lunes, 20 de junio de 2016

EL MONUMENTO DE JUAN BAUTISTA ALBERDI


Hay historias que a veces cuesta creerlas. Pero como siempre la realidad supera a la ficción, no nos queda mas remedio que incorporarlas. En este caso, la historia tiene por protagonistas al escultor Hidelberg Ferrino y su obra conmemorando a Juan Baustista Alberdi.  No voy a mencionar quien detuvo su instalación, pero si les voy a contar quienes pusieron alma y vida para que esta obra saliera adelante y llegara a su actual destino. Por supuesto, esta confidencia me fue revelada por la artista plástica Elizabeth Eichhorn, esposa del escultor, quien personalmente supervisó su instalación y feliz llegada a la fuente desde donde ahora descansa esta escultura, allá por el año 2007. Pasaré a relatarles esta pequeña historia, la cual está llena de protagonistas que desinteresadamente pusieron manos a la obra. Pequeños gigantes que ahora son traidos a la luz, revindicando la fuerza de aquellos marplatenses que quieren a su ciudad y se interesan por ella. Pues bien: arranquemos con esta historia....

La vida de Juan Bautista Alberdi

Juan Bautista Alberdi, el inspirador de la Constitución Nacional y uno de los más grandes pensadores argentinos, nació en Tucumán el 29 de agosto de 1810. Su madre, Doña Josefa Rosa de Aráoz de Valderrama, murió en el parto y el niño quedó al cuidado de su padre, Don Salvador Alberdi. En 1816, mientras comenzaba a sesionar el Congreso de Tucumán, Alberdi ingresaba a la escuela primaria que había fundado Manuel Belgrano. A los once años perdió a su padre, y sus hermanos Felipe y Tránsita se hacen cargo de él y gestionan una beca para que continúe sus estudios en Buenos Aires. 

En 1824, con 14 años, llegó a Buenos Aires e ingresó en el Colegio de Ciencias Morales. Tenía como compañeros a Vicente Fidel López, Antonio Wilde y Miguel Cané -el padre del autor de Juvenilia- con quien comenzará una profunda amistad. Alberdi no soportaba el régimen disciplinario del colegio, que incluía encierros y castigos corporales, y le pidió a su hermano Felipe que lo sacara de allí. Dejó momentáneamente los estudios formales, pero no la lectura de pensadores europeos. Mientras trabajaba como empleado en una tienda, leía apasionadamente a Rousseau, estudiaba música, componía y daba conciertos de guitarra, flauta y piano para sus amigos. En 1831, retomó sus estudios, ingresó a la Universidad de Buenos Aires en la carrera de Leyes, pero no abandonó sus gustos musicales. En 1832, escribió su primer libro: El espíritu de la música. Buscando escapar un poco a la pesada atmósfera que imprimía el régimen rosista al ambiente intelectual de Buenos Aires, decidió continuar su formación en Córdoba, donde se graduó de Bachiller en Leyes.

Primer retrato de Alberdi a los 22 años, ejecutado por Carlos Enrique Pellegrini La Gaceta


En 1834, regresó a su provincia y escribió Memoria descriptiva de Tucumán. Su hermano Felipe se había convertido en un colaborador cercano del gobernador tucumano Alejandro Heredia y le solicitó una carta de recomendación para que Juan Bautista pudiera presentarla a alguna personalidad influyente de Buenos Aires. A poco de llegar a Buenos Aires, Alberdi se dirigió a la dirección indicada y allí lo esperaba el amigo de Heredia a quien le entregó la carta. Juan Facundo Quiroga leyó el escrito y le dijo al joven tucumano que le convendría estudiar en los Estados Unidos más que en Buenos Aires y que él estaba dispuesto a pagar todos los gastos. Alberdi se entusiasmó con la idea pero desistió cuando estaba a punto de zarpar. Pocos día después, en febrero de 1835, Facundo Quiroga moría asesinado en Barranca Yaco, Córdoba, y Rosas asumía por segunda vez la gobernación de Buenos Aires, esta vez con la suma del poder público.
 
Daguerrotipo del teórico político y diplomático argentino, Juan Bautista Alberdi. La foto fue tomada en Valparaíso, Chile, en donde William George Helsby tenía su estudio.
 
Desde 1832, un grupo de jóvenes intelectuales venía reuniéndose en la librería de Marcos Sastre. Alberdi se incorporará a este grupo, compuesto, entre otros, por Juan María Gutiérrez y Esteban Echeverría, quien fundará el 23 de agosto de 1835 el Salón Literario, un verdadero centro cultural y de difusión de las nuevas ideas políticas, vinculadas al romanticismo europeo. En 1837, Alberdi publicó una de sus obras más importantes, Fragmento Preliminar al estudio del Derecho, donde hacía un diagnóstico de la situación nacional y sus posibles soluciones. El texto fue duramente criticado por los antirrosistas exiliados en Montevideo porque, si bien atacaba duramente al despotismo, no hacía ninguna referencia a Rosas. Por entonces, Alberdi alquilaba una habitación junto a Juan María Gutiérrez en la casa de Mariquita Sánchez de Thompson. Allí, en el mismo piano en el que se interpretó por primera vez el himno, Alberdi componía sus Minués Argentinos.
 
Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina - Juan Bautista Alberdi. Edicion 1928. Talleres Graficos Argentinos de L. J. Rosso

Durante ese mismo año, se inició en el periodismo con la publicación de La Moda, gacetín semanal de música, poesía, literatura y costumbres. Aparecieron 23 números y en sus artículos, Alberdi, que firmaba bajo el seudónimo de "Figarillo" intentando burlar a la censura del rosismo, deslizaba frases como ésta: "los clamores cotidianos de la tiranía no podrán contra los progresos fatales de la libertad". En junio de 1838 junto a Esteban Echeverría y Juan María Gutiérrez funda la Asociación de la Joven Generación Argentina, siguiendo el modelo de las asociaciones románticas y revolucionarias de Europa. Este grupo de intelectuales pasará a la historia como la "Generación del 37". La mazorca, la policía secreta de Rosas, comenzó a vigilar de cerca las actividades de la Asociación y comenzó la persecución. Alberdi optó por exiliarse en Uruguay dejando en Buenos Aires un hijo recién nacido y varios amores inconclusos. Llegó a Montevideo en noviembre de 1838. Allí se dedicará al periodismo político colaborando en diversas publicaciones antirrosistas como El Grito Argentino y Muera Rosas. De ese período son también sus dos obras de teatro: La Revolución de Mayo y El Gigante Amapolas, una sátira sobre Rosas y los caudillos de la guerra civil.


 

En mayo de 1843, partió con Juan María Gutiérrez hacia Génova pero con destino final París, la meca de todos los románticos de la época. Llegó a París en septiembre y visitó al General San Martín con quien mantuvo dos prolongadas entrevistas. Quedó muy impresionado por la sencillez y la vitalidad del viejo general, que lo abrumó con preguntas sobre la patria. A fines de 1843, decidió regresar a América para radicarse, como Sarmiento, en Chile. A su paso por Río de Janeiro, intentó infructuosamente entrevistar a Rivadavia. Alberdi vivirá durante 17 años en Chile, la mayor parte del tiempo en Valparaíso, donde trabajará como abogado y ejercerá el periodismo. En uno de sus artículos publicado en El Comercio de Valparaíso dirá: "Los Estados Unidos no pelean por glorias ni laureles, pelean por ventajas, buscan mercados y quieren espacio en el Sur. El principio político de los Estados Unidos es expansivo y conquistador".

Al enterarse del triunfo de Urquiza sobre Rosas en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, escribió en pocas semanas de trabajo afiebrado una de sus obras más importantes: Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, que publicó en mayo de ese año en Chile y reeditó en julio acompañándola de un proyecto de Constitución. Se lo envió a Urquiza, quien le agradeció su aporte en estos términos: "Su bien pensado libro es, a mi juicio, un medio de cooperación importantísimo. No ha podido ser escrito en una mejor oportunidad." La obra será uno de las fuentes de nuestra Constitución Nacional sancionada el 1º de mayo de 1853.
 
Político, jurista y escritor argentino que por motivos políticos vivió exiliado gran parte de sus vida; durante su permanencia en Francia se tomó el presente retrato fotográfico (poco conocido). Esta es una de las 12 copias que envió con una dedicatoria al dorso de puño y letra: "A mi querido? Amigo ... D. J. De Posadas". Sobre este mismo dorso y sobre el borde inferior, se aprecia otro texto de época que correspondería al mismo Posadas y que dice: "Recibido en abril de 1861".Autor: Thomassin & Cie. Biblioteca Nacional


Mientras que Sarmiento había abandonado Chile para sumarse al Ejército Grande de Urquiza, Alberdi permaneció en Valparaíso, atento a los problemas argentinos. Sarmiento regresó al poco tiempo desilusionado con Urquiza y acusando a Alberdi de ser su agente en Chile. Alberdi lo calificó de "caudillo de la pluma" y "producto típico de la América despoblada" y se decidió a colaborar con el proyecto de la Confederación de Urquiza. El gobierno de Paraná lo nombró "Encargado de negocios de la Confederación Argentina" ante los gobiernos de Francia, Inglaterra, el Vaticano y España. Antes de partir hacia su misión diplomática escribió: Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina y De la integridad argentina bajo todos los gobiernos”. En ambos ensayos defendía las teorías liberales de Adam Smith y David Ricardo y se oponía al monopolio, al trabajo parasitario, abogando por un orden que garantizara al productor el fruto de sus esfuerzos y elevara el nivel de vida en general.

El 15 de abril de 1855, partió finalmente hacia Europa. Pasó primero por los Estados Unidos donde se entrevistó con el presidente Franklin Pierce. Luego pasó a Londres, donde conoció a la reina Victoria y, finalmente, a París, donde se radicaría por 24 años. En 1858, se entrevistó en España con la reina Isabel II y consiguió el reconocimiento de la Confederación. El 17 de septiembre de 1861, Mitre derrotaba en Pavón a Urquiza y ponía fin al proyecto de la Confederación. Alberdi fue despedido por Mitre de su cargo y reemplazado por Mariano Balcarce.

 
Gregorio Benites y Juan B. Alberdi  en Francia durante la guerra del Paraguay


La situación de Alberdi no podía ser peor. Se le adeudaban dos años de sueldos como embajador y el nuevo gobierno se negaba a pagárselos y mucho menos a pagar su viaje de regreso. Comentó entonces: "el mitrismo es el rosismo cambiado de traje." Tuvo que quedarse en París. Sus únicos y escasos ingresos provenían del alquiler de una propiedad en Chile.

Al producirse la Guerra del Paraguay, propiciada y conducida por Mitre con el apoyo del capital inglés, Alberdi, como José Hernández y Guido Spano, apoyó decididamente la causa paraguaya y acusó a Mitre de llevar adelante una "Guerra de la Triple Infamia" contra un pueblo progresista y moderno. Escribirá entonces: "Si es verdad que la civilización de este siglo tiene por emblemas las líneas de navegación por vapor, los telégrafos eléctricos, las fundiciones de metales, los astilleros y arsenales, los ferrocarriles , etc., los nuevos misioneros de civilización salidos de Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, San Juan, etc., etc., no sólo no tienen en su hogar esas piezas de civilización para llevar al Paraguay, sino que irían a conocerlas de vista por la primera vez en su vida en el "país salvaje" de su cruzada civilizadora".
 
Juan Baustista Alberdi. Imagen extraida de "Historia de la Literatura Argentina Vol I, edited por el Centro Editor de América Latina. Publicado en el Año 1968


En 1872, bajo la profunda impresión que le produjo la derrota paraguaya en el conflicto y sus secuelas en la población del país hermano, escribió El Crimen de la Guerra donde dice: "De la guerra es nacido el gobierno militar que es gobierno de la fuerza sustituida a la justicia y al derecho como principio de autoridad. No pudiendo hacer que lo que es justo sea fuerte se ha hecho que lo que es fuerte sea justo". Al concluir el mandato Mitre, en 1868, asumió Sarmiento y las cosas no mejoraron para Alberdi, que debió seguir postergando su regreso. 

No podrá hacerlo hasta 1879 cuando una alianza entre Roca y Avellaneda lanzó la candidatura de Alberdi a diputado nacional. Llegó a Buenos Aires el 16 de septiembre de ese año. A poco de arribar se le brindó una recepción de honor en la Universidad en la que fue aclamado por los estudiantes. Por esos días, se entrevistó con el presidente Avellaneda y con el ministro del Interior: Domingo Faustino Sarmiento. Todo parece indicar que el encuentro fue cordial en un clima de reconciliación. El diario El Nacional comentó: "sus luchas tenaces y ardientes polémicas eran las de dos enamorados de una misma dama, nada menos que la patria".

Pero más allá de estas grandes satisfacciones, Alberdi se había ganado en estos años enemigos poderosos como el General Mitre, que no le perdonaba su campaña a favor del Paraguay y sus acusaciones de falsear la historia y de compararse con San Martín y Belgrano, lanzadas en su obra Grandes y Pequeños Hombres del Plata. Tuvo una participación decisiva en los debates parlamentarios sobre la Ley de Federalización de Buenos Aires, que le dio finalmente una Capital Federal a la República.
 
Juan Bautista Alberdi en su vejez

Cuando el nuevo presidente electo en 1880, Julio A. Roca quiso que el Estado argentino publicase las obras completas de Alberdi, Mitre lanzó, desde las páginas de La Nación, una feroz campaña en contra del proyecto que terminó por ser rechazado por los senadores que también rechazaron su nombramiento como embajador en Francia. Cansado y un tanto humillado decidió alejarse definitivamente del país. Partió rumbo a Francia el 3 de agosto de 1881 confesándole a un amigo: "lo que me aflige es la soledad". Murió en Nueilly-Sur-Seine, cerca de París, el 19 de junio de 1884. Sus restos fueron repatriados en 1889 y descansan en el cementerio de la Recoleta.

El relato de Elizabeth Eichhorm

Elizabeth Eichhorm y yo tenemos una comunicación epistolar muy fluida. Generalmente charlamos de temas relacionados al arte en la ciudad de Mar del Plata. Mirando sus fotos recientemente me encontré con unas fotos del reconocido monumento de Juan Bautista Alberdi y le pregunte por ellas. La respuesta fue tan espectacular que motivó mi empeño en publicarlas, no sin antes pedirle permiso y darle el debido contexto. Pues bien, sin mover una sola letra de aquella carta, les muestro la historia de esta escultura, tal como me la relató esta queridisima artista plástica...

La carta
"...El Monumento a Alberdi fue hecho por el escultor Ferrino, a pedido de una comisión cultural en defensa de la Constitución y del nombre de Juan Bautista Alberdi. La obra se terminó en el año 1992 o /94, en este momento no me acuerdo bien, pero puedo averiguarlo más tarde.

Asegurándolo con sogas.
Muestra al prócer declamando, con las Bases de la Constitución sobre su pecho, y su delgadez extrema y su elegancia con las ropas de la época. Las manos que sirvieron de modelo para esta obra fueron las del querido amigo más amigo de Ferrino, José D. Fiorello, Senador catamarqueño, Diputado por Pomán, tomadas de una foto suya en una regia oratoria de las que sólo él sabía hacer.

Elizabeth Eichhorn revisando el pasillo angosto
Esperando su emplazamiento, que debía ser en la fuente en la que está ahora, iniciando la diagonal homónima y luego de haber llevado al Monumento al Pescador de Capurro, al lugar en el que tanto lo reclamaban sus legítimos destinatarios, en el Puerto, la escultura de Alberdi quedó en el patio de la casa del escultor, sobre un fuerte carro con ruedas y de madera dura.
 
Moviendo la escultura sobre caños, criques y cuñas de madera. El que tiene los guantes es nada menos que el concejal Hernan Alcolea. Detras de Alcolea se encuentra el escultor Carlos Bertelli tirando de una soga.
Pasaron los años y, gente que conozco muy bien y que no merece la pena que la nombre, formando una comisión "reguladora" de obras públicas, decidió poner palos en la rueda para impedir que el monumento se emplazara. Una persona, en especial, era la más encarnizada para hacer la contra, por una cuestión de celos profesionales y de soberbia.


El artista plástico Victor Hugo Coluccio levantandolo del piso
El Honorable Concejo Deliberante (y tengo TODOS los documentos de prueba), aprobó DOS veces que tal Monumento se emplazara. Sin embargo, las trabas de esta gente rayaban el absurdo y seguía, tenaz, en su ignorancia y envidia ciegas.
 
La artista plástica Elizabeth Eichhorn agregando caños debajo de la escultura para facilitar el traslado
El expediente ya tenía el grosor de una almohada, pero catorce años después, formándose una Comisión reforzada con sangre joven, ya que los principales gestores habían fallecido, esta comisión se llamó "Poniendo a Alberdi en su lugar", y quien la lideraba fue el actual concejal Hernán Alcolea.

Concejal Hernan Alcolea
Movió todo lo que era necesario para saltar a toda la gente inoperante y fue directamente al primer poder, el intendente del momento, ofreciéndole emplazar la obra con CERO costo comunal. Desde el vamos se hacía todo con el bolsillo de los patrocinadores, pero esta vez lo dejaron asentado de manera indiscutible, terminante.
 
El intendente Daniel Katz en las puertas del Municipio
El intendente era Katz y firmó por decreto la autorización, con lo que se le dio fin a una larga agonía de esperas absurdas.
 
Elizabeth Eichhorn asegurando el izado de la escultura
Todos tirando para llevarlo a Juan Bautista Alberdi hacia el pasillo angosto
Pero, mientras tanto, el carro que sostenía a la obra de Ferrino, convirtiéndose en póstuma porque el maestro falleció en 1997, comenzó a ceder y a amenazar con hacer caer la escultura de tres metros, para lo cual debió ser apuntalada con gruesos tacos de quebracho del ferrocarril, amarrarla con cuatro vientos y rezarle a Dios porque no matase a nadie con una infortunada caída.

Alberdi subiendo sobre los techos. Con la mano en la boca, el artista plastico Sebastian Paoletich observa preocupado
Por lo tanto, por ser imposible de quitarse del patio rodando, se trajo a la casa la grúa más grande del Puerto, con un maestro a su volante que antes nos había hecho trabajos levantando esculturas. La pluma extendió su larguísimo brazo de 30 metros por sobre la casa y así, a ciegas, con sólo las voces de una cadena de hombres, el habilidoso conductor de la pluma la levantó como a una porcelana, sin siquiera rozar una de las estrechísimas paredes de las galerías. Verás en las fotos las caras de susto de los chicos que nos ayudaban, que ya veían a la escultura desprendida y caída sobre alguna cama de algún dormitorio de la casa...

Alberdi salía de la casa mientras el habilidoso conductor de la grua lo levantaba a ciegas, solo gracias a las voces de los hombres que lo guiaban
Alberdi en pleno vuelo mientras Carlos Bertelli lo observa desde abajo
El trabajo fue tan magnífico que fue inolvidable, digno de total admiración. La gigantesca pluma dejó las veredas perforadas con sus patas eyectoras de sujetación, pero estábamos tan felices que no nos importó en absoluto. Fue un  magnífico y merecido final.
 
Momentos de tensión. La escultura desciende hasta el camión.
Finalmente, todos respiran aliviados. La escultura de Ferrino descienda hasta el camión. Elizabeth sigue mirando la pluma hasta el último momento
El monumento se emplazó inmediatamente sobre una base muy aérea y apropiada y se hizo un bonito acto de inauguración y desagravio, para lo cual la familia Ferrino se unió por entero, aun los que debieron viajar desde lejos. Muy emotivo.
Elizabeth Eichhorn inmovilizándolo sobre el camión.
Por eso me ves, en las fotos, parada sobre la obra, dando órdenes y atendiendo todos los detalles técnicos de la movida. Fue una experiencia muy importante.

Ésa, y no otra, es toda la historia. Un abrazo grande, Pablo..."
Inauguración de la escultura de Juan Bautista Alberdi por Hidelberg Ferrino. Gentileza Elizabeth Eichhorn 
Inauguración de la escultura de Juan Bautista Alberdi por Hidelberg Ferrino . Gentileza Elizabeth Eichhorn
Inauguración de la escultura de Juan Bautista Alberdi por Hidelberg Ferrino . Gentileza Elizabeth Eichhorn
Inauguración de la escultura de Juan Bautista Alberdi por Hidelberg Ferrino.Gentileza Elizabeth Eichhorn  
Inauguración de la escultura de Juan Bautista Alberdi por Hidelberg Ferrino. Gentileza Elizabeth Eichhorn 
Monumento a Juan Bautista Alberdi, Paseo D'ávila, Mar del Plata-Panoramio
Monumento a Juan Bautista Alberdi, Paseo D'ávila, Mar del Plata-Vista desde Google Earth
La Fuente y Juan Bautista Alberdi. Foto de Yanina Arizaga


Fuentes:
Relato escrito por la artista plástica Elizabeth Eichhorm
para Fotos Viejas de Mar del Plata.-

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