sábado, 5 de agosto de 2017

MARCELO T. DE ALVEAR Y REGINA PACINI

Marcelo Torcuato de Alvear y su esposa Regina Pacini: una historia de amor que perduró toda una vida


Villa Regina, una hermosa residencia construida en el barrio de Playa Grande se ubicaba en la esquina de Aristobulo del Valle 3899 e Infanta Isabel (hoy Formosa), construida por Alula Baldassarini para el Presidente Dr. Marcelo Torcuato de Alvear y Regina Pacini como residencia de veraneo. Esta vivienda fue el escenario de una hermosa historia de amor que pocas personas conocen. Y todo esto sucedió cuando en 1907, el soltero más codiciado de la Argentina, Marcelo Torcuato de Alvear, se casó con una soprano portuguesa consagrada, Regina Pacini, que dejó el bel canto para seguirlo en su destino de presidente de un país lejano. Hasta que murió, en 1965, ella llevaba todos los meses un enorme ramo de rosas a la tumba de su marido. Conozcamos su historia.

La historia

Mucha gente se acercó aquel sábado 29 de abril de 1907 a la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, construida en 1567 en el Chiado, el barrio céntrico de Lisboa, para ver de cerca una boda que prometía ser fastuosa. Se casaba Regina Pacini, la soprano ligera que era ídolo de los melómanos portugueses desde que, a los 17 años casi dos décadas antes había debutado en el Teatro Real de San Carlos, el coliseo operístico de Lisboa.

Regina Pacini. (1871-1965)

Lo de Regina había sido debut y consagración: en la sala estaba la reina de Portugal, doña Amalia. Regina cantó La sonámbula, de Vincenzo Bellini, y el teatro se vino abajo. Del novio, en cambio, se sabía poco. Sólo que era un tal Alvear, millonario sudamericano. A las nueve en punto de la mañana se abrieron las puertas de la sacristía y una pareja avanzó hacia el altar. Pero, ante el desconcierto general, quienes aparecieron fueron... una criada y un agente de policía, rojos de vergüenza ante aquella multitud. ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaban la prima donna y su novio potentado?

 
 Video de Marcelo Torcuato de Alvear con su esposa Regina Pacini 
Gentileza Tercer Elemento Productora

Marcelo Torcuato de Alvear y Regina Pacini se habían casado a las siete de la mañana, cuando la iglesia estaba desierta. Con aquella ceremonia casi clandestina culminaba (o quizás empezaba) una historia de amor que iba a desafiar varios tabúes de la sociedad argentina. Ella había sido llamada Regina por haber nacido el Día de Reyes de 1871. Vino al mundo en la rua de Loreto. Era hija de una andaluza, Felicia Quintero, y de un italiano, Pietro Pacini, director escénico del Real de San Carlos y autor de noventa óperas. 

A los dieciséis años tenía una voz de cristal. Su carrera fue imparable y conquistó todos los baluartes de la lírica: se rindieron al hechizo de su voz el Liceo de Barcelona, la Scala de Milán, la Opera de París. En el Covent Garden de Londres cantó Lucía de Lammermoor con Enrico Caruso. Aunque no fuera muy agraciada, quisieron casarse con ella millonarios y militares rusos, polacos, suecos. A todos les dijo que no, porque quería dedicarse a su carrera, y lo hizo.

Una toma de Marcelo Torcuato de Alvear durante su niñez

El primer Alvear, bisabuelo de Marcelo Torcuato, había llegado a Buenos Aires en el siglo XVIII. Su abuelo, el general Carlos María de Alvear, era héroe de la independencia. Su padre, Torcuato de Alvear, había sido intendente de Buenos Aires durante la primera presidencia del general Julio A. Roca. Marcelo Torcuato, nacido en 1868, era un joven alegre, expansivo, dicharachero. Se recibió de abogado sin problemas. Era aficionado a las parrandas, a las coristas, al goce de la noche. Un auténtico "niño bien". Su fortuna era inmensa. No solamente la que le había legado su padre, sino la que había obtenido de su madre, Elvira Pacheco, hija del general rosista Angel Pacheco. El efectivo de Alvear a comienzos del siglo XX rondaba el millón de pesos. ¡Un millón de pesos del año 1900!

Marcelo Torcuato de Alvear, circa 1893.
Marcelo T. de Alvear (cuarto), Jorge Newbery (el quinto desde la izquierda), Eugenio Pini, director de la sala de esgrima del Jockey Club (octavo), y Julián Martínez (noveno).
Todo llevaba a Alvear a convertirse en un político de la oligarquía. Sin embargo, en 1890, un grupo de amigos, estudiantes de clase alta, entre los que estaban Carlos Rodríguez Larreta, Angel Gallardo y Octavio Pico, disconformes con el mediocre gobierno del presidente Miguel Juárez Celman, participaron en la Revolución del Parque, que fue el bautismo de fuego de la naciente Unión Cívica Radical. 

En esas jornadas de lucha, Marcelo trató al fogoso tribuno Leandro N. Alem y a un político de la parroquia de Balvanera, dieciséis años mayor que Marcelo y que iba a ser importante en su vida: Hipólito Yrigoyen. Alvear quedó marcado por aquella algarada juvenil y, con esa lealtad que le reconocen hasta sus detractores, se convirtió en militante de la nueva causa, lo que le acarreó disgustos, e incluso cárcel.

Grabaciones completas de Regina Pacini. Historical Recording

En 1889 uno de los primos de Marcelo (el melómano Diego de Alvear) había escuchado a Regina Pacini en el Solís de Montevideo y le elogió a Marcelo la voz maravillosa de la jovencísima soprano ligera portuguesa. Allí estaba Marcelo en su palco del Politeama. Alto, bien plantado (era un deportista cabal, de la estirpe de los Duggan o los Newbery), con unos bigotes mosqueteriles. ¿Qué sintió Marcelo cuando escuchó a Regina cantar El barbero de Sevilla? Debió de ser algo muy fuerte. Dicen que cada vez que él la escuchaba en un escenario, los ojos se le llenaban de lágrimas. 

Regina Pacini.

Esa misma noche se enamoró perdidamente. Le mandó varias docenas de rosas rojas y blancas y una pulsera de oro y brillantes. Regina, acostumbrada a los desbordes de sus admiradores, le devolvió la pulsera y partió de regreso a Europa. Pero Marcelo no dejaría escapar esa presa. Para él, viajar a Europa era como ir al café de la esquina. Empezó a recorrer los mejores teatros de Madrid, París, Londres, Montecarlo, Budapest, Odessa, y llenaba los camarines de Regina Pacini con miles y miles de rosas rojas y blancas.

Prejuicios de clase

En las fiestas de las embajadas argentinas y en los salones de la aristocracia europea a los que ambos tenían acceso (él por su origen y ella por sus triunfos artísticos), Regina y Marcelo se fueron conociendo, quizás intimaron. En 1901, Regina volvió a Buenos Aires, esta vez para cantar en el teatro San Martín de la calle Esmeralda. En 1903, Marcelo, tras haberla seguido por medio mundo, se declaró y ella le dio el sí, pero puso como condición cantar cuatro años más.

 
Cuerpo de abogados graduados en 1891. Entre ellos están Marcelo T. de Alvear -fila sentada de abajo, cuarto desde la izquierda-.


Porque él, como no podía ser de otra manera en aquella época, le exigió que una vez casada dejara de cantar. Cuando finalmente se fijó fecha para la boda, la noticia consternó a la aristocracia argentina. ¡Aquella portuguesa fea y bajita había enganchado al soltero de oro, al mejor partido del país, por el que suspiraban las más bellas herederas, chicas de las familias Peña, Anchorena, Alzaga!

Sentados (de izquierda a derecha) Marcelo T. de Alvear, Leandro N. Alem, Francisco A. Barroetaveña y Juan Posse, año 1891
Marcelo T. de Alvear - circa 1892

La resistencia sorda de la sociedad porteña a aceptar a la Pacini (extranjera y, lo que era entonces un pecado imperdonable, artista) afloró en su segunda visita, cuando ya Marcelo no ocultaba su amor. Días antes de la boda, quinientas personas de su clase social le enviaron un telegrama al novio pidiéndole que "recapacitara". Marcelo lo recibió durante la despedida de soltero, en París, y se deprimió mucho. La fiesta se convirtió en un velorio. También Felicia estuvo en contra de la boda porque no quería que su hija dejara de cantar. La tirantez entre suegra y yerno duró toda la vida.
 
Miembros de la Revolución del Parque (izquierda a derecha) Marcelo T. de Alvear, José Crotto, Enrique Pérez, Luis Basail, Tomás Valleé y Mariano de la Riestra. Vallee, Riestra.


La ceremonia secreta en Lisboa fue una bofetada a los prejuicios de clase. Debe pensarse lo que significaba la familia Alvear. Aunque don Torcuato y doña Elvira ya habían muerto, los hermanos de Marcelo (uno de ellos, Carlos, era entonces intendente de Buenos Aires), sus numerosos sobrinos, primos, tíos y tías conformaban la elite social de Buenos Aires, que quedaba así excluida de participar en una ceremonia de alto valor simbólico.

 
Alvear dando un discurso en el Teatro Argentino cuando ejerció como diputado (1915).

La noche de bodas transcurrió en el Royal Hotel, en Estoril, la ciudad del aire perfumado. La suite nupcial estaba llena de rosas y en el fonógrafo sonaba “L`elisir damore” cantado por Regina. El le hizo un regalo de bodas fabuloso: Coeur Volant, un castillo normando en Versailles, cerca de París. La pareja lo amuebló con refinamiento y lo habitó por largos años. La mejor habitación, con un piano y un atril, era como un teatro en miniatura. Desde entonces, ella cantaría para una sola persona: Marcelo. Los pocos discos que habían registrado su voz, la propia Regina los retiró de circulación. ¿Sacrificó ella su carrera? En todo caso, cantó profesionalmente durante veinte años, y si bien se retiró en su apogeo, tenía 36 años cuando se casó con un Alvear de 39.

 
Marcelo Torcuato de Alvear


Durante cuatro años no pisaron Buenos Aires. El regreso se produjo recién en 1911. Se encontraron con un medio hostil. Un incidente grave se produjo durante la fiesta de bodas de Elvirita de Alvear, en El Talar de Pacheco. Ninguna mujer le hablaba a Regina. Dicen que Marcelo, cuya fama de mujeriego siempre había sido amplia, le dijo a su esposa, indignado: "No te preocupés Regina, que a todas éstas yo les levanté las polleras". Que Alvear fuera así nunca le preocupó a Regina, porque sabía que siempre volvería con ella. Vivieron juntos durante 35 años. No tuvieron hijos, y ella lo acompañó, en las duras y en las maduras. Fue el general Julio A. Roca quien rompió el cerco social cuando, en una recepción oficial, se acercó a Regina para conversar amablemente con ella. Desde entonces, la guerra contra la "advenediza" se atenuó.

Saguier Alvear y Le Breton

En 1912, Marcelo fue elegido diputado. Su actuación no pasó de discreta. Era entonces muy mal orador (recién en su madurez adquirió la destreza y el gusto de hablar para multitudes). Cuando Hipólito Yrigoyen llegó a la presidencia, en 1916, nombró a Alvear ministro plenipotenciario en París. Secundado por Regina, su desempeño fue brillante: los principales políticos franceses Raymond Poincaré, Georges Clemenceau, frecuentaban Coeur Volant. 

Hipólito Yrigoyen con Marcelo Torcuato de Alvear, a mediados de los años 20.
El presidente electo Marcelo T. de Alvear con su esposa Regina Pacini, en el barco que lo trajo de vuelta a la Argentina, circa septiembre de 1922.
Yrigoyen y Alvear se abrazan en el puente del barco que trajo a este último de Francia. Año 922
Marcelo Torcuato de Alvear asume la presidencia de la Nación. Año 1922
Marcelo Torcuato de Alvear con la banda presidencial 1922-1928

Cuando, en 1922, Yrigoyen designó sucesor su palabra era orden para la convención radical, el dedazo del Peludo recayó en Marcelo, algo que muchos no podían creer. Contaba Ramón Columba, taquígrafo parlamentario y caricaturista político, que la gente se decía: ¿Marcelo presidente? Y lanzaban una carcajada. ¿Por qué Yrigoyen eligió a Alvear como su sucesor? Es cierto que aquél tenía por Marcelo una debilidad personal, y apreciaba su energía y coraje, así como su inclaudicable optimismo. Los historiadores tienen diferentes explicaciones sobre el gesto de Yrigoyen, pero prevalece la idea de que quiso dejar en la Rosada a un hombre leal, y asegurarse de que, en 1928, al término de seis años, le devolviese el poder.
 

Marcelo T. de Alvear visitando el criadero de ostras, donde dialoga con el especialista. Fue en el año 1923 cuando la Comisión Pro-Mar del Plata solicitó al Ministerio de Agricultura crear un criadero de ostras en zona del puerto, el cual comenzó a funcionar en forma exitosa. Revista Caras y Caretas

En el barrio de pescadores visita las casas edificadas por él destinadas a viviendas. Revista Caras y Caretas

Aviador De Pinedo visita al presidente de la República, doctor Marcelo T. de Alvear y su encantadora esposa, doña Regina Pacini en su residencia de Villa Regina

Regina Pacini, fundadora de la Casa del Teatro, en compañía de su esposo el presidente Marcelo T. de Alvear, Mar del Plata, 1925
El presidente Alvear con el príncipe Eduardo de Windsor en Argentina.
Las vacaciones de Alvear en Mar del Plata en 1927 con su ministro Agustín Pedro Justo.

Marcelo parecía predestinado al éxito. Le tocó gobernar durante los años de bonanza que fueron de 1922 a 1928. La Argentina creció a buen ritmo y no hubo grandes conflictos. Fue la última década feliz de una Argentina opulenta. Presidió incontables inauguraciones, recepciones y fiestas. A su lado, Regina fue una primera dama discreta, que apoyó las actividades culturales con entusiasmo. Infaltable en las funciones del Colón, la pareja presidencial atravesó una época de fermentos creativos. 

 
El presidente Marcelo T. de Alvear con su caddy, llegando al Golf Club Mar del Plata


Los jóvenes escritores apreciaban a un presidente que asistía a las lecturas poéticas en el Tortoni, frecuentado por vates vanguardistas como Jorge Luis Borges o comunistas como Raúl González Tuñón. En cuanto a Victoria Ocampo, con quien se dice que Marcelo tuvo un affaire, lo adoraba: lo definió como "un ser inverosímilmente perfecto".

Marcelo Torcuato de Alvear sufragando
El pintor Florencio Molina Campos con Alvear y Justo en Casa Wiotcomb de Mar del Plata. Enviada por Rubén Aguilera. Año 1927
Alvear y Regina Pacini en la Casa del Teatro.
Marcelo T. de Alvear en la inauguración del Club de Pesca Mar del Plata  Revista Caras y Caretas Año 1927
Alvear inspeccionando el puerto de Mar del Plata y la futura base de submarinos. Año 1927
 
Regina es recordada por una obra en la que se empeñó a fondo, con el pleno apoyo de su marido: la Casa del Teatro, inaugurada en 1938, un lugar para que los teatristas terminen con dignidad su vida. Hoy alberga a 46 pensionistas, incluida la viuda del mago Fu Man Chú.

¿Cuál fue el rol político de Regina? Es difícil decirlo, por el pudor y la discreción que la distinguían. Ella no creó un nuevo Marcelo, aunque la figura de Regina se agigantó durante los últimos diez años de Alvear, cuando la buena fortuna se trocó en infelicidad para el país y en duras pruebas para la pareja. Un biógrafo de Agustín P. Justo cuenta que este general, que fue el ministro de guerra de Alvear, había adquirido su chalet de la avenida Federico Lacroze, en Belgrano, para estar cerca de la que era entonces la residencia de los Alvear, y que frecuentaba cada día la casa del presidente para congraciarse con éste. La intuición de Regina le decía que había algo tortuoso en la sumisión de Justo, a quien no soportaba.
 
Alvear redactando el manifiesto antes del exilio del 1931
Visita del Dr. Manuel Carles a Marcelo T. de Alvear en la isla Martin Garcia
Alvear abraza al senador Alfredo Palacios, cuando este lo ayudó a salir de la cárcel en 1933.
Marcelo T. de Alvear manejando su auto
El presidente Alvear en la Rambla Bristol. Foto de revista Caras y Caretas”. Imagen Anselmo Vita

En 1932, el gobierno surgido del golpe de Estado proscribió la candidatura de Alvear para favorecer a Justo. Ya en el gobierno, que ocupó de 1932 a 1938, Agustín P. Justo encarceló a Alvear en Martín García. Entonces afloró la fibra de Regina. Durante el terrible verano del 33, que Marcelo pasó preso en un barracón de la isla, agobiado por los mosquitos y bañándose en una única canilla con otros centenares de detenidos políticos, Regina cruzó más de cincuenta veces el río en una barca, a veces desafiando furiosos oleajes, para llevar mudas, comida y aliento a su marido.


 Video de Marcelo Torcuato de Alvear con su esposa Regina Pacini 
en Mar del Plata. Año1927


En 1938, los radicales proclamaron la fórmula Alvear-Mosca, y allí fue Marcelo, enhiesto aunque ya casi setentón, a recorrer el país como un principiante, hostilizado por las patotas conservadoras, la policía brava y algunos radicales yrigoyenistas que lo tachaban de traidor, mientras que ganaba la admiración de muchos argentinos por no claudicar en la lucha contra el fraude, ese flagelo que, finalmente, le birló el triunfo y consagró presidente a Roberto Ortiz. 

Alvear saludando al público, al regresar por tercera vez en cuatro años al país, en octubre de 1934.
Marcelo Torcuato de Alvear realizando una campaña para promoverse hacia la presidencia en 1938.
Alvear en sus últimos años de vida. circa 1940
Alvear en sus últimos años de vida. circa 1940


Alvear había perdido casi toda su fortuna, en parte por su vida de lujos y placeres, en parte porque la política se la había comido. Al morir, le quedaban Villa Regina, su residencia de Mar del Plata (hipotecada); Villa Elvira, en Don Torcuato (la hizo construir en 1942, la bautizó en recuerdo de su madre y sólo vivió allí quince días), un auto Buick 41 y un capital de 150.000 pesos, cifra ya consumida por la inflación.


La casa en la que vivió Alvear durante buena parte de la década de 1920, en Belgrano AGN

El 23 de marzo de 1942, Marcelo, fulminado por una crisis cardíaca, terminó sus días en Don Torcuato. A su lado, la mano en la mano, estaba Regina Pacini.

Regina Pacini acompañada por el presidente Arturo Frondizi, asiste a la inauguración de la sala dedicada a su marido en el Museo de la Casa de Gobierno.
Regina Pacini  dejaba rosas blancas y rojas en la tumba de Alvear


Regina, viuda, vivió 23 años en La Elvira. Había visto a Marcelo construir esa casa, preocuparse por los planos, por las baldosas, por los mosaicos, con el amor y el entusiasmo de aquel que posee algo por primera vez. Una vez concluida, Alvear sólo la habitó 15 días antes de su muerte. Ella, en cambio, durante 23 años, pudo vivir de los recuerdos. Cómo olvidar el Teatro Real de Lisboa y aquel memorable debut, o su primer viaje a Buenos Aires, cuando cantó en el Politeama y conoció a Marcelo.



Luego de cruzar el encuentro de la Ruta de Versalles  con la de Marly, en el número 12 de esta última vía y frente a la Puerta del Faro del Parque de Marly, se levanta junto al borde de la calzada, una construcción en apariencia sencilla llamada Coeur Volant donde vivieron Marcelo Torcuato de Alvear y Regina ^Pacini. Marly, Francia. En la actualidad.


Podía recordar Coeur Volant, las fiestas, los permanentes viajes, y también aquellos amargos momentos al cruzar el Río de la Plata rumbo a Martín García. Pero, con el tiempo, ya no recordó más. La esclerosis de las arterias y un espasmo cerebral que le hacía creer que Marcelo estaba de viaje la desconectaron del mundo y de su propia memoria. Ya ni siquiera recordaba a Felicia, esa madre que la había sostenido en los momentos de lucha, ni a Constanza, su compañera de juegos en la rua de Emenda, ni a José.

Cuidada por dos colaboradores, Carmen Melé y José Valverde, vivió sus últimos años en Don Torcuato, ayudada económicamente por una pensión que le había otorgado el gobierno de Arturo Frondizi.El 18 de Septiembre de 1965,a los 94 años, falleció. Su cuerpo, frágil y pequeño, fue trasladado al féretro en brazos de Francisco Bengolea. Regina había hecho testamento. Quería favorecer a una orden religiosa en Belgrano. Sin embargo, ya anciana, revocó el testamento y su único heredero fue Néstor Fernández Llanos, que entonces era su abogado. La Elvira se vendió y todos sus objetos y muebles de valor se subastaron. Helena Blaquier de Fernández Llanos depositó en manos de Iris Marga, en la Casa del Teatro, sólo unos pocos álbumes con fotografías, libros y viejos programas de teatro.


Regina Pacini en su vejez

El día 23 de cada mes, Regina iba a la Recoleta y le llevaba a su marido un gran ramo de rosas blancas y rojas. Se sentaba en una sillita en el interior de la bóveda y pasaba largo rato allí. Sus labios se movían, las lágrimas le afloraban a los ojos como si hablara con Marcelo, como si pronunciara palabras de amor. A Regina, después de muerta, se le impuso una última humillación, posiblemente no deliberada. Fue enterrada en el cementerio de la Recoleta, en el panteón de los Alvear, pero, durante dos años, el féretro permaneció en el suelo, en las profundidades de la bóveda. Un día fue colocada en el nicho contiguo a Marcelo. Desde ese momento, descansa junto a él. Ella lo sobrevivió largos años. Se refugió en Villa Elvira. Murió en 1965, a los 95 años.

Villa Regina

La Villa Regina se ubicaba en el barrio Playa Grande, en la esquina de Aristóbulo del Valle 3899 e Infanta Isabel (hoy Formosa). Construida por Alula Baldassarini para el presidente doctor Marcelo T. de Alvear, como residencia de veraneo. La Comisión Pro-Mar del Plata le otorgó la distinción del primer premio de fachadas en 1927.El comedor es sobrio, elegante, dentro de las proporciones reducidas de su “cotatge”. El resto de las instalaciones acompañan el distingudo diseño junto con el mobiliario. Esta vivienda fue demolida en la decada del 60.


Construida en el barrio de Playa Grande se ubicaba en la esquina de Aristobulo del Valle 3899 e Infanta Isabel (hoy Formosa), construida por Alula Baldassarini para el Presidente Dr. Marcelo Torcuato de Alvear y Regina Pacini
Alvear en Mar del Plata Caras y Caretas 12 de febrero de 1927. Imagen Enrique Mario Palacio.

Villa Regina, de Aristóbulo del Valle y Formosa. Marcelo Peluffo.

El Arq. Eduardo Lodi (que construyó la fuente de los Caídos en Malvinas) nos cuenta que el jardinero de Villa Regina era el Sr. Leofanti, (luego empresa constructora Leofanti Hnos). Al mediodía se asaba un bife utilizando la pala ancha como parrilla, un día llegó el Pte. Alvear de la playa y sintió el aroma del bife "a la pala", y a partir de ese momento Don Leofanti nunca más almorzó en soledad. Pequeña historia que hace al anecdotario marplatense y fue contada por Don Leofanti (padre de Jorge y Ricardo) con quien el Arq. Lodi tuvo el placer y el honor de compartir varias obras, y sobre todo nutrirse de sus consejos y experiencia.

Interior de la casa de Marcelo T. de Alvear, Villa Regina. 1928 Archivo Editorial  Haynes, recuperado gracias al Proyecto “Archivos en peligro” de la Biblioteca Británica. Cristina Corsini
Interior de la casa de Marcelo T. de Alvear, Villa Regina. 1928 Archivo Editorial  Haynes, recuperado gracias al Proyecto “Archivos en peligro” de la Biblioteca Británica. Cristina Corsini
Interior de la casa de Marcelo T. de Alvear, Villa Regina. 1928 Archivo Editorial  Haynes, recuperado gracias al Proyecto “Archivos en peligro” de la Biblioteca Británica. Cristina Corsini
Interior de la casa de Marcelo T. de Alvear, Villa Regina. 1928 Archivo Editorial  Haynes, recuperado gracias al Proyecto “Archivos en peligro” de la Biblioteca Británica. Cristina Corsini




Fuentes:


LAGOS, Ovidio. La Pasión de un Aristócrata. Regina Pacini y Marcelo T. de Alvear. Emecé. Buenos Aires, 1993.

3 comentarios:

  1. Muy buena la investigación, excelente documento!!Grcias Pablo Junco

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  2. Una belleza de relato de nuestra propia historia, un verdadero placer, me sorpendi muy gratamente...existos

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  3. ¡Qué bella historia! Ojalá volvamos a tener algún día un presidente de la talla del Dr. Marcelo Torcuato de Alvear. Muy buen blog! Me encantó.

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