental). ¿Hacia fines de siglo? (ver Archivo General de la Nación, 1969, en donde el cacique aparece como "Mañacaike" y se define erróneamente al toldo como de "cuero de caballo").


Cuando en 1875 el recordado Francisco Perito Moreno afirmaba que en su recorrida por el norte patagónico, encontró grupos indígenas que hablaban una lengua que no era ni mapuche ni tehuelche y que le refirieron que sus antepasados habían habitado las sierras bonaerenses, Moreno creyó hallarse con los restos de los antiguos pampas, que en su tiempo se dudaba si eran confundidos con los mapuches que ya se habían instalado en Salinas Grandes. Después se supo que lo que Moreno vio eran puelches-guénaken, descendientes directos de nuestros pampas antiguos. La palabra es de origen araucano chileno y significa "gente del este", pero ellos se autodenominaban "Gumun a ken". 

Toldo, de cueros de caballo, perteneciente al cacique (surneuquino) Cangapol, hacia mediados del siglo XVIII, según el grabado del jesuíta Falkner (1911). Provincia de Buenos Aires. (La mano visible en el grabado pertenece a "Hunee" —pronúnciese aproximadamente Juni—, antepasada del famoso cacique Casimiro, tehuelche meridional austral.)

Toldos, de cueros de caballo, en Rancul Co, cerca de Carhue, en 1878. Fotografía de Zeballo


Toldos de cueros de caballo, de la tribu de Juan Catriel, en el Azul, hacia 1865 (según Rojas Lagarde 1993: 249, cf. Sarramone 1993). Fotografía de Benito Panunzi (cf. Gesualdo 1983), redibujada por Silvina Bergarechi, Pto. Madryn).
Se los conoce por el nombre de Patagones del Norte. Llevaron una vida nómade que los llevó a moverse desde el norte de Chubut, por todo Río Negro, el este de Neuquén, el sudoeste de La Pampa y el sur de Bs. As. hasta cerca de Mar del Plata. Se distinguen dos grupos, uno los chechehet, hibridismo por het, una voz pampa que significa “gente” y se extendía desde lo que es hoy Bahía Blanca, hasta la desembocadura del río Negro. Al otro grupo lo llamó levuche, voz mapuche que significa “gente de río”. También grupos nómadas llegaban hasta las sierras de Tandil y de la Ventana, por lo cual se les llamó “serranos”.
 

Los mismos datos. El toldo de la derecha bien reconstruido por López Osornio.


Los chechehet tenían como vecinos a los querandíes, en el norte, y en el sur a los guénaken. Desde el punto de vista racial y de la lengua, los chechehet estaban más cerca de los guénaken, que de los pampas primitivos. Los cronistas españoles mencionan un encuentro de los puelches-guénaken con el conquistador Juan de Garay en 1582, durante una expedición de reconocimiento en las cercanías de la actual ciudad de Mar del Plata.).



Toldos pehuenches 25 , según un muy difundido grabado de Gay, en las primeras décadas del siglo pasado (ver Villalobos 1967). Apréciase el detalle de la inclinación de los palos en la cúspide y la ubicación relativa de los toldos (cónicos)

Los mismos detalles en los toldos de este "campamento pehuenche" (Poeppig 1960, ver además d' Orbigny 1836: pag.330)

Creían en una alta divinidad que llamaban Tukutzual, pero no se sabe que fuese objeto de un culto cualquiera. También creían en el genio del mal: Arraken, que causaba desgracias, enfermedades o muerte; su representante era Elel, y ambos intervenían en momentos importantes de la vida: nacimiento, entrada a la pubertad, casamiento, etc. Cuando moría alguien se lo envolvía en su manto y era enterrado con sus armas y ornamentos al lado y se practicaba el sacrificio de sus animales; además, su toldo era reducido a cenizas.

Su lenguaje varía del tehuelche meridional, pero tiene muchas características comunes, sobre todo en lo gutural; varios vocabularios recogieron la lengua puelche-guénaken. Se ignora hasta el presente la época en que se produjo la diferenciación de los patagónicos primitivos, en los patagones del norte y los patagones del sur. Cuando esto se produjo los puelche-guénaken realizaron aquellos implementos de piedras decorados con incisiones, que fueron llamados “placas grabadas” por los arqueólogos que los descubrieron y cuyo significado es aún desconocido

La reducción del Pilar y el comercio interétnico

En los tiempos en que los jesuitas se instalaron en esta zona, las tierras comprendidas entre las sierras de Tandil y el Volcán y las de Ventana o Casuhati, se habían constituido en un centro de atracción de poblaciones, debido a las pasturas de excelente calidad y a la presencia de numerosos arroyos y cursos de agua de manantial que bajaban de las sierras favoreciendo la cría y engorde de ganados. De este modo los desplazamientos indígenas se vincularon con la conformación de un núcleo de especialización pastoril. Las palabras de Falkner describen esta situación:

“...esta región, en ciertas estaciones del año, hormiguea con innumerables manadas de caballadas alzadas, razón por la cual los tehuelhets, chechehets y a veces todas las tribus de los puelches y moluches se reúnen allí para hacerse de provisiones. Se extienden con sus tolditos portátiles por todos aquellos cerrillos ya citados, hacen sus correrías diarias hasta llenar sus necesidades, volviéndose enseguida a sus respectivas tierras.”

A lo largo del siglo se operó en las sociedades indígenas una intensificación de la actividad guerrera que originaría profundas transformaciones en la organización socio-política tendientes a una creciente diferenciación jerárquica. Mientras tanto, maduraban los intercambios entre las jefaturas indias, de ganados con destino a los mercados trasandinos, a la vez que se realizaban intercambios protagonizados por mercaderes pampas en las reducciones, las estancias y pueblos de frontera y en Buenos Aires.

grupo de Günün-A-Küna (Tehuelche Septentrionales).

El intercambio de ganados entre sacerdotes e indígenas era parte de las actividades corrientes en la reducción. En 1748, Strobel informaba que el cacique Don Nicolás Bravo estaba esperando “50 vaquitas que se le había prometido”. Los indígenas que los sacerdotes denominaban “forasteros” -es decir: no reducidos-, solían obtener en los tratos efectuados en el Pilar o en Concepción, licencias o permisos para comerciar sus textiles en Buenos Aires.

Como indicio de esos intercambios y de la actividad económica inherente al funcionamiento del sistema reduccional, en un fragmento del “Estado de la hacienda de la Misión de los Pampas”, de 1752 se contabilizaba que se había vendido alguna reses a los Indios Serranos y 110 a los padres jesuitas del Volcán. Que en 1748, se habían herrado 1400 terneras, en 1749, 1800. Que se dieron de limosna 30 vacas y se vendieron 70 a los padres que permanecían en la sierra (reducción del Pilar) y también algunas a los indios. Que compraron 700 yeguas, que disponían de 70 bueyes y de 150 caballos. En 1750, se dieron de limosna a los sacerdotes de la sierra 100 vacas, que se llevaron 500 y que les pagaron por otras 500. Que en 1751 se herraron 1700 animales y 200 potrillos. Y en 1752, 2400 animales.

Los ponchos y la sal surgen como bienes indígenas comercializados en este espacio de la frontera. Siendo Gobernador Ortiz de Rozas, se prohibió comprar ponchos a los indios serranos, situación frecuente en las estancias de los alrededores de Buenos Aires. Los castigos que se preveían eran fuertes, puesto que se establecía una multa bajo pena de 200 pss. si fuera español, e irían a las obras de S.M. y seis años de destierro a San Felipe de Montevideo a trabajar en las obras de S.M. y si fuera indio, negro o mulato, 200 azotes por la calle pública y de seis años de destierro a otro presidio (Martínez Martín, 1994).

Circuitos económicos de la sociedad indígena en la región de la pampa bonaerense (siglos XVII-XIX)

La competencia comercial con vendedores ambulantes y otros agentes de carácter “privado”, se inscribe en el contexto de afán “centralizador” de los misioneros, quienes denunciaban los males acarreados tras la venta de aguardiente por parte de comerciantes indios o españoles, que ellos definían como inescrupulosos. Así alertaban que habían llegado a la reducción unos aucas con ponchos y que los indígenas reducidos habían ido a comprar esas prendas, para llevarlas a la ciudad, y advertían que había que vigilarlos para que no trajeran aguardiente a su regreso, y que había que estar atentos si llegaban acompañados de algún español pulpero sin papel del Gobernador. Los intentos de prohibición de la venta y el consumo de aguardiente, se vinculaban con la situación de competencia comercial con los pulperos. En 1749, el sacerdote Strobel, escribía desde el Pilar a Rejón:

“Me dicen que Juancho Serrano y Lorenzo trajeron mucho aguardiente a Yahati al Volcán; fue esto anteayer, y ayer estaba señalado el día en que Yahati había de haber venido acá con sus toldos. A Lorenzo reprenderlo y perdonarlo, por ser la primera vez; y parece, fue enviado de otro. Pero a Juancho: calentarlo y unos 8 días en el cepo!"

Evidentemente, el sacerdote esperaba la llegada de Yahati al Pilar, pero Lorenzo y el reincidente Juancho Serrano se adelantaron, vendiendo aguardiente a cambio de los ponchos que comercializaba el famoso cacique. Los sacerdotes denunciaban de este modo que mientras duran los tratos comerciales, las borracheras y peleas entre indios se hacen incontrolables (Ferreras, 1989).

“El día antes que llegase ese Juancho Manchado, salió de aquí el Juancho Serrano de este pueblo; trajo y vendió también aguardiente en los toldos de Marique. Es esta la 6.a. vez, desde que estoy aquí, que han llegado estos borrachos y pulperos Pampas acá con aguardiente. He oído también de diferentes que todo el tiempo que ha durado el trato de ponchos, Juancho Patricio trajo e hizo traer a escondidas aguardiente de la ciudad, vendiéndolo por ponchos. V.R. diga a estos infames pulperos Pampas, ya que no nos ayudan en nada en la conversión de estos sus paisanos y parientes, a lo menos no nos embaracen. ¿Qué bendición de Dios pueden esperar estos tales ministros de Satanás?"

    (En: Leonhart C, 1924. Revista Estudios, tomo XXVII, nº 1, pp. 50)

Los testimonios de soldados, ex cautivos y vecinos de la reducción de la Concepción son recurrentes en las denuncias que acusan el carácter negativo de la misión para los pobladores cristianos, dado que los indios reducidos acudían a Luján a vender ponchos que habían comprado a indios de tierra adentro. El peligro de los intercambios entre indios de la reducción e indios enemigos de tierra adentro, según los informantes, radicaba en que los indios enemigos se enteraban de los movimientos de los vecinos españoles y además, adquirían a cambio de sus textiles, armas que luego utilizaban en ataques contra sus poblaciones. (Néspolo, 1999).

En setiembre de 1749 Matías Strobel, escribió desde el Pilar un informe acerca del estado de la Reducción del Pilar. Allí, el sacerdote plantea los términos de las negociaciones que entabla con los caciques puelches. Los líderes tribales exigían el cumplimiento de determinados acuerdos concertados con los sacerdotes y con el Sr. Gobernador y Maestre de Campo, quienes “les habían asegurado repetidas veces, que estando ellos con los Padres, y llevando el papel de la licencia, podían libremente bajar a la ciudad para sus tratos, sin que nadie les agraviase”. Sin embargo, los caciques denunciaban que en ocasión de acudir a realizar sus tratos 5 indios de la Reducción de la Concepción y 5 del Pilar, todos con papel de licencia, había ocurrido el asesinato de dos de sus hombres.

Los sacerdotes debían afrontar dificultades, no sólo para captar las ganancias derivadas del comercio sino por su situación de debilidad frente a las presiones de los vecinos, quienes reaccionaban negativamente frente a las licencias para comerciar otorgadas por los misioneros, puesto que no deseaban la presencia de indios “enemigos” en sus poblaciones de frontera. Además, los permisos para comerciar beneficiaban concretamente a los indios de “tierra adentro”, aquellos que permanecían “infieles”, y que sólo visitaban la reducción para ejecutar sus tratos comerciales, obteniendo a cambio, entre otros bienes que su economía no producía, armas.

Otras cuestiones estaban escapando al control de los jesuitas: como punto siguiente de la negociación con el sacerdote, dos caciques puelches -Chuyanduya y Marique- presionaron manifestando que el Señor Gobernador y Maestre de Campo les había afirmado que la prohibición del comercio del aguardiente no obedecía a sus órdenes, sino a instancias de los Padres jesuitas. Esta contradicción entre agentes gubernamentales y el sacerdote motivó a Strobel a denunciar que el aguardiente y las borracheras:

“Todo esto estaba prohibido antes que yo y ellos hubiesen nacido, y que los Gobernadores, los que cumplen con lo que manda Dios y el Rey, prohíben y castigan esa venta del aguardiente sin intervención de los Padres, que bien saben ellos su obligación”. El informe de Strobel continúa con el planteo recurrente de que no se debía permitir a los indios la compra de aguardiente ni de armas: “Dicen, no los venderán a los indios de tierra adentro. Ni lo uno ni lo otro se les debía permitir; todos estos indios de aquí están bien proveídos, ya de alfanjes y de puñales. De estos segundos hacen también sus lanzas...”

Mediante los pactos interétnicos, las jerarquías indígenas accedían a bienes (yerba, aguardiente, tabaco, armas, ropa y diversos obsequios consistentes en productos de manufactura europea, etc.). Como contraparte, quedaban formalmente comprometidos a garantizar tranquilidad en la campaña, controlar las propias fuerzas guerreras y las de otros jefes étnicos en sus intentos de atacar los poblados rurales fronterizos. Los acuerdos se producían en un contexto de tensión interétnica, con lo cual, para organizar los parlamentos, el estado debía disponer de los medios necesarios para el traslado de expediciones integradas por vecinos armados, que se expresó en la intensificación de la militarización de la frontera a la que ya hemos hecho referencia.

Toldería Aonikenk (Tehuelche Meridionales).

El interés de los indígenas por la adquisición de ganados, incentiva a pensar en el carácter de la economía de las jefaturas, dado que sabemos que existieron núcleos de especialización pastoril en el área interserrana bonaerense. El aprovisionamiento de estos animales mediante malones o a través de los intercambios interétnicos es una recurrencia en los documentos analizados. En el transcurso del siglo XIII, se incrementaron los mecanismos de integracion cultural entre las jefaturas, integración a niel simbólico y sultural, que no impidió una dinámica unión y escisión entre comunidades, que establecían alianzas y las rompían de acuerdo a intereses coyunturales. (Cf.Mandrini y Ortelli, 1995. Ortelli, 1996). A comienzos del siglo, algunas parcialidades migraban hasta la parte oriental de la pampa para ejercer el comercio y establecer sus campamentos en este sector estratégico para el control de ganados, como es el caso de los aucales que menciona Cardiel, establecidos en la cordillera y sus cercanías, aliados en ese momento de los serranos. (Sanchez Labrador, Joseph, 1936). 
 
Intercambios comerciales. Raul Mandrini: "Las sociedades indigenas de las pampas siglo XVIII". Recreación realizda por Mercedes Brass Harriot

De este modo, los desplazamientos indígenas hasta este sector se vincularon con la economía pastoril y la formación de una extensa red de intercambios que conectaba las regiones serranas, las llanuras y los territorios patagónicos y transcordilleranos. (Cf.Mandrini, 1993, Mazzanti, 1993). Las jefaturas que llegaban al Volcán, son caracterizadas en los relatos de los jesuitas como extremadamente móviles, pastores, habitantes de toldos, alimentados en base a carne de potros y caballos. Jefaturas identificadas como pampas, serranos, tehuelches, chechehets, puelches, moluches, ejercieron territorialidad, co-existiendo en el espacio que los jesuitas intentaban moldear de acuerdo a sus objetivos políticos y evangelizadores (temporales y espirituales), introduciendo pautas correctivas del comportamiento social.

tribu tehuelche frente al kau
Mujeres tehuelches o Aónikenk

Sabemos que las jefaturas que controlaban espacios geográficamente alejados entre sí, mantenían relaciones de reciprocidad que activaban movimientos de bienes de manera bilateral, entre puntos correlativos de agrupaciones en las que el parentesco operaba como un vínculo privilegiado. (Cf. Manzanilla, 1983. Hadjuk, 1984, Berón, 1997). Éstas estrategias aseguraban, por un lado, la subsistencia de las distintas unidades y por otro, la distribución de bienes excedentarios entre los integrantes de las jerarquías indígenas. (Cf. Mandrini, 1987, Palermo, 1988, Ortelli, 1996). 

La circulación de ganados, cautivos y productos adquiridos por intercambio con agentes de la sociedad hispano-criolla, se activaba a partir de una red de jefaturas que se caracterizaba por su organización segmental y por mecanismos de alianza y competencia que daban a estas unidades socio-políticas un carácter flexible, una relativa autonomía, una eficacia alta en las estrategias de resistencia étnica frente a las políticas de subordinación generadas desde el estado colonial. 

El antiguo conflicto entre la orden de la Compañía de Jesús nacida en 1537 y la consolidación de los estados nacionales y las monarquías absolutas se renovó durante el desarrollo del despotismo ilustrado español en el siglo XVIII. Los jesuitas constituían un adversario para la consolidación del nuevo ordenamiento social y su expulsión se convirtió en una necesidad política que Carlos III implementó en 1767. 

La expulsión de la orden en el Río de la Plata se ejecutó entre julio y setiembre de ese año, las misiones guaraníes (diecisiete sobre las márgenes del río Uruguay y trece sobre el Paraná), más las de mocovíes y abipones en Santa Fe y lules y vilelas en Tucumán, se disgregaron rápidamente, pasando sus temporalidades a ser administradas por las autoridades hispanoamericanas y sus funciones espirituales a cargo de franciscanos y mercedarios. (Martínez Martín, 1994).  

Según una abundante literatura, el cacique tehuelche Nicolás Cangapol, llamado por los españoles “El Bravo”, atacó y destruyó la misión de Nuestra Señora de los Desamparados en febrero de 1751. Poco tiempo después, tras las amenazas de invasión del poderoso jefe indígena, los jesuitas abandonan el Pilar. Los misioneros trataron de fortalecer la reducción de Concepción, pero otro cacique, Yahati, la destruyó y en enero de 1753, fue abandonada. (Se puede estudiar la vida de este cacique en este blog en el siguiente enlace: CACIQUES DE LA REGIÓN: NICOLÁS CANGAPOL)

Mapa de la provincia de Buenos Aires y localizacion de las misiones jesuíticas.

Los intentos de instalación permanente de las misiones en las tierras al sur del Salado debieron enfrentar las recurrentes incursiones indígenas organizadas por líderes étnicos como Yahati y Cangapol con el objetivo de capturar ganados en territorios que consideraban propios. Los misioneros debieron convivir con el peligro y la inestabilidad. Cotidianamente, llegaban a las reducciones partidas indígenas, encabezadas por los caciques u otros miembros de la jerarquía indígena, con el doble objetivo de ejecutar intercambios de productos (en los cuales los ganados tienen un rol principal) y de obtener información respecto de las posibilidades bélicas de los misioneros y agentes militares de la frontera.

Desde el Pilar, escribía Strobel en 1748 que un grupo de aucas armados en el Tandil había avanzado hacia el Saladillo, con la intención de robar, que no se habían atrevido a atacar la reducción porque había mucha gente. Que habían llegado indígenas serranos, que estaban en complicidad con los aucas, emparentados con el cacique Bravo para espiar y obtener información, y que también se había acercado un indio de la tribu del mismo cacique, que había robado en la estancia denominada “de los Riojanos”, para conocer qué recursos había en las reducciones, que sabían que había mucho ganado y que en el invierno se corría mayor peligro.




Grupo familiar Aoninkenk, junto a un toldo (Princeton, 1896-1899)


Pasarían varias décadas hasta que en el período posterior a las guerras de la independencia, el estado provincial y nacional, lograra el control efectivo de estos territorios, procesos vinculados con una reorientación de los intereses de los grandes comerciantes hacia la propiedad de la tierra y la producción de bienes pecuarios para la exportación, y con factores geopolíticos que requirieron la incorporación definitiva de las tierras pampeano-patagónicas al nuevo ordenamiento estatal. 

Los medios utilizados fueron diversos, las situaciones de contacto variaron de acuerdo a los intereses coyunturales de las jefaturas y a las prioridades políticas del Estado que nacía con eje en Buenos Aires. Se desplegaron políticas de alianzas y búsqueda de adherentes al nuevo régimen social y político, se fundaron pueblos, guardias y fortines, y se organizaron sucesivas campañas de exterminio contra los indígenas de pampa y patagonia. Todavía queda pendiente visibilizar, denunciar, el ocultamiento y la negación de aquél genocidio. Ese silencio, esa crueldad, que duele todavía.

Lo cierto es que desde Sánchez Labrador en su Paraguay Católico y otros misioneros contemporáneos suyos, los pampas aparecen como los pobladores indiscutidos de esta zona. Ya el padre Ovalle (1643) citaba a los pampas y algunas de sus costumbres y hasta sus armas: boleadoras, arco y flecha, describiéndolos además como grandes caminadores por sus características nómades, al igual que lo hicieron los padres Falkner y Lozano. 

En una ponencia presentada en 1986, Raúl J. Mandrini del Instituto de Estudios Histórico Sociales, UNICEN de Tandil caracterizó, con base en la documentación escrita, el proceso de formación en la región de un importante núcleo de economía pastoril. A partir de esa primera formulación y uniendo el análisis de las fuentes con su experiencia de campo, Diana Mazzanti estableció para el extremo oriental de las serranías de Tandilia -la llamada Sierra del Volcán- a mediados del siglo XVII, el uso por parte de los indígenas de técnicas destinadas a la concentración, custodia y engorde de los ganados (uso de potreros en mesetas y valles interserranos; construcciones de piedra destinadas a hacer esos sitios más seguros y fáciles de vigilar).


Estas estructuras de piedra, llamadas por los lugareños "corrales de indios", son enormes construcciones que probablemente están vinculadas el control de ganados en el ámbito serrano de Tandilia. Imagen gentileza de http://desdeamericapampa.com.ar

Corrales de indios en el cerro Amarante. La cría y engorde de ganados, constituyó una actividad fundamental en el ámbito serrano de Tandilia., que constituyó un núcleo de especialización pastoril. Imagen gentileza de http://desdeamericapampa.com.ar

Tales potreros y construcciones se encontraban cercanos a la ruta indígena que conectaba a esos territorios con la Sierra de la Ventana y el río Colorado, llegando por el norte, quizá, hasta las cercanías del Salado1. En los últimos años, Patricia Madrid comenzó el relevamiento y clasificación de un conjunto de estructuras de piedra en la región de Sierra de la Ventana, específicamente en la sierra de Pillahuíncó, que comprenden, esencialmente, recintos de diferentes tamaños, formas y técnicas constructivas así como piedras paradas.

Vista de los pastizales que ocultan la pared de pirca de la construcción de Sierra Alta de Vela, Tandil. Imagen gentileza Leire Carrascosa Estenoz y Victoria Pedrotta.
Corrales de indios en la estancia Santa Inés. Está localizada en las estribaciones septentrionales de la Sierra Alta de Vela, en la porción central del Sistema de Tandilia. Imagen gentileza Leire Carrascosa Estenoz y Victoria Pedrotta.

Los recintos pertenecen a distintas épocas y debieron tener diferente funcionalidad, pero algunos parecen claramente obra de los indígenas y haber cumplido la función de corrales. Un sondeo realizado en el denominado La Rinconada A (CP.LRA.19) proporcionó restos faunísticos interesantes: la presencia de oveja (junto a guanaco) desde el nivel inferior demuestra su uso post-hispánico; pero el tipo de construcción no responde a la técnica empleada por los colonizadores blancos de la región 2 .

Algunos autores -incluidos locales- han insistido hasta el cansancio en ensalzar a los araucanos o mapuches, como los habitantes más importantes de nuestra zona, dejando de lado cómo fue que llegaron a dominar estos territorios y posteriormente imponer lo más destacado de cualquier conquista: su cultura y su lengua. La más antigua referencia en la zona sobre relaciones entre pampas y araucanos la hizo Juan de Garay cuando en 1582 recorrió la zona bonaerense hasta lo que es hoy la actual Mar del Plata y dejó testimoniado el comercio de intercambio.

Si bien son muchos los autores que hablan de una gradual y pacífica dominación por parte de los araucanos -a los que luego y más recientemente, comenzó a denominarse mapuches (gente de la tierra)-, los hay en contraposición, quienes refieren sus cualidades guerreras y su apropiación de las tierras de la zona pampeana por vía de la conquista, posterior mestización con las mujeres pampas y la cuasi desaparición de los hombres de ese origen.

Los toldos han perdido rigidez y han ganado en tamaño en este dibujo del maestro alemán Juan Mauricio Rugendas (1835-36; cf. Diener Ojeda et al. 1992), hasta semejarse a casas araucanas. En la vivienda de la derecha, no obstante, se aprecia el detalle de los palos que asoman, y en ambas la forma sub-cónica.

Lo cierto es que aquí quedó plasmado lo que en la historia universal se considera como el signo de la dominación total: la impronta de su cultura y especialmente de su lengua, y en ese sentido debemos aceptar que prácticamente casi todos los topónimos que hoy se usan son mapuches. De la lengua de los primitivos pobladores casi nada quedó, sólo algunas pocas palabras tales como: casu, cerro; gleter, padre; meme, madre; het, gente; kel, zorrino; chui, país; ya, cacique; tehuel, sur; auenk, lengua; yagep, agua; apubiuk, sol; atek, tierra; kua, yo y keman, tu, entre otras pocas. 

Lo cierto es que en el siglo XVIII y más decididamente en el siguiente, fueron los mapuches absolutos dominadores de nuestras tierras hasta el oeste y norte patagónicos, llegando hasta las proximidades de la misma Buenos Aires. Así las cosas, resulta difícil sostener que los primitivos habitantes de nuestras tierras fueron los araucanos-mapuches, cuando en realidad fueron -a la luz de los siglos- los recién llegados, casi como los blancos, con quienes se enfrentaron y se aliaron en vaivenes socio-políticos militares. Fueron en realidad el último elemento indígena que se estableció en el país, en un proceso aún no acabadamente estudiado y sujeto a polémicas.

En estas consideraciones no faltan las posturas extremas de uno y otro lado y desde exaltar a Calfucurá como un genio estratega, en una sesgada visión de los malones -por ejemplo- a tratar de genocida a Roca, contra la posición de quienes sostienen que fue quien geopolíticamente actuó por razones de estado en la necesidad de preservar la Patagonia bajo soberanía argentina, ante la posibilidad cierta de su chilenización por arte del agresivo poblamiento araucano o chileno.

 
Rodolfo Casamiquela (paleontólogo, arqueólogo, historiador, escritor y docente argentino, conocido por haber descubierto el dinosaurio Pisanosaurus mertii en 1967). Gentileza Estela Jorquera. Los Matuastos Periodismo

Un estudioso, científicamente el más importante, en materia de los aborígenes patagónicos, el ya citado Rodolfo Casamiquela (paleontólogo, arqueólogo, historiador, escritor y docente argentino, conocido por haber descubierto el dinosaurio Pisanosaurus mertii en 1967), se ubica decididamente en esta tesitura, lo que le valió numerosos encontronazos con la dirigencia mapuche actual de la zona patagónica. En tanto, ideologizados autores como Osvaldo Bayer, quieren borrar de la historia a Roca, que no hizo sino cumplir con el mandato de la Ley Nº 215 dictada por el Congreso Nacional de la República Argentina.

¿Cuál es la verdad?

Puede haber interpretaciones, visiones diferentes, lo que no puede haber en ciencias es dos verdades sobre un mismo tema. Como decía Unamuno “no me dividan la verdad”, verdad hay una sola….interpretaciones puede haber varias, sobre todo tratándose de ciencias sociales. Rodolfo Casamiquela sostiene lo siguiente:

“Estudié y aprendí que primero vino el mundo tehuelche paleolítico, muy antiguo. Los antepasados de sus antepasados se remontan a 10 mil o 12 mil años atrás y evolucionan en la Patagonia. Mucho después de la llegada de los españoles, alrededor de 1600, el caballo permite que los tehuelches copen todo el ámbito pampeano y Neuquén. En esa misma época empieza la mapuchización”.

“Hubo un sincretismo religioso y. lo tehuelche se mapuchizó. Pero el mapuche como pueblo estaba del otro lado de la cordillera.”

“En 1960 como un homenaje, el Primer Congreso del Área Araucana Argentina propuso que a los araucanos se les dijera Mapuche como en Chile”

”Los primeros se radican en el centro de La Pampa en 1820 y en 1890, al sur del río Limay Negro, los primeros pobladores de origen chileno fueron los mapuches.”

Por su parte Martínez Sarasola sostiene que los araucanos acceden al poder de la zona pampeana por la extinción de los caciques tehuelches en La Pampa y Río Negro y las victorias militares, procesos que culminarán ya en el siglo XIX con la llegada de Calfucurá a Salinas Grandes que señalará le hegemonía definitiva de los araucanos.


Grupo de Günün-A-Küna (Tehuelche Septentrionales)

Norberto Ras va más atrás en el tiempo y recuerda los desastres ocasionados por los araucanos a los tehuelches entre fines del siglo XVIII y principios del XIX en Longuiñeo, Senguer y Piedra Sotel, que significó “la masacre de los tehuelches”, el mismo Ras señala que ya avanzado el siglo XIX, los araucanos se comportarían como verdaderos conquistadores culturales pero también por la vía de los hechos violentos.


Habían pasado los tiempos del gran cacique Cacapol y de su hijo Cangapol o Cacique Bravo, citados por los misioneros jesuitas de la Reducción de Nuestra Señora del Pilar (en la actual Sierra de los Padres). Más adelante, antes y después de la fundación de Bahía Blanca (1828), hubo otros caciques destacados de ese origen como Tretuel, Lepil, Curitripay y otros como Chanil, en el Río Colorado.

“Los pampas y tehuelches que aún resistían caer bajo el dominio de los mapuches quedaron apresados entre éstos y los blancos, su ubicación en el sur bonaerense era muy expuesta y la disponibilidad de recursos comestibles y de .ropas era cada vez mas difícil de superar pasando periodos de francas hambrunas. La experiencia que tenían de muchos años sobre el tema les enseñaba que serían los más castigados. Seguramente en la tradición oral el recuerdo de caciques como Mayupilqui Ya, Yahati y otros era suficiente como para tenerlos sosegados.”- afirma Ras.


Cacique tehuelche Chumjal(u)wun, apodado Mulato, posa en un estudio fotográfico de Punta Arenas, Chile, en 1895. Archivo General de la Nación.
Huake, el ultimo cacique de la tribu aónikenk de Camusu Aike
el cacique Casimiro y su hijo Sam Slick (1846-1877)
Kopacho, del lago Cardiel.
Inacayal, un lonko de la etnia tehuelche.(1833-1888)
Cacique Modesto Inacayal (1833-1888) cacique tehuelche aunque de orígenes diversos que vivió en el siglo XIX en la zona norte de la Patagonia argentina.
Cacique tehuelche Mulato montado a caballo
Por su parte, estudiosos como Julio Vezub (2005) y otros prestigiosos como Marta Bechis, Boccara, Mandrini y Villar, sostienen que:

“...el proceso de construcción de una forma genérica de la identidad se remonta por lo menos al siglo XVIII. A principios del siglo XIX estaba consolidado en la Pampa y en el norte de la Patagonia, y pocas décadas después, siempre antes de las campañas militares, el mestizaje y la hibridación cultural alcanzaban la actual provincia de Chubut, fruto de los enfrentamientos por la territorialidad, la toma de cautivos, las alianzas cambiantes, el comercio de media y larga distancia, los canjes de mujeres y los matrimonios interétnicos con fines políticos”

La supremacía mapuche en todos estos hechos descriptos por Julio Vezub, ponen de manifiesto la absorción de las etnias pampas hasta su casi desaparición. Siguiendo ahora a Rubén Guaman Carrasco sobre el tema de la araucanización, este autor comenta:

”Sucedió que a principios de 1800 la antigua población pampa que hasta entonces dominara la inmensa llanura comenzó a desaparecer, siendo reemplazada por otra de caracteres distintos y de estirpe araucana o mapuche”.

El investigador chileno Álvaro Bello, por su parte, en su trabajo:” El viaje de los mapuches de Araucanía a las pampas argentinas...”, Santiago de Chile, 2000, sostiene lo siguiente:

“Diversos autores se han referido a los procesos de movilidad espacial mapuche durante los siglos XVII al XX. La araucanización de las Pampas, el intercambio comercial y las alianzas militares y las malocas son temáticas relevantes en el estudio de los procesos históricos del pueblo mapuche y en los estudios denominados “de frontera”.

“La llegada de los mapuches al Puelmapu (tierras del este) tenía especial significado y les daba un status especial a quienes aquí venían”

“Las Pampas, son para los mapuches de la Araucanía, un espacio de confluencia de múltiples disputas e intereses”.

En la “Proclama Mapuche-Tehuelche” del 15 de julio de 2004, datada en Puelmapu (territorio mapuche en el Chubut), se hace referencia al Wallmapu como sus territorios y a “nuestro mapuzungun, el habla de la tierra, nuestro idioma...” Allí definen claramente su postura respecto a su visión como pueblo y dicen:

“No somos ni chilenos ni argentinos, ni neuquinos, ni chubutenses, somos Mapuche, gente de la tierra” y sostienen que al nacer los Estados dividieron “nuestro territorio en dos”, no reconociendo en forma implícita, que originalmente fueron del oeste chileno”.

Cuando se fundó el Fuerte de la Independencia en 1823, ya la mapuchización era evidente y los años posteriores acentuaron ésta, que fue una conquista, aunque a algunos les cueste aceptarlo. En esta apretadísima e incompleta síntesis por obvias razones de espacio, queda claro -así lo creemos- que en estas tierras de la llanura pampeana donde está enclavado Tandil, los antiguos, primitivos, originarios habitantes descendientes de aquellos prehistóricos pobladores, fueron lo llamados “pampas”.  

Sin embargo de ellos no nos quedó prácticamente nada porque, por la vía que se prefiera, la araucanización o mapuchización de ellos llevó a su casi desaparición en menos de dos siglos…entonces: ¿no sería prudente, justo y legítimo reivindicar a aquéllos y no tanto a quienes los conquistaron, cualquiera haya sido la vía o el método hasta hacerlos desaparecer?

Las modas también se dan en las consideraciones de carácter histórico y hoy parece que es tiempo que en estas tierras, éstas y no otras, se viva reivindicando a los araucanos-mapuches, aquéllos que llegaron hasta aquí tardíamente e impusieron su forma de vida y su lengua, que es la manera más perdurable de una verdadera conquista, como ya lo hemos expresado.



Referencias:

1 Diana L. Mazzanti, "Aspectos económicos de la sociedad indígena bonaerense. Un aporte a los estudios etnohistóricos del borde "Oriental de las serranías de Tandilia, siglo XVIII", ponencia presentada en las PRIMERAS JORNADAS INTER-ESCUELAS/DEPARTAMENTOS DE HISTORIA, La Plata, octubre de 1988.

 2 Patricia Madrid, ESTRUCTURAS DE PIEDRA EN LAS SIERRAS DE PILLANUINCO, PROV. DE BUENOS AIRES (informe mecanografiado), La Plata, 1990; e "Infraestructura indígena para el mantenimiento y traslado de ganado introducido: el caso del sistema serrano de Pillahuinc6, provincia de Buenos Aires", BOLETIN DEL CENTRO, 3, La Plata, CERPAP, noviembre de 1991, pp. 65-71.

Fuentes:
Estudio basado en el trabajo "La mapuchización de las pampas. La araucanización de las pampas". Por Daniel Eduardo Pérez
"Los mapuches son chilenos". por Rodolfo Casamiquela
http://losmatuastos.blogspot.com.ar/2012/09/casamiquela-los-mapuches-son-chilenos.html
"A que llamamos mapuches?" por Rodolfo Casamiquela  http://casamiquelablog.blogspot.com.ar/2013/08/a-que-llamamos-mapuches-1985.html
http://tefros.equiponaya.com.ar/revista/v3n1p05/completos/juegosdrama.pdf 

“Avances metodológicos en el estudio de las construcciones de pirca de las sierras bonaerenses: las técnicas de aerofotointerpretación” por Laura Duguine de LEMIT/Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires y Victoria Pedrotta y Vanesa Bagaloni de CONICET-INCUAPA, Facultad de Ciencias Sociales de la UNCPBA - http://www.comechingonia.com/Numero%201-%20Vol%203/Duguine_et_al_2009.htm
"Estado actual de las investigaciones arqueológicas en el sitio Santa Inés IV (Sistema de Tandilia, región Pampeana)" por Leire Carrascosa Estenoz y Victoria Pedrotta. http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1850-373X2010000200003
http://desdeamericapampa.com.ar/libros/indios-y-jesuitas/6
http://desdeamericapampa.com.ar/libros/indios-y-jesuitas/8
http://www.geocities.ws/damiancardozo/puelches.htm

Temas patagónicos de interés arqueológico VI. Análisis etnográfico de la morfología del toldo tehuelche y sus derivaciones etnológicas (hacia una 'retroetnología') por Rodolfo Casamiquela http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1850-373X2000000100002 

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