miércoles, 1 de octubre de 2014

JUAN CARLOS CASTAGNINO

Juan Carlos Castagnino


El artista plástico más famoso que pintó Mar del Plata, llevándola más allá de los viejos dominios de don Patricio Peralta Ramos, nació el 18 de noviembre de 1908 en un cuarto interno del Hotel González, que por entonces funcionaba sobre la vereda par de la avenida Luro, entre España y XX de Septiembre.


Al centro, parado, Juan Carlos Castagnino. Foto de Jose Alberto Lago para Fotos de Familia

Casa de Juan Carlos Castagnino en la casa del barrio Pueblo Estación Camet
Casa de Juan Carlos Castagnino en Pueblo Estacion Camet

Juan Carlos fue el sexto hijo de Mariana Rivas y Cecilio Castagnino. Todavía vivían en el campo —el padre había montado una herrería y trabajaba en las estancias de los Camet—, y la habitación de 4 x 4 había sido tomada especialmente para que la parturienta diera a luz, en compañía de una experi­mentada partera, en un ám­bito más higiénico y confor­table.

Toda una costumbre de la época.

La familia Castagnino había llegado cuatro años antes, al balneario selecto de la burguesía terrateniente, procedente de Chascomús. Cecilio había nacido en 1866 y era el primero de catorce hermanos. Sus padres, Antonio y Rosa, dos genoveses que trabajaban la tierra a porcentaje, lo internaron en un colegio de curas en Buenos Aires del que se escapó, cansado de la doctrina eclesiástica, y regresó al campo. Algunos dicen que se fue a trabajar como herrero con sus primos, los Podestá, quienes habían creado el Circo Criollo.

Juan Carlos Castagnino, Lino Enea Spilimbergo, Carlos Alonso y Antonio Berni en Rio Hondo, Santiago del Estero en 1958 (cuatro gigantes de la pintura argentina)

“La abuela de Cecilio era María Podestá, así que puede ser cierto”, dice el arquitecto Roberto Cova, hijo de Cecilia Castagnino y sobrino del artista, Juan Carlos. Lo cierto fue que en 1904 Cecilio se tomó el tren y se bajó en Mar del Plata con un oficio, una mujer y cuatro hijas: Mariana Matilde, Georgina Rosa, María Lucía y Cecilia Virginia. 

La época dorada que vivía la ciudad le sonrió de entrada. A los pocos meses nació Antonio Segundo, el varón tan buscado. La familia se había consolidado económicamente cuando salió esa oferta de montar la herrería en las tierras de Camet. Ahí vivían cuando los dolores de parto anunciaron la llegada de Juan Carlos.

Tiempo de garabatos

La herrería estaba frente al almacén de ramos generales de Suárez y Colombo, y era un escenario por donde desfilaba la síntesis del paisaje rural. Carros, caballos y mensuales de campo se sucedían como en una cinta sinfín, con sus costumbres, colores y problemas. Un ambiente muy criollo, que el benjamín de la familia absorbió desde la cuna, admiró con fascinación y cuando pudo maniobrar un palo o un carbón, lo plasmó en la tierra o las paredes. “Algunos paisanos decían que con el tizne de la fragua ya dibujaba caballos”, confiesa Cova.

Obra de Juan Carlos Castagnino


En 1914, con herencia y ren­tas, el padre le regaló la he­rrería a su hija mayor recién casada, y con el resto de la familia —ya había nacido Rosa Magdalena, la última hermana— se trasladó a una casa de dos pisos, en Funes 1336. La fortuna empezaba a jugar en favor de Juan Carlos, que como alumno de la Escuela Provincial N°95, tu­vo la posibilidad de acceder a otro nivel de formación.
 
Castagnino segun El Toni


La muerte prematura de Ce­cilio, en 1919, hizo tamba­lear las finanzas de la familia. Viuda y con seis hijos, la situación se hizo cuesta arri­ba. Vendieron la casa de Funes y se fueron a vivir a un inmueble que tenían alquila­do, en Salta 1331. Ahí vivió Juan Carlos hasta que se fue a estudiar arquitectura a la Universidad de Buenos Ai­res, en el epílogo de los años ’20. Para generar ingresos, en verano los Castagnino alquilaban la parte de adelante y vi­vían reducidos en un par de ambientes.

Un francés en el camino

Juan Carlos completó el bachillerato en apenas tres años, cursando y dando exá­menes libres en el Colegio Nacional Mariano Moreno. En los veranos trabaja en la Witcomb, la mítica casa de fotografías de la Rambla Bristol. En invierno ayudaba a dar clases de apoyo al ingeniero Rafael Iribarnegaray, un vasco francés que había llegado a la ciudad para trabajar en la construcción de la rambla y se había quedado para siempre, como profesor. Rafael lo había tenido como alumno y le pidió que lo ayude con los más aprendices más novatos.


“Fue él quien le dijo a mi abuela que lo mandara a estudiar a Buenos Aires, porque tenía muchas condicio­nes -recuerda Cova-. Lo quería como si fuese su hijo. Mi papá, que era carpintero, también estudió con él”.

Nadie antes había tenido la posibilidad siquiera de completar el secundario. Antonio ya había entrado a trabajar en el Ferrocarril del Sud y Juan Carlos repartía sus horas con el pincel y el lá­piz, dibujando caballos y señoritas.

De su relación con Iribarnegaray, Cova guarda algunos tesoros. Los dos retratos inéditos que ilustran estas páginas, La Rubia y La Morocha, fueron pintados en 1926 sobre una tela que se utilizaban para hacer planos originales. Es muy probable que ese lienzo se lo haya dado su profesor. La otra «pieza de museo» es una guía de ferrocarril del sur de Francia que le regaló antes de que Castagnino emprendiera su primer viaje a Europa, en 1939.

Arquitectura y Bellas Artes

Cuando ingresó en la Facultad de Arquitectura, lo hizo también en Bellas Artes. Con un lenguaje plástico que buscaba consolidarse de la mano de una temática que reflejaba las miserias humanas, comenzó a buscar su destino. “A mí su temática nunca me gustó -reconoce Cova-, pero jamás tuve el coraje de decírselo. 

Recuerdo una escena en la casa de mi tía Georgina, en Buenos Aires, cuando yo ya estaba estudiando arquitectura. Se juntaron mi tía y la señora de Castagnino, Nina Haeberle. La charla derivó en la temática pictórica de Juan y los motivos de su arte. «Pero Georgina, las caras bonitas salen en la Para Ti», le dijo Nina. No me olvido más”.

Maestros. 1954. Reunidos en la casa de José Giménez, Luis Rosas, Noemí Barchilón, Juan Carlos Castagnino, Juan Scalco, Juan Mouján, José Bermúdez, Mario Vicente, Guido Cinti y Manuel Gil.

Desde que se radicó en Buenos Aires, y especialmente desde que se había casado con Nina, -vivían en Mataderos, bien cerca de los caballos- el vínculo de Juan Carlos con su familia se debilitó, aunque regresaba a la ciudad cada vez que podía. La madre y su hermana menor se trasladaron a una casa sobre Salta, casi Luro. Ahí murió su madre, en 1944. Antes y después de conocer Europa, ya había expuesto en la ciudad, en los salones del Club Mar del Plata y en el Salón Nacional del Casino.

Arte y compromiso

Juan Carlos ya había obtenido el Segundo y Tercer Premio Nacional de Pintura cuando Domingo Cioppi, un militante como él del Partido Comunista, en 1946 le pidió que pintara un retrato de Héctor De Los Reyes, el candidato a intendente en las elecciones. “Juan le hizo dos bocetos que pegamos en la propaladora. De la elección lo único bueno fue haberlo conocido”, recuerda Cioppi, con quien cultivaron una profunda amistad. “Le gustaban mucho los tallarines que amasaba mi señora. 

Juan Carlos Castagnino dibujando a una escolar en la Galería Tetriakov, Moscú diciembre 1952. Observan, entre otros, Fina Warschaver, Ernesto Giudici, Leónidas Barletta.
En Leningrado, Navidad 1952. Entre otros, Arq. Fermín Beretervide, Juan Carlos Castagnino, Fina Warschaver, Ernesto Giudici, Norberto Frontini, Jorge Viaggio.

Cuando venía a casa enseguida levantaba la olla para saber si se tenía que quedar a comer la pasta”. Cioppi, como todos los que lo conocieron, habla de un hombre que fue tan buena persona como pintor. “Era muy querido, humilde, sencillo, con una modestia que rayaba la timidez, pero de una valentía envidiable. Durante el gobierno peronista lo torturaron en las tristemente famosas Sesiones Especiales. Cuando lo dejaron libre, en vez de ir a su casa, fue hasta el periódico Orientación y dibujó las escenas de tortura a las que había sido sometido “.
 
En la Galeria Tetriakov, Moscú, diciembre de 1952. Los tres primeros, a la izquierda: el pintor Juan Carlos Castagnino, Fina Warschaver y Ernesto Giudici. Sentada, al centro en su silla de ruedas, la escritora María Rosa Oliver. A la derecha, apenas visible, el dramaturgo Leónidas Barletta. El grupo, integrado por intelectuales y dirigentes sindicales, había participado en Viena del Congreso del Movimiento de Partidarios de la Paz, y era el primero que viajaba a la URSS desde el fin de la segunda guerra.. En enero de 1953, viajaron a China Popular

Por su lado, Roberto Cova no respalda la versión de Cioppi: “se habló mucho de eso, pero no tengo ninguna prueba. Lo que sé es que Juan tenía un primo que trabajaba en el SIDE (Servicio de Inteligencia del Estado). Años después, me dijo que él tenía los expedientes de Juan y que los había guardado cada vez que estuvo en peligro”.

Volver a Camet

Cuando venía a Mar del Plata vivía en la casa de su hermano, sobre Uruguay, entre Balcarce y 11 de Sep­tiembre. Después compró un departamento frente a las playas populares, de donde reflejó las mejores postales de la ciudad. Pero cumplió un viejo sueño cuando com­pró una casita en Carnet, a la que fue mejorando y con­virtió en su taller de trabajo. “Aclare que nada tiene que ver con la casa en que vivió de chico -pide Cova-. Eso es un mito que no tiene sus­tento. Donde pintó su obra más fecunda fue en esa ca­sita que habitó con Nina”.

Juan Carlos Castagnino - de Anatole Saderman

En aquellos años, la visita de Juan Pablo Mastropasqua a Carnet era una costumbre. Se habían conocido una vuelta en que Castagnino dio una conferencia sobre Picasso y la paz, en la librería que tenía el recordado Félix De Ayeza en la calle San Martín. “Le pedimos que nos diera unas clases de pintura y él, muy generoso, accedió sin problemas. Concurrían Eduardo Riggio, Nicolás Giménez y Eduardo Cruz, entre otros. Hasta Berni nos dirigió en un trabajo colectivo (unos murales sobre el Puerto) todo por intermedio de Castagnino”, se entusiasma Mastropasqua.

Juan Carlos Castagnino junto a una de sus obras
Juan Carlos Castagnino junto a una de sus obras
Juan Carlos Castagnino y Hidelber Ferrino en la estancia La Pastora año 1972

Las centenares de tomas fotográficas que registró Mastropasqua con su cámara, con Castagnino en plena faena artística, hacen que su figura se torne más tangible en la memoria colectiva. Delineando la filosa costa marplatense, descubriendo nuevos colores en el puerto, descifrando dorados trigales, la espantada repentina de una tropilla, la tarea si­lenciosa del peón de estan­cia, el armonioso desorden de su taller de Camet o fundiendo otros matices del mar, nos acerca a un artista que recrea simulacros del movimiento mismo de la vida.

Juan Carlos Castagnino trabajando en la cara de "Martin Fierro"
El fotografo Francisco Brun con Juan Carlos Castagnino cuando se juntaron para realizar una sesión de fotos. Foto de Celia Brun para Fotos Viejas de Mar del Plata.

En la antigua Galería del Mar se vieron sus últimos trabajos, inspirados en una ciudad a la que pintó como nadie. Estuvo expuesta du­rante todo el año ’71. “Lo que es el destino. La noche en que inauguró esa muestra no quería que nos separemos ni un minuto. Como si íntimamente supiera que a la relación le quedaban pocos encuentros co­mo ese, y quería disfrutarlo al máximo”, se emociona Cioppi, uno de los oradores en la multitudinaria despedida del artista, en la Chacarita. “Fue la experiencia más fuerte que me pasó en la vida”, reconoce. El 21 de abril de 1972 el corazón de Juan Carlos Castagnino se detuvo para siempre. Estaba en el pico más alto de creatividad y producción. Mar del Plata se quedó, desde entonces, sin uno de los máximos artistas que salieron de su vientre. 

Juan Carlos Castagnino trabajando en su taller
Juan Carlos Castagnino pintando en la costa de Mar del Plata
Juan carlos Castagnino trabajando en su taller

DETALLE DE ALGUNOS DE SU TRABAJOS


"Castagnino siempre representó la belleza del mundo, las cosas que se le pasan al ojo humano en su rutina devastadora, pero también ligó su arte a cuestiones sociales que fueron transcurriendo en sus años de vida. Su obra es genial, los trazos simples se unen formando figuras increíbles, hombres de rasgos fuertes, mujeres con gestos y miradas inolvidables. Fue el encargado de ilustrar una de las versiones del Martín Fierro que se destaca entre el resto por la firmeza y la representación increíble de las palabras de Hernández en sus dibujos y pinturas. Un creador, un genio, alguien para ver y volver a descubrir con cada mirada"

 Por Karina Crulcich

Ilustracion para el "Martin Fierro"
ARROYO pastel 56 x 40 cm.
BAGÜAL tinta 65 x 50 cm.
Cabeza jujeña, 52x62, temple y oleo
COCHERO DE PIAZZA NOVONA oleo sobre lienzo 70 X 60 cm
DESNUDO pastel 76 x 110 cm.
El ojo de Vincent, 61x50cm, oleo.
EL TANGUERO  oleo sobre lienzo 60 x 50 cm.
EN EL PASTIZAL lapiz-pastel 35 x 50 cm.
Figura de mujer, 64x46cm, pastel
HERMANITOS pastel 76 x 56 cm.
HOMBRE DE RIO pastel 99 x 68 cm.
IDILIO técnica mixta 78 x 113 cm.
Jauria, 150x130, oleo
LA LECTURA carbón 110 x 74 cm.
LAVANDERA pastel 79 x 117 cm.
LUCHA DE POTROS tinta 65 x 51 cm.
Mar del Plata, 70x80cm, oleo
MATERNIDAD acuarela 110 x 79 cm.
MATERNIDAD pastel 76 x 55 cm.
MATERNIDAD pastel 102 x 73 cm.
MATERNIDAD técnica mixta 61 x 113 cm.
MI MADRE oleo sobre lienzo 60 x 45 cm.
MILONGUITA pastel 74 x 55 cm.
NIÑO pastel 78 x 49 cm.
NUEVE LUNAS 110 x 75 cm.
Paisaje, 31x43cm, tecnica mixta
PAISANITA pastel 48 x 50 cm.
PESCADORES tecnica mixta 33 x 50 cm.
Playa Popular pastel 35 x 46 cms
QUINTERO técnica mixta 65 x 50 cm.
Rocas, 61x45cm, oleo
Taller de curtiembre, 96x130cm. oleo
TRABAJADOR tinta 65 x 50 cm.
Trabajadores de la tierra, 51x110, temple y oleo
Yegua y potrillo 80x110cm, Esmalte
Yegua y potrillo, 114x144cm, oleo

BIOGRAFIA DE 
JUAN CARLOS CASTAGNINO 

Podemos ver en este resumen la biografia de este gran artista condensada en pocas lineas:


  • Nació en Mar del Plata el 18 de noviembre de 1908 en el cuarto de un hotel que funcionaba sobre la vereda par de la Avenida Luro, entre España y XX de Septiembre.

  •  Hasta 1914 vivió en las tierras de Camet donde su padre había instalado una herrería. Se crió dentro de un escenario donde desfilaba la síntesis del paisaje rural; carros, caballos y mensuales de campo se sucedían como en una cinta sinfín, con sus costumbres, colores y problemas.

  • Completó el bachillerato en apenas tres años, cursando y dando exámenes libres en el Colegio Nacional Mariano Moreno. En los veranos trabajaba en la sucursal de Mar del Plata de la casa Witcomb, la más antigua casa de exposiciones en la calle Florida de Buenos Aires, y la fuente de la documentación fotográfica de la Argentina en el último tercio del siglo XIX.
  • En 1928 ingresó a la facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires para seguir Arquitectura, al mismo tiempo que lo hizo en el taller de croquis de la Mutualidad de Bellas Artes y posteriormente en la Academia Nacional de Bellas Artes.
  • En 1938 fue uno de los ayudantes del célebre muralista David Alfaro Siqueiros. Después fue uno de los pintores del equipo de muralistas integrado por Spilimbergo, Berni, Colmeiro y Urruchua, que pintó la cúpula de la Galería Pacífico, primera obra mural realizada en sitio público en la capital argentina.
  • 1939 emprende su primer viaje a Europa. Asiste al taller de André Lothe en París.
  • En 1942 viaja por Italia, España y Francia.
  • En 1953 viajó al Oriente. Estuvo en China Popular, Mongolia, y dejó su testimonio de aquellos países en numerosas acuarelas, tizas y apuntes.
  • Concurre invitado en 1958 a la Feria Internacional de Bruselas y gana la medalla de honor con “La curtiembre” y en las mismas condiciones, mención especial en la Bienal de México de 1960.
  • En 1960 por viaja por México y recorre países de Centroamérica. Luego del viaje por América comienza a trabajar con acrílico.
  • En 1962, Castagnino hizo para EUDEBA, Editorial Universitaria de Buenos Aires, una serie de ilustraciones para del poema Martín Fierro, de José Hernández. Logró darle un rostro definido al más popular de los personajes de la literatura argentina y constituyó el acontecimiento editorial del año.
  • De 1964 a 1966 se establece en Roma y recorre casi toda Europa. Frecuentó las antiguas pinacotecas del arte occidental y concurrió al taller de André Lothe
  • En 1969 es invitado a exponer en la URSS, Polonia y Alemania.
Obtuvo premios en salones provinciales y nacionales, en el exterior obtuvo la Medalla de Honor en pintura, Feria Internacional de Bruselas; el Premio Especial de dibujo II, Bienal de México, El Premio de Honor, Salón Internacional de Saigón. En el exterior participó de exposiciones colectivas en París, Washington, Lima, Varsovia, San Francisco, Melbourne y Tokyo, Porto Alegre, México, Roma y Brasilia, entre otras; y en exposiciones individuales en Ecuador, Lima, Praga, México, Varsovia y Montevideo, entre otras. Se lo denominaba “pintor social”, queriendo significar es un artista que utilizaba la pintura para denunciar situaciones de injusticia.

En su última etapa, dos vertientes parecen insinuarse en la producción artística, por un lado las obras en que desarrolla una búsqueda plástica total y por el otro, aquellas en las que prevalece una intención política y comprometida. Pero sus obras no pueden quedar reducidas a una denuncia política, debemos diferenciar el aspecto militante y comprometido del hombre concreto, de la personalidad creadora y sus búsquedas. Castagnino era un hombre preocupado por la problemática de su tiempo.

Entre sus obras de carácter mural se destacan: Fresco Obreros y Campesinos; Ofrenda de la Nueva Tierra; Galería Pacífico, en colaboración con Lino Spilimbergo, Antonio Berni, Demetrio Urruchua y Manuel Colmerio en Buenos Aires; Mural Elogio del Río Uruguay; Mural en el Amanecer de la Ciudad; Hombre, Espacio y Esperanza; Panel Sol y Luna, por citar algunas de sus magníficas realizaciones. Murió en Buenos Aires, el 21 de abril de 1972. El Museo de Arte de Mar del Plata lleva su nombre desde 1982, como homenaje a este maestro de la plástica argentina.

Museo de Arte Juan Carlos Castagnino desde 1982


Fuente:
Revista Toledo con Todos – Abril de 1998


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