miércoles, 5 de julio de 2017

LOS PRIMEROS MALONES


General Martín Rodríguez (1771-1845)

El Brigadier General Martín Rodríguez ya estaba dispuesto a emprender el regreso a Buenos Aires. El mal trago de la pérdida de los nueves hombres en las cercanías de la laguna que denominaron La Perfidia (actual laguna El Chifle en el partido de Benito Juarez) había quedado atrás. Sin embargo no quería irse sin antes explorar las serranías cercanas y además dejar una guarnición aprovisionada como para pasar el duro invierno que se avecinaba.
  
Plano de la provincia de Buenos Aires circa 1862
Plano actual de ubicación de las Sierras del Volcan (Balcarce) con respecto a Tandil
Plano actual de ubicación de las Sierras del Volcan (Balcarce) con respecto a MDP

Esas sierras cercanas eran las del Volcán (Balcarce) donde tenía pensado levantar una guardia-fortín para resguardar la zona y ampliar la frontera en ese sector.  Para ello dispuso que el general José Rondeau acompañado de 600 hombres del regimiento de Blandengues marchara con el objeto mencionado y a "buscar un puerto o rada capaz de abrigar las embarcaciones que emprendiesen el tráfico, por estas costas al establecimiento".

Vista actual de las Sierras del Volcan (Balcarce) desde la Puerta del Abra. Imagen de Mario Donati

El 23 de junio de 1823, la fuerza se puso en camino hacia el sureste. A noventa kilómetros de la salida, se comenzó a bordear la pintoresca sierra del Volcán por su falda norte. 

"... el cincel de la naturaleza se esmeró en su regularidad y hermosura: todo allí es agradable y todo atrae las miras del cultivo ... ".

Manteniendo el rumbo previsto, la partida avanzó uno 55 km., encontrando una laguna en cuyo extremo este establecieron campamento por unos días. Allí descubrieron los fosos de la antigua Reducción Jesuítica de Nuestra Señora del Pilar, fundada  por los padres Tomás Falkner y José Cardiel el 13 de noviembre de 1746, a orillas de la Laguna de las Cabrillas, hoy Laguna de los Padres, la que fue abandonada en 1751 luego de repetidos ataques indígenas. Dice el Diario de la Expedición:

Reduccion Nuestra Sra. del Pilar- Imagen cedida por Hilda Silvestri
" ... La posición que los jesuitas eligieron es cómoda e interesante, y en ella consultaron la prosperidad de su institución poniendo en obra su industria y sus grandes recursos. Contiguo a las costas del mar del Sud un canal de comunicación con el lago... les hubiera dado un puerto seguro, cuando en las costas no lo hubiesen encontrado y que probablemente no lo hallaron inmediato. Sembraron montes de diferentes especies y también plantas, y vegetales que cubren mucha parte del terreno inmediato. La cercanía del cabo Corrientes, en donde la pesca de lobos es abundante, les hubiera dado un incremento rápido a su población con una riqueza que solo ellos la conocían entonces... Sobre estas bases debe cimentarse la segunda frontera: sus ventajas son manifiestas y el conservarlo labrará su prosperidad"

Entre el 28 de junio y  el 1 de julio, los ingenieros efectuaron el reconocimiento de las costas; uno de ellos bordeó el mar hasta 20 millas al sur del cabo Corrientes:

“... las muchas vertientes que se descubrieron hacían presumir, que uniéndose estas a alguna distancia del mar formasen un canal capaz de servir al objeto indicado”.

Sin duda pensaron que la falta de un puerto natural en la zona podría subsanarse construyendo un canal que comunicase la Laguna de los Padres con el mar. 

Vista aerea actual de la Laguna de Mar Chiquita


Otro ingeniero, por su parte, exploró la costa hasta 28 millas al norte del cabo Corrientes y descubrió la laguna Mar Chiquita, asentando en el Diario:    

“…Este punto como el resto de la costa no presenta comodidad alguna por ahora. El lago rodeado de pantanos y riachos  de la misma naturaleza,  aunque capaz de ser una rada, se presenta inútil…”

Llegado el 2 de julio, Rondeau ordenó emprender el regreso y luego de la marcha sin tropiezos, el día 7, los hombres arribaron al Fuerte Independencia. El jefe y los ingenieros presentaron enseguida los informes de los reconocimientos. El capitán de los Reyes, que había participado de ellos, volcó sus estudios y mediciones en la Memoria Geográfica. Influido por las ideas del antiguo coronel Pedro A. García, creyó que era el momento de proponer la formación de un grupo de geógrafos, y así lo dejó escrito en el Diario de la Expedición:

"La organización, señor -decía dirigiéndose al ministro de guerra de la provincia de Buenos Aires, Fernández de la Cruz-- de un cuerpo de geógrafos por que clama el estado de estos conocimientos en el país podrían llenar el vacío en que aún se halla de topografía y estadísticas. Los geógrafos contribuirían con el levantamiento de los planos topográficos de todos sus puntos á este objeto. La estadística y la geografía natural que también deberían abrazar nos presentarían un conjunto de conocimientos exactos para todas las necesidades públicas del país que ha tamos, y en general de toda esta parte de la América Sud".

Juan León Palliere, en Escenas americanas. Reproducción de cuadros, acuarelas y bosquejos Litografía Pelvilian, Buenos Aires, 1864

No quedaba ninguna fortificación ni guardia con guarnición, como se había pensado originalmente, por lo que la campaña vino a ser puramente exploratoria, aunque tampoco se divisaron tolderías por ninguna parte. La belleza del relieve y de los campos de la zona, hoy balcarceña, llenaron los ojos de los expedicionarios, por allí todo era agradable y propicio para el futuro del cultivo que interesaba tanto a particulares como al gobierno.

El primer malón contra el Fuerte y el rescate de una cautiva

Dos días después del regreso de la excursión a El Volcan, el 9 de julio de 1823, amaneció con una niebla densa que cubría los campos próximos al fuerte. Los caballos pastaban mansamente  en los alrededores, custodiados por algunos pocos blandengues. 

Fortin Independencia, Tandil. Año 1823 (dibujo del Fuerte de M. Chiurazzi) Gentileza Daniel Eduardo Perez

Corrales anexos al Fuerte Independencia, ciudad de Tandil
Mapa del Fuerte Independencia, Tandil

Temprano, a las 7 de la mañana, el valle se estremeció, “aunque no por dianas ni salvas celebratorias de la efeméride nacional” de buenas a primeras, 200 indios montados surgieron en las serranías del oeste y se abatieron sobre la caballada como un relámpago, arrebatando 700 animales, en tanto cinco soldados del grupo que cuidaba la caballada del Regimiento de Blandengues, cayeron muertos a chuzazos y los animales fueron reunidos y recogidos vertiginosamente, rumbo al oeste, entre golpes de sable, revoleo de boleadoras y alaridos espeluznantes, como era típico de los aborígenes. Obviamente nadie esperaba esta arremetida, pues en tal caso se habría previsto una guardia.

 
Malón de los indios ranqueles el 9-07-1823 en las cercanías del Fuerte Independencia. Tandil. Imagen de la película "El último malón" dirigido por Alcides Greca en el año 1918. El papel del cacique rebelde Jesús Salvador y su compañera Rosa Paiquí, fueron representados por actores profesionales, el resto de los participantes fueron los indios lugareños, la paisanada local y familiares y amigos de Alcides Greca.
Malón de los indios ranqueles el 9-07-1823 en las cercanías del Fuerte Independencia. Tandil. Imagen de la película "El último malón" dirigido por Alcides Greca en el año 1918.


La tropa, que no tenía otro deber que trabajar en las obras del Fuerte, disfrutaba de cierta paz, en los campamentos había pocos caballos. Evidentemente, la confianza de los expedicionarios fue un tanto excesiva para la ocasión. Inmediatamente se ordenó que una partida de 150 cazadores saliera por retaguardia de los cerros para cortar la retirada de los atacantes, pero poco o nada pudieron hacer  a los imprevistos visitantes y procurar algunas caballadas, y no lograron su propósito; sólo vieron un espectáculo novedoso y sorprendente, que fue la extraordinaria velocidad y pericia con que esos bárbaros condujeron sus potros por esas alturas desiguales y peñascosas, que para ellos eran como campo raso. Los cazadores porteños, indudablemente, no esperaban ver tanta habilidad.

Malón de los indios ranqueles el 9-07-1823 en las cercanías del Fuerte Independencia. Tandil. Imagen de la película "El último malón" dirigido por Alcides Greca en el año 1918.
El  Regimiento de Húsares y una parte del escuadrón de Colorados del Norte, que eran los que abandonaron el fuerte y persiguieron a los puelches hasta que la niebla les impidió seguir adelante, lo hicieron un poco tarde, por lo que no lograron alcanzarlos. El capitán general dispuso entonces, siendo ya las 7, que el propio general en jefe, Rondeau, saliese con 400 hombres, pues supuso que los indios iban a detenerse por el Chapadleufú u otro punto cercano. La división llegó al arroyo esa misma noche; y  el destacamento acampó esa misma noche sobre el cauce de agua.


Húsares de Pueyrredón: es considerado el regimiento más antiguo del arma de caballería del Ejercito Argentino despues del Regimiento de Blandengues. Juan Martín de Pueyrredon tuvo a su cargo la organización de las fuerzas de caballería formandose un cuerpo de tres escuadronesde húsares, el primero bajo su mando directo y los dos restantes bajo las órdenes de dos colaboradores suyos.
 En la mañana del 10, al no hallar al enemigo, esperaron la mañana y le siguieron el rastro, unas 8 leguas más, hasta convencerse que la persecución era inútil, pues el enemigo ya estaba lejos, llevando solamente unos cien o ciento cincuenta caballos. Un cuadro desolador se presentó entonces a los ojos de los soldados: decenas de caballos, que los indios no habían podido llevar consigo, se encontraban chuceados y desjarretados sobre ese trayecto, como para que fuera imposible recogerlos y emplearlos. Triste final para los nobles animales que recién habían concluido el largo viaje por las serranías de El Volcán. El indio se defendía a su modo. “La división  se retiró al campamento siendo imposible darles caza”.

Colorados del Monte Año 1820

A mediados de julio se comenzó a disponer todo para el regreso de la expedición. La milicia había sido licenciada el 19, considerándosela sin objeto y, tal vez, temiéndose deserciones. El gobernador agradeció sus servicios en una proclama. El 16 de julio se puso en marcha el Escuadrón de Colorados a las órdenes del general Rondeau; el 21 partió el ministro de guerra Francisco Fernández de la Cruz, al frente del Regimiento de  Húsares, que debía seguir hasta la guardia de destino, y así, sucesivamente, otros cuerpos. Cien blandengues marcharon a la Guardia de Kaquel Huincul, escoltando un importante número de yeguarizos que iba a  pastoreo.
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El gobernador fue el último en partir. Emprendió el regreso el 24 de julio, por el denominado camino del Chapadleufú, al frente de 350 cazadores y 40 artilleros. El 2 de agosto estaba en la Guardia del Monte, y el 5  llegaba a Buenos Aires. Los campos, en esos momentos, ofrecían un aspecto triste, esterilizados por la seca, sólo mostraban hacienda flaca o moribunda. En la fortaleza quedó  una guarnición de 200 infantes, 100 soldados de caballería, pertenecientes al Regimiento Blandengues, más los artilleros necesarios para las baterías. 

Oleo de Mauricio Rugendas. "El regreso de la cautiva".c.1845.


El comando fue confiado al teniente coronel Mariano García. En la tarde del 16 de julio, una patrulla que recorría el campo a unas seis leguas del Fuerte, había encontrado una mujer joven:

“Quién podía esperar ese hallazgo en esa latitud, y en pleno invierno entre pajonales poblados de vizcachas, zorros, hurones y otras especies de la fauna pampeana, todos naturalmente salvajes....”-dice Gorraiz Beloqui.

La pobrecita era una joven blanca de Arrecifes que había caído en manos de los indios durante un malón contra las estancias de aquel distrito. Había permanecido cautiva en los toldos de Ancafilú por mucho tiempo (era incapaz de precisar cuánto). Sería la primera cautiva rescatada luego de la fundación. Cierta noche, la embriaguez de sus amos le permitió fugarse y vagar ocho días por el desierto, "alimentándose con frutos del campo", hasta que los hombres del Fuerte la encontraron, no sin sorprenderse, y la llevaron con ellos a buen resguardo. La ex-cautiva, heroína inesperada, vino a ser una informante de primer orden ya que había tenido noticias de la traición que los puelches tramaban contra las fuerzas del gobernador, del asesinato de los oficiales rehenes "a sangre fría".

“... vio la ropa de todos ellos en poder de algunos caciques e indios y este triunfo lo festejaron largamente ... " –nos dice el Diario.

El lenguaraz, a quien Rodríguez tenía por un traidor, había sufrido la misma suerte. La mujer informó que muchos ranqueles se hallaban acampados cerca de los puelches y que todas las tribus se disponían a reunirse "para hacer una invasión general a la frontera en la próxima luna (mes de julio)". Cerca de los caciques, al costado de una laguna, estaban las tropas ranqueles. Estas dos últimas noticias corroboraban las presunciones del gobernador.

" ... Aseguró también, que los indios en cuestión, hacen una permuta continua de ganado y sus artículos con el establecimiento de Patagones, de donde conducen el aguardiente, el tabaco, la yerba, etc., etc." –nos informa el Diario.

De aquella cautiva no se conserva el nombre ni su posterior destino, que se presume pudo ser el pago de Arrecifes… tampoco no se ha hallado  ni su edad, ni su destino final. Es posible que se hubiera marchado luego nuevamente hacia Arrecifes con alguno de estos cuerpos. A propósito de Patagones, siempre resultó llamativo comprobar cómo ese  temprano enclave (1779) se mantuvo incólume en medio de aborígenes hostiles.  Evidentemente las autoridades de aquella remota avanzada supieron apaciguar a los indios e incluso recuperar, gracias al trueque, mucho de lo que  habían  robado en la frontera de Buenos Aires.

Teniendo en cuenta los elementos de juicio aportados por el relato de la cautiva, Rodríguez apresuró la retirada de los efectivos restantes y dispuso que el regimiento de húsares marchase a guarnecer el oeste de la frontera vieja mientras el de blandengues se ubicaría en el este de la línea. El 24 de julio de 1823, finalmente, el gobernador partió hacia la capital. Luego de la partida de su fundador Martín Rodriguez, quedó al frente del Fuerte Independencia  el teniente coronel Mariano García con  300 hombres de guarnición. Los trabajos de construcción estaban ya bastante avanzados cuando el duro invierno de ese año  se hacía sentir con todo su rigor.
Soldado del Regimiento de Husares de Vivas
Pese a su  juventud, -García tenía 31 años- aquilataba una importante experiencia militar dado que había participado en las batallas de Salta, en Vilcapugio, Ayohuma y en  Sipe Sipe, además de otros combates menores. En sus casi siete meses de comandancia, García se abocó a la terminación de la construcción del Fuerte y en  recibir a los primeros civiles que se aventuraban por estos pagos. Asimismo, su buena información sobre los movimientos indígenas le permitió mantener en alerta la zona sobre los potenciales riesgos de ataques  y estar dispuesto “…a dar el primer día de gloria al nuevo Fuerte de la Independencia".

El agravamiento de las incursiones en distintos zonas de la provincia, movió al Gobernador a llevar adelante la tercera expedición al sur que llegaría  hasta la zona de Bahía Blanca, aunque sin poder concretar  el objetivo de fundar allí lo que hubiese sido .la actual ciudad de ese nombre. Ya el 11 de enero de 1824, los milicianos de caballería de Sayós y de Inarrra se ponían en marcha hacia el Tandil siendo la avanzada  del poderoso ejército que  llegaría al fuerte en febrero. Luego de  estar aquí poco más de un mes, partió el ejército hacia el sur. El teniente coronel Mariano García se había sumado a él como segundo jefe del Regimiento de Blandengues.

Fuerte de Bahia Blanca (Cuadro de Augusto Ferrari).

Ese mismo día el gobernador firmaba la comunicación por la que informaba al gobierno delegado que al mando del Fuerte quedaba Mariano Echenagucía, al que hemos llamado en otros trabajos el “comandante adolescente”, dado que apenas tenía 16 años quedando como Comandante -aunque transitorio-constituyéndose en el más joven de los comandantes que tuvo la fortaleza tandilense en toda su historia. La tercera campaña, luego de padecimientos, escaramuzas, incertidumbres y amagos permanentes de ataques no concretados llegó hasta la Sierra de la Ventana, sosteniendo el combate de Pillahuincó, donde alrededor de 3000 lanzas enfrentaron a las huestes de Rodríguez, Pueyrredón y Rondeau, que fueron las vencedoras luego de ardua lucha.
 
El General Jose Rondeau (1775-1844) jefe del Ejército del Norte, óleo de época por Gaetano Gallino


Desde allí una columna al mando de Rondeau, siempre incansable, llegó hasta lo que creyeron que era la Bahía Blanca al ver anclados los barcos de Chilavert y Casares; pero no era así y sin saberlo y al encontrar tan malo el lugar elegido -habría sido la actual Punta Alta-, informaron al Gobernador, quien de inmediato y con reproches muy serios a los navegantes por su información previa, ordenó el regreso, que se cumpliría en medio de una penosa marcha que costó la vida a muchos soldados que perecieron de hambre o frío. Al respecto nos dice Pueyrredón:

“...Los que más tuvieron que sufrir, fueron los negros del batallón de Cazadores, que volvían hechos pedazos y casi todos sin calzado". "La mayor mortalidad, fue de estos infelices, no había día en que no hicieran recoger del campo negros helados, a veces hasta nueve..."

Y continuaba:

"Al fin después de mes y medio de horribles sufrimientos llegamos a las alturas de la Tinta; allí se recibió una comunicación participando el ascenso al gobierno de la Provincia del general don Juan Gregario de Las Heras".

"Pocos días después llegamos al Tandil, donde terminó la campaña."

Martín Rodríguez había perdido la reelección y retornaba con un dejo amargo a Buenos Aires; el gran patriota había abierto caminos, aun cuando sus campañas pudieron parecer fracasos. La sola presencia de Tandil y su Fuerte de la Independencia justificaron su esfuerzo y el de sus hombres. La fracasada misión de la expedición de Martín Rodríguez, obligó al repliegue en las circunstancias relatadas. De esa manera, el 20 de mayo de 1824, los expedicionarios estaban de regreso en el Fuerte Independencia, dejando su cargo de gran responsabilidad el joven Echenagucía en manos del experimentado Sargento Mayor Bruno Vázquez quien así pasó a ser así el tercer comandante en el Tandil.

MALONES EN TANDIL 

La batalla de Caseros significó una bisagra en la historia argentina del siglo XIX, fundamentalmente por las consecuencias que en la Constitución Nacional de 1853, encuentran los principios básicos de la Organización Nacional.

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Cacique Juan Calfucurá (Piedra Azul) -ilustración de Augusto Gomez Ramos-


La provincia de Buenos Aires  no fue ajena a los cambios, entre los que debemos apuntar como importantes, el de la relación del gobierno con los indígenas, la que Rosas había mantenido con habilidad y un equilibrio que permitió en gran parte del territorio-entre ellos Tandil-sostener una situación relativamente pacífica, por cuanto siempre hubo focos de tensión, en especial con el gran cacique Juan Calfucurá, que reinaba como un verdadero " emperador de las pampas" y con el que Urquiza debía negociar.

Sello que utilizaba Juan Calfucurá para el envio de su correspondencia. Del libro de Omar Lobos "Juan Calfucurá. Correspondencia 1854-1873"

Para la época, era Juez de Paz en Tandil, Carlos Darragueira, reelecto en 1854, año en el que comenzaron a dar fruto las gestiones para dotar al pueblo de una capilla y dos escuelas: una para varones y otra para mujeres. El viejo Fuerte denotaba en su construcción el paso del tiempo y recibía a Nicanor Otamendi -descendientes suyos son vecinos contemporáneos- como jefe. Eran tiempos difíciles en el que aquella relación con los indios que citamos, comenzaba a tener serios deterioros, avizorándose perspectivas de malones en el horizonte pampeano, de las que Darragueira tomaba nota por partes del Comandante del  Departamento del Sud, Julián Martínez.


Fortin Independencia, Tandil. Año 1823 (dibujo del Fuerte de M. Chiurazzi) Gentileza Daniel Eduardo Perez
Plano de Tandil 1858 definido por Fugl y Taylor

Tandil, que no había sido ajeno a hechos políticos- militares como la Revolución de los Libres del Sud, contra Rosas, en 1839 o la misma batalla de Caseros, afrontaba ahora, con la conducción de este “ vasco" alsinista, una etapa de construcción de instituciones capitales, como la de la organización política local, la educación y la religión. En el caluroso verano de 1854 viajó a Buenos Aires para reforzar sus gestiones para lograr los aportes para concretar la ansiada capilla y las escuelas, en tanto lo reemplazaba otro vecino, al que se le debe la instalación del Correo en Tandil: Publio Massini, quien debía dar cumplimiento a la integración de la primera Comisión Municipal, la que según las normas impartidas debía constar de cinco miembros, dos de ellos extranjeros.


Manuel Namuncurá sentado (hijo de Juan Cafulcurá) y su familia junto a sus capitanejos. Puede verse tambien a Currumanque o Curüñan, uno de los hijos del cacique Calfucurá (3ro parado de izq. a derecha)
Con casi 3000 habitantes en el partido, de los cuales sólo 600 estaban radicados en el pueblo, " sin botica, médico, escuela, iglesia, ni sacerdote..." Tandil no permanecía alejado de la nueva situación general, por la cual Urquiza intentó tratar como aliado a Calfucurá y sus lanzas, con el claro objeto de mantener una cierta tranquilidad en la zona sur de la provincia. De esta especie de alianza, el cacique supo sacar buen provecho, siendo sus tolderías receptoras de ganado y también algunas cautivas que tanto apetecían los indios. Temerosos que la situación, delicada como un cristal, se deteriorase, los vecinos tandilenses iniciaron la tarea de juntar fondos para el mejoramiento del casi ruinoso Fuerte, a la par que el Juez de Paz elevaba la nómina propuesta para la que sería la primera Comisión Municipal, integrada por Carlos Darragueira, Publio Massini, Regino Barbosa, Antonio Ponce (argentinos, bonaerenses); Manuel Romero y J. M. Otero (españoles) y José Suessy y José Arnold (norteamericanos), este último el primer preceptor del incipiente intento educativo sistemático, pese a su oficio de carpintero.

El 18 de junio el sueño de la escuela daba comienzo en el ranchito que estaba ubicado en la esquina de las actuales Gral. San Martín e Yrigoyen (donde por años estuvo la tienda "La Estrella" de los hermanos Pedro, posteriormente Mandarano y hoy una casa de comidas). Por esa misma fecha las autoridades locales solicitaban que se retomara el nombre de Tandil para el partido, al que Rosas, después de la Revolución de los Libres del Sud, denominó Chapaleofú, iniciativa que en junio fue aprobada, mes en el que además también tuvieron fruto las gestiones de Darragueira y se comunicaba la designación de Fray Luis María Mancini como primer Párroco de la flamante erección canónica de la Parroquia del Santísimo Sacramento.

La Comisión Municipal- reestructurada por Darragueira y de la que quedaron los cinco miembros pedidos originalmente, de los cuales permanecieron de la primera sólo Massini y Romero- se interesó por el mejoramiento urbano dando el puntapié inicial o pionero para el alumbrado público, al obligar a los comercios a colocar un farol en su frente, para iluminar, aunque sea precariamente, las oscuras callejuelas pueblerinas. Tandil, en ese 1854, sentaba las bases del futuro despegue: comisión municipal, escuela, capilla, sacerdote, alumbrado, los trigales de Juan Fugl, en fin, como decía Darragueira en diciembre de 1854, todo reflejaba "... la hora feliz del progreso que nos presenta...".


El pionero de Tandil Juan Fugl

Sin embargo aquellas relaciones "de cristal" de Calfucurá con el gobierno, hacían compleja cualquier predicción y días difíciles se avecinaban en la zona, días que tuvieron  su sangrienta eclosión cuando el 13 de febrero de 1855, el "emperador de las pampas", se abatió sobre Azul causando en el ataque 300 muertos, arreando 60.000 vacunos y cautivando a 150 familias. La tragedia sacudió no sólo la región sino al mismo gobierno en el que se desempeñaba como Ministro de la Guerra Bartolomé Mitre y al que le llegaron duras propuestas de represión y escarmiento, así como exigencias de medidas para prevenir nuevas matanzas.

La hora de la bonanza tandilense parecía oscurecerse ante la alternativa que se agravaba día a día, luego que Rojas sufriera en mayo un ataque similar dado que, como le escribiera Julián Martínez a Mitre:

"Estas pobres gentes están viendo en cada paja del campo un indio grandote...".

Ante la alternativa, el mismo Mitre se acantonó en Azul creando la División de Operaciones Sur, en procura de destruir las fuerzas indígenas atacantes, en especial las de los caciques Juan José Catriel y Cachul, aliados incondicionales de Calfucurá a quien respondían. Mitre se equivocó si pensó, como todo lo indica, que la tarea en esa zona desconocida para él y en esa lucha de carácter inédita, que la cuestión iba a ser más sencilla, de tal suerte que en su campaña denominada de Sierra Chica fue prácticamente humillado por las fuerzas de Calfucurá y sus caciques aliados, de manera que a pie y derrotados retornaron entre las sierras de Azul y Tapalqué, constituyendo un fracaso que animaba más a los audaces caciques y "achicaba" a los blancos habitantes de esta vasta región que naturalmente incluía el Tandil.

Ya por entonces esa localidad había sufrido "entradas" de indios que habían llegado hasta la misma estancia "El Carmen", ya devuelta, luego de la confiscación de Rosas, al Gral. Eustoquio Díaz Vélez; en ese marco parecía que aquello era lo que hoy denominaríamos un "tanteo" de la situación, aunque arrearon  algunas vacas y mataron algunos pobladores rurales. Podríamos considerar a esta entrada maloqueadora,  el primero de los cuatro malones que asolaron Tandil en ese trágico año, que llevaron -ya lo veremos- al despoblamiento casi total de ese partido.

General Eustaquio Diaz Velez -óleo-

Como parece ser un signo omnipresente en nuestra historia, el gobierno, a contrapelo de la situación y la realidad, sancionó la primera Ley de Municipalidades, obligando a la elección de municipales, en medio de este clima de zozobra y comienzo de despoblación producto del miedo que se había intensificado luego del ataque a "El Carmen". Para cumplir, en Tandil se eligió una lista a los apurones, la que fue rechazada y con la inoportunidad que nos caracteriza, se dispuso una nueva elección, en medio de lo que ya era terror en la campaña por las noticias que llegaban desde toda la región.

Coronel Benito Machado.

Circunstancialmente tranquilizados por haber sido destinado el Coronel. Benito Machado a esta zona, poco duró la calma de los que aún quedaban, cuando se recibió la noticia de la masacre de San Antonio de Iraola (actual partido de Benito Juárez), donde el que había sido comandante del fuerte, Nicanor Otamendi, murió a manos de las lanzas de Yanquetruz, cayendo junto a él 124 hombres, salvándose solamente uno. Era el 13 de septiembre de 1855. El éxodo se generalizó y el pueblo quedó apenas con unos cuantos hombres, mientras la campaña se despoblaba igualmente, tomando rumbo a la más cercana y segura Dolores y otros, más atrevidos -por la distancia- hacia Buenos Aires. El primer día de la primavera de aquel 1855 el malón llegaba al poblado tandilense. Casas vacías, pulperías solitarias y Darragueira con el viejo fortinero Zabala y el ya citado norteamericano Suessy, resistiendo junto a unos cuarenta hombres más, defendiendo el lugar casi diríamos que a "mano limpia", el que luego fue abandonado por falta de víveres.


General Manuel Hornos (1807-1871)
Al mes siguiente Tapalqué fue arrasado por las huestes de Calfucurá, lo que impulsó la formación de un "Ejército de Operaciones en el Sur" al mando del Gral. Manuel Hornos, que optimista y con buen ánimo partió en campaña desde el Azul. El resultado no podía ser peor, en San Jacinto el desastre superó al de Mitre en Sierra Chica y las tropas, nuevamente humilladas, retornaban dejando la frontera sur a merced de las lanzas inteligentemente comandadas por Calfucurá. Tandil ya había conocido en menor escala a la relatada, el rigor del malón y esperaba, con los pocos valerosos que quedaba, la nueva embestida.
La ansiedad crecía y el 7 de noviembre se tuvo noticias que por la Sierra de la Tinta (actuales proximidades de Barker) se producía la llegada o "entrada" de indios, partiendo el "Toro" Machado con apenas 40 hombres para intentar detener la posibilidad de su aproximación a Tandil. En tanto en Tandil, y según un documento firmado por Darragueira, que permaneció inédito hasta su publicación en 1983 por parte del autor de esta nota, "...nos pusimos sobre las armas los pocos vecinos de este Pueblo...".

A unos pocos kilómetros se juntaba un importante número de lanzas al mando del temido Yanquetruz, que ya el 8 de noviembre rodeaban el caserío tandilense:

"...Había 80 vecinos armados y 11 hombres de la fuerza del Sr. Machado a cargo del capitán Francisco Silva; todos ocuparon las pocas casas de azotea que hay y permanecimos dispuestos a sucumbir si éramos atacados (sic)”.

Así las cosas, llegó un parlamentario indio que informó que el cacique quería hablar con el Jefe, no obstante se destacó al Capitán Silva y un lenguaraz para que lo acompañara, llegando el mismo Yanquetruz a la reunión, quien con el argumento -seguramente falaz- que el Gral. Urquiza lo había autorizado a retirar numerosa hacienda, si no se resistían, no habiendo en consecuencia saqueo y combate. La estrategia de Darragueira y Silva fue entonces demorar lo más posible las conversaciones con el objeto de despachar un chasque a Azul, para que Hornos enviase fuerzas para despejar la zona y evitar el enfrentamiento. Obtenido un tiempo para decidir la propuesta indígena, y aprovechando lo escabroso del terreno serrano y la noche, partió el chasque según dice la tradición, de apellido Cáceres con el rumbo indicado.


En la mañana del 9 se presentó nuevamente el jefe indio a preguntar qué se había decidido, a lo que sin más alternativas resolvieron aceptar las condiciones de Yanquetruz, esperanzados que antes del saqueo de hacienda, llegaran los refuerzos. Las horas pasaban tensas y expectantes para saber por un lado si las lanzas cumplían la palabra de no atacar y por otro si llegaban  a tiempo las fuerzas desde el Azul. Finalmente el 10 de noviembre "a la defensiva", partían Yanquetruz y sus hombres con la hacienda arreada, sin noticias de la ayuda solicitada hasta que al mediodía ¡por fin! se supo que a cinco leguas de Tandil ya estaba una fuerza al mando del Coronel Ocampo, que después de un enfrentamiento con los indígenas, los dispersaron y trajeron de regreso  gran parte del botín. El sofocón había pasado, pero como atestigua Juan Fugl en sus memorias:

"...los soldados no fueron mucho mejores que los indios, pues los días que quedaron en el pueblo y alrededores, robaron y saquearon las casas abandonadas, llevándose cuanto les pareció útil…El pueblo nada había sufrido ni las viviendas de mi chacra".


Cacique Yanquetruz en sus últimos años

La astucia y la paciencia de Darragueira y sus pocos hombres, evitaron un  enfrentamiento seguramente sangriento y de resolución incierta. La historia dice que el cacique Yanquetruz (o Llanquetruz, como también se lo denominaba), llegó luego a un acuerdo con el gobierno de Valentín Alsina, en 1857, donde se le reconocía grado militar y mando sobre determinadas zonas y hasta  participó junto a las autoridades de los festejos patrios, asistiendo a una función de gala donde se representó "Il trovatore" y desfilando junto a Pastor Obligado y Valentín Alsina. 



Yanquetruz murió apuñalado en Bahía Blanca, en una reyerta en la que, como era frecuente, estaba totalmente borracho. Al año siguiente-1856- la zona quedaba tranquilizada definitivamente tras los combates de Cristiano Muerto y Sol de Mayo y posteriormente San Lorenzo, donde se destacó la acción del Coronel Benito Machado.

En Tandil renacía la calma y ahora sí podía darse cumplimiento a la inoportuna convocatoria electiva, formalizándose el 22 de noviembre la primera Comisión Municipal acorde con la Ley de Municipalidades, que integraban Manuel Romero, Felipe Miguens, Narciso Domínguez y Publio Massini como titulares y Ramón Gómez y Cayetano de la Canal como suplentes. La realidad, sin embargo, indicaba que casi no quedaban integrantes de la misma en el pueblo ya que habían formado parte del éxodo del que dimos cuenta.

Plano de Tandil de 1865-66 definido por Chapeaurouge

Campamento militar de Tandil, misa de campaña con Nicolás Levalle y el Ministro de Guerra Luis María Campos en 1894
La tarea de Darragueira y sus colaboradores debía recomenzar y en los años siguientes el lento pero ininterrumpido repoblamiento permitió que los tandilenses tuvieran sus escuelas, templos, sociedades mutuales, periódicos, industrias y hasta el ferrocarril, el "caballo de hierro" que reemplazaba, en 1883, a las viejas carretas y galeras y dejaba muy atrás la  reciente historia de  "alarma , entrada y malones de indios "en estos años del Tandil en que  las heroicidades del "vasco" Darragueira y sus hombres señalaron el rumbo en aquellos tiempos de pionerismo y valentía.


Estacion del Ferrocarril en la ciudad de Tandil.

Fuentes:
“Diario de la expedición al desierto”. Martín Rodríguez, Bs,As., Editorial Sudestada, 1969.
 “Malones en el Tandil. Éxodo y despoblamiento tandilense” por  Daniel Eduardo Pérez. http://historiando.escribirte.com/18481/malones-en-el-tandil.htm

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