miércoles, 23 de febrero de 2011

PLAYA DE LOS INGLESES

Se encuentra ubicada sobre el Boulevard Peralta Ramos y Avenida Colón en una bahía curva, artificial, formada por dos largas escolleras de piedra entre el Torreón del Monje y el Cabo Corrientes.
“Playa Saint James – Luego Playa de Los Ingleses – Hoy Varese – Vemos el incipiente camino desde La Torre Belvedere (Torreón)”. Enviada por Jorge Redondo a Fotos de Familia - Diario La Capital
Niños jugando en las rocas de la playa Saint James,c.1900Sociedad de Fotografos Aficionados,AGN. Foto enviada poor Ignacio Iriarte a Fotos de Familia

Las primeras referencias se remontan a 1890, cuando era llamada la Playa de los Ingleses, un circuito de construcciones de madera donde veraneaban los turistas miembros de la clase alta porteña.

Playa de los Ingleses,1913. Enviada por Ignacio Iriarte a Fotos de Familia del Diario La Capital

El antiguo nombre de la playa tuvo su origen en la odisea vivida por un grupo de marinos británicos a mediados del siglo XVII, miembros de la flota del Almirante Anson, cuyo país se enfrentaba en aquellos días con el Imperio español en la denominada Guerra de la oreja de Jenkins. Los marinos naufragaron con la fragata HMS Wager cerca de Chiloe, pero se las arreglaron para construir una pequeña balandra, la Speedwell, con los restos de la embarcación y con ella doblar el cabo de Hornos.
Playa de los Ingleses en 1890 - Foto extraida de la Revista Toledo con Todos

Tras varias peripecias, ocho de ellos fueron abandonados en lo que se cree es hoy la zona norte del Cabo Corrientes, es decir, Playa Varese. Dos fueron muertos por una partida de aborígenes, cuatro terminaron prisioneros de los españoles en Buenos Aires y los dos restantes fueron, se presume, llevados como cautivos de los tehuelches a la Patagonia.

Playa de los Ingleses 1909 - Foto de Enrique Palacio
La Familia Varese fue la propietaria del Hotel Centenario construido a principios del siglo XX en la ladera de la loma que da a la playa; hasta finales de la década de 1970 se levantaba en ese lugar un conjunto de construcciones pintorescas, incluido un arco de piedra sobre el boulevard (hoy Paseo Jesús de Galíndez). Curiosamente, tras la demolición del complejo, la playa tomó el nombre de los propietarios del antiguo hotel. Pocos años después, la Guerra de las Malvinas terminó de imponer el nuevo apelativo. La construcción de escolleras tipo T en los '80 y el refulado de 1999 permitió que la playa recuperase una porción importante de arena.


Fuente: Wikipedia -extraido de Diario Clarin - fecha 8-2-04 - Sociedad.

Playa de los Ingleses 1890 - Foto de Enrique Palacio


Playa de los Ingleses 1901 - Foto de Jose Lago
Playa de los Ingleses - Hotel Saint James 1924 -Foto de Jose Lago
El hotel Saint James en Playa de los Ingleses (hoy Varese). Año 1920. Foto del album de Beryl Catherine Mackintosh compartida por su nieto, Federico Morgan.

Playa de los Ingleses 1901 - Foto de Carlos Ada
Playa de los Ingleses 1915 - Foto de Rodolfo Durrosier

Playa de los Ingleses 1909 - Foto de Marcelo Souza

Playa de los Ingleses 1909 - Foto de Rodolfo Durrosier
Playa de los Ingleses 1922 - Hotel Bella Vista - Foto de Carlos Ada
Playa de los Ingleses 1920 - Hotel Bella Vista - Foto Enrique Palacio
Playa de los Ingleses 1920 - Hotel Centenario de Luis Varese . Foto de Jose Lago

Playa de los Ingleses -1920  Hotel Centenario de Luis Varese . Foto de Nilda Lago

Playa de los Ingleses - Hotel Centenario de Luis Varese . Foto de Enrique Palacio
Playa de los Ingleses 1930 - Foto de Maria Teresa Berretoni y M. Luisa Angelucci

Playa de los Ingleses 1920- Hotel Centenario de Luis Varese . Foto de Jose Lago
Playa de los Ingleses - 1930 Hotel Centenario . Foto de Jose Lago
Playa de los Ingleses - 1920 . Foto de Jose Lago
Playa de los Ingleses - 1939 Hotel Bella Vista . Foto de Jose Lago
Playa de los Ingleses - 1950 - vista desde el hotel Bella Vista . Foto de Marcelo Souza
Aérea de Varese 1960 - Foto de Nestor Sendra



PLAYA DE LOS INGLESES - LA VERDADERA HISTORIA

Existen varios escritos que confirman la llegada de ocho ingleses a la ciudad de Mar del Plata mucho antes de la llegada de los jesuitas y de Coelho de Meyrelles. Estos navegantes pusieron su pie en Cabo Corrientes (hoy llamada Playa Varese) un 12 de enero de 1742 confirmando que estos hombres fueron los primeros conocidos en llegar a nuestras tierras y vivir en ellas. Recuerden que los jesuitas arribaron en noviembre de 1746 a la denominada Laguna de las Cabrillas (hoy Laguna de los Padres) y fundan la Reducción de Nuestra Señora del Pilar. Pasaré a transcribir los referidos escritos para que de esta manera saquen Uds, sus propias conclusiones sobre quienes fueron los primeros habitantes del lugar.

En Playa Varese, escuché a un padre decirle a su hijo: “Esta playa antes se llamaba Playa de los Ingleses porque, en las épocas en las que esta era una parte muy exclusiva de la ciudad, venían los ingleses a darse baños de mar. Incluso hubo unos ingleses que quisieron hacer un hotel que jamás se terminó….” Esa idea es errónea, aunque generalizada. Pero los hechos fueron estos:

El almirantazgo inglés, el 18-9-1740, dispuso la salida de una escuadra con 6 unidades, a cargo del comodoro Anson, con rumbo al Pacífico. Las naves iban armadas en corso, y según lo aseguró Isaac Morris que era guardiamarina y tripulante del Wager,el motivo era volver convertidos en Cresos, pues el objetivo principal era saquear las colonias españolas del occidente de America del Sur. En la dotación del Wager, entre otros viajaron Guy Broadwater, Samuel Cooper, Benjamín Smith, John Duck, Joshua Clinch, John Allen e Isaac Morrris.

La nave mencionada al doblar en Cabo de Hornos en la madrugada del 14-5-1741, encalló en una sirte o restinga frente a desolados cantiles de aquella ribera, cerca de una isla, a 200 millas de Chile. Del naufragio se salvaron los botes, todo su malotaje, armamentos, algunos víveres, la campana de bronce, etc. La isla les sirvió de refugio. Utilizaron maderas para levantar 18 viviendas, y repararon embarcaciones. En el lugar había habitantes indígenas pacíficos, los que además le proporcionaron alimentos.

Entre los náufragos figuraba el capitán Cheap, quien en una discusión hirió de un pistoletazo al oficial Cozens, quien murió por haberse Cheap negado auxiliarlo, el mencionado capitán era catalogado como cruel y desalmado, quien además con amenazas quería que se tomara la determinación de ir al puerto mas cercano de Chile o volver al Estrecho de Magallanes. Pero el 2do. comandante de la nave, capitán Pemberton, un sargento de brigada y el carpintero de a bordo encabezaron una sublevación, consiguiendo despojar de todo poder al referido capitán Cheap, que además le perdonaron la vida, al no ejecutarlo.

Luego el carpintero llamado Cummius, organizó un especie de astillero, que luego de 5 meses de mucho trabajo, consiguió transformar la lancha en una goleta, que fue bautizada Speelwell; que era de 23 Tn, 18 mts. de eslora y 5 pies de calado. En esta nave, en el bote del Wager y en la falùa, se embarcaron 81 amotinados. El referido bote luego se estrelló en las restingas y arrecifes de los canales fueguinos, y por consiguiente sus tripulantes pasaron a la nave mayor, cuyos tripulantes ya eran 59.

En el diario de navegación escrito por Bulkeley, figura que ante la imposibilidad de seguir con tanta gente se obligó a descender a 12 hombres, en un paraje árido de la costa patagónica sudeste. Pasando muchas penurias, tardaron 3 meses y medio para llegar a Río Grande do Sur, llegando solo 30 tripulantes de 81. Pasar por el estrecho demoró 30 días, y cuando estaban cercanos a Río Gallegos, observaron en tierra cerca de 20 jinetes que les hacían señas, pero debido a la marejada y el viento les fue imposible desembarcar. Esa gente que vieron era del resto de una expedición conocida por la de Sebastian Arguello, enviado a expensas del Obispo Plasencia del reinado de Carlos V. Posteriormente la goleta consiguió entrar en Puerto Deseado, reabasteciéndose de víveres y luego se hizo de nuevo a la mar, alejándose de la costa hasta que después de 16 días volvió a la costa de nuestro país.

Lo primero que avistaron fue Barranca de los Lobos, entre Miramar y Mar del Plata, cuya altura media es más de 30 mts. Enseguida Punta Mogotes, una meseta sin vegetación, que termina en una restinga de arena con piedras que se extiende a 3.000 mts. al sud sudoeste con fondos irregulares de 2,2 mts. hasta 4,6 mts. Los medanos o dunas que la circundan semejan, vistos a la distancia, parvas de paja. En el mismo lugar, peligroso para navegar, naufragó años después el Pailebot argentino Ángela María, los vapores Lady Tanis y Omeside (ingleses), Wangard (alemán) y el Mendoza de bandera nacional.

Los tripulantes del Speedwell a 5 millas de Punta Mogotes, notaron el braceaje cerca de otra restinga. Prudentemente la dejaron a su izquierda, para sortear el peligro, y al buscar de nuevo la costa encuentran Cabo Corrientes, situado al extremo sudeste de una cadena de colinas del sistema orográfico Sierras del Vulcán que en su desarrollo se dirigen de oeste a este terminando en un promontorio de 44 mts.  con tiempo bueno se ven desde lejos 3 cadenas de collados que afectan en forma de cuña, disminuyendo gradualmente hasta terminar en el mar, formando costa de piedra acantilada y limpia.

El 12-1-1742 echan ancla frente  a la hoy Mar del Plata, denominando a la actual bahía Brístol con el nombre “Bahía del Bajío”, por haber coincidido la llegada con una bajamar. Desarrollaron la baderna para atar una balsa improvisada, que sirvió para desembarcar parte de los tripulantes, llevando además, armas, implementos para pescar etc. El cronista Bulkeley, elogia los encantos del lugar, llamándola “...tierra agradable y deliciosa…” La gran cantidad de lobos marinos, caballos salvajes, perros cimarrones, cerdos montaraces o pecarís, les llamó la atención.

Al pretender volver a la nave, no pudieron hacerlo por estar el viento al sudeste, con horizonte sucio, arbolando mar gruesa, temible por su violencia en esta costa. Y luego viene lo inconcebible. La goleta levó anclas y se alejó del fondeadero, perdiéndose de vista, quedando los hombres que se hallaban en tierra esperando inútilmente el regreso de la nave. Era evidente la intención de abandonarlos. Dijo uno de ellos:

“Este golpe inesperado, se mostraba claramente en nuestro gesto. Nos encontrábamos en una parte del mundo, salvaje y desolada; fatigados, enfermos y desprovistos de víveres. Cierto es que teníamos armas y municiones y que mientras duraron hicimos un satisfactorio esfuerzo para vivir.

El lugar habitado mas cerca de que teníamos noticias, era Buenos Aires a una 300 millas al noroeste pero estábamos por el momento en muy pobre condición para emprender tan azaroso viaje”.

No tuvieron mas remedio que encarar la situación de la mejor forma posible; por lo tanto construyeron un refugio al pie de la barranca de lo que fue luego el Paseo General Paz excavando una de las tantas cavernas naturales que había en el lugar, cuya formación de arcilla arenosa lo permitía. A pocos metros tenían un ojo de agua dulce, al que aluden en el relato y que existió en el ángulo lindero de la Plaza Colón, hasta que  dio comienzo el relleno del Paseo General Paz.

Para alimentarse, se dedicaban a la pesca y a cazar pecaríes, empleando el resalto. Los hombres que quedaron confinados intentaron 2 veces llegar a Buenos Aires sin éxito, luego de haber recorrido un tercio del camino, retornando desanimados por no conocer el terreno. Una tarde al regresar de una de sus acostumbradas excursiones cinegéticas por los alrededores, encontraron que la caverna había sido saqueada y además había 2 compañeros muertos; esos asesinatos fueron adjudicados a los indios, pero era sugerente que coincidiera con la desaparición de Clinch y Allen, que es lo que sostiene Saenz Quesada, pensando que ellos se apoderaron de todo y huyeron.

Los cuatro sobrevivientes: Isaac Morris, Samuel Cooper, John Andrews y John Duck, decidieron retirarse del lugar y se dirigieron hacia el noroeste en línea paralela a la costa. Segùn Joseph Sanchez Labrador, cuatro de los ocho náufragos fueron muertos por los nativos del lugar, y otros cuatro llevados cautivos a sus aduares.

Tres de ellos, Morris, Cooper y Andrews, años después fueron rescatados por el buque negrero ingles, residente  de Buenos Aires, llamado Grey y los mismos fueron destinados al buque inglés Asia que estaba en el puerto de Montevideo. John Duck, fue vendido como esclavo a un acaudalado del norte de Buenos Aires.

Fuente:
Julio Cesar Gascón / El naufragio del “Wager”



“EL SPEEDWELL, UNA AVENTURA INCREIBLE” por Manuel Torrado

En octubre de 1739 Inglaterra le declaró a España la Guerra de la Oreja de Jenkins. La causa del conflicto, con ese nombre tan singular, se originó en la Florida, cuando el Capitán español Juan León Fandiño interceptó al Rebecca al mando de Robert Jenkins que, vale señalar, no andaba por ahí haciendo turismo. Como castigo, le cortó una oreja y le dejó este mensaje: Ve y dile a tu Rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”. Jenkins fue a contarlo todo a Inglaterra, con sus capacidades auditivas algo disminuidas, dando pie a transformar las incursiones en una verdadera guerra cuyo objetivo primario fue la deseada Cartagena de Indias, polo de la riqueza colonial española…y todo otro mar en el que se pudiera saquear a los españoles. Bajamos de la Florida a Cartagena y muy pronto llegaremos a latitudes conocidas:

El Almirante George Anson estaba al mando de una flota durante la Guerra de la Oreja de Jenkins. Su destino era el Océano Pacífico. Dentro de la flota se encontraba la Wager, fragata de 37 m. de eslora, 559 toneladas de desplazamiento y una tripulación de 160 hombres.

El 14 de mayo de 1741,a causa de un temporal, la fragata se separó de la flota y naufragó en el Golfo de Penas dentro del archipiélago chileno de Guayaneco (actual Isla Wager). La situación de la tripulación fue realmente caótica y penosa, al punto de que no se pudo evitar un motín. Un grupo de insurrectos construyó el Speedwell con restos del Wager.

Eran 71 rebeldes que, a fuerza de coraje, hicieron rumbo al Estrecho de Magallanes pensando en volver a Inglaterra por el Atlántico. Pero para algunos de ellos, el viaje terminaría en la actual Mar del Plata. El Speedwell fue construido en cinco meses. Aparejado como goleta, su eslora no excedía los 18 m. y su peso rondaba las 20 toneladas Las condiciones del viaje fueron durísimas, así como la vida a bordo, por el hambre, el frío y la falta de espacio. Se sabe que una docena de los insurrectos iba embarcada en un bote auxiliar a remolque del Speedwell.

El bote fue librado a su suerte al llegar a nuestras costas Patagónicas. Nunca más se supo nada de esos hombres. En las cercanías de Puerto Deseado pudieron reabastecerse de agua y cazar lobos marinos. Sólo quedaban 43 hombres de los cuales sólo 15 podían mantenerse en pie. Luego de 20 interminables días de navegación llegaron a la zona del actual Cabo Corrientes. El diario de a bordo dice:

 “Nos enajenamos de alegría al ver una tierra agradable y deliciosa. No teníamos nada que comer mas que foca hedionda……”.

El 10 de Enero de 1742 el Speedwell echó anclas a ocho brazas de agua. Al día siguiente desembarcaron. Si una máquina del tiempo los hubiera trasladado hacia el futuro se habrían encontrado rodeados de cientos de miles de personas absortas. Pero ese día, allí, no había nadie; sólo caballos y perros cimarrones. Con el barco más cerca de la costa, los 14 que aún podían nadar se arrojaron al agua: uno se ahogó. Quedaban 13 hombres en condiciones de conseguir alimento y agua, así lo hicieron.

Una vez obtenidas las provisiones el grupo de tierra se dividió. Se asignó a 5 la tarea de llevar algunos víveres a bordo del Speedwell: Isaac Morris, Guy Broadwater, Samuel Cooper, Benjamín Smith, John Duck, Joseph Clinchi, John Andrews y John Allen. Cuando desde la costa vieron, sorprendidos, que el Speedwell se alejaba no sospecharon que ellos iban a ser, por años, los ingleses que le dieron nombre a esa Playa.

En efecto, ante la mirada asombrada de los 8 valientes hombres, el Speedwell se fue. Para no mortificarlos les arrojaron algunas de las provisiones obtenidas y una carta que decía que el tenedero se les había puesto imposible y que volverían en cuanto fuera posible. Eso jamás ocurrió las cosas se le presentaban mucho peor a los ocho ingleses porque, además, ellos también podían ser el alimento de algún animal o las víctimas de las tribus de indios de la zona, nada amistosas.

Lo cierto es que pudieron armar una elemental “guarida”. Comenzaron comiendo armadillos, algas y chanchos salvajes, a los que, finalmente, llegaron a domesticar y criar. Algunos perros cimarrones se unieron a esta curiosa comunidad. Su hábitat fue la Playa… la Playa de los Ingleses ubicada en la orilla de una inmensa soledad.

Los registros en el diario de Isaac Morris detallan situaciones increíblemente complicadas. Entrada la primavera de 1742, cuando planeaban un nuevo intento de llegar a Buenos Aires, en donde pensaban entregarse a las autoridades españolas y terminar con su calvario, la desgracia ensombreció el razonable equilibrio que habían conseguido, Morris y Duck, al regresar de una excursión de caza, encontraron degollados a Broadwater y Smith.

Por su parte Clinch y Allen habían desaparecido. Ante estas terribles circunstancias Morris, Cooper, Duck y Andrews, se sintieron empujados a emprender el proyectado camino a Buenos Aires. Partieron seguidos de algunos perros y un par de chanchos. Por lo que se sabe siguieron la costa, pasando por todos los futuros balnearios tan poblados hoy en día serian Pinamar, Villa Gesell, San Bernardo, etc., hasta que los detuvieron los cangrejales de Sanborombóm.

Entonces, aunque parezca increíble, volvieron a Mar del Plata. En el camino de regreso, a un año de haber llegado a nuestras costas, fueron tomados como prisioneros de la tribu del cacique Cangapol quien, después de tenerlos prisioneros por un tiempo, los vendió y así fueron pasando de mano en mano. Duck, de raza negra, terminó vendido como esclavo cerca de Córdoba.

Morris recién pudo embarcar hacia Londres el 28 de abril de 1746, previo paso por Montevideo. De los otros dos no hay detalles certeros. Curiosamente en noviembre de 1746 se produjo el primer asentamiento cerca de Mar del Plata. Los jesuitas José Cardiel, Tomás Falkner, Matías Strobel, Gerónimo Rejón y Manuel Querini llegan a la “Laguna de las Cabrillas” hoy Laguna de los Padres en su recuerdo, y fundan la Misión de Nuestra Señora del Pilar.


Nota: Del libro “Una Narración Fiel de Peligros y Desventuras que Sobrellevo Isaac Morris” (Ed.Taurus /Alfaguara 2004) es referente al relato original de Isaac Morris sobre esta aventura. Fuente: Manuel Torrado

EL NAUFRAGIO DEL “WAGER” -  por Julio Cesar Gascón

Cuando vayan a Mar del Plata y pasen por Playa Varese recuerden que ese lugar, originalmente y por muchos años, se llamó Playa de los Ingleses. Sepan y hagan saber que esa denominación no tuvo por objetivo conmemorar la descansada vida de un grupo de turistas ingleses, sino recordar a un grupo de 8 hombres de mar valientes y sacrificados. A nosotros, como navegantes, nos cuesta muy poco entender la dimensión del esfuerzo que realizaron por sobrevivir.

Debajo de la imagen despreocupada y masiva de Mar del Plata se esconde una ciudad marítima con una historia riquísima. No es la masa boba de turistas lo que corre por las venas de esos acantilados ni lo que traza esa singular orografía, subterráneamente emparentada con nuestra querida costa uruguaya. Ese mar que baña sus costas no se detiene ante nada. Mar del Plata ha sido el escenario de una maravillosa novela que enlaza, desde todos los tiempos, la pasión de misioneros, emprendedores, pioneros, aventureros, pescadores, artista. Trasmitan este relato:

El almirantazgo inglés, el 18-9-1740, dispuso la salida de una escuadra con 6 unidades, a cargo del comodoro Anson, con rumbo al Pacifico. Las naves iban armadas en corso, y según lo aseguró Isaac Morris que era guardiamarina y tripulante del Wager, el motivo era volver convertidos en Cresos, pues el objetivo principal era saquear las colonias españolas del occidente de America del Sur.

En la dotación del Wager, entre otros viajaron Guy Broadwater, Samuel Cooper, Benjamin Smith, John Duck; Joshua Clinch, John Allen e Isaac Morrris. La nave mencionada al doblar en Cabo de Hornos en la madrugada del 14-5-1741, encalló en una sirte o restinga frente a desolados cantiles de aquella ribera, cerca de una isla, a 200 millas de Chile. Del naufragio se salvaron los botes, todo su malotaje, armamentos, algunos víveres, la campana de bronce etc.

La isla les sirvió de refugio. Utilizaron maderas para levantar 18 viviendas, y repararon embarcaciones. En el lugar había habitantes indígenas pacíficos, los que además le proporcionaron alimentos. Entre los náufragos figuraba el capitán Cheap, quien en una discusión hirió de un pistoletazo al oficial Cozens, quien murió por haberse Cheap negado auxiliarlo; el mencionado capitán era catalogado como cruel y desalmado, quien además con amenazas quería que se tomara la determinación de ir al puerto mas cercano de Chile o volver al Estrecho de Magallanes.

Pero el segundo comandante de la nave, capitán Pemberton, un sargento de brigada y el carpintero de a bordo encabezaron una sublevación, consiguiendo despojar de todo poder al referido capitán Cheap, que además le perdonaron la vida, al no ejecutarlo. Luego el carpintero llamado Cummius, organizó un especie de astillero, que luego de 5 meses de mucho trabajo, consiguió transformar la lancha en una goleta, que fue bautizada Speelwell, que era de 23 Tn.18 mts. de eslora y 5 pies de calado. En esta nave, en el bote del Wager y en la falúa, se embarcaron 81 amotinados. El referido bote luego se estrelló en las restingas y arrecifes de los canales fueguinos, y por consiguiente sus tripulantes pasaron a la nave mayor, cuyos tripulantes ya eran 59.

En el diario de navegación escrito por Bulkeley, figura que ante la imposibilidad de seguir con tanta gente se obligo a descender a 12 hombres, en un paraje árido de la costa patagónica S.E. Pasando muchas penurias, tardaron 3 meses y medio para llegar a Rió Grande do Sur, llegando solo 30 tripulantes de 81.

Pasar por el estrecho demoró 30 días, y cuando estaban cercanos a Río Gallegos, observaron en tierra cerca de 20 jinetes que les hacían señas, pero debido a la marejada y el viento les fue imposible desembarcar. Esa gente que vieron era del resto de una expedición conocida por la de Sebastián Arguello, enviado a expensas del Obispo Plasencia del reinado de Carlos V.

Posteriormente la goleta consiguió entrar en país. Lo primero que avistaron fue Barranca de los Lobos, entre Miramar y Mar del Plata, cuya altura media es mas de 30 mts. Puerto Deseado, reabasteciéndose de víveres y luego se hizo de nuevo a la mar, alejándose de la costa hasta que después de 16 días volvió a la costa de nuestro

Enseguida Punta Mogotes, una meseta sin vegetación, que termina en una restinga de arena con piedras que se extiende a 3.000 mts. al S.S.E. con fondos irregulares de 2,2 mts. hasta 4,6 mts. Los medanos o dunas que la circundan semejan, vistos a la distancia, parvas de paja. En el mismo lugar, peligroso para navegar, naufragaron años después el pailebot argentino Ángela María, los vapores Lady Tanis y Omeside (ingleses) el Wangard (alemán) y el Mendoza de bandera nacional.

Los tripulantes del Speedwell a 5 millas de Punta Mogotes, notaron el braceaje cerca de otra restinga. Prudentemente la dejaron a su izquierda, para sortear el peligro, y al buscar de nuevo la costa encuentran Cabo Corrientes, situado al extremo S.E. de una cadena de colinas del sistema orográfico Sierras del Vulcán que en su desarrollo se dirigen de O.E. terminando en un promontorio de 44 mts. con tiempo bueno se ven desde lejos tres cadenas de collados que afectan en forma de cuña disminuyendo gradualmente hasta terminar en el mar, formando una costa de piedra acantilada y limpia.

El 12-1-1742 echan ancla frente a la hoy Mar del Plata, denominando a la actual bahía Brístol como “Bahía del Bajío”, por haber coincidido la llegada con una bajamar. Desarrollaron la baderna para atar una balsa improvisada, que sirvió para desembarcar parte de los tripulantes, llevando además, armas, implementos para pescar etc. El cronista Bulkeley, elogia los encantos del lugar llamándolo “Tierra agradable y deliciosa…” La gran cantidad de lobos marinos, caballos salvajes, perros cimarrones, cerdos montaraces o pecarís, les llamó la atención.

Al pretender volver a la nave, no pudieron hacerlo por estar el viento al S.E. con horizonte sucio, arbolando mar gruesa, temible por su violencia en estas costas. Y luego viene lo inconcebible. La Goleta levo anclas y se alejo del fondeadero, perdiéndose de vista y quedando los hombres que se hallaban en tierra esperando inútilmente el regreso de la nave. Era evidente la intención de abandonarlos. Dijo uno de ellos:

“Este golpe inesperado, se mostraba claramente en nuestro gesto. Nos encontrábamos en una parte del mundo, salvaje y desolada; fatigados, enfermos y desprovistos de víveres. Cierto es que teníamos armas y municiones y que mientras duraron hicimos un satisfactorio esfuerzo para vivir. El lugar habitado mas cerca de que teníamos noticias, era Buenos Aires a una 300 millas al N.O. pero estábamos por el momento en muy pobre condición para emprender tan azaroso viaje”.

No tuvieron mas remedio que encarar la situación de la mejor forma posible; por lo tanto construyeron un refugio al pie de la barranca de lo que fue luego el Paseo General Paz, excavando una de las tantas cavernas naturales que había en el lugar, cuya formación de arcilla arenosa lo permitía. A pocos metros tenían un ojo de agua dulce, al que aluden en el relato y que existió en el ángulo lindero de la Plaza Colón, hasta que se dio comienzo el relleno del Paseo General Paz.

Para alimentarse, se dedicaban la pesca y a cazar pecaríes, empleando el resalto. Los hombres que quedaron confinados intentaron 2 veces llegar a Buenos Aires sin éxito, luego de haber recorrido un tercio del camino, retornando desanimados por no conocer el terreno. Una tarde al regresar de una de sus acostumbradas excursiones de caza por los alrededores, encontraron que la caverna había sido saqueada y además había 2 compañeros muertos, esos asesinatos fueron adjudicados a los indios, pero era sugerente que coincidiera con la desaparición de Clinch y Allen, que es lo que sostiene Saenz Quesada, pensando que ellos se apoderaron de todo y huyeron. Los 4 sobrevivientes: Isaac Morris, Samuel Cooper; John Andrews y John Duck, decidieron retirarse del lugar y se dirigieron hacia el N.O. en línea paralela a la costa. Según Joseph Sanchez Labrador,4 de los 8 náufragos fueron muertos por los nativos del lugar, y otros 4 llevados cautivos a sus aduares.

Tres de ellos, Morris, Cooper y Andrews, años después fueron rescatados por el buque negrero ingles residente en Buenos Aires, llamado Grey y los mismos fueron destinados mas tarde al buque ingles Asia, que estaba en el puerto de Montevideo. John Duck, fue vendido como esclavo a un acaudalado del norte de Buenos Aires.

Fuente:
Julio Cèsar Gascòn / El naufragio del “Wager”

CAÑONES DE LA “WAGER” UN HALLAZGO FORMIDABLE PARA LA ARQUEOLOGIA HISTÓRICA EN EL GOLFO DE PENAS

Un hallazgo formidable para la arqueologí​a histórica del golfo de Penas. El pescador natalino, Oscar Pedreros, tiene el mérito de haber encontrado los cañones de la fragata Wager en un rincón impensado de las numerosas islas que rodean el Golfo de Penas. No fue un encuentro casual, pues desde hace muchos años, en nuestras conversaciones, el tema de los restos de los cañones era recurrente. Me informaba que al pasar cerca del golfo, en sus labores de extracción de erizos o locos, se daba un tiempo para husmear en las islas Guayanecos, y encontrar lo que hoy, con justa razón, Pedreros llama su tesoro.

Por las fotografías a las cuales he tenido acceso, en el lugar encontrado, deberían estar todos los cañones por recuperar de la fragata inglesa hundida en el año 1741.El hecho de ubicarse muy lejos de donde se produjo el naufragio, plantea una interrogante a resolver. Es posible que los restos del barco siniestrado hayan sido llevados a este nuevo sitio, ahora arqueológico, por la fuerza de una poderosa y persistente marea.

Hasta puede ser el oleaje de un tsunami que llegó a las costas del golfo. Pero desde ahora en adelante tendrán la palabra quienes saben de arqueología y mareas. Nos quedamos con la sensación agradable, de ver como una parte de nuestro territorio, cobra vida para quienes nos visitan. Nuestros turismo necesita contar la historia de estos paisajes, donde se ha impuesto el máximo sacrificio humano, para hacerlo accesible a las generaciones futuras.

Breve historia de un naufragio

La fragata Wager, había sido construida en el año 1734. Era una fragata de tres palos, tenía 37 metros de proa a popa, estaba diseñada para el transporte de mercadería y pasajeros. Sus viajes estaban dirigidos para llegar a las Indias Orientales. Por lo tanto, cuando Lord Anson, inició las acciones para armar una escuadra que viniera a disputar el poder naval a los españoles, eligió la Wager como un buen buque almacén. Traería aparejos, pertrechos, artillería, municiones y herramientas. Sería fundamental para el apoyo de las operaciones militares.

La idea era navegar hasta el Cabo de Hornos, para ingresar al Pacifico por el sur del continente y dar cuenta de todos los asentamientos españoles. El primero en caer sería el puerto de Valdivia de acuerdo a los planes de Anson. La nave insignia de la flota invasora inglesa era el Centurión, donde viajaba el almirante; la agrupación la completaban otros dos poderosos navíos: el Gloucester y el Savern con tripulaciones de 300 y 400 hombres respectivamente. Cerraban la formación inglesa dos fragatas, Pearl y nuestra conocida Wager, además del Tryal, un barco más pequeño con sólo ocho cañones.

La fragata del guardiamarina Byron, contaba con una dotación de 160 hombres, la mayoría según nuestro personaje, sacados a última hora desde el hospital de Chelsea. Eran soldados y marinos recuperándose de heridas de guerra, que fueron forzados a integrar la gloriosa escuadra, enviada por la corona para la vil misión de piratear en las colonias españolas del Pacífico.

Proa al sur

Cuando la corona de España tuvo conocimiento del zarpe de la emblemática escuadra del almirante Anson, improvisó una formación de naves al mando del general José Pizarro, que contaba de 5 naves tan dotadas como las inglesas que ya avanzaban hacia el Cabo de Hornos.

Los peninsulares, llegaron al escabroso paso oceánico, el último día de febrero de 1741, debiendo enfrentar al peor enemigo en cosas del mar, un violento temporal, que dispersó los barcos. Los días siguientes fueron trágicos para la flota española. El Hermione con 54 cañones y 450 hombres se perdió en aquellos mares tormentosos. Nunca se supo las circunstancias de su destino final. La lectura de la suerte sufrida por este conglomerado de 3000 hombres del mar es espeluznante. Debieron regresar al Río de la Plata, diezmados por el escorbuto, el hambre y el desaliento. Después de 5 años de la partida, sólo el navío Asia, regresó a España con una dotación mínima de tripulantes en condiciones de navegar. El paso azaroso por el Cabo de Hornos, también fue dramático para la escuadra inglesa, que marchaba a pocos días más delante que sus perseguidores.

La bitácora del Centurión registra tempestades endemoniadas no sólo en el paso hacia el Pacífico, si no además entre éste y las costas de Chiloé. El día 23 de mayo sufrieron un temporal que les rompió las velas, no eran olas las que se venían encima, eran montañas de agua que reventaban en el costado a estribor.

Destino final, el Golfo de Penas

La fragata Wager  venía con dificultades para maniobrar desde el Cabo de Hornos. El capitán Cheap, trataba de llevarla hacia mar abierto, pero debió navegar teniendo a la vista, los estruendosos rompientes del Mar del Sur sobre costas escarpadas y desmembradas. Con no más de 10 hombres en condiciones de navegar, la fragata herida se estrelló violentamente contra la costa norte de las Islas Guayanecos en la mañana del día 14 de Mayo de 1741.

El casco de la fragata se mantuvo a flote, apoyado en las mismas rocas en que había encallado, ya avanzadas las horas fue posible recuperar los víveres y su carga. Claro, que con muchas dificultades por el oleaje que seguía golpeando sin misericordia a aquellos angustiados náufragos. Tanto en el libro de John Byron como en el de Bulkeley, están reflejados los días de angustia de los sobrevivientes. Es tan inhóspito el lugar, que uno de los autores llega al exclamar: hemos conocido el punto más ingrato de todo el globo terrestre.

A las inclemencias del tiempo, se deben sumar las bajas pasiones humanas entre los sobrevivientes. Un grupo numeroso, se rebela contra la autoridad de Cheap, toma las mejores embarcaciones y parte importante de los víveres e inicia una larga navegación por el Estrecho de Magallanes, para llegar a las costas de Brasil. El pequeño grupo, fiel al capitán, entre los cuales está Byron, atraviesan el Golfo de Penas, para llegar a las cercanías del Istmo de Ofqui.

En ese lugar son apresados por naturales del lugar, los chonos y llevados los 4 sobrevivientes, en junio de 1742,ante las autoridades españolas establecidas en Castro. Después de una permanencia que demoró hasta que llegara el barco que hacía el recorrido entre el Callao y la Isla de Chiloé, fueron enviados a Valparaíso y posteriormente a Santiago, desde donde fueron liberados al año siguiente, cerrando con ello el capítulo en tierras chilenas de los náufragos ingleses.

Los cañones de la fragata “Wager”, una artillería perfecta

Tres años después del naufragio de la fragata Wager, el Gobernador de Chiloé envió en 1774,una expedición a buscar los restos del barco inglés,160 hombres a bordo de 11 piraguas partieron al sur, hacia las Islas Guayanecos; el mando le fue entregado a un alférez de infantería del fuerte de Calbuco, Mateo Abraham Edward. Por si encontraban indios para evangelizar, viajaba también el padre Pedro Flores sacerdote jesuita.

La misión duró 4 meses. Cronistas del viaje relatan que en las cercanías del sitio donde estaba el naufragio, aún había restos de tripulantes ingleses muertos. El lugar era fácilmente identificable por los navegantes que llegaban a la parte sur del Golfo de Penas. Un piadoso levantó una cruz en el lugar, el padre García lo sitúa entre la Isla San Pedro y el paso Runddle. Valga esta información, debido a que las últimas expediciones en 2008, no se han atrevido a fijar con certeza la ubicación.

Al regreso de la expedición de 1774, los navegantes llevaron ante el Gobernador de Chiloé, entre otras piezas,14 cañones del total de 28 de la dotación de la fragata inglesa, informa Edward que por lo incómodo de la piraguas no fue posible transportar 14 cañones, el fierro de lastre, cables etc.,habiendo dejado 2 en la playa, que privó de conducir por su tamaño. El Gobernador Martínez de Tineo comentará posteriormente no he visto artillería más perfecta por su delicada hechura. Desde el siglo XVI hasta mediados del siglo 19,no se registraron mayores diferencias en la fabricación de cañones. Estos eran de una sola pieza. Los navíos de guerra llevaban cañones fabricados de bronce, en tanto los mercantes, los usaban de fierro. En los barcos estaban montados en cureñas de madera.La pólvora y el proyectil se cargaban por la boca. El artillero lo disparaba usando una mecha encendida que comunicaba el fuego a través de un orificio ubicado en la culata.

La cinematografía ha sido muy prolífica en mostrar combates navales, incluso muchos señalan que los libros publicados sobre las aventuras de la flota de Lord Anson, inspiraron a Peter Wein, para mostrarnos a Russell Crowe como el audaz Capitán de Mar y Guerra.

El naufragio de la fragata Wager en la literatura

En el año 1768, después del regreso de largas navegaciones, John Byron se decide a escribir sobre su experiencia en los tormentosos mares del sur. Esta voluntad, nace al ver publicados en Inglaterra, los relatos de John Bulkeley sobre los acontecimientos que rodearon la desobediencia al capitán de la Wager, David Cheap, y la posterior navegación con un grupo de tripulantes por la ruta del Estrecho de Magallanes, para llegar hasta las costas de Brasil y luego ser llevados a Inglaterra.

Lo escrito por John Byron y John Burkeley forman parte del florecimiento de la llamada Colonial Library, dedicada a realzar las expansiones territoriales del Imperio Británico. Los comentarios literarios sobre El Naufragio de la Fragata Wager, señalan: es un libro que se caracteriza por el desaliño en el estilo y por la falta de orden y claridad en el exposición de los sucesos. Claro que en su tiempo, este libro,fue tanto o más leído que el mismísimo Robinson Crusoe. El mayor de su hijos es el padre del poeta inmortal, que dio forma en sus versos, a las más altas expresiones de la poesía inglesa del siglo XIX. Lord Byron recordaba siempre con predilección a su abuelo navegante.

La edición más conocida es la de las aventuras del jovencito Byron de apenas dieciocho años y el naufragio de la Wager; si no que además en su condición de prisionero de los españoles, entrega una visión atractiva por su descripción de la sociedad chilena del siglo XVIII. El grupo de cautivos, con el capitán David Cheap a la cabeza, tuvieron un trato deferente ,teniendo acceso a los salones donde se reunían los aristócratas coloniales en Chiloé, Valparaiso y Santiago.

La publicación, Encuentro de dos Mundos, cuyo editor es Diego Carabías Amor, investigador que el año 2008,estuvo en las islas del Golfo de Penas en la búsqueda de los restos del naufragio. En 2006,la editorial natalina Fiordo Azul, publicó la versión en inglés del libro. Ello, por la necesidad de ilustrar a los turistas que viajan entre Puerto Montt y Puerto Natales los hechos acaecidos en 1741 en las islas del Golfo de Penas.

Fuente:
Escrito por Ramón Arriagada – 2012 – Del sitio Radio Natales.com



“CHILOÉ – HISTORIA DE VIAJEROS” de Felipe Rodolfo Montiel Vera

Chiloé es la capitana de rutas australes, durante toda su historia lo ha demostrado. Siempre ha vivido frente al mar y no dándole la espalda como otras regiones, por eso su cultura es eminentemente marítima. Tantos sucesos, nombres, palabras, mitos relativos al mar derivados de los siglos anteriores que, constituyen un argot básico y común en la mayor parte de su población. Por eso, hablar de naufragios y náufragos es relativamente normal.

Sin embargo, uno de ellos, ocurrido en el siglo XVIII, quizás sea el más famoso del sur-austral y de consecuencias mundiales que se prolongan al presente. En efecto, en el año 1739 Inglaterra y España se declaran la guerra, inmerso en el contexto de lograr una hegemonía mundial a base de sus posesiones ultramarinas. El imperio inglés tenía dentro de sus proyectos incorporar territorios americanos y Chiloé fue escenario de un episodio de este conflicto.

Zarpó en 1740 del puerto de Portsmouth la expedición del almirante inglés Lord Anson; su escuadra estaba compuesta de 8 barcos y entre ellos venía la Wager de 28 cañones y 160 tripulantes. Viaje accidentado, en el Pacífico padecieron siete semanas de tormentas y otras circunstancias anómalas. La fragata en cuestión naufragó el 14 de mayo de 1741 en la costa norte del Archipiélago Guayaneco, al sur del Golfo de Penas, destrozándose contra los roqueríos y farellones.

Sus tripulantes se salvaron de milagro en medio de padecimientos indescriptibles;81 de los 92 sobrevivientes deciden volver al Atlántico en tres embarcaciones hechas con los restos de la Wager, lo que efectuaron el 13 de octubre. Una de las balsas mandada por el guardiamarina John Byron, en medio de las mayores dificultades, optó por dirigirse a Chiloé, donde arribaron sólo 4 sobrevivientes en Junio de 1742.

Fue el grupo de náufragos más famoso por las connotaciones que provocó en el Reino de Chile, América y España; además porque Byron sería abuelo del conocido poeta inglés del mismo nombre, quien dejó una excelente crónica relativa a su estadía en la Isla Grande, donde pondera la amable hospitalidad en Castro por más de seis meses y otros aspectos no exenta de prejuicios. Varias expediciones se despachan de Chiloé a recoger restos y elementos de la fragata, empero muchos quedan en el lugar por las dificultades del transporte.

Se dicta un bando, prohibiendo pasar por el sitio del naufragio, en tanto no se envíe una expedición para acabar de recoger los artilugios. Pasan los años, el hecho y lugar paulatinamente pierde importancia tras provocar gran revuelo político-militar; la ruta naviera normal en tiempos venideros no pasaba por allí, desdibujándose el entorno. Varios pilotos del siglo XIX y XX reconocen el sector, sin dar con el lugar preciso, convirtiéndose en un enigma incluso para nautas del presente. Sin embargo, en el verano del 1991 el arqueólogo norteamericano Charles Porter, mientras realizaba una investigación sobre los aborígenes Chono se adentró en su yate por Guayaneco, rastreando el lugar y redescubriendo el punto exacto del naufragio.

Tres siglos se revelaron ante la dicha del enigma resuelto y la esperanza de futuros estudios para la historia. Restos de clavos, loza, son algunos elementos encontrados más otros que pueden localizarse; empero nos relataba Porter que lamentablemente no existen en Chile organizaciones que se preocupen de estos hechos, con solvencia para sus investigaciones; manteniéndose la situación en reserva para evitar depredaciones.

Por ahora, es lo que se puede informar por razones obvias. Imprescindible creemos es la formación de un Museo Náutico u otra institución similar en nuestra región, enfocado netamente al pasado y presente marítimo, al existir una tradición ya formada en Chiloé, tomando el ejemplo de otros países, porque permite la continuidad e identidad histórica, pero también sería un imán turístico. Esperamos que la fragata Wager, con aquellos restos que aún se mantienen, puedan algún día ser redescubiertos en una digna exposición, especialmente cuando se prepara América a iniciar un nuevo siglo.

Fuente:
Felipe Rodolfo Montiel Vera – Profesor de Historia recopilado por A. Bernadez 1999.-


La fragata británica HMS Wager habría encallado entre dos grandes rocas ubicadas en la punta noroeste de la isla Wager, en la entrada del canal Runddle. La localización del sitio del naufragio de la Wager, además de contribuir al conocimiento y divulgación de la causa inmediata de los procesos de exploración y descubrimiento de la Patagonia occidental y de transculturación de la etnia Alacalufe que tuvieron lugar durante el siglo XVIII, también permitirá reconstruir una de las más notables sagas de la historia de la navegación, ampliamente divulgada hasta la actualidad en el relato de Richard Walter, cronista de la circunnavegación al globo de Lord Anson, y principalmente en las narraciones de John Byron, John Young, Alexander Campbell, Isaac Morris, John Bulkeley y John Cummins, todos sobrevivientes de la Wager.

Ejemplo de ello es la traducción al español y publicación en Argentina del relato de Morris en 2005.También el de Byron, por largo tiempo uno de los textos más populares del público británico, ha sido traducido a varios idiomas y continúa reeditándose.

La última edición en inglés fue publicada bajo el título “The Loss of the Wager” en 2004, a continuación del relato de Bulkeley y Cummins, y en 1996 se reeditó una versión en español con el título “Naufragio en las costas Patagónicas”. Este relato está incluido en la Colección UNESCO de obras representativas. La literatura moderna ha recogido esta aventurada odisea en obras como “Byron of the Wager” de Peter Shankland, y mas recientemente, en “The Unknown Shore” de Patrick O´Brian, trabajo histórico que constituye la base de las novelas de la exitosa serie Aubrey/Maturin, llevadas al cine en “Master and Commander -The Far Side of the World”.

Fuente:
A.Bernadez, compilador-2011


El tratado de Ultrech de 1713, que puso fin a la Guerra de Sucesión, dejó a España mutilada y a Inglaterra gananciosa por ciertas cláusulas marítimas y coloniales. Inglaterra había obtenido el privilegio de importar esclavos negros a las colonias españolas de América, y el libre tránsito de un barco de 500 toneladas, una vez al año, por esas mismas colonias.

Estos privilegios originaron abusos que debilitaron el comercio español en sus posesiones americanas. El contrabando inglés era en todas partes bien acogido y protegido. España trató de reprimirlo: tal fue la causa inmediata de que en el año 1739 Inglaterra y España se declararan la guerra, inmersos en el contexto de lograr una hegemonía mundial a base de sus posesiones ultramarinas. El imperio inglés tenía dentro de sus proyectos incorporar territorios americanos y la Patagonia Occidental fue escenario de un episodio de este conflicto.

Del puerto de Portsmouth zarpó en 1740 una escuadra alistada bajo las órdenes del comodoro Anson, con la misión de asestar un formidable golpe a la dominación que España mantenía sobre las costas del Pacífico. La escuadra de Anson se componía de los siguientes buques:

  • Centurion, de 64 cañones y 400 hombres de tripulación, con la insignia del comodoro.
  • Gloucester, a las órdenes del capitán Morris, de 50 cañones y 300 hombres.
  • Savern, al mando del capitán Lags, de 50 cañones y 300 hombres.
  • Fragata Pearl, al mando del capitán Mitchel, de 40 cañones y 250 hombres.
  • Fragata Wager, a las órdenes del capitán Kid, de 28 cañones y 170 hombres.
  • Trial, al mando del capitán Murray, de 8 cañones y 100 hombres.
  • Ana, de 8 cañones y 100 hombres.

Además iban embarcados 400 soldados de marina. La tropa de guarnición del Centurión constaba de 129 hombres. En persecución de aquella escuadra mal aparejada y abastecida, equipada con soldados sacados del hospital de Chelsea y con marineros gastados en la navegación de los mares de la India, el gobierno español despachó, a las órdenes del general José Pizarro, una escuadra compuesta de los siguientes buques:

  • Asia, de 64 cañones y 700 hombres de tripulación.
  • Guipúzcoa, de 64 cañones y 700 hombres.
  • Hermione, de 54 cañones y 500 hombres.
  • Esperanza, de 50 cañones y 450 hombres.
  • Fragata Esteban, de 40 cañones y 350 hombres.

Ambas escuadras arribaron casi simultáneamente y sin novedad a las alturas del cabo de Hornos a fines del mes de febrero de 1741.Pero desde que llegaron a los Mares del Sur comenzó para ellas una de las más grandes odiseas de que se conserva recuerdo en los anales de la navegación. Inmediatamente al oeste del cabo de Hornos la escuadra del general Pizarro fue asaltada por un violento temporal, que dispersó todos sus buques.

El día 7 de marzo de 1741 la escuadra enfrentó otro al noroeste del cabo, con tanta nieve que había constantemente medio metro de ella sobre cubierta. La furia del viento arrojó los buques hacia el este, y después de muchas tentativas infructuosas para avanzar lo perdido, a mediados de mayo los navíos Asia, Esperanza y San Esteban tuvieron que regresar al Río de la Plata. El Hermione encontró su fin en aquellos terribles mares, muriendo toda su tripulación.

El Guipúzcoa encalló y se perdió en las costas de Brasil. Las desgracias que sufrió esta escuadra fueron terribles. A un escorbuto destructor siguió un hambre cruel, siendo tal que se vendía cada galleta por 50 reales. Sucedió el hecho inaudito de que un marinero conservara oculto en su cama por algunos días el cadáver de su hermano con el fin de aprovecharse de la escasísima ración que le tocaba. Los trabajos duros de la vida en el mar, las enfermedades y el hambre destruyeron la mayor parte de las tripulaciones de la escuadra.

El Asia perdió más de 350 hombres. Lo mismo sucedió con el San Sebastián. En el Esperanza no sobrevivieron mas de 58 tripulantes. El Guipúzcoa tuvo que arrojar el ancla y parte de su artillería al agua. El 4 de Abril desarboló este bajel de todos sus palos, día en que ya habían fallecido 250 hombres a bordo. La ración diaria estaba reducida a 45 gramos por individuo, y solo 30 a los que no podían trabajar por encontrarse enfermos. Era muy frecuente ver caer muertos a los hombres, extenuados de fatiga y hambre, llegando a tanto esta calamidad, que sólo unos 100 de los 700 hombres de que constaba la tripulación, incluso los oficiales, estaban en estado de trabajar.

El 25 de Abril se perdió este buque en la costa de Brasil, a 30 millas al sur de la isla Santa Catalina, teniendo en el acto del naufragio 30 cadáveres sobre cubierta. De esta arrogante división de buques sólo regresó a España el navío Asia, a los 5 años de su salida. De los demás buques, el navío Hermione fue sepultado en las inmediaciones del cabo de Hornos; el navío Guipúzcoa se estrelló en la costa de Brasil; la fragata San Esteban, habiendo varado en el Río de la Plata, aunque sacada a flote, fue dada por inútil; el navío Esperanza, que logró pasar al Pacífico después de varias tentativas, tuvo que quedase en él por no considerársele en buen estado para volver a España. Tal fue la suerte que tocó a la escuadra confiada al mando del general Pizarro.

La escuadra de Lord Anson no tuvo mayor fortuna. La serie de adversidades que la han hecho memorable se inició con el naufragio de la fragata “Wager”, ocurrido el 14 de Mayo de 1741 en el archipiélago Guayaneco, al sur del golfo de Penas. Días después, el 23 de Mayo, el “Centurion” enfrentó un recio temporal en la costa occidental de Chiloé. El suceso es consignado en su cuaderno de bitácora: El 23 de Mayo, ya rebasados del cabo de Hornos y próximos a la costa de Chiloé sufrimos un temporal que nos despedazó todas las velas y destrozó mucha maniobra.

Como a las ocho de la noche una ola semejante a una montaña reventó en el costado de estribor, dando al buque una sacudida tan violenta, que rompió varios obenques, quedando los palos en gran riesgo por falta de seguridad. Se nos corrió la estiba sobre babor, quedando el “Centurion” dormido sobre esta banda. La consternación de este lance fue tan grande, esperando zozobrar a cada momento, los balances eran violentísimos y el navío se despedazaba por instantes.

Ante la inminente dispersión de la escuadra, Lord Anson había fijado como punto de reunión la rada de Cumberland en el puerto de San Juan Bautista, en la isla Robinson Crusoe del archipiélago Juan Fernández. Los buques que lograron arribar a ésta fueron los navíos “Centurion” y “Gloucester” y las naves menores de la expedición, el “Trial” y el “Ana”.

La tripulación del “Centurion” estaba en tan mal estado a su arribo al archipiélago, por la fatiga, el hambre y el escorbuto, que sólo tenía 40 hombres en estado de maniobrar, habiendo perdido. El “Trial” tuvo de baja 42 y sólo estaban en disposición de hacer servicio su capitán y otros 4 hombres. El Gloucester llegó un mes después al mismo punto habiendo arrojado al mar a 292 hombres, tal como el “Centurion”, y solo estaban en estado de maniobrar sus oficiales. Por mucho tiempo la ración de agua de este buque fue de solo medio litro por individuo al día.

El pingue Ana, después de permanecer guarnecido durante varios meses en la isla Inch, en la costa occidental del archipiélago de los Chonos, llegó a Juan Fernández a mediados del mes de junio, en un estado lamentable por su escasez de gente. El navío “Savern” y la fragata “Pearl” no pudieron doblar el cabo de Hornos y tuvieron que volver a las costas de Brasil.

Lord Anson se sirvió de los sobrevivientes para tripular el “Centurion”, el “Gloucester” y el “Trial”, echando a pique el Ana por no haber gente para gobernarlo. El hecho ocurrió el mes de agosto de 1741.Los temporales que experimentó la escuadra en el cabo de Hornos, sus descalabros y el terrible escorbuto, habían disminuido tanto las tripulaciones, que Lord Anson se vio obligado a tal determinación.

Con la pérdida de la fragata “Wager” en el archipiélago Guayaneco y el retroceso de la Pearl y del Savern hacia las costas de Brasil, la escuadra de Anson quedaba reducida a 3 naves y 350 hombres. Recompuestas las tripulaciones en Juan Fernández y reparadas las averías, Lord Anson se lanzó a recorrer las costas del Pacífico hasta México, sin temor a persecución de ningún género.

El 12 de Septiembre el “Centurion” dio caza al bergantín español Nuestra Señora del Monte Carmelo, capturando de su cargamento 23.000 pesos en dinero, azúcar y aguardiente de Pisco, con lo que se repararon las tripulaciones. Lord Anson despachó en seguida al Gloucester para que harpiase a las alturas de Paita en Perú, y con el “Centurion” y el “Trial” se dirigió a Valparaíso en busca de presas.

El 24 del mismo mes apresó al Aranzazu, buque de 600 toneladas que procedía del Callao con cargamento de 25.000 pesos plata y otros artículos análogos al del Nuestra Señora del Monte Carmelo.  Anson puso después proa al norte para unirse con el Gloucester, pero antes apresó al navío Santa Teresa de Jesús.

Después de ejecutar depredaciones de toda especie, se dirigió a las costas mexicanas, y echando a pique al Gloucester y al “Trial”, por falta de tripulación, regresó a Inglaterra llevando a bordo del “Centurion” las cuantiosas riquezas de que se había apoderado en sus correrías. De ambas escuadras sólo regresaron el Asia a los puertos de España y el “Centurion” a los de Inglaterra, las dos naves capitanas, sin haberse encontrado nunca.

El naufragio de la Fragata Wager:

Después de sufrir todas las peripecias que hubo de experimentar la escuadra de que formaba parte y de salvar el cabo de Hornos, esta fragata tuvo que sufrir además nuevos temporales en el océano Pacífico, sobre las costas occidentales de la Patagonia, y llena de averías, encalló en la mañana del 14 de Mayo de 1741,un poco antes del amanecer, en la costa norte del archipiélago Guayaneco,situado al sur del golfo de Penas y al norte del archipiélago de Wellington.

El casco de la fragata se mantuvo a flote, apoyado en las mismas rocas en que había encallado. Al amanecer pudo desembarcar la tripulación y salvar parte de los víveres y la carga, con mucha dificultad a causa de la fuerza del mar. Con las velas y los fragmentos de la fragata los náufragos construyeron tiendas de campaña para resguardarse de la inclemencia de la estación invernal en la que se hallaban, y a poner a cubierto los víveres y la carga, en una región donde las lluvias alcanzan los 8000 milímetros anuales.

Los náufragos también pudieron salvar la lancha y los botes del buque, con los cuales el capitán David Cheap se propuso seguir al norte, atrapar algún buque español del cabotaje y reunirse en seguida con Lord Anson, que suponía en el archipiélago de Juan Fernández. Pero la desmoralización de los náufragos no tardó en producirse y la rebelión estalló encabezada por el artillero John Bulkely, protestando contra los propósitos del capitán.

Bulkely proponía volver atrás, correr por el estrecho de Magallanes, dirigirse a las costas de Brasil y buscar en ellas los medios para regresar a Europa. Pero como el capitán Cheap, con su fuerte carácter, se mantuviera firme en su propósito, el 9 de Octubre estalló el motín, apoyado por 81 hombres de los 92 a que estaba reducida la tripulación de la Wager.

Cheap fue reducido a prisión y los amotinados comenzaron sus aprestos para la vuelta a Brasil. El 13 de Octubre emprendieron su regreso en tres embarcaciones sin puentes. El viaje de estos hombres es una de las más aventuradas odiseas de la historia de la navegación. Sin víveres, en barcas en mal estado, y alimentándose a su paso con los perros de los indígenas, llegaron a Brasil después de ocho meses de luchas y sufrimientos increíbles.

La historia de esta travesía es narrada por Bulkeley y Cummins en “A voyage to the south-seas in the years 1740-41″. Un ejemplar de su primera edición se conserva en la Sala Medina de la Biblioteca Nacional de Chile. Una de estas embarcaciones, en que iban el guardiamarina John Byron y 9 hombres, abandonó a los amotinados a poco avanzar y regresó al archipiélago Guayaneco para unirse al capitán Cheap.

En Guayaneco, isla que hoy lleva el nombre de Wager, quedaron finalmente el capitán Cheap, el teniente Hamilton, el cirujano Elliot, los 9 hombres que conducía Byron y otros 7 que anteriormente se habían dispersado entre las islas. El tiempo fue tan crudo durante el mes de noviembre, que sólo pudieron emprender viaje rumbo a Chiloé a principios de diciembre, con los dos botes de que disponían.

La desmoralización entre los marineros fue completa ante sus reiterados fracasos por superar la península de Taitao y comunicar con el archipiélago de los Chonos, y la crudeza del clima, los sufrimientos, el hambre y las enfermedades, terminaron por reducir los náufragos a sólo el capitán Cheap, el teniente Hamilton y los guardiamarinas Campbell y Byron.

El cirujano Elliot sucumbió en una isla del norte del golfo de Penas, que lleva el nombre de Cirujano en las actuales cartas hidrográficas, nombre que se lo impuso el capitán Robert Fitz-Roy. Con la ayuda de los kaweshkar y chonos, los 4 sobrevivientes llegaron en canoas a Chiloé a mediados de junio de 1742, entregándose prisioneros a los españoles.

Luego de permanecer ocho meses en la ciudad de Castro, fueron conducidos por mar a Valparaíso y después a Santiago, donde fueron recibidos por el gobernador José Antonio Manso de Velasco. Sólo en Diciembre de 1744 se les permitió volver a Europa.

Fuente:
Cristian Donoso

La expedición al naufragio de la Fragata Wager

El Virrey del Perú don José Antonio Manso de Velasco, Conde de Superunda, en carta al Marqués de la Ensenada de 20 de diciembre de 1750, relata que en la época en que se desempeñaba como Gobernador y Capitán General del Reino de Chile fue consultado por el Gobernador de Chiloé, don José Victorino Martínez de Tineo, sobre la conveniencia de recoger la artillería de la Wager para usarla en los fuertes de la provincia bajo su administración.

La respuesta fue favorable. La diligencia se encargó al entonces Alférez de Infantería del fuerte de Calbuco don Mateo Abraham Edward. A principios de 1744 zarpó Edward de Chacao con once piraguas,160 hombres y víveres para 6 meses. Navegó por el levante del archipiélago de los Chonos hasta la laguna San Rafael, donde desarmó las piraguas para portearlas por piezas hasta el río San Tadeo, distante a cinco cuartos de legua.

Sobre el istmo de Ofqui, en una cumbre ubicada a 80 varas de elevación que denominó Quelhue, levantó la capilla y el fortín de Nuestra Señora de Mercedes. Con las piraguas vueltas a ensamblar descendió el San Tadeo y cruzó el golfo de Penas hasta la isla de Guayaneco, (hoy isla Wager), dando fondo en una caleta abrigada del viento oeste que mira al sudoeste, donde acuarteló, construyendo dos fortines.

Después de sacar la artillería recorrió la boca del canal Messier, donde descubrió a los indios caucahues, con quienes parlamentó. El Padre Pedro Flores, sacerdote jesuita que lo acompañaba, convirtió a varios de ellos y los condujo a Chiloé.

Retornó a Chacao, concluyendo su misión sin desgracias que lamentar. Por falta de víveres y a fin de facilitar una futura acción para recoger las especies rezagadas, dejó 4 de las once piraguas en un lugar por donde forzosamente habrían de pasar las futuras expediciones a Guayaneco.

Los efectos colectados por Edward fueron 14 cañones,10 de fierro de calibre 6 y 4 de bronce calibre de a 3,un anclote de 6 quintales, un yunque de más de 2quintales,113 balas de cañón,1000 y más balas de fusil,2 piezas de plomo gruesas,3 calderos de bronce, inútiles, que se aprovecharon en cucharas y guarnecer el muñonaje de la artillería, sobrando una caldera y un pedazo,2 quintales 3 arrobas de fierro, en los cuales se incluye una bigornia y 20 libras de acero. Los cañones de bronce provocaron la admiración del Gobernador de Chiloé.

Se reporta que por lo incómodo de las piraguas no fue posible transportar 14 cañones, el fierro que venía por lastre, cables y más jarcias, con muchas anclas, habiendo dejado dos en la playa, que privó de conducir su tamaño. En vista de ello Martínez de Tineo dictó un bando prohibiendo pasar por el sitio del naufragio en tanto no se enviara una expedición para terminar de recoger las especies.

Los cañones rescatados sirvieron para duplicar el número de piezas del fuerte de Chacao, plaza que protegía la entrada a Chiloé y que por entonces era la defensa más importante de la isla. Edward se sirvió de sus viajes a Guayaneco y a la isla de Tenquehuen para levantar un plano general de toda la Provincia de Chiloé. El Virrey Manso de Velasco remitió 2 copias de este trabajo al soberano español en diciembre de 1750.

Se encontró un mapa antiguo del Golfo de Penas levantado durante la primera mitad del siglo XVIII, quizás es el mismo enviado por Manso de Velasco al Rey en 1750,dice Islas de Guayaneco donde se perdió el Waguer de Anson en 1741.
.En otro antiguo mapa del Golfo de Penas de la segunda mitad del siglo XVIII, probablemente realizado por el piloto Francisco Machado, dice: Puerto del Desposorio, donde en 1741 se perdió el Waguer de Anson. Más abajo se lee Islas de Huayaneco o de Fierro.

Fuente:
Cristian Donoso










2 comentarios:

  1. Me recuerda mi infancia y vacaciones llenas de felicidad, al ver el estado actual, adonde se han demolido hoteles historicos para poner pasto me pregunto porque tenemos un descuido tan grande con nuestro patrimonio cultural, esos edificios bien conservados serian hoy una importante fuente de atraccion turistica nacional e internacional.

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  2. Sergio Omar Puebla (Provincia de Mendoza)14 de febrero de 2014, 16:59

    Me molesta que se hayan demolido los edificios antiguos que deberian conservarse como muestra de lo que fue la historia de Mar del Plata. Soy mendocino pero amo Mar del Plata, por su rica historia, por su gente y por los tesoros historicos que posee de los cuales muchos solo se pueden admirar por viejas fotos. Lo malo de los argentinos es que no sabe conservar lo importante de la historia de cada ciudad. Ojala nos demos cuenta a tiempo de cuidar lo que nos pertenece.

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