sábado, 15 de abril de 2017

ROLANDO MAXIMO PACHOLCZUK: HEROE DE MALVINAS


Rolando Màximo Pacholczuk


Rolando Máximo Pacholczuk fue un soldado marplatense que murió en Malvinas. Nació el 3 de Agosto de 1962. Vivió, trabajó y estudió en la ciudad de Mar del Plata y La Plata, y con tan sólo 19 años aceptó con orgullo ir a Malvinas... luchó con honor en Monte Longdon. Pero muy poca gente sabe que pasó en ese lugar, que fue tal vez, donde más hombres se perdió en una batalla. Conozcamos su historia...

 
Rolando Maximo Pacholczuk Año 1977
Rolando Maximo Pacholczuk en en El Parque Saavedra

Julieta Añazco con Rolando Maximo Pacholczuk en en El Parque Saavedra


Es muy dificil hacer una apología de una persona que apenas tenía 19 años. Solo podemos reconstruir su vida gracias a los comentarios de sus amigos. No obstante, la infancia de Rolando no fue muy facil. Junto con su hermano tuvieron que sortear muchas dificultades, para poder estar juntos. Pero cuando la vida ya se estaba encaminando y Rolando había terminado su servicio militar, la vida le tendría preparado otro destino.
 
Rolando Maximo Pacholczuk en en El Parque Saavedra

Julieta Añazco con Rolando Maximo Pacholczuk en en El Parque Saavedra

Rolando era un chico muy alegre, muy divertido y cariñoso. Pero por sobre todas las cosas, muy respetuoso. Le gustaba tocar la guitarra y tocaba "Solo le pido a Dios"  de Leon Gieco cuando estaba con sus amigos. Le gustaba la música de Mercedes Sosa, Charly Garcia o el grupo Vivencia (tan es así, que su su amiga Julieta Añazco se le llenan los ojos de lagrimas cuando escucha a este grupo). Rolandro trabajaba en una zapatería al mismo tiempo que estudiaba. Era tan derecho, que aunque podría haber encontrado un certificado donde demostrara que tenía un dedo fracturado, el no quizo presentarlo y decidió ir a Malvinas como todo los de su clase. 


Rolando Pacholczuk junto a sus amigos
Rolando Pacholczuk junto a sus amigos
Rolando Pacholczuk junto a sus amigos
Su hermano recuerda el verano anterior a su partida para las islas. Estuvieron todo un día en la playa pescando y luego asaron al fuego lo que habian pescado. Al día siguiente caminaron por el campo desde la Ruta 11 hasta la Ruta 2 mientras charlaban de la vida y lo que sucedería en Malvinas. Esa fue la última vez que Rolando disfrutó de un fin de semana con su hermano Sergio.



Rolando Pacholczuk tocando la guitarra

Rolando Pacholczuk tocando la guitarra

La última vez que su familia estuvo con él, fue cuando los colectivos que salían de La Plata desde el Regimiento Mecanizado Nº7 transportó a todos los soldados a Retiro y desde allí para que desde un avión Hercules llegaran a las Islas Malvinas. En poco tiempo, Rolando estuvo movilizado en dirección a Malvinas y desde allí a Monte Longdon.


Batalla de Monte Longdon

La batalla de Monte Longdon fue una batalla que tuvo lugar durante la Guerra de Malvinas entre las fuerzas británicas y argentinas. Aconteció entre la noche del 11 y se extendió hasta la madrugada del día 12 de junio de 1982 y se saldó con la victoria de las tropas británicas. Es considerada la batalla más importante del conflicto por dos razones. Por lo cruenta ya que se llegó al combate cuerpo a cuerpo con bayoneta (poco usual en la guerra moderna) y por su punto estratégico porque se trataba de una posición clave en torno a la guarnición argentina de Puerto Argentino. 

Las fuerzas britanicas consistieron en el 3 PARA bajo las órdenes del teniente coronel Hew Pike (más tarde un general), apoyada por el 29º Regimiento de Artillería Real, con 6 cañones de 105 mm. El 2 PARA estaba en reserva. El apoyo naval fue proporcionado por la fragata HMS 'Avenger'. La fuerza argentina consistió en la Compañía B 'Maipu' del Regimiento de Infantería Mecanizado 7 "Coronel Conde" (RI Mec 7), 1ª sección de la Compañía de Ingenieros Mecanizada 10, una Sección de ametralladoras pesadas Browning M2, calibre 50 (12,7 mm) del BIM 5, así como otros destacamentos de otras unidades. El comandante local argentino era el mayor Carlos Eduardo del Valle Carrizo Salvadores, el segundo al mando del RI Mec 7. 

 
Sección de Ametralladoras del BIM 5 combatiendo en Monte Tumbledown

El Regimiento 7 era parte de la 10ª Brigada de Infantería Mecanizada "Teniente General Nicolás Levalle", una formación muy bien entrenada del Ejército Argentino en comparación con muchos otros Ejércitos Latinoamericanos. 3 A finales de 1981 la 10a Brigada lleva a cabo operaciones de combate simuladas en conjunto con la Fuerza Aérea Argentina en presencia del Comandante en Jefe del Ejército Argentino, el Teniente General Roberto Eduardo Viola.4 La 10ª Brigada del General Oscar Luis Jofre perdería a 66 hombres muertos y 370 heridos en las Malvinas.5

Vista de los riscos del Monte Longdon
Posiciones argentinas en el Monte Longdon


Estando en Malvinas, Carrizo Salvadores perdió a su padre en Catamarca, pero el mayor guardó para sí este hecho y permaneció en su puesto de comando hasta el fin de los combates. El Regimiento de Infantería 7, reforzada por dos pelotones de Infantería de Marina, se atrincheró en Monte Longdon, Wireless Ridge y Cortley Ridge hacia el este. El teniente de navío (rango naval equivalente a capitán) Sergio Dachary (el teniente de navío debió también sobreponerse del dolor provocado por la muerte de su hermano Alejandro Dachary, oficial del Ejército Argentino y operador de unos de los radares Skyguard de Puerto Argentino impactado por un misil británico de un bombardero Vulcan7 ) había vuelto a Monte Longdon, en la semana anterior a la batalla, y estuvo al mando de las ametralladoras pesadas de los infantes de marina en Monte Longdon.

Posicion ametralladora 12.7 mmts nido 3 monte longdon.

En su mayoría conscriptos con un año de formación, los jóvenes soldados del RI Mec 7 no iban a abandonar sus puestos fácilmente y la mayoría de ellos estaban dispuestos a luchar duramente. Ellos poseían fusiles FN FAL totalmente automáticos que entregan más potencia de fuego que el SLR británico, granadas de fusil PDF y PAF, ametralladoras MAG de 7,62 mm idénticas a las de los paras, un radar de vigilancia terrestre Rasit; unos cincuenta del Regimiento 7 lucharían con más decisión que el resto y comparterian sus técnicas de comandos con sus compañeros, que aprendieron después de haber pasado por un curso de comandos organizado por el Mayor Oscar Ramón Jaimet,8 entrenado como comando y ahora Oficial de Operaciones del Regimiento de Infantería Mecanizado 6 'General Viamonte' (RI Mec 6). Durante 1981, el General Jofre organizó un Pelotón Helitransportado para cada unos de los Regimientos 3,6 y 7 de la 10a Brigada de Infantería Mecanizada bajo la supervisión del Mayor Jaimet. El soldado conscripto Jorge Altieri, en una entrevista después de la guerra contó como él se entrenó duramente con la Compañía B:

"Se me dio un fusil FAL de 7,62 milímetros. A otros chicos se les dio el FAP - ametralladoras ligeras - y otros recibieron las PAM [subametralladoras]. El énfasis principal en el tiroteo fue hacer que cada bala contara. También me enseñaron cómo usar una bazuca, cómo hacer y poner trampas explosivas, y cómo navegar por la noche, y nos fuimos en helicópteros, taladros, ataques y emboscadas de noche y día."

Tomás Szumilo también mantiene que los conscriptos recibieron una formación más que adecuada en el Regimiento 7:

"La preparación con la que llegábamos era una instrucción de un mes y medio, buena y bastante rigurosa porque el Regimiento era muy exigente en ese sentido. Estábamos en condiciones de manejar un arma y de los elementos básicos del combate. En mi caso, por mi experiencia en sanidad, tenía conocimientos de enfermería, más que nada de primeros auxilios."

Altieri sostiene que lentejas con porotos verdes y un poco de carne de cordero constituyeron las principales comidas que se repartieron entre el 16 de abril y 11 de junio, pero estas comidas se complementaron con algunos lujos tales como barras de chocolate y tarros de carne. Sin embargo, los conscriptos todavía pasaron hambre según Altieri:

"En una guerra los altos mandos están en distintos lugares que la tropa, entonces por ejemplo nosotros estábamos arriba del Monte Longdon y nuestro jefe, el subteniente Juan Domingo Baldini recibía la orden del oficial Mayor Carrizo que estaba más abajo, de abastecernos de raciones frías [raciones enlatadas] y que la comida mas nutritiva nos las tenían que dar cuando comenzara el combate porque después no sabían si no podían proveer de comida. Del 16 de abril hasta el 11 de junio que combatimos, comimos sopa con lentejas, arvejas y algún trozo de oveja. Nosotros le decíamos a nuestro subteniente: “No podemos decirles a los soldados ingleses que esperen que nos alimentemos bien y después agarrarnos a tiros…”. No estábamos bien alimentados previo a los combates como debe ser, estábamos debilitados. Si durante el combate no hubiéramos podido comer, bueno, mala suerte, pero no antes. Fueron muchas cosas… La comida, la ropa, el orden que debíamos mantener en las carpas, estar afeitados…. Los libros enseñan de una forma pero la realidad es otra..."

Sobre el aprovisionamiento de aquellos días, Julio Lago (soldado ranchero del Regimiento 7 "Coronel Conde") muestra su particular vision.

"De entrada hacíamos tres comidas por día, después se hicieron dos y al final, una. Te levantabas a las cuatro de la mañana y preparabas un mate cocido; después ya entrabas con la comida que se repartía a mediodía, otra más que se repartía tipo cuatro, cinco de la tarde, y a preparar todo para el otro día. Y así era continuamente. El problema era que amanecía a las diez de la mañana o a las nueve, y oscurecía a las tres y media. Con el toque de queda no se podía circular de noche, o sea, no había tiempo para andar repartiendo la comida."

El 23 de mayo, en vista que la Compañías A, B y C llevaban 41 días en las posiciones sin haber sido relevadas, decidió el capitán Raúl Daneri ordenar las compañías tomarse el turno en preparar y servir la comida del Regimiento 7.

"A mi me tocaba ser el ranchero, nos turnábamos creo que por semana. Así podía conseguir un poco más de comida. Aunque salir en medio del frío a servir a los otros era tremendo, de esta manera llenábamos con Roberto Maldonado (mi compañero de posición ) tres cantimploras de mate cocido y las usábamos como bolsa de agua caliente – Así tomabamos algo calentito toda la mañana.» dice Miguel Savage soldado de la Compañía C."

Los excombatientes del Centro de Excombatientes Islas Malvinas (CECIM), que desde principio se definió como “Anti-Héroes”, denunciaron torturas físicas y psicológicas, estaqueamientos, maltratos, privación de alimentos en Monte Longdon y hasta la muerte por congelamiento del infante de marina Héctor Miguel Rolla.

Oficiales del Regimiento de Infantería Nº7, de izq a der, Baldini, Guidobono y Selser.

El subteniente Juan Domingo Baldini de la Compañía B 'Maipu' en Monte Longdon, está acusado de haber estaqueado a tres o cuatro conscriptos por haber abandonado sus puestos para ir en busca de comida. En 2007, la Ministro de Defensa de Argentina, Nilda Garré, reconoció que las normas militares vigentes durante la guerra de las Malvinas, que en otros ejércitos eran conocidos como castigo de campo, permitía el estaqueo en caso de la inexistencia de cárceles:

"Es una crueldad y de un sadismo insólito, pero es cierto que estaba en las normas".

Dice Ernesto Alonso, en ese entonces soldado del 1º. Pelotón de Fusileros de Baldini y luego presidente de CECIM.22

«Nuestros propios oficiales fueron nuestros peores enemigos», ellos se suministraban con el whisky de los bares, pero no estaban preparados para la guerra. Desaparecieron cuando las cosas se pusieron serias.»

Hay otros que sostienen que a estos hombres se les ayudó a hacerse lo más cómodo posible, dadas las circunstancias, y que sus oficiales y suboficiales pelearon bien y se esforzaron por levantar la moral de los conscriptos. El historiador británico Nicholas van der Bijl ha escrito en defensa del accionar del subteniente Baldini:

"Baldini fue después fuertemente criticado por los veteranos por ser indiferente y egoísta hacia sus hombres, aunque esto parece haber venido de varios soldados petulantes que no pudieron apreciar sus esfuerzos para mantenerlos con vida en condiciones difíciles."

Previo a el desembarco británico, Baldini pudo sacar sus a hombres de sus trincheras en dos oportunidades y llevarlos a la capital malvinense para que pudieran bañarse y dormir bajo techo. Según Luís Aparicio:

"Durante la guerra fui con toda la sección dos veces al pueblo para bañarnos. La primera, [nos bañamos] en un aserradero al costado del correo, con agua tibia. Eso ocurrió al principio. Luego, ya más entrado mayo, en otro lugar donde nos quedamos a dormir. Escuchábamos disparos aislados. Yo seguía afeitándome, pero no me pude bañar más de dos veces en toda la guerra".

A pesar de la amenaza de aplicárseles el castigo de campo, cuatro soldados conscriptos (Carlos Alberto Hornos, Pedro Vojkovic, Alejandro Vargas y Manuel Zelarrayán) se escaparon del Regimiento 7 el 8 de junio, y usando un bote de goma intentaron confiscar los bienes que el soldado Savage (que había encontrado un pullover azul) y otros decían haber encontrado dentro la casa abandonada de un estanciero, cerca del río Murrell. Desafortunadamente para los cuatro involucrados, su barco pego una mina anti-tanque al regresar de la incursión, matándolos en la orilla.

En 2009, las autoridades argentinas en Comodoro Rivadavia ratificaron la decisión tomada por las autoridades de Río Grande, Tierra del Fuego (que, según la Argentina, tienen autoridad sobre las islas) de acusar formalmente a 70 oficiales y suboficiales de tratamiento inhumano de los soldados conscriptos durante la guerra. Tenemos el testimonio de 23 personas sobre un soldado (Rito Portillo) que fue asesinado a balazos por un cabo, cuatro ex combatientes que murieron de hambre, y al menos 15 casos de conscriptos que fueron estaqueados en el suelo. Pablo Vassel, subsecretario de Derechos Humanos en la provincia de Corrientes, se lo dijo a la Agencia Inter Press News Service. Hay fuertes afirmaciones que testimonios falsos fueron utilizados como evidencia para acusar a los oficiales y suboficiales argentinos y Vassel tuvo que renunciair de su cargo como subsecretario de Derechos Humanos de Corrientes en 2010.

Avance británico

El 3º Batallón del Regimiento de Paracaidistas británico, llevó a cabo una desesperada marcha a través de las colinas al norte del Monte Simon para tomar la pieza clave del terreno alto que dominaba Estancia House, apodado Granja Estancia. Las condiciones meteorológicas fueron atroces, con los paracaidistas marchando a través de empinadas colinas resbaladizas hacia el objetivo. Nick Rose era un soldado raso en el 6 º Pelotón al mando del teniente Jonathan Shaw.

"El terreno dictaba exactamente cómo avanzaríamos. Una gran parte del tiempo íbamos a lo largo de los caminos - los pocos caminos que encontramos - nosotros utilizamos la fila india, que es un avance dificultoso en ambos lados del camino, como forma de zig zag. Pero hay grandes ríos de piedra - grandes rocas blancas - y usted tiene que cruzarlos y luego está el brezo y el tojo y está constantemente mojado. Así que la sensación térmica era - Creo que alguien dijo que menos de 40 grados - y tormenta de viento y lluvia horizontal - un escenario de pesadilla.... Estamos horrible, estamos miserables como el pecado, todos nosotros - echamos de menos la casa, querramos un cigarillo seco, botas cálidos y secos, un sandwich de queso con cebolla y una botella de leche superior azul. Solía ​​soñar con eso."

El capitán Matthew Selfridge del 3 PARA estableció una base de patrulla cerca del Río Murrell para fines de mayo, a dos kilómetros al oeste del Monte Longdon. Desde allí envió sus patrullas especializadas de la Compañía D para explorar las posiciones argentinas en Longdon. Una patrulla llevada a cabo por la Compañía D, tuvo lugar en la noche del 4-5 junio. Los integrantes de esta patrulla fueron el cabo Jerry Phillips y los soldados Richard Absolon y Bill Hayward, todos tiradores especiales.

La patrulla de Phillips, dado la tarea de penetrar el 1.er Pelotón del subteniente Juan Baldini con el fin de obtener un prisionero, informan al regresar haber eliminado con fuego de tirador especial a un oficial argentino y los sirvientes de un mortero con un cohete antitanque. También informan que los defensores argentinos reaccionaron demasiado tarde pero con mucho fuego de ametralladora, además de artillería y morteros. Pero en verdad no hubieron pérdidas entre los argentinos en Longdon esa noche. El cabo Phillips no obstante mantiene haber personalmente matado o gravemente herido a un oficial argentino en las posiciones de Baldini y penetrado las defensas argentinas y eliminado a dos servidores de morteros con un cohete antitanque disparado a corta distancia.

En el lado argentino, los comandantes pronto se dieron cuenta de que los soldados del Pelotón de Reconocimiento del Regimiento de Infantería 7 apostados en la posición circundante de Wireless Ridge como parte de la reserva, no estaban en condiciones de llevar a cabo su propio patrullaje. Así que, las unidades de comandos argentinos, normalmente utilizados para reconocimientos profundas tuvieron que asumir este rol. Ellos fueron capaces de hacerlo con mucho éxito y en las primeras horas del 7 de junio, una patrulla combinada de la Compañía de Comandos 601 y el Escuadrón de Fuerzas Especiales 601 de la Gendarmería Nacional (EFE601GN), investigando los informes del mayor Jaimet de actividad enemiga alrededor del Murrell Bridge 35 fueron vistos acercándose hacia el puente.

Después de varias noches en la zona, los cabos Peter Hadden y Mark Brown y sus patrullas habían llegado como reemplazos en el acantilado en la orilla occidental del río Murrell, que las patrulla del sargento Ian Addle y los cabos Jerry Phillips y Peter Higgs habían estado utilizando como una base. En un corto espacio de tiempo una centinela informó de las figuras enemigas cerca del puente. Los PARAS abrieron fuego y un confuso combate se desarrolló en la oscuridad, con intenso fuego de fusiles SLR británicos y FAL argentinas, ametralladoras GPMG británicas y MAG argentinas, misiles antitanques LAW británicas y granadas de fusil Energa argentinas intercambiándose.


Capitán Rubén Teófilo Figueroa Compañía Comando 601.

La patrulla de comandos al mando del capitán Rubén Teofilo Figueroa demostraron ser bastante agresivos y antes del amanecer habían obligado a los 30 paras retirarse, teniendo que dejar atrás gran parte de su equipo en manos argentinas. Sólo un suboficial argentino (Sargento Rubén Poggi) resultó herido durante la contraemboscada argentina. A partir de entonces las patrullas británicas tuvieron que ser montadas más cerca de su propia línea. Como la historia oficial del Regimiento de Paracaidistas británico ha reconocido:

“Ellos se vieron obligados a evacuar sus posiciones rápidamente, dejando atrás sus mochilas y la radio, pero lograron retirarse sin sufrir ninguna baja. La ubicación se examino en la tarde del 8 de junio por otra patrulla, pero no había ni rastro de las mochilas o de radio, lo que significaba que la red de comunicaciones por radio del batallón podia haber sido comprometida”.

Sin embargo, el Coronel Pike y sus jefes de compañía, en la víspera de la batalla todavía tenían a los pelotones argentinos en Longdon en baja estima, debido a los informes erróneos de la patrulla del cabo Phillips, y no esperaban que darían mucha resistencia. Por esta razón, el coronel británico esperaba sorprender a los defensores argentinos, avanzando lo más cercano posible bajo la cubierta de la oscuridad antes de pasar al asalto. El teniente coronel Pike esperaba causar mucho pánico entre los conscriptos argentinos y sus suboficiales y oficiales, y por esta razón no utilizo la artillería británica al comienzo de la batalla.

Monte Longdon. Detalle de los tres objetivos principales

Los tres objetivos principales - Fly Half, Full Back y Wing Forward - fueron nombrados como las posiciones empleadas en el juego de rugby. La Compañía B atacaría a través de Fly Half (apertura) antes de proceder hacia Full Back (espalda), mientras que la Compañía A, seguido por la Compañía C, haría lo mismo en Wireless Ridge.

Pero la moral seguía manteniéndose bastante razonable en el Regimiento 7. El soldado conscripto Elbio Eduardo Araujo, con una lata de dulce de batata vacía, tocaba la Colina de la vida (de León Gieco) contagiando con su canto a todos sus compañeros del 3º Pelotón de fusileros. Miguel Angel Arrascaeta fue herido por el fuego de ablandamiento británico en la primera semana de junio y evacuado, pero creyendo que sus amigos en su 1º Pelotón todavía lo necesitaban el conscripto hospitalizado regresó a Longdon donde perdió la vida combatiendo en la batalla. El soldado conscripto Fabián Passaro de la Compañía B combatió en Monte Longdon con el pelotón adelantado de Baldini y recuerda la vida en esos momentos:

“La mayor parte de nosotros nos habíamos ajustado a lo que nos habían puesto, nos habíamos acostumbrado a la guerra. Pero algunos chicos [identificados como Carlos Alberto Carbone, Luis Leccese, Felix Benjamin Barreto y Antonio Francisco Belmonte en el libro Dos Lados De Infierno (Editorial Planeta, 1994)] todavía estaban muy deprimidos y, en muchos casos,  estaban empeorando. Por supuesto, estábamos muy hartos de llevar la misma ropa puesta por tantos días, yendo sin una ducha, teniendo tanto frío, comiendo mal. Fueron demasiadas cosas juntas, aparte de nuestro temor natural de la guerra, el bombardeo y todo eso. Pero pienso que algunos de nosotros nos adaptábamos mejor que otros. Había chicos que estaban muy preocupados; traté de levantarles un poco el ánimo. 'No se preocupen,' les dije. 'Nada sucederá, estamos a salvo aquí. ¿'No ven ustedes que nunca podrán conseguir llegar aquí arriba? Somos unos mil; si ellos tratan de subir, nosotros los veremos y los sacaremos la mugre a balazos”.

En una de sus últimas cartas el soldado Araujo escribió a su familia:
Islas Malvinas (¡Argentinas!):

Quédense todos tranquilos que el Soldado Araujo monta guardia por la Argentina (la de todos), próspera y soberana y que es fiel a su juramento.

.
 
Elbio Eduardo Araujo, héroe de Malvinas del R.I.7

El 11 de junio de 1982 a los 19 años de edad, cuando una bomba explotó en plena trinchera, se llevó la vida de Araujo y dos de sus compañeros. Solo uno sobrevivió.


Cuando la los hombres de la Compañía B (bajo ordenes del mayor Mike Argue) del 3 PARA fijaron bayonetas para asaltar las posiciones del 1er Pelotón en Monte Longdon, se encontraron avanzando dentro un inmenso campo minado. Los zapadores británicos más tarde contarían unas 1.500 minas antipersonales sembradas en las laderas adelantadas de Longdon, pero solo explotaron dos, diría el cabo Peter Cuxson, porque el resto estaba congelado por el hielo. De lo contrario la batalla final por Puerto Argentino habría sido una historia totalmente diferente, concluye el suboficial británico.

Ataque británico

Al anochecer el viernes 11 de junio, el 3 PARA marcho a sus líneas de partida, y después de una breve pausa, comenzaron a hacer su marcha de cuatro horas hacia Longdon. Al comenzar a aproximarse la Compañía B hacia Longdon, el cabo Brian Milne pisó una mina, lo que alertó al pelotón de conscriptos de Baldini. Más de 20 soldados argentinos salieron de sus carpas de campaña para combatir, pero la mayor parte del pelotón recién comenzaba a despertar y salir de sus bolsas de dormir cuando el Pelotón No. 4 del teniente Ian Bickerdike llegó a estar entre ellos, ametralleando y bayoneteando a los argentinos.

El cabo Stewart McLaughlin estuvo presente toda la acción, eliminando una ametralladora MAG de 7,62 mm argentina. Él cabo reunió a su sección y avanzaron hacia la cima con las bayonetas caladas entre una lluvia de fuego de ametralladoras argentinas. El Pelotón No. 6 del teniente Jonathan Shaw, en el flanco derecho de la Compañía B, capturó la cumbre de Half Fly sin alguna lucha. Sin embargo, no habían detectado media docena de soldados argentinos del pelotón adelantado, después de haber tirado varias granadas en varias carpas y búnkeres abandonados, y estos conscriptos lanzaron un feroz contraataque contra el pelotón desprevenido, lo que resulta en 4 o 5 paracaidistas muertos antes de que el área fuera controlada por los británicos. Durante tres horas, el combate cuerpo a cuerpo, hizo estragos en el sector del 1er Pelotón, hasta que los PARA finalmente sobrepasaron a los defensores.

En todo la posición del 1er Pelotón, pequeños grupos de soldados estaban luchando por sus vidas. Los PARA Ben Gough y Dominic Gray logaron arrastrarse sin ser detectado hasta un búnker argentino y se agacharon cerca a ella mientras que los marinos adentro disparaban. Al unísono los dos PARA quitaron el seguro de las granadas y las hicieron entrar a través de la rendija de disparo del búnker. En el instante en que la granada explotó los dos saltaron adentro y empezaron a bayonetear a los sobrevivientes. El soldado Gray mató a uno al cortar con su bayoneta a través de la cuenca de un ojo. Los soldados Gough y Grey fueron mencionados en los despachos militares.

Baldini fue muerto tratando de destrabar una ametralladora. El cabo Darío Rolando Ríos fue encontrado muerto junto al subteniente. El cuchillo y las botas de Baldini fueron tomados por los paras británicos para uso personal.

El Subteniente Subteniente Juan Domingo Baldini yace en primer plano - Jefe 1B del R I Mec 7 muerto en acción la noche del 11 al 12 de junio de 1982.

Una foto de un oficial argentino muerto en Longdon más tarde aparecería en la edición de tapa dura del libro Operation Corporate (Viking Press, 1985) del historiador británico Martin Middlebrook, y la ilustración de un artista de la foto del oficial argentino caído entre las rocas aparece en la portada del reciente libro "De La Plata a Malvinas" (Editorial Dunken, 2012) de Raúl Eugenio Daneri, capitán ayudante del jefe del Regimiento 7 en Malvinas.

También mueren en los combates iniciales en Longdon, el sargento boina verde Jorge Alberto Ron (uno de los 14 comandos argentinos muertos en Malvinas) del Escuadrón de Exploración de Caballería Blindado 10 y el observador adelantado de la artillería argentina operando una ametralladora, el teniente Alberto Rolando Ramos, cuyo último mensaje fue que su posición estaba rodeada. El subteniente Baldini seria póstumamente condecorado con la Medalla de la Nación Argentina al Valor en Combate. El comandante de la Brigada 3 británica en Malvinas, el Brigadier Julian Thompson, más tarde explicaría en un documental del History Channel que "los cuadros argentinos en general combatían y caían muertos o heridos junto a sus conscriptos en las batallas terrestres":

“Los argentinos en verdad combatieron en todos los objetivos, especialmente los jefes, los oficiales subalternos y suboficiales antiguos, quienes operarían las ametralladoras hasta el último momento y serían muertos operando las ametralladoras”.

    Falklands Combat Medics (History Channel, 2012)

Refuerzos argentinos

Justo cuando parecía que los paracaidistas sobrepasarían el 2.º Pelotón del sargento Raúl Antonio González en el vertiente sur de la montaña y el 3.º Pelotón del teniente Enrique Eneas Neirotti en el vertiente norte, refuerzos del 1er Pelotón del teniente Hugo Quiroga de la Compañía de Ingenieros 10º en Fullback llegaron para ayudar a Neirotti y González. A través de los combates iniciales en este sector, la mayoría de las posiciones argentinas en la silla de la montaña se mantuvieron firmes, gracias a los recientemente llegados refuerzos usando visores nocturnos montados en la cabeza, que resultaron ser bastante letal para los paracaidistas. El soldado Nick Rose en 6 Pelotón reanuda su historia.

“Pete Gray se levantó y fue a tirar un granada y le disparó un francotirador en el antebrazo derecho. Nos pareció que la granada había explotado. Les golpeamos su brazo hacia abajo en el suelo para detener la hemorragia, creyendo que había perdido la mitad de su antebrazo derecho y la mano, pero todavía estaba allí y su brazo doblado en el antebrazo en lugar del codo - una cosa horrible de ver. Hay fuego viniendo hacia nosotros por todas partes, un montón de cosas que están cayendo por el lugar y luego 'bang' mi amigo 'Fester' [Tony Greenwood], es alcanzado justo encima de su ojo izquierdo, solo a un metro de distancia de mí. Eso fue una cosa terrible. "Fester" era un tipo tan encantador. Luego le toco a 'Baz' Barratt. "Baz" se había vuelto a tratar de conseguir vendajes de curaciones para Pete Grey y estaba volviendo cuando 'bang' fue alcanzado en la espalda. Fue entonces cuando nos estancamos como un pelotón”.

El teniente primero Neirotti abandonó su posición para tener un mejor alcance de fuego y fue herido en una pierna. No obstante, sigue combatiendo:

“Parecía una autopista de noche con autos con las luces bajas encendidas... Recuerdo todavía al cabo primero Martínez, herido, que me grita que la artillería enemiga le mató al soldado Araujo y a su compañero. Veo a otro soldado caminar a los gritos, con sangre en los oídos y la boca, alcanzado por una onda expansiva. Veo todavía a un soldado argentino, desarmado, adelantarse para rescatar a dos heridos nuestros... Usted podía verles las caras a los ingleses y ellos a nosotros... Mire, yo partí en dos a un inglés [posiblemente el cabo James Murdoch] con mi ametralladora pesada. Cayó a pocos metros de donde estábamos nosotros. Y el fuego era tan intenso que no podíamos socorrerlo, ni a él ni a los nuestros. Lo escuché agonizar durante no sé cuantas horas, y todavía oigo sus gritos. Ese recuerdo me persiguió y me persigue todavía, aunque con menor intensidad porque aprendí a llevarlo conmigo”.
 
Rolando Mario Spizuoco, Torres y el Capitan Med Rodriguez.


El Sargento Rolando Mario Spizuoco también es herido, pero se arriesga a sí mismo en varias ocasiones para rescatar a los conscriptos heridos del pelotón de Baldini, rescatando a muchos. La batalla iba mal para el mayor Argue Mike. La resistencia argentina era fuerte y bien organizada. En el centro de la montaña estaban los reclutas de marina Jorge Maciel y Claudio Scaglione en un búnker con una ametralladora pesada y los conscriptos marinos Luis Fernández, Sergio Giuseppetti y otros con rifles equipados con visores nocturnos. El teniente Ian Bickerdike y su radio-operador, y el sargento Ian McKay y un número de otros PARA en el Pelotón 4 estaban tratando de realizar un reconocimiento sobre las posiciones de los infantes de marina argentinos; al hacerlo, el comandante del pelotón y radio-operador resultaron heridos. El sargento McKay se da cuenta que había que hacer algo, decidió atacar la posición de ametralladora pesada que estaba causando tantos problemas y tanta miseria.

El asalto fue recibido por una lluvia de fuego de la ametralladora MAG del soldado conscripto Vicente José Bruno del pelotón de Baldini. El cabo Ian Bailey fue herido de gravedad, un PARA muerto y otro herido. A pesar de estas pérdidas el sargento McKay, con total desprecio por su propia vida, por lo que ganaría póstumamente la Cruz de la Victoria, siguió corriendo hacia la posición enemiga solo. Peter Harclerode quien se le otorgó el libre acceso a el diario de guerra del 3 PARA, y posteriormente escribió PARA! (Armour Press, 1993), señaló que McKay y su grupo neutralizaron a varios fusileros de marina en la posición, pero no pudieron neutralizar la ametralladora pesada.

El mismo cabo McLaughlin logró arrastrarse hasta encontrarse dentro de distancia de poder lanzar granadas hacia la ametralladora pesada de los marinos, pero a pesar de varios esfuerzos con granadas de fragmentación y cohetes LAW de 66 mm, fue incapaz de silenciarla. El mayor Carrizo Salvadores en Full Back se había mantenido en contacto con los jefes argentinos en Puerto Stanley:

“La situación es crítica. Ordeno al teniente Hugo Quiroga un contraataque. Otra lucha cuerpo a cuerpo. Hay bajas de ambos lados. Se logra estabilizar el frente de ataque inglés, pero el fuego de la artillería enemiga continúa. Los proyectiles estallan por todas partes, a metros donde teníamos el comando. Los ingleses nos están envolviendo. Pido refuerzos y llega tropa al mando del teniente Raúl Castañeda. Realiza un contraataque por el sector noroeste. Son las tres de la madrugada. Castañeda tiene éxito. Hace retroceder a los ingleses”.

Contraataque argentino

Ahora era el turno de los argentinos para atacar. El Mayor Carrizo Salvadores maniobró el pelotón reforzado de Castañeda contra los Pelotones británicos 4 y 5 mientras que bajo la dirección de un suboficial, parte del pelotón de Castañeda avanzo en dirección al puesto de socorro británico. Los conscriptos de Castañeda demostraron ser bastante determinados, insultando los PARA en inglés (habiendo aprendido varias malas palabras viendo películas de acción de Hollywood en los cines de Buenos Aires), lo que convenció a varios paracaidistas británicos que estaban luchando contra mercenarios estadounidenses en Longdon.

Reagrupamiento y posiciones defensivas en Monte Longdon

El sargento británico Brian Faulkner, al ver que más de 20 heridos PARA en el puesto de socorro británico estaban a punto de caer en manos de una de las fracciones de tiradores de Castañeda, desplegó a todos los que estaban lo suficientemente aptos para defender el puesto de socorro del regimiento británico:

“Elegí cuatro tipos y me subí en esta alta altura, y al hacerlo este pelotón [en verdad un grupo de más o menos quince tiradores] de veinte, o treinta argentinos estaban viniendo hacia nosotros. Nosotros simplemente habrimos fuego sobre ellos. No se cuantos nosotros matamos, porque ninguno de ellos quedaron parados cuando terminamos con ellos”.

Las cosas estaban tan mal que los PARAS de la compañía del Mayor Mike Argue cesaron el fuego y dedicaron todos sus esfuerzos para retirarse de Longdon, abandonando prácticamente a todos sus muertos. Peter Harclerode, un destacado historiador británico del Regimiento de Paracaidistas, lo revelo oficialmente, diciendo que:

“Bajo fuego de cobertura, los pelotones números 4 y 5 se retiraron, pero otro hombre resultó muerto y otros heridos en el proceso. En ese momento, el teniente coronel Hew Pike y su Grupo "R" llegó a la escena y el mayor Argue le informó sobre la situación. Poco después, el Sargento Mayor de la Compañía Weeks informó que los dos pelotones se habían retirado a una distancia segura y que todos los heridos habían sido recuperados. Los muertos, sin embargo, tuvieron que ser dejados donde habían caído. Mientras tanto, en la ladera sur del objetivo, los heridos del pelotón número 6 estaban siendo evacuados mientras que el resto se mantuvo al amparo de las rocas”.

El comandante de la Brigada de Comandos 3, el brigadier Julian Thompson, reconoce que estuvo a punto de perder la batalla gracias a los hombres de Castañeda:

“Yo estaba a punto de retirar mi PARA de Monte Longdon. No podíamos creer que estos adolescentes disfrazados como soldados nos estaban haciendo sufrir muchas bajas”.

En el momento en que los 21 sobrevivientes (de los 46 hombres) del pelotón de Castañeda habían logrado bajar de la montaña, estaban totalmente agotados. Uno de ellos, el soldado Leonardo Rondi, lucía una boina marrón - tomado de un soldado paracaidista muerto.

 
Soldados argentinos usando la radio en Monte Longdon.

El soldado conscripto Rondi, tras la muerte del operador de radio del pelotón, había esquivado a varios grupos de PARA para entregar mensajes a las secciones de tiradores de Castañeda, y encontrado a un PARA muerto detrás de una roca (que pudo haber sido el sargento McKay) se llevó la boina roja y fusil SLR del para que más tarde dio a los comandantes argentinos como trofeos.

Al año siguiente, Rondi fue condecorado con la medalla La Nación Argentina al Valor en Combate por ofrecerse voluntariamente como mensajero a pie, tras la muerte del operador de radio del pelotón de Castañeda que había sido alcanzado por un francotirador británico.

Full Back

Tras los inesperadamente feroces combates en 'Fly Half', el mayor Argue tiro hacia atrás los Pelotones Números 4, 5 y 6, y el Regimiento de Artillería Real 29 empezó a martillar la montaña desde Monte Kent, después de la cual se lleva a cabo un ataque por el flanco izquierdo. Bajo intenso fuego, los restos de los pelotones 4 y 5 al mando del teniente Mark Cox comenzaron avanzar hacia su objetivo 'Full Back', sufriendo algunas bajas a manos del pelotón de Castañeda mientras avanzaban.

A medida que se despejaba la posición argentina, el PARA Grey fue herido por un tiro en la cabeza, pero se negó a ser evacuado hasta que el mayor Argue había consolidado sus posiciones adecuadamente en 'Fly Half'. El PARA Kevin Connery personalmente mató a tiros a tres soldados argentinos heridos que encontró en esta acción. Pero los PARA no se podían moverse más adelante sin sufrir pérdidas inaceptables y por lo tanto se los retiró al extremo occidental del Monte Longdon, con las órdenes que la Compañía A del mayor David Collett se moviese por la Compañía B y asaltar, desde el oeste, el objetivo 'Full Back', una posición fuertemente defendida, con fuego de cobertura que se la brindaría la Compañía de Apoyo.

Los subtenientes John Kearton y Ian Moore (un oficial australiano agregado al 3 PARA) reunieron a sus pelotones, cerca de la cima occidental y les informaron cómo tratar con el enemigo. Pronto se atacó la cima oriental de Longdon en otro amargo combate cuerpo a cuerpo, despejando la posición de los defensores argentinos con fusil, granada y bayoneta.

Mientras que la Compañía A estaba eliminando las últimas posiciones defensivas, el cabo McLaughlin fue seriamente herido por una ronda de cañón antitanque Czekalski disparado por dos suboficiales (los cabos Julio César Canteros y Jorge Norberto González) desde posiciones adelantados en el punto fuerte 'Rough Diamond' (Diamante Duro) en Wireless Ridge. Lamentablemente para sus hombres, el suboficial británico fue muerto poco después por una bomba de mortero disparado desde de la Compañía C del RI 7 en Diamante Duro mientras McLaughlin se dirigía hacia el puesto de socorro británico.

Monte Longdon. Islas Malvinas

Los argentinos defendieron rigurosamente Full Back. El cabo Manuel Adan Medina del pelotón de Castañeda se hizo cargo de un arma antitanque y disparo contra la Compañía de Apoyo británica en la cima occidental de Longdon, matando a tres PARA, incluyendo el PARA Peter Heddicker, quien recibió un impacto directo de la ronda antitanque, el cual hirió a otros tres paras.

El Mayor Carrizo Salvadores solamente abandonó su puesto de comando en Full Back solamente cuando un misil MILAN se estrelló contra unas rocas justo detrás de él. En el puesto de comando argentino el Mayor Collett encontró 2.000 cigarrillos que reparte entre los fumadores en su compañía.

Secuelas

La batalla y el fuego inmediato proveniente de Wireless Ridge (ordenado por el capitán Daneri) al amanecer que siguió duró doce horas y había sido costosa para los británicos. 3 PARA perdió diecisiete muertos durante la batalla, un ingeniero real agregado al 3 PARA, también fue muerto. Tres de los paracaidistas muertos -los soldados rasos, Ian Scrivens, Jason Burt y Neil Grose- solo tenían diecisiete años, con Grose muriendo en su cumpleaños durante la batalla.

Un total de cuarenta paracaidistas británicos resultaron heridos durante la batalla. Otros cuatro paracaidistas y un ingeniero real (REME) agregado al 3 PARA murieron y siete paracaidistas resultaron heridos en el bombardeo de dos días que siguió y que fue dirigido por el Teniente de Navío Marcelo de Marco del Batallón de Infantería de Marina Nº 5 en la montaña de Tumbledown y el capitán Rodrigo Alejandro Soloaga del Escuadrón de Exploración de Caballería Blindado 10 "Coronel Isidoro Suárez" en el Valle Moody Brook.

Héroe argentino, caído en su puesto de Monte Logdon, con su casco y armamento

Los argentinos sufrieron 31 muertos y 120 heridos, con cincuenta también siendo tomados prisioneros. Entre los heridos sobrevivientes estaban inicialmente los soldados conscriptos Ramón Quintana y Manuel Gramisci. Cuando en 1993 se publicó el libro "Viaje al Infierno" del ex paracaidista británico Vincent Bramley que denunció el fusilamiento de soldados argentinos en Monte Longdon, el soldado Néstor Flores contó su historia.


Soldados argentinos en Monte Longdon. Año 1982

Relató que en aquella madrugada en Monte Longdon, vio como los paracaidistas mataron a balazos a Quintana y mataron con una bayoneta a Gramisci. Gramisi había suplicado horas antes que no lo dejaren solo en la montaña, pero el soldado conscripto Sergio Sánchez quien lo había encontrado en la oscuridad, no pudo cumplir con su promesa de volver por el herido. El cabo británico Vincent Bramley recuerda estar patrullando la mitad occidental del Monte Longdon, cuando se confrontó con todo el horror del combate nocturno. El suboficial del 3 PARA y empeñoso escritor tropezó con los cuerpos de cuatro o cinco paracaidistas atrapados y muertos a manos del pelotón de Neirotti.

“Unas cuentas balas zumbaban por encima y se estrellaron contra las rocas. Un cabo gritó que Tumbledown estaba disparando contra nosotros. Corrimos hacia un espacio bastante apretado en el camino y todos llegamos a un abrupto fin, ya que era un callejón sin salida. Cuatro o cinco cuerpos yacían tendidos allí, juntos. Esta vez eran nuestros propios hombres: el camuflado guardapolvos de para golpeó mis ojos de inmediato. El CSM [Company Sergeant Major o Sargento Encargado de la Compañía] Weekes estaba de pie sobre ellos como un guardián, gritando a algunos de sus hombres para cubrir el otro extremo de la ruta de acceso y una pequeña cresta. El CSM y el Sargento P [Pettinger] intercambiaron palabras rápidas. Yo no les escuchaba, mi mente estaba ocupada totalmente con mirar a los riscos para el enemigo. Me di vuelta y mire a nuestros propios muchachos, muertos en el suelo, abatidos cuando intentaban correr a través de esta brecha. Sentí la ira y la tristeza. El rostro del CSM mostró la tensión de haber visto la mayor parte de su compañía ya sea herido o muerto a tiros. La lucha de esa noche fue escrito en todas las líneas de su rostro”.

Tumbas argentinas sin nombres

Treinta y tres años después de la guerra se informó de nuevo en los principales periódicos del mundo que en contravención del Convenio de Ginebra, 123 argentinos muertos en Malvinas fueron enterrados sin sus chapas metálicas y tarjetas plásticas de identificación, fotos y cartas personales, documentos que hubiesen ayudado a los británicos a identificarlos. La mayoría de los muertos argentinos no identificados pertenecían a las unidades que habían luchado contra los paracaidistas británicos, acusados de varios crímenes de guerra contra los soldados argentinos.

Mitos y hechos discutidos

En cuanto a la batalla de Monte Longdon se han escrito numerosos mitos y contramitos, a favor y en contra el rol de los militares argentinos. Desde el punto de vista militar la batalla fue la más sangrienta en Malvinas. Aunque muchas veces se ha afirmado que comandos argentinos o mercenarios estadounidenses se repartieron entre los defensores y esto permitió que los argentinos combatieran bien, lo cierto es que un Pelotón de Infantes de Marina estuvieron presentes, y estos se dividieron entre los soldados argentinos del ejército presentes. En charlas dadas en las escuelas y entrevistas concedidas por miembros del CECIM, se difunde de manera prolija la idea de que los conscriptos defensores del monte fueron abandonados por los cuadros y combatieron “sin ningún tipo de instrucción de nuestros jefes, los oficiales y suboficiales". 

Según el ex soldado Ernesto Alsonso (hospitalizado durante la batalla después de ser evacuado previo a los combates por el shock nervioso causado por la explosión de un proyectil enemigo), actualmente presidente de la Comisión Nacional de Ex Combatientes de Malvinas, no debe interpretarse que Carrizo Salvadores o Dachary jugaron un rol importante, aunque varios historiadores y veteranos dicen que hasta el final del combate ambos jefes militares confiaron que les llegaran los refuerzos que repetidamente estuvieron solicitando.


Placa recordatoria a los caidos en Monte Longdon

Baldini recibió muchas críticas por parte del ex-soldado conscripto Alberto Carbone por haberle acusado de desertor y aplicarle el castigo de campo en Longdon. Sin embargo, Baldini había autorizado la evacuación de Carbone el 10 de junio pese a sus dudas. El soldado conscripto tenía un disparo en el muslo que se había disparado dentro de su carpa (Carbone niega que su herida de bala fue auto-infligida a propósito). El periodista argentino Rodolfo Barili también ha reportado las duras críticas del ex-soldado conscripto Luis Aparicio en el documental “Malvinas, Herida Abierta”, al ser descubierto huesos de cordero dentro la cueva de Baldini. Sin embargo, se ha establecido hace varios años ya, que Baldini había ordenado a un grupo selecto de conscriptos salir a cazar ovejas para que sus hombres se pudieran alimentaran mejor. También existe polémica por la muerte del subteniente Baldini, quien fue sorprendido durmiendo en su carpa descalzado según la versión contada por CECIM en el libro Los Dos Lados Del Infierno.

El fallecimiento de Rolando Máximo Pacholczuk

Sobre el final de la guerra en un buque hospital, Corvalán asistió al soldado, Rolando Pacholczuk, de 19 años, quien murió en sus brazos por las heridas causadas por una bomba que estalló en su posición de trincheras el 14 de junio de 1982 en Wireles Ridge.

Wireles Ridge. Sector donde falleció Rolando Maximo Pacholczuk

Pacholczuk, era oriundo de La Plata y fue evacuado junto a otros heridos en combate al buque, pero sus posibilidades de vida eran prácticamente nulas debido a que su cuadro clínico era desesperante.

Rolando Máximo Pacholczuk en un desfile militar año 1981
Rolando en la clásica foto de la colimba, es el tercero desde la derecha en la fila central.


Corvalán trató de contenerlo quedándose a su lado casi permanentemente, diciéndole que iba a vivir, que lo iban a someter a una operación quirúrgica, pero en rigor sólo trataba de alentarlo. Lo tomó de la mano hasta que expiró al día siguiente, cuando el buque aún estaba en aguas de Malvinas.

El ex enfermero contó que escuchó las palabras del soldado mortalmente herido, segundo a segundo, por lo cual pudo saber que tenía un hermano o una hermana y que juntos tenían planeados muchos proyectos. El cadáver de Pacholczuk fue desembarcado días después en Comodoro Rivadavia, mediante un operativo helitransportado hacia el Hospital Regional. Rolando fue el único soldado muerto en combate que pudo ser sepultado en el continente, específicamente en la ciudad, debido a que fue herido el 14 de junio pero falleció en el buque hospital el 16.
Con Javier Eduardo Corvalan, el enfermero que lo cuido antes de morir en el programa “Todo es posible” que conduce Julián Weich por Telefé.
Raquel la mama de Rolando en el programa de Julian Weich

El gesto del ex soldado conscripto clase 63, Javier Corvalán, que actualmente vive en Pico Truncado y durante el conflicto bélico de 1982 fuera enfermero de la dotación del rompehielos “Almirante Irizar” de la Armada Argentina cobró notoriedad nacional al ser difundido en el programa “Todo es posible” que conduce Julián Weich por Telefé.

  Programa “Todo es posible” Julián Weich - Telefé

Apenado por sentirse impotente, guardó una campera de Ejército con la cual le había abrigado las piernas , pensando que tal vez algún día pudiera hallar a los familiares para explicarles ese dramático momento que le quedó grabado en su mente de por vida. El cadáver de Pacholczuk fue desembarcado días después en Comodoro Rivadavia, mediante un operativo helitransportado hacia el Hospital Regional. Luego de 30 años, por medio de un Centro de Veteranos de Guerra y del ex combatiente Hugo Robert, pudo ponerse en contacto con Sergio, uno de los hermanos de Rolando, que reside en Córdoba, a quien le entregó esa campera que guardó por tanto tiempo.

El hermano de Pacholczuk, Javier Corvalan y Hugo Robert en el reencuentro.
La historia que fue reflejada en las pantallas de Telefé, cerró una etapa de la vida de Javier Corvalán. Cabe mencionar que estos hechos que ahora cobraron trascendencia nacional, habían sido relatados por el ex enfermero en el acto del 2 de Abril que se realizó en Pico Truncado para conmemorarse los 30 años del desembarco argentino en las Islas Malvinas.

Es difícil armar su historia partiendo de relatos. Hugo Robert vive en La Plata, es ingeniero y era conscripto en 1982. Fue presidente del Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas de La Plata, de cuya comisión directiva forma parte. En mayo de 2007, a 25 años de la guerra, volvió junto con siete compañeros a acampar en Monte Longdon, un viaje que, dijo por entonces, fue “la búsqueda de lo que quedó para siempre allá y la intriga de intentar comprender qué seríamos sin Malvinas”. El 4 de julio de 2010 escribió una carta que fue publicada por el Diario Pagina 12. En la misma recordaba a su amigo Rolando Máximo Pacholczuk. Decía lo siguiente:

“El 14 de junio es para los ex combatientes una fecha especial. Perdimos la guerra. Y, la mayoría de nosotros, perdimos algo más. El fin de nuestra adolescencia. Algunos, algunas partes de su cuerpo. Perdimos amigos".


Hugo Robert junto a la madre de Rolando -Raquel-
Hugo Robert junto a la madre de Rolando Maximo -Raquel-
Hugo Robert junto a la madre de Rolando -Raquel-

"Hoy es 14 de junio y quería recordar a mi compañero de trinchera. Es un héroe, como los demás que murieron en Malvinas. Pero es mi compañero de trinchera y es especial para mí. Entonces pensé que si escribía una carta y hoy se acordaban de su nombre –al menos por hoy– dejaría el anonimato y podríamos rendirle el homenaje que tanto él como los otros 648 amigos, hermanos, hijos, novios, ilusiones de una vida que no fue y no será jamás, merecen".


Un reencuentro: Sergio Maximo Pacholczuk toca la guitarra cerca de su madre Raquel
Hugo Robert junto a la madre de Rolando -Raquel-

"Mi compañero se llama Rolando. Debo confesar que, aún hoy, me cuesta hablarlo o escribirlo en pasado. Como todos nosotros, Rolando está lleno de vida. Lo veo todos los días de mi vida charlando junto a la piedra que nos cobijaba allá, cerca del Monte Longdon, riéndose con ese vozarrón que le salía franco, con los diecinueve recién cumplidos".

"Nos hicimos amigos ahí y no nos separamos jamás. Siempre está conmigo. A veces, cuando llega el reposo de la noche, charlo un rato con él. Cuando nadie me ve, no sea cosa de andar dando explicaciones. Que nadie piense mal, ¿viste? Si sos ex combatiente, tenés todos los boletos para el loquero. Y ahí está él. Siempre. Riendo con la frescura de los diecinueve. Yo envejezco, mientras, él, está cada vez más joven".

Rolando Máximo Pacholczuk, mi amigo, para siempre.”

Pacholczuk y Planes soldados conscriptos caídos sirviendo en el Ejército. Monumento de los Caidos en Malvinas situado en Mar del Plata

Podemos saber más sobre la vida y obra de Rolando gracias a su amiga Cecilia Orsini, quien sueña con Rolando, su amigo de la infancia, casi su hermano. Éste, vestido de soldado y con el rostro desdibujado, le pide ayuda porque siente que se está borrando. Conmovida, la mujer comienza a reconstruir la historia de Rolando Máximo Pacholczuk, muerto 30 años atrás, en el océano Atlántico a bordo del buque hospital Almirante Irizar, dos días después de haber sido herido en la batalla de Monte Longdon unas horas antes del fin de la guerra de Malvinas.



Tras un manto de niebla Cecilia Orsini y Carlos Abel Brown (2011)

Pero es finalmente la historia que cuenta su hermano Sergio la que dibuja un poco mejor los momentos previos al fallecimiento del soldado Rolando Pacholczuk.


RELATO DE SERGIO MAXIMO PACHOLCZUCK

Para armar la historia de los últimas días del soldado Rolando Pacholczuck el blog Fotos Viejas de Mar del Plata se comunicó con su hermano Sergio que vive en la ciudad de Córdoba y fue el quien nos contó en un relato desgarrador, las últimas horas que llevaron a la muerte del “ruso” como cariñosamente lo apodaba. Ese relato estuvo conformado por lo que pudieron relatarle dos personas: un enfermero (Javier Corvalan) y su compañero en Monte Longdon (Hugo Robert). La historia comienza así:

Rolando Máximo Pacholczuk durante la instrucción
Hugo Robert, formó parte del circulo de Rolando, La historia comienza en La Plata, ya que Hugo estaba haciendo la conscripción pero gracias a ciertos contactos pudo ubicarse como secretario del coronel, andaba siempre en una camioneta y hacia tramites, con lo cual, el siempre terminaba yendo a dormir a su casa casi todos los días, salvo cuando le tocaba hacer guardia. Con lo cual, el volvía a la mañana como si fuera un trabajo. Esto contribuyo a que Hugo safara de la instrucción militar, no disparando nunca un arma. Cuando llega la noticia de Malvinas sale como loco a buscar a su suboficial y le pregunta:
__Che Martínez, que tremendo, vamos a la guerra!__
__Pero si, pero vos no te preocupes tagarna de mierda, si vos no hiciste instrucción, como vas a ir a la guerra Van los que tienen instrucción..Vos no sabes disparar. __


Colectivos que llevaban al Regimiento 7 de La Plata. Gentileza Leonardo Javier Garcia

De todas formas Hugo Robert, el día que están cargando los colectivos para ir al tren y del tren ir al aeropuerto para tomar el Hércules para Malvinas, a él lo confronta un oficial y le pregunta:
__Ud. que carajo hace acá?__ pues estaba con la ropa de fajina.
__ Yo estaba viendo que hacer…___ pero no termino de contestar y lo tiraron adentro del camión. Prácticamente lo empujaron. Varias veces intento decirle a su superior sobre esa confusión y le contestaban
__:“Que?, que dice Ud...?.__ 

Soldados argentinos desembarcan en Malvinas  (NA).Año 1982

Los Muchachos del RI7 que se harían gigantes en Monte Longdon. Año 1982
Así termina en Malvinas,  marchando hacia Monte Longdon. Cuando llegan a Malvinas rápidamente movilizan al Regimiento 7 hacia el Monte Longdon. Al llegar al lugar y organizarse, tienen la mala suerte de ser bombardeados. Al Batallón 7 le vuelan el primer día que armaron las trincheras en la zona del Monte Longdon, el sector donde se encontraba la cocina y de los víveres. Una bomba cae arriba del rancho y vuela todo por los aires. O sea que ese mismo día el Regimiento 7 se quedo sin víveres. Obviamente cada uno contaba con lo que tenía en la cintura (la vianda personal) a la que comienzan a racionar.

Soldados argentinos en Monte Longdon. Año 1982


Cuando llegan al Monte Longdon empiezan a armar todo a los gritos,  entre eso, la famosa cocina que vuela al otro día, mientras que al mismo tiempo les daban la orden de agruparse en pareja y haciendo trincheras. Todo el mundo comenzó a buscar un compañero para estar en pareja hasta que Hugo Robert quedo solo.  Nadie quería estar con él ya que todos lo conocían y sabían que él no tenia instrucción. Y nadie quería estar con una persona que no pudiera cubrirle las espaldas. Rolando y Correia lo vieron que quedo solo. Entonces Rolando lo llama:
__Che, dale boludo, vení con nosotros. Dale que yo te enseño...__ le decía Rolando.
 
Hugo Robert en la posición de Rolando en Monte Longdon

Un homenaje en la posición de Rolando en Monte Longdon realizada por Hugo Robert


Hugo Robert en Malvinas, en la trinchera de Monte Longdon. Año 2007

Le enseñaron a hacer una trinchera muy cerca de la de ellos dos y la de ellos la hicieron mas grande para entrar los tres, pues cuando llegaba la noche se pasaban los tres juntos. Y allí fue que Hugo Robert aprendió a usar el arma, ya que Rolando le enseño a usar el FAL y a disparar, como así también, las cosas básicas del combate que Rolando consideró que debía saber. En la guerra siempre hay momentos de color, anécdotas que alguna vez fueron motivo de risa. Sergio comentaba que su hermano Rolando (o “el Ruso” como cariñosamente le llamaba) no era de quedarse sin comer. En su casa, cuando estaba comiendo una milanesa, ya estaba mirando la que quedaba en la fuente para agarrarla. Mientras aun le quedaba media milanesa en el plato, agarraba la última de la fuente la doblaba y se la empezaba a comer. Así que es de imaginarse que Rolando nunca aceptó que iba a pasar hambre. El mismo le dijo a sus compañeros:
__Yo me voy a Puerto Argentino a buscar comida__
__¡¡Pero vos estas loco, como vas a ir a Puerto Argentino!! Te van a cagar a tiros, te van a estaquear!!__ a lo que Rolando contestó:
__Me chupa un huevo. No nos vamos a cagar de hambre, yo voy igual.__

Como era de suponer, lo que quedaba de las raciones luego de que cayera la bomba se lo habían agarrado algunos oficiales, por lo tanto ellos no tenían tanto para comer. Ellos no sabían si lo tenían los oficiales, pero estaba entre los que no tenían raciones para comer. Ir a Puerto Argentino implicaba mandarse de noche, porque era la única manera de pasar inadvertido. Para eso hablo previamente con el imaginaria que estaba de guardia para que no le disparara y lo dejara pasar. De esa manera se mando y paso tres puestos. Corriendo un poco, cuerpo a tierra, agachado, cuerpo a tierra nuevamente, y así hasta cubrir la distancia que había desde el Monte Longdon hasta Puerto Argentino que eran varios kilómetros. Al llegar al primer puesto le gritaron:

__¡Alto, quien vive!__
__¡No disparen!. ¡Soy del Regimiento 7. Soy argentino!__

Rolando tuvo suerte. Nadie le disparó. Cuando llega a Puerto Argentino ubica a un oficial que era de la banda de música del destacamento y era su amigo. Y era el encargado de los depósitos de comestibles. Así consigue comida y cigarrillos para llevar. Y con todos esos bártulos vuelve a su puesto. Mas tarde iría también Gustavo Correia. Al llegar a Puerto Argentino el depósito estaba cerrado. Le dijeron que debía estar en la carpa de él, pero lo carpa estaba vacía. Y se pasaba la hora y no venía. Hasta que ya cansado de esperar, comienza a buscar adentro de la carpa a ver si encontraba algo. Busca y revuelve y no encuentra nada hasta que al final reconoce tres latas de dulce de membrillo debajo de un camastro. Como eran muy pesadas y no tenía como llevarlas, se le ocurre abrir las latas y meterse el membrillo en los bolsillos de la garibaldina.  Encuentra un martillo y abre la lata a martillazos. De esa forma abrió las tres latas y se las comienza a meter por todos lados.

Al regresar de vuelta a Monte Longdon, tiene que volver cuerpo a tierra, corriendo, agachándose, corriendo, cuerpo a tierra hasta que llega otra vez al Regimiento 7 sano y salvo. Y contento les dice a sus compañeros:
__¡Miren lo que traje!__ 

Y al meterse las manos en los bolsillos, todo el membrillo estaba lleno de arena y tierra. Pero bueno… se lo comieron igual. Estuvieron una semana a membrillo y arena. Luego al tener que defecar, la arena les raspaba como una lija...”

El relato de Sergio se vuelve más sombrío cuando le pregunto como había fallecido su hermano.Sergio cambia el tono de voz y comienza a relatar las últimas horas de Rolando:

“Cuando los ingleses comienzan el bombardeo y ya no los pueden contener, empieza la retirada hacia Puerto Argentino. Al mismo tiempo que las tropas argentinas se replegaban, no dejaban de atacar a los ingleses. Cae una bomba cerca del grupo donde se encontraba Rolando y sus compañeros y ellos se parapetan. Siguen cayendo las bombas y ellos van corriendo; hay resplandores por todos lados, luces de bengala, confusión. Con la caída la otra bomba, el grupo vuelve a retroceder para ayudar a un compañero. En la retirada se dan cuenta que Rolando ya no estaba. Lo buscan en la oscuridad, tantean en la sombra pero no lo encuentran. Siguen corriendo hacia Puerto Argentino.


Monte Longdon. Soldado argentino operando una ametralladora antiaérea M2 Browning calibre 50

Lo primero que hacen cuando llegan a Puerto Argentino es preguntar y preguntar si es que Rolando había llegado pero nadie sabe nada. En un momento ven a un grupo de compañeros del Regimiento 7 que lo habían encontrado y que lo traían a cuestas y allí reconocen a Rolando.  Ven que lo traen entre dos en una camilla y que estaba herido, así que se acercan hasta él. Corren desesperados a su encuentro gritando “Es nuestro compañero” y lo agarran. Lo trasladan rápidamente al camión que estaba llevando a los heridos para trasladarlo al buque hospital Comandante Irizar que salía con todos los heridos para el continente.

Desplazamiento de heridos entre las salas de terapia (bodegas) del buque Comandante Irizar en las Islas Malvinas año 1982
Buque Comandante Irizar. e Malvinas Año 1982

En el barco sucede algo muy particular. Javier Corvalan, el enfermero, por alguna razón inexplicable, son esas cosas que tiene la vida, se acerca hasta Rolando porque Rolando lo llama y le dice que tiene frío. Javier toma la campera de Rolando y lo abriga para que no pase frío. Al colocarle la campera, Rolando comienza a conversar con Javier y le empieza a contar su vida. Desde ese momento transcurren cinco horas hasta el deceso de Rolando, En ese transcurso Rolando le pide a Javier que tenía que buscar a su madre y decirle que la amaba como así también de su hermano Sergio.

Sergio se entera de todo este relato porque Javier con los años lo encuentra y le comenta esas últimas cinco horas de la vida de Rolando. Javier Corvalan recuerda que Rolando le decía:
__Que cagada. No voy a poder jugar al futbol. No siento las piernas__
__ Quédate tranquilo __le decía Javier__ va a estar todo bien, ya vas a ver que te vas a recuperar y vas a poder volver a ver a tu vieja, y todo esto se lo vas a decir vos__
Todo esto y un montón de relatos más que eran trascendentes para Rolando escuchaba el enfermero Javier Corvalan, ya que èl hablaba y era una manera de sentirse vivo.

Así fue que luego de la muerte de Rolando, Javier Corvalan guardo la campera de Rolando para poder dársela algún día a su madre o a su hermano. A Javier tampoco le fue fácil superar la posguerra. El también tuvo su crisis y con los años pudo superarla. Pero siempre le había quedado grabado esas últimas palabras que mantuvo con Rolando. Fue así que luego de muchos años decidió buscar a la madre y los hermanos de Rolando Pacholczuck para darles la campera que durante tantos años lo habia acompañado. Esa es la historia que más tarde relataría Julian Weich en su programa "Todo es posible" por TELEFE.

Hector Reynaldo Pacholczuk -hermano de Rolando- en el monumento ubicado en el Cementerio Parque de Mar del Plata donde se encuentra la placa que recuerda la gesta en Malvinas de Rolando
Monumento homenaje a Rolando Pacholczuk en el Cementerio Parque de Mar del Plata
Placa recordatoria de Rolando Pacholczuk
Placa recordatoria de su paso por la escuela
Placa con el nombre de Rolando Pacholczuk en Sala Audiovisual - Realizada por el Banco Municipal de La Plata y el Centro de Estudiantes de su colegio


Fuentes:
Charla entre Sergio Máximo Pacholczuk y Pablo Junco.-
Charla entre Cristina Orsini y Pablo Junco. Autora del libro "Tras un manto de Niebla" La memoria de Rolando Pacholczuk. Una vida breve. La muerte mas absurda.
Fotograf{ias y recuerdos enviados por Julieta Añazco.

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