lunes, 1 de junio de 2020

BASILIO HÉCTOR CELESTINO

Basilio Hector Celestino (1922-1976). Imagen de Eduardo Riggio

Basilio Hector Celestino es un dibujante y pintor argentino nacido en Buenos Aires el 9 de mayo de 1922. Egresado de la Academia de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, continúa su formación artística en la Universidad de Cuyo, Mendoza. Su trayectoria fue influenciada por Emilio Centurión, Lino E. Spilimbergo y Ramón Gómez Cornet, a quién siempre recordó con gran afecto por haber sido su maestro y con quien compartió años de taller en Mendoza y Santiago del Estero. Su carrera se vio marcada por viajes y mudanzas: Santiago del Estero, Madrid, Tetuán, París, Mar del Plata, donde se instala durante casi veinte años. En 1971 se va a vivir a Caracas, Venezuela, donde fallece en febrero de 1976. Se considera que su producción alcanza a las 3.000 obras, que abarcan los estilos Expresionismo, Surrealismo y Nueva Figuración. Conozcamos su historia…

Historia

Desde muy chico se podía encontrar a Basilio dibujando en cualquier circunstancia y lugar. Las escenas cotidianas que asomaban a través de la ventana, los muebles de la casa de sus padres y hasta una lata de bebida chocolatada eran recreados por la precoz destreza de su lápiz. El mundo que lo rodeaba, junto con sus objetos, por insignificantes que estos fueran, despertaban su curiosidad. La vocación brotó en él como una marca de nacimiento, y todo aquello con lo que sus ojos se topaban era sujeto de ser dibujado. Nació el 9 de mayo de 1922 en Buenos Aires, en la calle Paraguay 2043, en el seno de una familia descendiente de inmigrantes italianos. 

Tenía dos hermanas menores, la primera, Josefina, y la segunda, Yolanda. Toto, tal su sobrenombre familiar, vivió después en Zabala y Forest, barrio de Chacarita. Su madre, Leonor, proveniente del sur de Italia, era una mujer siciliana de carácter, pragmática y determinada. Su padre, Don José, de origen calabrés, pertenecía al grupo de italianos que llegaron a Buenos Aires a construir el subterráneo y luego trabajó durante muchos años como sereno en una fábrica textil. Celestino lo recordaría como un hombre virtuoso, “ejemplo de rectitud”, con quien tuvo siempre excelente relación.


La familia Celestino. De izq. a der.: Josefina, su hermana del medio, Nora, su madre, Yolanda, la hermana menor, Basilio Hector Celestino  y José, su padre. Decada del 30. Imagen gentileza Paula Celestino Ayala
Basilio Hector Celestino junto a su padre José Celestino posando para una imagen. Decada del 40. Imagen gentileza Paula Celestino Ayala

Cuando Basilio tenía doce años, Pascual, un tío materno, quien ya conocía las inclinaciones plásticas del niño, lo llevó a visitar a un amigo dibujante que trabajaba en el diario Crítica. Al llegar a la sede del diario, el amigo de su tío le dio una hoja en blanco y le dijo que se sentara y dibujara lo que quisiera. Durante toda la charla de los adultos, el pequeño se concentró en su dibujo. Al terminar, el amigo observó lo que había hecho y le recomendó firmemente que fuera a la Escuela Manuel Belgrano. El tío, entusiasmado, comunica estas opiniones a la madre de Basilio. Le habla insistentemente sobre la importancia y la responsabilidad de tener un hijo con esas capacidades: “un hijo pintor”, le dice. La madre, confiando en la experiencia del dibujante y en los consejos de su hermano, atiende a estas palabras y decide apoyar su vocación artística inscribiéndolo, tras concluir la primaria, en el curso Preparatorio de Dibujo y Pintura de la Escuela Manuel Belgrano, en donde estudia desde 1936 hasta 1940.

Don José, su padre, estuvo de acuerdo con esta decisión y, a pesar de ser su primogénito y único hijo varón, nunca le exigió ejercer una profesión que no se correspondiera con su deseo. Al contrario, se mostró siempre respetuoso con la elección de su hijo y con su vocación por la pintura. El encantamiento de Celestino por las artes plásticas fue tan temprano y se manifestó de manera tan determinada y constante que todos en casa lo percibían como alguien diferente, por lo que desde muy chico lo llamaron “el pintor” y dejaron que tomara sus decisiones con libertad. Su primer taller fue una habitación acondicionada por él mismo en el hogar familiar de Chacarita, tras quedar libre una pieza extra que le alquilaban a un italiano. La ocupó transformándola en su lugar de trabajo, al que guardaba con mucho celo ya que le permitía dibujar y pintar con tranquilidad.

En 1940 continuó su formación en la Academia Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, en donde conoció a los maestros Lino Eneas Spilimbergo, Emilio Centurión y Pío Collivadino, director de la Academia en este período. En esta época se siente estrechamente identificado con sus maestros, a quienes admira profundamente y con quienes comparte su disconformidad con el academicismo. Era tal la necesidad que tenían de deslindarse de los dictámenes de la academia (en una Buenos Aires que aparentaba un pensamiento progresista sin llegar finalmente a materializarlo), que deciden abandonar la Capital para adentrarse en el interior de la Argentina y asentarse en provincias que pudieran otorgarles nuevos paisajes, nuevos colores y personajes comunes y corrientes para sus obras. Obtiene de ellos la concepción del dibujo como una manifestación plástica de valor autónomo.
 
Retrato de su hermana -oleo 60 x 86 cms-Buenos Aires Año 1944.Obra de Basilio Hector Celestino

Desde los años de su formación en Bellas Artes, ya podía observarse en su dibujo un trazo distintivo y personal. Contaba con una enorme habilidad para dibujar líneas que describían y descubrían un universo propio en el que se reflejaba el conflicto de la condición humana como el gran tema y motivo de su obra. En el año 1943 gana el segundo premio en el Salón Colectivo de la Mutualidad Estudiantes de Bellas Artes, MEEBA, y ese mismo año se recibe de la Academia de Bellas Artes con el título de Profesor de Dibujo.

Mendoza, un premio y una decepción

Celestino viaja a Mendoza en 1946 para realizar estudios de especialización en la Academia de Bellas Artes dependiente de la Universidad Nacional de Cuyo. Aquí conoce a Ramón Gómez Cornet (1898 -1964), artista santiagueño considerado el precursor de la Pintura Moderna en Argentina, y uno de los grandes maestros del arte argentino. Siempre reconocería a Don Ramón como su maestro y sostuvo con él un vínculo sumamente afectivo y una intensa relación artística. Su hija, Adelina Gómez Cornet, recuerda que “Don Ramón sentía un cariño entrañable por Celestino, lo quería como a un hijo. Era tan simple, tan puro de alma y a su vez se divertía mucho con él”. Gómez Cornet, profesor de la cátedra de pintura, lo designa como su ayudante.

En 1948 la Universidad de Cuyo le otorga una beca de perfeccionamiento artístico durante un año en París. Emocionado y agradecido, viaja a Buenos Aires para hacer los trámites necesarios. Obtiene el pasaporte y vuelve a Mendoza para tener una reunión con el Rector de la Universidad, quien le recomienda que aproveche al máximo su tiempo de estadía en París. Al terminar la reunión, deja la oficina del Rector y se reúne con sus compañeros, quienes cuestionan que le hayan otorgado una beca por el hecho de no ser mendocino. Le dicen que no tienen nada en contra él, pero que desaprueban esta elección. Molesto y decepcionado, Celestino abandona Mendoza y vuelve a Buenos Aires. Entre tanto, un allegado a la familia planeaba viajar a España, y despierta en él la idea de cambiar el viaje a Francia por uno a la península. Con su pasaporte vigente y algo de dinero reunido, decide cambiar el rumbo de su búsqueda artística.

España y Marruecos

Es el año 1949 cuando viaja a España en barco, en tercera clase. En el trayecto conoce a otro argentino. Ambos, jóvenes y artistas, no tardan en hacerse amigos, pero al llegar a Barcelona, cada uno toma su camino. Celestino se traslada a Madrid, ciudad sumida en la crisis social, política y económica durante la dictadura de Franco. Alquila una habitación compartida en una pensión estudiantil, recibe su carnet de racionamiento (documento que conservaría posteriormente como recuerdo de esa dura época), y comienza a vivir con austeridad.

Su principal interés al viajar a Europa era conocer y aprehender de la manera más fiel posible las técnicas tradicionales del dibujo y la pintura. Para lograrlo se dedica a estudiar disciplinadamente en el Museo del Prado, donde realiza una estupenda copia del famoso autorretrato de Durero. Organiza su primera exposición de óleos en Madrid, auspiciada por la Embajada Argentina, y al finalizar el año acepta la invitación del amigo que había conocido en el barco y se traslada a Marruecos.
 
Basilio Hector Celestino con amigos en Madrid, Año 1949. Imagen gentileza Paula Celestino Ayala

El pintor hace sus valijas y juntos toman un tren rumbo a Andalucía, a la ciudad de Algeciras. En el trayecto son detenidos por guardias civiles que los dejan un día incomunicados, interrogándolos por separado, hasta que liberan a Celestino. Si bien nunca más volvió a ver a su amigo, supo que se había convertido en un poeta reconocido. Celestino vivió seis meses en Marruecos y de aquella estadía conservó algunos retratos realizados a los marroquíes y numerosas anécdotas. Recordaba con frecuencia las travesías en “un trencito de trocha angosta” por los campos sembrados de alhucemas y los festejos del Ramadán.
 
Ese mismo año viaja a la ciudad de Tetuán, donde un día se encontró en una plaza a un hombre pintando. Celestino se acercó con curiosidad para conversar con él y el pintor le contó que acababa de recibirse de la Academia en Bellas Artes de Suecia. Su nombre era Alvar, pero no pudo precisarse su nombre completo para esta biografía. Celestino perfeccionó, a través de Alvar, el manejo de la acuarela. Adquirió técnicas para optimizar su uso y a partir de entonces se pudo apreciar en sus trabajos realizados con esta técnica una estela muy transparente, muy diluida, una textura que solía utilizar para crear fondos.
 
Basilio Hector Celestino junto a su amigo sueco que conoce en Tetuan. Año 1949. Imagen gentileza Paula Celestino Ayala
 
Con el paso de los años, continuaron escribiéndose cartas y enviándose postales, incluso conservaba entre sus tesoros un recorte de un artículo de periódico acerca de una exposición de pinturas de su amigo sueco, en cuyo incomprensible texto logra leerse con claridad el nombre de Basilio Celestino. Tras un año fuera del país, regresa a la Argentina.

Santiago del Estero

Años antes, en 1946, gracias a la presión ejercida por un grupo de artistas locales de autoformación, se había logrado por Ley del Congreso de La Nación la creación de la Academia de Bellas Artes de Santiago del Estero. Para la organización y armado de la flamante institución se designa a Ramón Gómez Cornet como su director, quien le pide a Celestino que forme parte de su equipo de trabajo. El pintor, que acababa de volver de su experiencia en España, sin pensarlo dos veces acepta el ofrecimiento. Dice Silvia Graciela Piccoli:

“En 1950 llegan a Santiago del Estero Ramón Gómez Cornet con sus dos discípulos, Carlos Alonso y Basilio Celestino. Traían la misión de organizar la Academia y disponer todo lo necesario para su apertura. Gómez Cornet solicitó el envío de útiles de trabajo, los que efectivamente llegaron a Santiago y fueron almacenados en un depósito de la Escuela Industrial de la Nación. Inclusive, se iniciaron las inscripciones y se propuso a los integrantes del cuerpo docente, pero nuevas dificultades económicas en el orden nacional volvieron a postergarla por nueve años a pesar de los esfuerzos de la comunidad artística santiagueña.”

A la derecha, Bernardo Ponce. Santiago del Estero, aprox. 1951. Imagen gentileza Paula Celestino Ayala

Cuenta Bernardo Ponce, artista santiagueño que forma parte del grupo:

“Nunca pudo Don Ramón concretar lo que tenía que haber sido la Academia de Bellas Artes de Santiago del Estero. Siempre le pusieron los pies para que tropezara, para que no la pudiera hacer, esas cosas tan de envidias provincianas”.

La Academia Nacional recién pudo inaugurarse nueve años después. En octubre de 1950, Celestino gana en el Primer Salón Anual de Artes Plásticas del Norte Argentino realizado en Santiago del Estero el Premio Adquisición, Gobierno de la Provincia de la Rioja con la obra titulada “El René”, realizada en témpera. Gómez Cornet, con la ilusión de contribuir con la enseñanza del arte en su ciudad natal, decide establecer en ese mismo año de 1950 una escuela de Bellas Artes privada bajo el nombre de Arts, que se mantuvo durante tres años. Da inicio a sus actividades en la gran casa familiar heredada por el maestro ubicada en calle 9 de Julio 30, espacio que transforma en talleres de dibujo y pintura. Junto con Carlos Alonso, Celestino se instala allí mismo, adquieren dos catres y se dedican a pintar y dibujar, siempre rodeados por sus vecinos y la riqueza de los paisajes santiagueños. Vivían modestamente y compartían con la familia del maestro Gómez Cornet y la familia Barbieri, donde solían ir a comer. Un gran colaborador de la Academia es el abogado Mariano Paz, que logra integrar a los recién llegados con el ambiente cultural e intelectual santiagueño.

En 1951 la Academia Arts se traslada a la planta alta de una Escuela de los Hermanos Franciscanos. En este ambiente comparte con Carlos Alonso, Antonio Berni, Bernardo Ponce y Baby López Bustos, entre otros artistas, cuyo principal punto de encuentro era la casa de Ernesto Barbieri, docente que abría las puertas de su espacio para brindar acceso a su colección de arte, que incluía obras de Navazio, Daneri y Policastro. Allí, Celestino se desempeña como docente hasta el año 1953. Su paso por Santiago del Estero dejó un legado de obras en colecciones de habitantes de la ciudad. De los artistas de esa generación, Bernardo Ponce mantiene vivo el recuerdo de Celestino como pintor y como maestro, y rememora con admiración su capacidad para enseñar más allá de la técnica:

“igual que Don Ramón, me impulsaba a hacer una lectura permanente de todo lo que yo estaba viendo en el ambiente”.

También recuerda las largas charlas y los paseos. Lo consideraban como un transmisor de emociones que guiaba a sus alumnos hacia el encuentro de sí mismo y de sus propias motivaciones. Para Celestino esa era la mejor forma de ser originales. Como profesor destacaba por su humildad, y durante sus clases nunca hizo sentir a sus alumnos el peso de su autoridad como gran dibujante y pintor. Al iniciar la clase les pedía a sus alumnos que expresaran lo que naciera de su deseo más profundo, sin dar mayores indicaciones. Podía incluso salir del recinto, dejarlos solos un buen rato y después volvía para guiar a cada estudiante en el proceso creativo particular, sin intervenir en los motivos.

Quizás esta sea la razón por la cual sus alumnos pudieron desarrollar en la producción su propia expresión. En su rol de maestro, privilegió el respeto a la personalidad y el carácter individual de sus aprendices, y si algo quería enseñarles era a aprehender sus propias capacidades artísticas. Mientras desarrolla su actividad docente, continúa su presencia en otros espacios donde su obra no pasaba desapercibida. En 1952 obtiene el Primer Premio de Dibujo en el Salón de la Provincia de Buenos Aires realizado en La Plata. Tras esto último, Celestino toma la decisión de no participar más en un Salón de Artes Plásticas, pues consideraba que estas competencias no debían ordenar a los artistas en jerarquías:

 “entre artistas no puede establecerse una competencia que llegue a determinar primeros o segundos puestos”, señala en su momento.

Viajó a Mar del Plata para recibir el premio y quedó cautivado por la belleza de la ciudad. El mar le proporcionó una sensación muy distinta: quedó encantado con ese entorno y se instaló allí. Su vinculación con Santiago del Estero no termina en forma abrupta, al contrario, regresa en forma intermitente a lo largo de varios años. Al abrirse la Academia de Bellas Artes en 1959, Celestino se interioriza por la actividad académica, con la que se decepciona amargamente:

“No saben enseñar, no trasmiten nada...”.

Los ideales inculcados por el gran maestro Gómez Cornet quedaban totalmente abandonados.

Celestino y Mar del Plata

Cautivado por su “aire siempre azul”, como le gustaba recordar, embrujado por esa mezcla entre clima frío y brisa de mar, allí se radica el artista. Se instala en un pequeño departamento en el primer piso de un viejo edificio ubicado en la calle San Martín 4121. Es una época de abundante actividad artística, de cambios en su expresión plástica, y de crecimiento y maduración en la producción de sus obras. Si el dibujo era en él un don natural, una especie de juego que manejaba con enorme espontaneidad, la pintura, en cambio, era un arte que Celestino deseaba dominar, y en esta etapa marplatense trabajó de manera muy ardua para capturar las tonalidades y el aura azul que el ambiente le ofrecía.


Grupo Estudio de Fundamentos Visuales de Mar del Plata. En el taller ubicado en un local lindero al actual teatro Colón de Mar del Plata. Foto tomada por Eduardo Riggio. De izq. a der.: Pupeto Mastropascua, Mark, Basilio H. Celestino y Ruth Rey. circa 1956. Imagen gentileza Paula Celestino Ayala
 
Expuso de manera continua en Mar del Plata y paralelamente en distintas ciudades de Argentina, mostrando sus obras en Santiago del Estero, Rosario (Santa Fe) y Resistencia (Chaco). Colabora con artistas de distintas disciplinas. Entre las obras de esta época, destacan dos ilustraciones realizadas en base a dos poemas del escritor y amigo Américo Álvarez. Durante este período también elabora importantes murales y escenografías. Como señaló Armando Chulak en la exposición del pintor en la Sala de Arte de la Galería Saint James en Mar del Plata, en 1960: “llevado por ese cariño a lo nuestro, podemos hablar de Basilio Celestino como de un artista marplatense”.

Gregorio Nachman en el acceso al teatro Comedia Marplatense, que funcionaba en la galería con acceso por Rivadavia y Santa Fe. Fue su fundador. Foto de  Fredy Caporal. Fotos de Familia - Diario La Capital

Allí también trabaja con Gregorio Nachman, entrañable amigo, realizando escenografías para algunas de sus obras de teatro, entre ellas Variaciones para Muertos de Percusión del autor chileno Jorge Díaz. Esta obra, estrenada en mayo de 1968, contenía una ácida crítica al mundo de los ejecutivos, de la publicidad y de la deshumanización de las relaciones interindividuales. La crítica del diario El Trabajo menciona:

 “...tendrá a su cargo la puesta en escena de esta obra el conocido Basilio Celestino bocetando y realizando la escenografía, con la colaboración de alumnos del Centro de Educación Dramática de la institución”.

La escenografía contaba con la proyección de diapositivas que se veían durante la función, realizadas por Mastropasqua partiendo de los bocetos creados por Celestino.

“Con elementos innovadores, algunos enrolados francamente en una línea de avanzada y con mucha originalidad, fue realizada la escenografía (Basilio Celestino) entre la cual se moverán los personajes de esta obra de Díaz que hoy estrena la Comedia Marplatense”.

Gregorio Nachman retratado por Basilio Hector Celestino. Imagen gentileza Eduardo Nachman

Eduardo Baliari, Crítico de Arte, Buenos Aires, Año 1968. Texto para Galería Rubbers. Imagen gentileza Eduardo Nachman
Recorte del Diario El Trabajo. Año1968. Imagen gentileza Eduardo Nachman

Gregorio Nachman, director de teatro reconocido internacionalmente y uno de los principales exponentes del teatro político en Latinoamérica, fue detenido y desaparecido en 1976. Eduardo, hijo de Gregorio, recuerda a su padre y a Celestino conversando y riendo, tomándose y creando ellos mismos la libertad que necesitaban, sin hacer caso a ninguna limitación del contexto. El sentido de pertenencia que sentía hacia Mar del Plata da como resultado que la temática de sus creaciones de este período se viera influenciada por los paisajes marítimos que le rodean. Así lo cuenta Graciela Di Iorio, docente de la Universidad de Mar del Plata y quien fuera directora del Museo Juan C. Castagnino, en donde se realizó en junio de 1987 una muestra retrospectiva de la obra:

“Celestino tiene una mirada muy personal sobre Mar del Plata. Lo que él pinta no tiene nada que ver con lo que había antes. Tiene una mirada original de lo que era el paisaje de arena, por ejemplo, él miraba esa realidad con un toque muy propio, un toque reconociblemente suyo”.

Como cuando era niño, pintaba todo lo que observaba: dunas, carritos de basura, marinas, caracoleros, el puerto de la ciudad, los astilleros, los pescadores y sus embarcaciones, el modo de vida de sus habitantes. Dentro de este período podemos encontrar dibujos realizados en tinta, tales como “El pescador”, la serie “Los Centauros”, compuesta por cuatro dibujos: “La playa”, “El astillero”, “La Banquina” y “Hombre al sol”. También realiza obras con técnicas mixtas, usando tinta y pastel, tales como “El caracolero”, “El espigón”, “Charla de pescadores” y “Las hermanas”. Se puede observar en este conjunto de obras diferentes formas de ensayar la técnica del dibujo, consecuencia sin duda de la incesante búsqueda ante el hecho plástico. En esta época se le escuchaba decir:

 “...la pintura para mí es un testimonio, para mí, pintar es una obligación”.

Un reflejo de su postura ideológica y artística como testigo ante la realidad que lo rodea se puede ver en la obra “El espigón”, donde figuras femeninas soportan el peso de la escollera, clara representación de la condición de la mujer como soporte de la sociedad. Siempre abocado a la promoción de la especialización en las disciplinas artísticas, participa junto a los artistas vanguardistas Nicolás Jiménez, Jorge Demirjián, Alberto Cedrón y el fotógrafo Juan Bautista Pablo “Pupeto” Mastropasqua, entre otros, de la creación del Taller-Escuela de Artes Visuales. El mismo estaba dentro del Taller Municipal de Artes Visuales de Mar del Plata, ubicado en Hipólito Yrigoyen entre Luro y San Martín, en un espacio cedido por la misma municipalidad y acondicionado por los propios artistas, que hasta llegaron a tapizar las paredes con arpillera.


En Galería del Mar. De izq. a der. Ana María Ayala, Elisa Borthwick de Muchnick, Ana María Marcangelli, Dr. Pablo Corral, escultor italiano y Basilio Celestino. Mar del Plata, año 1967. Imagen Paula Celestino Ayala

En el estudio se realizan exposiciones pequeñas de gran calidad, que Mastropasqua llamaría “exposiciones de cámara”. En las mismas se observan las nuevas búsquedas conceptuales y artísticas que se gestan a finales de la década del 50’ y en la década del 60’ en Mar del Plata, una ciudad que pugnaba por distinguir su cultura de la de Buenos Aires adquiriendo su propio carácter plástico. El Taller-Escuela se convierte, de esta manera, en un importante referente para el aprendizaje del diseño y del arte de la ciudad, funcionando durante varios años. Celestino se encarga de los talleres que se dictan en la institución. Una vez más, sus estudiantes valoran la naturalidad con la que logra transmitir enseñanzas técnicas; la forma, el color, la línea, los ritmos y la alianza de dichos elementos con la luz se convertían en fenómenos de gran vitalidad ante sus ojos. Una de las frases que siempre repetía a sus estudiantes era “la verdad está en el camino”, motivándolos a comprender que el arte es un recorrido inagotable, un proceso de aprendizaje y construcción permanentes.

Su carácter de artista multifacético, poseedor de una enorme curiosidad formal se pone de manifiesto en la presentación en 1960 de Afiches de Turismo de la Ciudad. También realizó una muestra como parte del Grupo del Atlántico, en enero de 1961, integrado por Celestino, Nicolás Jiménez, Celso Salgueiro y Amarú Oropeza. En 1963 se encuentra con Ana María Ayala, a quien ya conocía de la ciudad. El pintor estaba eufórico, feliz, volvía de la inauguración de una muestra de sus obras en el Museo Provincial de Bellas Artes en Santiago del Estero. Sin mediar palabras le preguntó:

“¿no me dejaría que le haga un retrato?”.

A los pocos días concretan el primer encuentro en su taller y desde entonces ella se convertiría en su principal modelo. La personalidad enérgica de Celestino conquista a Ana María:

“Lo que más me llamó la atención fue su inteligencia y su vitalidad. No me interesó particularmente por ser pintor, las cosas se dieron entre nosotros gracias a la pintura, gracias a esa circunstancia que me llevó a ser su modelo, pero lo que realmente despertó mi interés en él fue su espontaneidad”.

Basilio Hector Celestino junto al joven artista plástico Pablo Menicucci. Decada del 60. Imagen gentileza Paula Celestino Ayala

A pesar de esta espontaneidad, al momento de pintar retratos Celestino seguía con mucha disciplina un método de trabajo. Su modelo, recuerda Ana María, no tenía permitido moverse, conversaban, pero no podía cambiar de posición, lo que le permitía al artista realizar varios bocetos, elaborados con carbonilla, que servirían de guías posteriores para continuar su trabajo en solitario. A partir de ese momento no se separaron más, contrayendo matrimonio en diciembre de 1966. Su sensibilidad social fue uno de los rasgos de su personalidad que Ana María reconoció desde el primer encuentro:

“Las injusticias sociales que él lograba percibir le enojaban mucho; y además no andaba con dobleces, no se cuidaba al hablar, siempre decía lo que le parecía y lo que sentía...”.

La claridad y franqueza son elementos determinantes de su carácter en la vida cotidiana, en el trato con familiares y amigos, pero son también elementos fundamentales de su expresión plástica. Acerca de sus trabajos de este período, de tendencia expresionista y principalmente surrealista, dirá Celestino:

“Mi enfoque básico en el surrealismo siempre fue un modo admirativo, sensorial frente a la temática casi siempre mental, el ‘yo’ surrealista se mueve en un nivel entre real e ilusorio, y la realidad sustantiva de la obra me dejó una respuesta en forma de pregunta...”.

En sus dibujos, a través de trazos emotivos y enérgicos, y en sus pinturas, mediante la experimentación lírica del color, logra figuras fantasmales que exponen de forma satírica y honesta los crudos debates que experimenta el individuo dentro de la siempre inestable sociedad latinoamericana. Su amigo el escritor argentino Bernardo Canal Feijóo dice en el texto del catálogo de la muestra que realiza en la Galería Galatea, de Buenos Aires, en el año 1965:

“La imagen, la composición, en el arte de Celestino se envuelven en una videncia que no emana propiamente de los ojos, que emana de la mano. Adivino en el pincel de Celestino latiendo la yema desnuda de los dedos. Su pintura construye, sitúa, reconoce la imagen por palpación antes que por visión.”
 
Basilio Hector Celestino con su amigo Ricardo Marcangeli, a quien le daba clases de pintura y con quien lo unió una gran amistad. Decada del 60. Imagen gentileza Paula Celestino Ayala

Celestino se dedica continuamente a su producción artística, aunque le era imposible dedicarse a ella de manera exclusiva. Solía decir: “medio día para el César, medio día para Dios”. Por el primero hacía referencia a sus mañanas, cuando se dedicaba a la mayor parte de los trabajos que le generaban sustento económico. Gracias a la formación académica recibida, realizaba diseños de muebles, hacía planos y maquetas para el estudio de los arquitectos Varela, Requena, Lerena y Traine, entre otros. Allí conoció a Ricardo Marcángeli, a quien le daba clases de pintura y con quien lo unió una gran amistad. Diseñaba afiches para una empresa de letreros, diseñaba y realizaba murales decorativos en salones de edificios nuevos. “Medio día para Dios” era su parte preferida del día, las tardes, cuando se encerraba en el taller que había creado en la casa que alquiló y se dedicaba a trabajar en sus dibujos y pinturas.

Alcances de un artista consolidado

En 1966 gana el primer premio del Proyecto de Murales, convocado por el Centro de Ingenieros y Arquitectos de Mar del Plata. Realiza varios murales en la ciudad, de los que se conservan el que se encuentra en el Centro Médico de Mar del Plata, ubicado en la calle San Luis 1978, y el mural ubicado en el Garage Namuncurá, Bolívar 2457. El artista José Ángel Petroli recuerda que lo conoció a sus dieciocho años y fue su ayudante en la ejecución del mural del Centro Médico: 

«“Usted está buscando trabajo, ¿no? –me decía Celestino–. Yo estoy haciendo un mural en la calle San Luís, en el Centro Médico. Quiero que me limpie los ladrillos de cerámica.”

Mural realizado por Basilio H. Celestino en el Garage Namuncura Bolivar 2457 de la ciudad de Mar del Plata.
Detalle del mural realizado por Celestino en el Garage Namuncura ubicado en la calle Bolivar N° 2457 de la ciudad de Mar del Plata.

Fui hasta allá. Él había hecho una especie de imagen precolombina con un molde, vaciando yeso y repitiendo la imagen en el muro. Celestino decía que quería imitar la piedra. Yo limpiaba los ladrillos y después él me permitía hacer alguna sombra en el mural. Al terminar todo me agradecía. Teníamos una buena relación, y a partir de allí empecé a acercarme a la gente del ámbito artístico en Mar del Plata.» También trabajó en este mural su amigo Ricardo Marcángelli.

Basilio Hector Celestino durante la construccion del mural del Centro Medico de Mar del Plata circa 1965.
Imagen gentileza Paula Celestino Ayala
Mural del Centro Medico de Mar del Plata sito en San Luis 1978 realizado por Basilio Hector Celestino.
Imagen gentileza Paula Celestino Ayala
Detalle del mural del Centro Medico de Mar del Plata realizado por Basilio Hector Celestino.
Imagen gentileza Paula Celestino Ayala

La Galería del Mar, dirigida por Elisa Borthwick de Muchnick, fue un lugar de reunión y paso obligado de artistas e intelectuales locales y foráneos. Además de realizar aquí varias muestras, Elisa fue su guía y amiga, una de las personas que lo impulsó organizando exposiciones y espacios que contribuyeron a su difusión como artista. En 1967 es seleccionado para integrar la muestra de artistas de la Exposición Itinerante “Argentina en España”, organizada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina y la Embajada de España. En la misma participaron catorce artistas considerados jóvenes valores, entre los que estaban Carlos Agüero, Alicia Benítez, Salvador Benjuya, Aida Carballo, Maximiliano Cocca Ventura, Norberto Roque Cuttica, Jorge Iscla, Liliana Porter, Nicolás Rubió, Tana Sachs, Hilda Sánchez, Elena Visnia y Enrique Tudo.

La muestra recorre Madrid, Sevilla, Granada, Zaragoza, Pamplona, Bilbao, Santander, entre otras capitales de la Península Ibérica. Su participación en esta muestra es elogiada por el diario ABC de Sevilla en su publicación del 20 de enero de 1967:

“Obra alucinante la de Basilio Celestino, quien vuelca en sus creaciones una fértil imaginación, una exuberante fantasía”.

Entre los talleres que impartió en Mar del Plata se destacó el de un grupo de médicos entre quienes se encontraban Egon Mettler, Orlando López, Bargo e Ignacio Rozic (odontólogo). Con ellos se establecería una afectuosa amistad que duraría en el tiempo. Salían a pasear por la ciudad y dibujaban al aire libre, o se reunían en el taller de su casa a pintar y conversar. Su taller era a su vez un espacio abierto para las amistades, y en cualquier momento de la tarde, su “medio día para Dios”, pasaban amigos y vecinos para saludarlo, para saber cómo marchaban sus obras, para conversar un rato con él.
 
Basilio Hector Celestino con su esposa Ana Maria Ayala. Año 1965. Mar del Plata.  Imagen gentileza Paula Celestino Ayala

Sabía cultivar la amistad. Era muy sociable y conversador, y no necesitaba mantener intercambios intelectuales, todo era para él motivo de interés. En 1968, después de una ausencia de alrededor de dos años en la capital argentina, realiza una muestra de una selección de sus pinturas marplatenses en la Galería Rubbers de Buenos Aires, en la que el crítico de arte Eduardo Baliari logró captar los principales rasgos de la obra del artista de esa época:

“Celestino es claro, límpido, terminantemente escrupuloso para impedir que se introduzcan en la visión elementos que no sean los que corresponden a la naturaleza del tema. Y digamos que no es precisamente la suya una pintura de tema, pese a que los títulos inducen a una interpretación poética. Sí, está presente la idea como producto de un proceso intelectivo, pero a través del tamiz del pintor”.

A pesar de tantos años viviendo lejos de Buenos Aires, continúa muy unido a su familia y muy atado a su ciudad, a su música, a sus costumbres, por lo que todos los años, alrededor de la segunda quincena del mes de diciembre, el artista acostumbra a realizar un viaje a la Capital. Visita a su familia, celebra el cumpleaños de su madre el 25 de diciembre, contacta a sus amigos más queridos, acude a museos, ve muestras de arte, se pone al día con la actividad artística y cultural y luego, a principios de enero, vuelve a la tranquilidad de su hogar en Mar del Plata.


Muestra en Buenos Aires. Con el Dr. Julio Moreno, Bernardo Canal Feijoó, al lado de Celestino, su esposa, su hermana Yolanda, su sobrina Nora y su madre, entre otros invitados. Imagen gentileza Paula Celestino Ayala

Cada verano esperaba la visita de sus familiares que iban de vacaciones. Carlos Oddino, su sobrino, recuerda que esperaba ansioso reencontrarse con el tío Toto, ir con él a pescar, a ver algún partido de River-Boca, a caminar y conocer lugares. También que cuando se le ocurría una frase la escribía en la pared de su departamento. Reconoce la libertad e intuición con la que pasaba por distintas etapas, con las que él se encontraba cada verano: tomaba lo que tenía alrededor y más cercano para incursionar en cada nuevo aspecto. En casa, Celestino comparte su tiempo de trabajo artístico con algunas lecturas de filósofía y, sobre todo, escuchando mucho la radio. Encenderla era lo primero que hacía al despertar y la apagaba cuando se acostaba a dormir, lo que le permitía estar siempre informado sobre lo que ocurría en el mundo. 

Solía escuchar partidos de fútbol de su equipo, Racing, y siempre sintonizaba Radio Nacional para escuchar las noticias y mucha música clásica. Era reconocido en su familia por el buen oído y memoria musical que tenía; le bastaba con escuchar solo los primeros acordes de una pieza para reconocer su nombre y su autor. Celestino sabía repartir los momentos de ocio, de trabajo y de proyectos artísticos, aunque no podía evitar sentir cierta angustia por no poder dedicar todo su tiempo productivo a su trabajo creativo.

Sin embargo, sus principales preocupaciones están relacionadas con lo que ocurre cotidianamente, en una Argentina regida por gobiernos militares. Esto es lo que realmente lo entristece y lo retrae en sí mismo. Se encierra en su taller y allí el dibujo y la pintura se convierten en válvulas de escape. Un día, un amigo que vivía en Venezuela, Domingo Parato, llega a Mar del Plata junto a un grupo de venezolanos entre los que se encontraba Lubín Chacón Escalante, quien había sido Director de Extranjería en Venezuela y Embajador en República Dominicana. Celestino acompaña a los venezolanos en sus recorridos por la ciudad y los hace sentir como en casa. Sin duda motivado por la situación política que se vivía en Argentina, Lubín le propone que se vaya a vivir a Caracas donde podría, le dice, desarrollar su potencial artístico, y le ofrece su apoyo. Celestino y Ana María tras conversarlo deciden ir a vivir a Caracas.

Los años en Venezuela

Corre el año 1971, mes de diciembre. La luz del trópico ha cautivado al pintor. Celestino y Ana María se mudan a una casa en el barrio de Bello Monte, donde se instala el taller. Allí no solo se encierra a trabajar en sus proyectos personales, el taller también sirve de espacio para dictar clases particulares de dibujo y pintura, actividad que representaría una de sus principales fuentes de ingreso económico en Venezuela. Basilio era muy celoso de su taller. Cuando llegaba la hora de pintar, se encerraba allí y se sumergía en un universo personal en el que podía permanecer durante horas. Al entrar en el mismo –cuenta Ana María– Basilio sufría una metamorfosis, pasaba de ser ese hombre expansivo y conversador, a ser abstraído e introvertido, algo melancólico, parecía habitar en él dos seres con personalidades opuestas.

Basilio Hector Celestino. Decada del 70. Imagen gentileza Paula Celestino Ayala
En Caracas su obra sufre una transformación, pues comienza a reflejarse en ella la influencia ejercida por una comunidad con grandes contrastes sociales y económicos. En la producción de esta época, enmarcada dentro de la Neo Figuración, comienza a manifestarse con más fuerza su sensibilidad social. Una sensibilidad que estuvo siempre latente, pero que no necesariamente se exteriorizaba en su pintura. La desigualdad social, la visible diferencia de clases y la pobreza le causaban gran angustia. Y Caracas sirvió como detonante: observar los cerros llenos de viviendas humildísimas, niños y jóvenes en la calle, zonas de pobreza extrema inocultables junto al dramático contraste: otras zonas de gran opulencia. Esta polaridad social, esta visible injusticia, le causaba un profundo pesar.

“Mientras no estén bien todos –solía decir– yo no podré estar bien”.

Una pintura más dramática, de expresión cruda y visceral, surgió de aquella temporada en Caracas. Como señala el crítico Osiris Chierico:

“Celestino logró imponer una personalidad de intenso contenido lírico”

Eso lo llevó a representar escenas de la realidad, pero siempre teñidas por esa angustia que lo atravesaba. Lo dice Celestino con sus propias palabras:

“captar la realidad no es una labor, es una sorpresa, una condición”,

Una capacidad de expresión de la que el artista no podía huir. Estos rasgos pueden observarse en un dibujo en el que una figura cadavérica se muestra altiva y soberbia a pesar de estar hundida en el barro. O en la serie de tres dibujos titulados “Durmiendo la rasca” (que quiere decir borrachera en el argot coloquial venezolano), donde se registra la desesperanza de la miseria y la vida que surge en los márgenes de la sociedad. O en la obra “Las grandes conversaciones”, sobre la cual dice Graciela Di Iorio:

“Contiene un complejo nivel crítico, donde la mirada del artista despliega su estética en el patetismo. Es la belleza dándote un golpe en el estómago; una obra maravillosa y tremenda a la vez.”

Los Poemas del ültimo año de Maria Wernicke año 1970 Bs.As..Imagen gentileza Paula Celestino Ayala

A finales de 1972 nace su hija Paula en Caracas, la alegría de su vida, y en 1973 los tres se trasladan a París, cumpliéndose así el sueño de juventud del pintor. Allí convivían con sus viejos y grandes amigos, el matrimonio de Laura Dupetit y Luis Ballesteros, con quien Celestino trabaja elaborando artesanías. Maravillado con los ocres de su otoño visita museos, camina por sus bulevares y subsiste como artesano trabajando carteras de cuero. Pero no se dio tiempo para adaptarse a la ciudad y se inclinaba por volver a Buenos Aires.

Sin embargo, recibían noticias dramáticas de Argentina y deciden regresar a Caracas. Llegan en 1974 y residen por unos meses en la Avenida Las Palmas, finalmente se instalan en una casa en la Avenida Buenos Aires. De inmediato Celestino retoma la docencia como profesor del Centro Artístico Villasmil de León, en donde da clases de dibujo y perspectiva. En el taller que instala en el fondo de su casa retoma las clases particulares y grupales de dibujo y pintura.

Durante este segundo período en Caracas la vida social no es una de sus prioridades. Por recomendación de su amigo, el escritor argentino Bernardo Canal Feijóo, conoce a Ángel Rosenblat, filólogo argentino fundador de la Cátedra de Filología de la Universidad Central de Venezuela, a través del cual empieza a tener una relación más cercana con argentinos que vivían en Caracas, intelectuales pertenecientes a la comunidad de la Escuela de Letras de esta universidad. En esta etapa de tranquilidad emocional y económica, de bienestar que le ofrece Caracas, el artista encuentra el espacio y tiempo necesarios para dedicarse a la pintura. Su prioridad es su trabajo personal, y su esposa Ana María recuerda así esta época:

“Basilio nunca tuvo grandes pretensiones económicas. No pretendía ganar millones con su arte, y prefirió no tener galerista ni intermediarios. Era celoso con su trabajo, él pintaba porque esa era su pasión. Si alguien deseaba comprarle y esa persona tenía el dinero, se lo pagaba, pero si la persona no tenía el dinero completo en el momento, Basilio le ofrecía pagar en cuotas, y si no tenía dinero, ‘bueno, no me lo pagues’ decía él, y se lo regalaba. Era tanto lo que dibujaba y pintaba, tanto lo que producía en esa época que siempre estaba regalando sus cuadros.”

Es una época muy productiva en la que expone sus obras en galerías de la ciudad como La Isla o Galería G. En una carta manuscrita dirigida a Napoleón Pisani, artista y crítico venezolano, fechada el 9 de noviembre de 1975, Celestino dice sobre su propia producción artística de esta época:

“La temática que trabajo es la del ‘yo’. Mi reacción como testimonio son las tensiones. Las tensiones, en muchas de mis obras logran definir escenas o temas tangibles, pero creo que pueden existir esas tensiones sin necesidad de definir el tema. Como toda pintura contemporánea, la mía también vive pidiendo disculpas.”
 
Basilio Hector Celestino junto a su esposa Ana Maria Ayala y su hija Paula. Caracas, Venezuela. Año 1973. Imagen gentileza Paula Celestino Ayala
Celestino conoce al poeta chileno exiliado en Caracas Mahfúd Massís, quien tenía un programa en Radio Nacional de Venezuela llamado El hombre y sus circunstancias. Escuchaba siempre sus programas y decide invitar al poeta, a través de una llamada telefónica, a conocer su obra. Así se expresa Massís sobre su primer encuentro:

“La voz era joven y fraternal, con algo del énfasis de mis vecinos trans-cordilleranos. En su casa me encontré con un hombre ágil, maduro, sobre cuya cabeza el tiempo había dejado caer su paleta gris. Ningún cenicero, era al parecer un rasgo consuetudinario y personal, que nos obligó a tirar las colillas en el piso. Quizás una manera de hacerlo sentir a uno en su propia casa. Había una mujer hermosa y joven a su lado. Una niña pequeña: su hija”.

Al entrar Massís en el taller del artista se sorprende al ver sus cuadros y dibujos desperdigados:

“Las obras en el taller estaban en el suelo. Esto explica el proceso de su pintura, rico y accidentado, experimental, con cuajos sorprendentes. Premios, estudios, distinciones, en su país y en el extranjero, ¡la cosa del currículum!, como si no fuera suficiente contemplar esos dibujos y esas pinturas para suponer que no había inventado la casualidad aquellos colores personales y a veces violentos, cuando no viscerales, ni ese conjunto de líneas de sus dibujos, finas o barrocas, pero siempre con fuerza viril identificadora.”

El escritor chileno pudo sentir, en este primer encuentro, que estaba descubriendo la obra de un artista con un mundo contradictorio, intenso, intelectivamente feroz, que se manifestaba bajo el signo de la angustia y la voz de la denuncia:

“Queriéndolo o no, Celestino es un agudo crítico de nuestra existencia social”.

Tapa del libro "Leyendas del Cristo Negro" de Mahfud Massis realizado en Caracas, Venezuela. Año 1976.
Imagen gentileza Paula Celestino Ayala
 
Tan impresionado y conmovido ha dejado a Mahfúd Massís la capacidad expresiva y la propia personalidad de Basilio que, en noviembre de ese mismo año, le pide que ilustre su libro Leyendas del Cristo Negro, publicado por la editorial Lisbona en Caracas. En la portada de esa edición puede leerse:

“Portada de BASILIO CELESTINO, sorprendido por la muerte durante la impresión de esta obra”.

Naturalmente, a pesar de encontrarse el pintor en una agradable etapa de su vida, extrañaba su país, y el deseo de volver a radicarse en Argentina persistía. En una carta que su amigo Bernardo Canal Feijóo le envía a mediados del año 1975 le insiste que se quede en Caracas:

“es preferible que usen ese dinero para comprar pasajes para que sus familiares los visiten en Venezuela. La situación aquí es muy compleja, es muy dura”.

Basilio Hector Celestino en su taller de la calle San Martín. Mar del Plata, Año 1971.
Imagen gentileza Paula Celestino Ayala

A pesar de eso, en diciembre de 1975 Celestino viaja a la Argentina para visitar a su familia, encontrarse con antiguos amigos y programar una exposición que se realizaría en la Galería del Mar, en Mar del Plata en 1977, y vuelve a Venezuela en enero de 1976, a trabajar con la pasión que lo caracterizaba. Estaba preparando una próxima muestra en la Hermandad Gallega, el club español cercano a su casa, y una en la Galería Viva México que fue suspendida. Basilio fallece de un infarto fulminante en el Hospital Universitario el 6 de febrero, entregando su vida de la misma forma en que la vivió.

Sus restos descansan en el Cementerio del Este, ubicado en La Guairita, Caracas, la ciudad a donde el destino lo llevó rechazando la violencia política argentina, la tierra donde nació su hija Paula y el espacio vital, lleno de excesivas contradicciones sociales, donde desplegó la última y quizás más potente etapa de su obra. Celestino muere joven, en plena madurez creativa, entregado a su trabajo de explorar la condición humana y hallar respuesta a sus propios laberintos existenciales. Dejó una importante obra multifacética, en diversos formatos y técnicas, con la que podemos reconstruir nuevos aspectos de la sensibilidad de una época. Un artista destacado de su tiempo, con un espíritu creativo, sensible, poco conocido por las nuevas generaciones. Su vida estuvo marcada por los viajes y las mudanzas, por el compromiso con el arte y la libertad y el malestar ante las desigualdades sociales. Por suerte nos queda su obra para valorarla y celebrarla: más de tres mil dibujos y pinturas que encarnan su “respuesta –como él mismo dijo– en forma de pregunta”.

EXPOSICIONES INDIVIDUALES

1949 – Exposición de óleos – Madrid – España.  Auspiciado por la Embajada Argentina en España.
1950 – Santiago del Estero – Santiago del Estero – Argentina.
1950 – Ateneo del Chaco – Resistencia – Chaco – Argentina.
1951 – Exposición en Resistencia – Chaco – Argentina.
1951 – Presidencia Roque Saenz Peña – Chaco – Argentina.
1952 – Galería “Velázquez” – Capital Federal – Argentina.
1952 – Santiago del Estero – Santiago del Estero – Argentina.
1953 – Galería “Rosemarie” – Capital Federal – Argentina.
1955 – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1956 – A.E.E.B.A. “Temperasoleosmonocop” – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1957 – “Fogón de los Arrieros” – Resistencia – Chaco – Argentina (Realiza varias exposiciones en este espacio hasta el año 1965).
1958 – “Ateneo del Chaco” – Presidencia Roque Sáenz Peña – Chaco – Argentina.
1959 – Galería “Carrillo” – Rosario – Santa Fe – Argentina.
1959 – Galería “Galatea” – Buenos Aires – Argentina.
1960 – Galería “Saint James” – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1962 – Agencia Diario “La Nación” – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1963 – Museo Provincial de Bellas Artes – Santiago del Estero (Capital) – Argentina.
1965 – “Galería del Mar” – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1965 – “Club Pueyrredón de Mar del Plata” – Mar del Plata – Provincia de Buenos Aires – Argentina.
1966 – Realiza varios murales en Mar del Plata, entre otros, el que se encuentra en el Colegio Médico.
1967 – “Galería del Mar” – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1967 – Realización de la escenografía de “Variaciones para muertos de percusión”, obra teatral de Jorge Díaz, protagonizada por el elenco de la Comedia Marplatense “Sala de Cartón” – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1967 – Galería “Nueva Visión”: Dibujos – Buenos Aires – Argentina.
1968 – “Galería del Mar” – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1968 – “Jockey Club” – Santiago del Estero – Argentina.
1968 – Galería “Nexo” – Buenos Aires – Argentina.
1968 – Galería “Arte Nuevo” – Buenos Aires – Argentina.
1968 – Galería “Rubens” – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1969 – Galería “Mar del Plata” – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1969 – “Jockey Club” – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1970 – “Galería del Mar” – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1971 – “Galería del Mar” – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1971 – “Lirolay” Galería de Arte Moderno – Buenos Aires – Argentina.
1971 – “Galería del Mar” – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1972 – Círculo Militar – Caracas – Venezuela.
1972 – Galería “La Isla” – Caracas – Venezuela.
1975 – Galería “G” – Caracas – Venezuela.
1975 – Galería “La Isla” – Caracas – Venezuela.
1976 – Fallece en Caracas – Venezuela.
1977 – “Galería del Mar” Exposición Homenaje – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1987 – Museo “Juan Carlos Castagnino” – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1988 – Centro Cultural Islas Malvinas (ala Córdoba) – Galerías Pacífico – Buenos Aires – Argentina.
2000 – Centro de Gestión y Participación Nº 13 – Buenos Aires – Argentina.
2004 – 1° al 31 de octubre – Centro Cultural Victoria Ocampo – Mar del Plata – Argentina.

 EXPOSICIONES COLECTIVAS

1943 – Salón Colectivo de la Mutualidad de Bellas Artes – Buenos Aires – Argentina.
1950 – Salón del Norte – Santiago del Estero – Argentina.
1951 – Salón Tandil – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1952 – Salón de la Provincia de Santa Fe – Santa Fe – Argentina.
1952 – Salón de la Provincia de Buenos Aires – La Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1952 – 2º Salón Nacional de Dibujo y Grabado
1953 – Salón de la Provincia de Buenos Aires – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1960 – Concurso “Afiches de Turismo” – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1961 – “Grupo del Atlántico” – Sala de Exposiciones Diario “La Nación” – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.  Auspició: Museo de Arte Moderno de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires – Argentina.
1966 – “Proyectos de Murales” – Centro de Ingenieros y Arquitectos de Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1966 – “Mercado de Arte de la Municipalidad” – Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires – Argentina.  Presentación de la muestra itinerante para España.
1967 – 1º Exposición Itinerante Argentina, auspiciada por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina, la Embajada de España en la Argentina y de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Colaboraron: Instituto de Cultura Hispánica de Madrid y la Asociación de Exbecarios de Argentinos en España – Club “La Rabida” – Sevilla – España.
1967 – Biblioteca Central – Barcelona – España.
1967 – Hospital de la Santa Cruz y San Pablo – Barcelona – España.
1967 – La exposición continuó en Zaragoza, Pamplona, San Sebastian, Bilbao, Santander, Santiago de Compostela y Madrid – España.
1967/68/69 – Concurso de “Poemas Ilustrados” – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1971 – “Homenaje a Enrique Policastro”. Muestra de “Artístas Marplatenses a la Memoria del Pintor” – “Galería del Mar” – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1973 – Muestra colectiva de artistas argentinos en “La Vieja Panadería” – París – Francia.
1997 – “Los que están pero se fueron” – Muestra Homenaje – Museo Municipal de Bellas Artes “Juan Carlos Castagnino” – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
2009 – Grandes Dibujantes Argentinos – Homenaje a la Escuela de Tucumán – Centro Cultural Victoria Ocampo – Mar del Plata – Argentina.

PREMIOS

1943 – SEGUNDO PREMIO – Salón Colectivo de la Mutualidad Estudiantes de Bellas Artes. Buenos Aires – Argentina.
1946 – MEEBA (Oleo).
1950 – SEGUNDO PREMIO (Pintura) – Salón de Norte – Santiago del Estero – Argentina.
1952 – PRIMER PREMIO (Dibujo) – Salón de la Provincia de Buenos Aires – La Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1952 – “Poema Ilustrado” – Catamarca – Argentina.
1953 – PRIMER PREMIO – Salón de la Provincia de Buenos Aires – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1960 – PRIMER PREMIO – “Afiches de Turismo” – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1966 – PRIMER PREMIO – “Proyecto de Murales” – Centro de Ingenieros y Arquitectos de Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.
1967/68/69 – Varios premios en Concursos de “Poema Ilustrado” – Mar del Plata – Prov. de Buenos Aires – Argentina.

Algunas de sus obras

Dentro del corpus de la obra de Basilio Celestino, el dibujo recoge en particular, su afinada percepción de la realidad, volcada a una expresión que conserva las marcas del expresionismo y surrealismo propios de la época. La descarnada sátira de sus imágenes fantasmales trasunta una dramática necesidad de trascendencia. Los dibujos de línea variada, densa o más liviana acentúan la emotividad, mientras que el trazo enérgico se encuentra en oposición a zonas oscuras que se potencian entre sí. Estas obras, insertan la producción dibujística de Basilio Celestino en la generación de importantes artistas que como Spililmbergo, Castagnino o Berni han construido una señera e ineludible etapa en la construcción del arte argentino.


"Niño sentado" -carbonilla-30 x 40 cms. Año 1945 Santiago del Estero. Obra de Basilio Hector Celestino
"Fatima" -carbonilla- 30 x 42 cm.- Tetuan. Año1949. Obra de Basilio Hector Celestino
El vendedor de caracoles -tinta y acuarela- 44 x 55 cms. Mar del Plata. Año 1964.Obra de Basilio Celestino
Camion de basura -dibujo- 50 x 70 cms. Mar del Plata circa 1963-1967. Obra de Basilio Hector Celestino
Retrato de su esposa -esmalte- 30 x 40 cms. Mar del Plata Año 1963. Obra de Basilio Hector Celestino
El espigón -tecnica mixta- 70 x 50 cm.s Mar del Plata año 1965.Obra de Basilio Hector Celestino


Centauro peinándose - Serie: Los Centauros. Medidas: 33 x 41 Tinta Mar del Plata, Argentina 1967/68. Obra de Basilio Hector Celestino
Centauro vistiendose. Serie Los Centauros.Tinta y pastel Medidas 53 x 71 cm.Mar del Plata, Año 1967.Obra de Basilio Hector Celestino
La nave -tinta- 63 x 44 cms. Mar del Plata Año 1969. Obra de Basilio Hector Celestino
El aburrimiento.  28 x 42 Tinta Mar del Plata, Argentina 1971.Obra de Basilio Hector Celestino
La muerte del torero -serie El Toreo -tinta 32 x 47 cms. Caracas. Obra de Basilio Hector Celestino.
La noche del torero-tinta- Serie El Toreo  32 x 47 cms. Caracas año 1972.Obra de Basilio Hector Celestino
sin titulo Serie aburrimiento -tinta- 32 x 46 cms. Caracas Año 1973. Obra de Basilio Hector Celestino
El aburrimiento -tinta- 32 x 46 cms. Caracas Año 1973.Obra de Basilio Hector Celestino
Estudio fotográfico. 55 x 42 - Tinta Caracas, Venezuela 1974. Obra de Basilio Hector Celestino
Hombre vale. 55 x 51 - Tinta Caracas, Venezuela 1974.Obra de Basilio Hector Celestino
Los premios - tinta- 82 x 63 cms. Caracas 1975. Obra de Basilio Hector Celestino
sin titulo 56 x 44 cm. Caracas. 1973. Obra de Basilio Hector Celestino
sin titulo Serie Los Rojos -acrilico-70 x 84cms. Caracas 1974. Obra de Basilio Hector Celestino
El último Serie Los Rojos -acrilico-98 x 70 cms. Caracas 1976. Obra de Basilio Hector Celestino
Desayuno del motorizado -acrilico- 47 x 63 cms. Caracas 1975. Obra de Basilio Hector Celestino
Chica en cabina telefonica -tinta y acuarela- 41 x 45 cms. Caracas 1975.Obra de Basilio Hector Celestino

Fuentes:
Biografia extractada del libro "Celestino" de Paula Celestino Ayala. Texto Biográfico: Gustavo Valle. Dirección: Pelusa Borthwick / Coordinación general y compilación: Paula Celestino Ayala / Texto Biográfico: Gustavo Valle / Fotografía y restauración digital de obras: Ariel Vilches / Diseño: Daniel Wolkowicz / Corrección: Valeria Sorín. Wolkowicz Editores 2019. ISBN 978-987-4117-31-1.https://drive.google.com/file/d/16KjvVSEuwYU1fub7HJjEqz3TamO3xaCv/view
Charlas e imagenes con la hija del artista Paula Celestino Ayala.
Sitio oficial del Basilio Celestino
https://www.basiliocelestino.com/ 
“Enciclopedia del Arte en América” Tomo I: colaboración en Biografías: Héctor Adolfo Cordero, Nina de Kalada, Manuel Villar.  Impresión: Bibliográfica OMEBA. 10 de Enero de 1969, Buenos Aires.
Biografía de Basilio Hector Celestino. Del sitio www.arte-on line.net https://www.arte-online.net/Artistas/Celestino_Basilio_Hector/(section)/Biografia
“Diccionario de Artístas Plásticos de la Argentina” (Pág. 84).  Autor: Adrián Merlino.  Impresión: Buenos Aires, 1954.
“80 Años de Pintura Argentina del pre-impresionismo a la novísima figuración”.  Autor: Córdoba Iturburu.
“Enciclopedia del Arte en América”.  Autor: Vicente Gesualdo y colab.. Omeba 1968.
Yo soy el que encontró. Exposición en Buenos Aires. Argentina.
https://www.arteinformado.com/agenda/f/yo-soy-el-que-encontro-96383