sábado, 1 de marzo de 2014

LA FAMILIA LAGRANGE

Prologo

Contar la historia de una familia tan señera como la familia Lagrange nos llevaría mucho tiempo. Solo basta con decir que por medio de tres de sus integrantes mas conocidos podemos remontarnos hasta seis generaciones desde 1878 hasta la fecha, recorriendo un derrotero de 136 años. Y si nos ponemos a pensar que la vida de la ciudad tiene 140 años, estamos hablando de una de las familias primigenias de esta ciudad. Y uno de sus integrantes, un ciudadano ilustre.

Pude compartir estudios en el Colegio Industrial (en mis años mozos) con uno de los integrantes de esta familia. Y en esta amistad y en el conocimiento de uno de los prohombres de la ciudad, es que uno llega a su historia, a su conocimiento y porque no decirlo, a la necesidad de rendirle un sentido homenaje en esta era tecnológica que a veces nos arrastra en su devenir, sin detenernos a pensar que a veces estamos parados en un lugar gracias a la grandeza y humildad de otros.

Este es el caso de tres de esos hombres. A su manera, y en sus distintas labores formaron parte del devenir de esta ciudad. Por eso hoy vamos a contar du historia. Para que esa historia tambien sea la historia de todos nosotros. La historia de tres marplatenses de pura cepa que ayudaron al crecimiento de esta ciudad

La llegada a nuestras tierras

Pedro Luro llegó al Puerto de la Laguna de los Padres (Mar del Plata) en 1877; tenía 57 años cuando llegó a estas tierras, a contactarse primero con Patricio Peralta Ramos y con Jacinto Peralta Ramos después, se interesó para poner en funcionamiento el saladero, construir un muelle, y estimular la agricultura, habilitando un molino harinero.

 
Muelle de Pedro Luro. Se observa también la salida del Arroyo Las Chacras y un paredón de contención.Ya se ven bien, las primeras construcciones en la Bristol. Foto enviada por Carlos Alberto de Adá a Fotos de Familia

Los últimos vestigios de este muelle construido por Antonio Lagrange se puede observar en un video que se encuentra en este mismo blog (ver Historia de Muelles ) Es una película extraída del Archivo General de la Nación y esta designada de la siguiente manera: “Mar del Plata - Temporal Mayo de 1920. -Documento Fílmico. Tambor 353. C16. Colección Max Glucksmann” - Extraido del sitio “Mar del Plata de Ayer”

 

Panorámica de la costa  desde Punta Iglesia hacia el sur. Se aprecia el muelle Luro y el puente que cruzaba el arroyo Las Chacras - Fotografía es enviada por Angel J. Somma a Fotos de Familia del Diario La Capital


Antonio Lagrange: 

Había llegado a Mar del Plata desde Lyon (Francia) casado con Pascuala Cadra (Suiza) siendo contratado por don Pedro Luro, para trabajar en su profesión de carpintero, interviniendo en la construcción del denominado Muelle Luro. Al terminar el muelle en el año 1888 se  accidentó cayéndose del mismo muelle que él construyo y de esa manera encontró la muerte; su cuerpo fué llevado a la casa del Sr. César Gascón, en Punta Iglesia..

 
Al pie de esta foto, que no se puede apreciar con mucha nitidez, sentada mi bisabuela Pascal Cadra de Lagrange, llegada de Suiza a estas tierras en el año 1865. Posa con su hijo, mi abuelo,Víctor. Foto enviada por Celia Felippi Lagrange para Fotos Viejas de Mar del Plata.


Al quedar viuda, la Sra. de Lagrange, junto a sus hijos, Víctor y Juana (nacida el 13-10-1883), se trasladan a una casa de la calle Córdoba entre Luro y San Martín que tenía salón a la calle, dos piezas, cocina y una precaria instalación a mas de 40 metros de distancia, con la función sanitaria.

Descendientes de Pascuala Cadra y Antonio Lagrange-De izquierda a derecha Alberto Martin-Carlos Filippi-Coty Tiribelli-Enrique Martin-Celia Filippi-Eduardo Martin. Foto enviada a Fotos de Familia del Diario La Capital
 
Víctor Lagrange: 

Don Victor Lagrange y mi abuela Ester Lagrange en el Balneario Regina en 1927-Foto de Gustavo Martin para Fotos Viejas de Mar del Plata

Nació el 8 de enero de 1885, en una primitiva construcción de la época del saladero de Coelho de Meyrelles, situada en Luro y Santiago del Estero. Víctor Lagrange fué a la Escuela N° 1 hasta cursar 4° grado, y se trasladó luego a Dolores para cursar la Escuela Normal. Regresa a Mar del Plata cuando tiene 11 años y allí aprende el oficio de zapatero en la casa Cataldi, de la calle San Martín. 

 
Victor Lagrange

Un día que pasó la banda música del Sr. Lorenzo Cianchetta, seguida por una gran cantidad de niños con matracas regaladas por la familia Peralta Ramos por el día de Santa Cecilia, pidió permiso al oficial que le enseñaba y salió para no volver mas a ese trabajo, pues tenía interés en prender el oficio de su padre. 

Balneario Regina - Foto enviada por Celia Filippi Lagrange a Fotos Viejas de Mar del Plata
El “barrio chino” que se extendía por la actual Playa Popular desde el extremo norte de la Rambla Bristol (calle San Martín). Se observa el Balneario Regina de Victor Lagrange - Foto enviada  por Jose Alberto Lago a Fotos de Familia del Diario La Capital.



En la foto se ve a Julia, Esther y Victor Lagrange acompañados por María Ravagni y dos empleados del balneario “Regina”, ubicado en Playa Popular- Foto enviada por CeliaFilippi Lagrange a Fotos de Familia del Diario La Capital
En la foto se ve a Julia, Esther y Victor Lagrange acompañados por María Ravagni y dos empleados del balneario “Regina”, ubicado en Playa Popular. Foto enviada por  Celia Filippi Lagrange a Fotos de Familia
Mi bisabuelo Don Víctor Lagrange y mi Pa -Foto enviada por Gustavo Martin a Fotos Viejas de Mar del Plata
El abuelo Víctor Lagrange , los hermanos Martín , tío Cacho , mi Pa y el Telo-Foto enviada por Gustavo Martin a Fotos Viejas de Mar del Plata


Consiguió que lo tomaran en la carpintería del Sr. Pedro Lalanne, sita en Rivadavia entre San Luís y Mitre. Inició esas actividades el 1° de octubre de 1896, limpiaba la carpintería, calentaba la cola y realizaba tareas auxiliares; trabajó junto al oficial Carlos Scerpella, que era cuñado de Lalanne y fué abuelo del que fué intendente de esta ciudad, el Sr. Jorge Raúl Lombardo.   


Carlos Quintino Scerpella quien trabajó con Victor Lagrange en la carpinteria del Sr. Pedro Lalane. Nacio 31 de Mayo de 1866 en Medeglia, Suiza y murió el 8 de Julio de 1959 en Mar del Plata. Abuelo de quien fuera el intendente de Mar del Plata, el Sr. Jorge Lombardo - Foto enviada a Fotos Viejas de Mar del Plata por su bisnieta Marife Lombardo.-


Posteriormente la esposa del Sr. Lalanne falleció, tenía tres hijas: Luisa Mariana y Angela, esta última fue mas tarde la esposa del escribano Alfredo F. Bertoné.

30 de junio de 1906 Boda de mis abuelos Concepción Martín y Víctor Lagrange - Foto enviada por Celia Filippi Lagrange a Fotos Viejas de Mar del Plata

Víctor, aprendió a cocinar y realizó otras tareas como empleado de Lalanne, en el corralón para los caballos de sulkys y otros carruajes. La quinta de Lalanne rodeaba la casa, con plantaciones de frutales y un gran parral. Todavía no estaba construida la Iglesia de San Pedro, y Peralta Ramos alquilaba una parte de la manzana al circo “Clericó”, que era iluminado con candiles, con velas y pedazos de arpillera que despedían denso humo, un payaso que allí actuaba se llamaba Fideo Fino por ser muy delgado. Lagrange y Ramón Durquet tenían entrada gratis al circo y colaboraban en la realización de algunos números, recibidos con simpatía por el público.
 
Mi tía abuela Mercedes Martín y mi tía Esther Lagrange Año 1920. Foto enviada por Gustavo Martin a Fotos Viejas de Mar del Plata

Cuando se vendió la casa de Ireneo Zubiaurre, en 5.900 pesos, la familia Lagrange se trasladó a la calle Jujuy entre San Martín y Rivadavia, propiedad de José Cadra, tío de Víctor, este trabajaba entonces en la carpintería de Carlos F. Sesia edificada sobre el arroyo, lugar que ubicamos posteriormente detrás de las cocinas de lo que fué el Hotel Nogaró; se trabajaba de sol a sol, ganando por día 1,80 pesos.

En la playa del balneario “Regina” de Victor Lagrange, mi abuelo. Las jovencitas cubren sus piernas para la foto.Son las hemanas Victoria y Celia Lagrange.Año 1926″. Envia Celia Filippi Lagrange a Fotos de Familia del Diario La Capital

De las interesantes -Memorias- que escribió Víctor Lagrange, podemos extractar:

“La carpintería de Sesia estaba edificada arriba del arroyo, y era de madera…Por la calle Santa Fé había un puente de material y a un costado del puente colocó el Sr. Sesia una canaleta de madera de un metro, mas o menos, de ancho y unos ochenta centímetros de alto, que llevaba el agua a una gran rueda con canjilones que era la fuerza motriz que hacía andar las máquinas. Así varios años. Los vecinos formularon quejas porque el agua detenida provocaba la multiplicación de los mosquitos.

Aserradero de Sesia. Carlos Sesia nació en Tiglioli d'Asti, en la provincia de Alessandría, Piamonte, Italia, en 1863 en Diag. Alberdi y Santa Fe-Extraido del sitio www.pabloq.blogspot.com
Aserradero Sesia,album de Bonnin,1923-24. Foto de Ignacio Iriarte

Entonces construyó el propietario de la carpintería un túnel de la calle San Luís de un metro de ancho, con bovedilla de ladrillos y llevaba igual el agua a la rueda. En San Luis las aguas formaban una especie de laguna y había una compuerta, para regular el paso del agua a medida de las necesidades del establecimiento. 
 
Puente en Av. Luro entre San Luis y Mitre - Foto extraida del sitio Fotos Viejas de Mar del Plata


En Luro y San Luis había un gran puente madera dura, ancho como la calle y a los costados vereda para el paso de los peatones. A su costado le colocaba alambre tejido porque el sector de abajo del puente se usaba como baño, pero ese alambre duraba poco porque cuando se registraba aumento del caudal del agua del arroyo denominado hoy Las Chacras, esas instalaciones eran arrastradas por la corriente.

Donde está el cine Nogaró había dos grandes galpones de material y techo de chapa para depósito de mercaderías transportadas por los barcos desde el puerto de Buenos Aires. En la actual calle Luro, desde Santiago del Estero a la Barraca, doble fila de carretas tiradas por bueyes que traían la lana desde Maipú y la zona para embarcarla por mar,pues el flete costaba menos. El muelle era de madera y en su centro estaba la vía por donde circulaban las zorras tiradas por un caballo. Así trasladaban la lana a bordo y desembarcaban las mercaderías a la Barraca. Al fondo de esa instalación vivía la familia Mugaburu. La señora Pascuala daba clases a los chicos y cobraba muy poco.

Acompañaban a la madre tres hermanas y un varón, siendo este último gerente del Brístol Hotel durante muchos años. Se llamaba Pedro Mugaburu y era una persona muy querida en la ciudad…”.

La hermana de Víctor, Juana Lagrange, contrajo enlace con Lucio Morrone. Uno de los hijos de este matrimonio,(séptimo varón) fue apadrinado por el Presidente Dr. Roque Saenz Peña.

Don Víctor Lagrange, se casó en primeras nupcias con Concepción Martín, teniendo 5 hijos; y en segundas nupcias con Julia Martín, de cuyo matrimonio nacieron 2 hijos. Los nombres de todos ellos son:-Esther-Victoria-Celia-Víctor-Elena-y del segundo matrimonio Alberto y Julia. Precisamente es Alberto del que hablaremos mas tarde. Pero no nos adelantemos.

 Siempre de izquierda a derecha, de pie Victoria, Elena, Esther-Sentados Victor, Celia, (mi madre), Alberto y Julia - Año1936 - Foto enviada por Celia Filippi Lagrange a Fotos de Familia del Diario La Capital

Cuando se cumplía el cincuentenario de Mar del Plata,(10-2-1924) la Sra. Pascuala Cadra de Lagrange, fué honrada con medalla de oro y diploma de honor, por ser la única mujer con 50 años de residencia en la ciudad, firmó el pergamino, el Sr. José Bañuelos. 

Victor Jose Lagrange (h) -hijo de Victor Lagrange- en las escaleras del Balneario "Regina"- Foto enviada por Pedro Hernan Tonon a Fotos de Familia del Diario La Capital
 
“Año 1925-Parte posterior del balneario “Regina” obra de mi abuelo Victor Lagrange que heredó de su padre Antonio la vocacion por la carpinteria. Este ultimo intervino en la construccion del muelle Luro en el año 1877- En la foto mis tios Victor y Alberto, el menor. En la parte superior asoma una publicidad de Pineral… y tambien mi abuela Concepcion Martín observando a sus hijos”. Foto enviada por Celia Filippi Lagrange a Fotos de Familia del Diario La Capital
Habilidoso en el oficio de carpinteria mi abuelo, Victor Lagrange construye su balneario que inaugura en 1920. Por ese entonces Alvear era presidente del pais y acostumbraba a pasear por las costas marplatenses con su esposa Regina Pacini de Alvear. Por la primera Dama el balneario llevaba su nombre. Por él desfilaron a lo largo de varios años personajes y personalidades cuyos nombres ya escapan de mi memoria… Se decia de Mar del Plata “La segunda Biarritz” comparándola con el famoso centro turístico de Francia. Esta foto fue tomada en el año 1924. En el año 1929 un temporal arrasó con todas las construcciones de la costa. Del lado sur lindaba con el balneario de la familia Poggi y del lado norte con balneario Degregori”.Envia Celia Filippi Lagrange. La imagen corresponde a la actual playa Popular.

Año 1925. Víctor José Lagrange (h) en el balneario Regina. Foto perteneciente a sus hijos, Alicia y Victor Lagrange. Foto enviada por por Celia Filippi Lagrange a Fotos de Familia del Diario La Capital
El muchacho con gorra es Victor J. Lagrange, mi tío, hermano de mi madre. En esa época -1931- se desempeñaba como cadete del Hotel Nogaró. Mi abuelo Víctor era amigo de Luis Nogaró.Foto enviada por Celia Filippi Lagrange a Fotos de Familia del Diario La Capital
Victor J. Lagrange (h)Trabajador competente y muy capaz, con el paso de los años ocupó la gerencia del Hotel Nogaró en Montevideo, Buenos Aires y Mar del Plata.-Foto enviada por Celia Filippi Lagrange a Fotos de Familia del Diario La Capital
Victor J Lagrange (h) y familia. Década del 40. Sitio a determinar. Foto perteneciente a sus hijos, Alicia y Víctor Lagrange. Foto enviada por Celia Filippi Lagrange a Fotos de Familia del Diario La Capital

Víctor Lagrange tuvo diversas actividades, entre ellas en 1920, levantó un gran balneario de madera denominado REGINA, en la Playa Popular, frente a la bajada de la Avenida Luro actual. 
 

Foto del año 1914. Propiedad de mi abuelo Victor Lagrange, ubicada en Moreno 3852. Alli funcionó un deposito de carbón y leña, indispensables para los hoteles que ya empezaban a funcionar. Mi abuelo y sus colaboradores repartian sus tareas entre este negocio y el balneario “Regina”. Lindando, estaba vivienda de la familia que luego fuera reciclada. Considerando que su ciclo de actividades se habia cumplido y a principio de los años 40, mi abuela cede la empresa a sus excelentes colaboradores, la familia Vega. Actualmente se puede observar en la vivienda que los fondos se conservan igual. En el porton de entrada, con mano en la cintura, Victor Lagrange”. Celia Filippi Lagrange.

 
En la carboneria de mi bisabuelo Victor Lagrange año 1930 ubicada en calle Moreno 3846 - Foto enviada por Gustavo Martin a Fotos Viejas de Mar del Plata
Cartel de la carpinteria de Victor Lagrange - Foto enviada a Fotos Viejas de Mar del Plata

En la misma época atendía en la calle Moreno entre Dorrego y Guido, un negocio de venta de carbón y leña, que llevaba el nombre La Argentina. Se asoció posteriormente con Pedro Queirolo, y fundaron un establecimiento de venta al por mayor de carbón de piedra y una fábrica de briquetas de carbonilla, trayendo directamente barcos de Europa para el abastecimiento de carbón. 
 
Flota de camiones cargando para llevar a la carboneria de Victor Lagrange en 1932. Foto enviada por Gustavo Martin a Fotos Viejas de Mar del Plata


El primer barco que entró al puerto local, sobrepasando las 6 mil toneladas de carga, fué el “Cairgnihl”, consignado a esta empresa mencionada.(Fuente Roberto T. Barili)

Victor Lagrange según el Arq. Roberto Cova

Lagrange, nacido en Mar del Plata, perdió a su padre-francés meridional, carpintero de Pedro Luro, que se cayó al mar desde el Muelle y se ahogó, en 1888-y, un niño aún, entró a trabajar en el taller de Pedro Lananne, otro francés meridional, en la calle Rivadavia, frente a San Pedro. Y Lananne tenía un malacate que proporcionaba fuerza motriz a su carpintería…

 
Victor J. Lagrange (h) en 1928. La foto fue tomada en la carpintería y depósito de forrajes de la familia, ubicada en Moreno 3842 - Foto enviada por Celia Filippi Lagrange a Fotos de Familia

Y hay que explicar el caso porque no habrán muchos que sepan que engendro era un malacate. Se trataba de una máquina compuesta por una especie de campana baja de fundición, con su borde inferior dentado; la campana convenientemente sostenida por un armazón de hierro, gira a ras del suelo, sobre un eje vertical puesto en movimiento por una larga vara horizontal articulada con él, cuyo extremo libre tira un caballo que se desplaza por un terraplén circular.

Año 1926. Playa Balneario “Regina” (actual playa Popular). En el espigón de madera, listas para “navegar” las hermanas Victoria y Celia Lagrange con la señorita Pagni.  Foto enviada por Celia Filippi Lagrange

El borde de la campana hace girar un piñón que mueve un eje horizontal que pasa bajo el terraplén y mueve una polea. Este aparato, unido a una noria, sirve para sacar agua; a una amasadora para amasar, a una máquina cualquiera con movimiento rotativo para ponerla en funciones. 


Cometimos hace mucho tiempo, el error de no preguntarle a Lagrange sobre las máquinas de Lalanne pero pensamos, un siglo después de los hechos que se trataría de una pequeña sierra circular, alguna barrenadora, algún torno, que aserrara, agujereara o torneara, respectivamente, maderas blandas, como el entonces vigente pino blanco…

Cacho Martin  Elena Lagrange de Anaya y "Bocha" Martin en 1941 - Foto enviada por Gustavo Martin a Fotos Viejas de Mar del Plata

Por otra parte Carlos Sesia, establece un aserradero sobre el arroyo, en la Diagonal Alberdi, movido por una rueda hidráulica de madera, que el mismo fabricó. Este aserradero se trasladó luego a España y Rivadavia, propulsado allí por una máquina de vapor, pero estaba en su primer emplazamiento en 1897, cuando llegaron los Tiribelli. 
 
Arturo Morrone y compañeros de trabajo saliendo del aserradero Tiribelli en 1934. Enviada por Claudia Bustamante a Fotos de Familia del Diario La Capital


Y esto es así por que el 25 de agosto de ese año Sesia celebra un contrato con José Forni, para la explotación de una carpintería mecánica…establecida sobre el arroyo de este pueblo que, aparentemente siguió allí por lo menos hasta un año después, cuando el 8 de agosto de 1898, Sesia y Forni compran las instalaciones de Rivadavia y España, a solo 5 cuadras de la casilla de los Tiribelli. Ese fué el panorama de la carpintería local en ese tiempo: trabajo a mano, energía animal o hidráulica, alguna pequeña máquina de vapor, algún motor a explosión, quizá, cosa que pudo comenzar a cambiar a partir de enero de 1899, cuando entra a funcionar la Usina del Molino Luro y la electricidad hace su aparición en el pueblo 




Sobre una de las toninas se encuentra mi bisabuelo Aníbal Morrone Lagrange,en 1946 (su primo hermano fue el ingeniero Lagrange)-Foto enviada por Pablo Sebastian Deserio a Fotos de Familia del Diario La Capital

La foto está tomada en la actual esquina de Independencia y Falucho. En ese entonces mi bisabuelo Aníbal Morrone Lagrange era uno de los tres socios de la empresa de transportes “La Libertad”. Hasta hace unos años a la vuelta de esa esquina estaba la parrilla “La Libertad” que tuvo su nombre por estar justamente cerca de esa oficina. La parrilla sigue estando pero con otro nombre”. Foto enviada por Pablo Sebastián Deserio a Fotos de Familia del Diario La Capital


Fuente:
Arq. Roberto Osvaldo Cova - Extraido del sitio Fotos de Familia del Diario La Capital por el Lic. Angel J. Somma


El ingeniero que llegó a buen puerto

Un hombre cuya historia personal y familiar está unida a la de Mar del Plata. Y una vida intensa que todos debemos conocer a fondo. Más allá de la modestia y hombría de bien que lo caracterizan, Alberto Lagrange es uno de los ejemplos que la ciudad tiene el privilegio de exhibir ante el resto de la sociedad argentina, precisamente en un momento en el que figuras como las de este talentoso y no menos tenaz especialista son difíciles de encontrar o lo que es peor, “no tienen la prensa” que sin duda merecen, pues esos espacios suelen ser invadidos por personajes absurdos o directamente impresentables.
 
Albero Lagrange, entrevistado para una nota. Foto de Celia Fillipi Lagrange
Por eso, y obviando cualquier pretensión de reivindicar a este ilustre vecino, ya que no lo necesita, Toledo Con Todos se reunió con él para repasar su vida, sus sueños y, fundamentalmente, recordar las obras que el balneario disfruta hoy merced a su inclaudicable tarea, la que más allá del tiempo transcurrido continúa en estos días gracias a su invalorable aporte desde la Comisión Mixta para la Recuperación del Puerto y las Playas de Mar del Plata. Lagrange nació en nuestra ciudad, al igual que su padre, y recuerda con orgullo que fue su abuelo quien llegó a estas playas luego de aceptar la convocatoria de Pedro Luro.

“Mi abuelo era carpintero de ribera y el pionero lo hizo venir de Francia para construir esos famosos muelles Luro, es decir, el amor por el mar me viene por un atavismo”, asegura.

Hizo la primaria en la escuela 16 y luego cursó el secundario en el Colegio Nacional. Como no Había facultad, se trasladó a La Plata donde se graduó de ingeniero civil e
hidráulico.

“En cuanto me dieron el título me volví a Mar del Plata y apenas llegado empecé a trabajar particularmente en el estudio de un amigo, el ingeniero Héctor Fernández, donde me presenté para afilar los lápices; quería empezar bien de abajo porque no sabía ni hacer la carátula de un plano municipal”.

SALIR ILESO

“Al poco tiempo -añade- me llamó el responsable de Hidráulica en la ciudad, Roque Ciruzzi, para entrar como supernumerario en un trabajo de tres meses. Cuando finalizó me despedí, pero Ciruzzi me dijo que había otra cosa para hacer y así me fui enganchando”.

“Lo primero fue la nivelación para entubar el arroyo El Barco”, aclara. “Lo llamábamos la obra de los cien barrios porque anduvimos por todo el puerto trabajando. Después –continúa-, encaramos algo muy dificultoso en los bañados que están al lado de las playas de estacionamiento de los balnearios de Punta Mogotes”.

“Y un día, me llegó el nombramiento como titular en Hidráulica. Otra vez sin haberlo pedido. Al año y medio falleció Ciruzzi y me encontré al frente de la repartición”.

“No fue fácil –rememora-, porque de repente me encontré al frente de 350 personas; en ese entonces no había muchos equipos y las cuadrillas más chicas no bajaban de 15 personas. Así seguí hasta cumplir cuarenta años en Hidráulica, lapso en el que se hicieron muchas cosas, pero lo mejor, para mí, fue haber pasado tanto tiempo en la función pública y salir ileso”, ironiza.

“Esa época me dio el reconocimiento y el afecto de muchas personas, aunque muchas veces tuve que decir que no”.


RELACIONES AMISTOSAS

Lagrange no olvida que a menudo la burocracia conspiraba contra sus iniciativas.

“Como siempre fue difícil conseguir la aprobación y los fondos para realizar obras, aprovechaba que en veranos venían los principales funcionarios de La Plata, los invitaba a cenar o los llevaba a pasear por ciudad y así me hacía amigo de los que luego debía enfrentar para conseguir las cosas que necesitábamos”.

“En muchos casos –acota-, esas relaciones me facilitaron los trámites para engomar los vehículos o conseguir los equipos para trabajar. Así pudimos sacar adelante muchas obras y como ejemplo tengo lo que pasó en Varese cuyo proyecto durmió 25 años. Y salió a flote porque llegó el ministro, fuimos a comer, charlamos de todo y en medio de todo eso, conseguí el visto bueno para la obra”.

“Además –se enorgullece-, fuimos el único distrito de la provincia al que le permitían estudiar las obras, porque en esa época todo se realizaba en La Plata. Y así salían a veces las cosas. En cambio nosotros podíamos ir mil veces al sitio en cuestión y verificar en el lugar los problemas y corregir los proyectos, cosa que desde 400 kilómetros no podían realizar”.

LA MAYOR OBRA

El emprendimiento de mayor magnitud que dirigió Lagrange, con presupuesto propio incluido, fue la defensa costera de Miramar.

“Debemos recordar que a principios de la década del 60’, debido a una seguidilla de temporales, el mar ya pegaba en el muro de esta ciudad. Es decir, estábamos a las puertas del desastre”.

Defensa costera de Miramar - Extraido del sitio PostalesdeMiramar.com

“La cosa se puso tan fea –prosigue Lagrange- que por fin se decidió hacer la obra y se trabajó en las playas centrales y en las del arroyo El Durazno. Y recuerdo que estaba todo tan calculado que la empresa que se adjudicó la obra compró una cantera y para cumplir con los plazos, debía llegar un camión cargado cada cinco minutos. Hoy, podemos decir con orgullo que Miramar tiene unas playas fantásticas”.

SOBREVIVIENTE

“Yo soy un sobreviviente”, apunta con picardía Lagrange al recordar tantos años de matrimonio junto a Francesca Sina Giurato, la dama que sin hacer caso al comentario, les acerca el café a los todavía somnolientos cronistas.

También recuerda que fue profesor de Física y Matemática en la Escuela Nacional de Comercio, durante 29 años, aunque comenzó como suplente solamente por tres meses.

“Me fui quedando y cuando me quise acordar el tiempo había pasado…”, explica.

EL PUERTO, OTRO VIEJO AMOR

Cuando hace varios años una misión técnica rusa visitó el puerto de Mar del Plata, la palabra que usaron para definir esta monumental obra fue “joya”.E indudablemente uno de los primeros que descubrió el valor que para la ciudad tenía semejante emprendimiento y la necesidad de mantenerlo “vivo” fue nuestro protagonista.

“Lo que le pasa al puerto está dentro de la lógica ya que cualquiera que se meta en el problema le dirá que la estación debe ser limpiada y las playas mejoradas”, puntualiza Lagrange.

“En lo único que tal vez discreparíamos sería en la metodología. Usted pondría esto y yo lo otro. Pero en definitiva, lo que se debe hacer es limpiarlo en todo sentido, sacar los barcos en desuso, reflotar los que están hundidos, limpiar el banco de arena y el espejo interior y evitar que se siga obstruyendo la boca”.

“Además –se entusiasma-, debe ser administrado localmente porque no es posible que las decisiones sigan estando en manos de un señor que tiene su escritorio a 400 kilómetros de Mar del Plata, y que en muchos casos no lo conoce”.

“Debemos tener presente –remarca-, que el puerto sufre problemas cotidianamente y hay que resolverlos de inmediato, por lo que no se puede perder tiempo. Pero, claro, estando tan lejos es muy difícil estar encima de las dificultades y resolverlas con eficacia. Por otra parte, ese mismo señor es responsable de otros 10 puertos, junto con el nuestro, y encima son fluviales…”.

Y cómo será de importante el problema que afecta a nuestro puerto, que en su reciente visita a la ciudad, el ombudsman Maiorano se interesó por lo que le pasa a la estación y prometió ocuparse. No es lo único, ya que hace muy pocos días, un grupo de técnicos holandeses llegó para interiorizarse de la problemática del puerto y proponer soluciones.


Alberto Lagrange - Foto extraida de la Revista Toledo con Todos

Lagrange, que se entrevistó con ellos, señaló que con orgullo que los especialistas había pedido su libro ni bien llegaron al país y que cuando tomaron contacto con el escenario “en vivo”, coincidieron en gran medida con las propuestas que desde siempre defiende el ingeniero marplatense. Tal vez, al enterarse, alguien pudo asombrarse ante este hecho. Los que conocemos a Lagrange y su obra, no.

EL LIBRO DE LA VIDA

La historia del mar que baña nuestras costas, y por lo tanto de nuestras playas, fue escrita de manera magistral por el Ing. Alberto Lagrange y editada por la Fundación Bolsa de Comercio de Mar del Plata en abril de 1993. El libro es una referencia ineludible en el tema y una fuente inagotable de información.

Tapa del libro "Mar, Playas y Puerto" de Alberto Lagrange -
Pero sobre todo, la obra refleja una vida consagrada al estudio de una problemática que está intensamente relacionada con el desarrollo de la región y el futuro socioeconómico de los marplatenses. Y como no podía ser de otra manera, también sus páginas reflejan el profundo amor que don Alberto Lagrange siente por el pasado y el futuro de Mar del Plata y su zona de influencia.

Fuente:
Oscar E. Balmaceda – Revista Toledo con Todos


“Los 100 años del puerto pensado como una gran puerta de ultramar”

(Nota realizada por Oscar Lardizábal basándose en el libro escrito por el Ing. Alberto Lagrange “Mar, playas y Puerto” para el Diario La Capital de Mar del Plata)

Alberto Lagrange - Foto extraida de la Revista Toledo con Todos


Referirse a la historia del puerto de Mar del Plata supone la opción de hablar de su infraestructura o de la rica y singularísima cultura que generó. En esta nota optamos por la primera opción, cuando se está por cumplir --precisamente será el próximo 11 de octubre--, el centenario de la aprobación de la ley nacional por la cual fue construído.

El puerto de Mar del Plata fue una obra colosal en su tiempo, que se inscribió en los sueños grandes que sucedieron a la generación del 80, también en la confianza y la opulencia que se vivía en los años del centenario de la Revolución de Mayo. Los orígenes, concepción y transformaciones de este puerto marplatense fueron precisadas en el libro "Mar, playas y puerto", la gran obra del ingeniero Alberto Lagrange, el mayor diseñador de la defensa costera de la ciudad y quien también ha sido para la historia del puerto y las playas marplatenses un pilar equivalente al de Roberto Cova para la historia de nuestra arquitectura. Esta nota tiene como fuente casi exclusiva el contenido de ese libro.

Bien puede decirse que Lagrange llevaba la ingeniera hidraúlica, orientada a las costas y al mar, en sus genes. Su abuelo Antonio Lagrange, que era experto en trabajos marítimos, vino de su Lyon natal, contratado por Pedro Luro para que reconstruyera el muelle, en la desembocadura del arroyo de las Chacras (Punta Iglesia), que correspondía al saladero Meyrelles, y luego de Peralta Ramos. Es decir, la simiente de un puerto en las costas de Mar del Plata. Antonio Lagrange murió al caer accidentalmente al mar desde el mismo extremo del muelle que vino a construir.

 La ley de Pedro Olegario Luro

En la medida en que los pescadores eran desplazados de la Bristol, pero al tiempo también de que crecían los embarques, aparecieron iniciativas para nuevos amarraderos y resguardos hasta proponerse el gran puerto. El proyecto de ley que finalmente se concretaría tuvo como autor al doctor Pedro Olegario Luro, uno de los 14 hijos de don Pedro Luro.

Como quedó reflejado en el debate parlamentario, se trataba de dar un primer puerto de ultramar para toda la Argentina, porque como lo dijo entonces un legislador "la República Argentina no posee, a pesar de la extensión de su costa marítima, un sólo puerto en las condiciones de éste que se trata de construír". Por entonces eran conocidas y destacadas las dificultades de los grandes "vapores" con pasajeros para acercarse a Buenos Aires por los "canales largos y angostos" del estuario del Río de La Plata. Mar del Plata era la alternativa imaginada. 

La idea era más grande aún: que hubiera un tránsito de cruceros constante, uniendo el país con el viejo continente con un viaje promedio de diez días. Lo de los cruceros no es nuevo, entonces: ya en el mismo proyecto, un siglo atrás, se pensaba a la escollera norte como destinada a servir de amarre para los buques de pasajeros.

 Del barco al tren

En el acto de la primera inauguración de obras, en febrero de 1912, Pedro Olegario Luro habló de hacer una gran estación ferroviaria cerca del puerto, para que cuando la gente llegara a éste pudiera subirse enseguida al tren y estar en Buenos Aires en cuatro horas más. Claro que se desconocían el avión y los vuelos comerciales y se imaginaba un flujo creciente de viajeros entre Europa y la Argentina que poco después decayó para siempre.

La ley 6.499, sancionada el 11 de octubre de 1909, autorizó al Poder Ejecutivo de la Nación, a contratar la construcción del puerto de ultramar de Mar del Plata, con una asignación presupuestaria de 12 millones oro sellado, y para que fuera una puerta de salida para la producción exportable, posibilitando la reducción de los fletes con el aumento de tonelaje y calado de los buques.

De la licitación para el proyecto participaron 8 empresas internacionales. La apertura de sobres tuvo lugar el 14 de julio de 1910, en un aniversario de la Revolución Francesa, como si el día elegido hubiera determinado que fuera de esa nacionalidad la empresa ganadora, poco tiempo después llamada "Societé Nationale de Travaux Publics", y que contaba con el antecedente cercano de haber construído el puerto de Montevideo. Sus cuatro socios propietarios eran de apellidos Allard, Dollfus, Sillard y Wiriot. Años después, cuando los trabajadores de la firma formaron un equipo de fútbol tomaron las dos primeras letras de esos cuatro apellidos para bautizarlo con el nombre de Al-do-si-vi, trocando en v la w original.

¿Por qué el lugar elegido? El "choque" de actividades --el turismo y la pesca comercial-- en la Bristol hizo que con el cambio de siglo los pescadores fueran siendo desplazados cada vez más hacia el sur.

Luego, en cuanto al por qué el sitio definitivo, existen dos versiones, una que atribuye la elección del emplazamiento a una razón de técnica económica: en las lomadas cercanas se encontraba el mayor reservorio de piedra ideal y necesaria para la construcción. Cuanto más cerca estuviera de allí el puerto más fácil y barato sería trasladar los bloques. La otra versión habla de poder y de intereses. El dueño de las tierras era Martínez de Hoz y si en ellas se insertaba el puerto todo su espacio habría de valorizarse todavía más.Una imagen característica del puerto en  construcción es la centralizada en la grúa Titán (llamada así por su gran tamaño), con la que se trasladaron los bloques de hormigón frabicados en el mismo lugar, que tienen un peso de entre 30 y 45 toneladas.

Luego las obras prioritarias serían las de la dársena, para que sirviera a las embarcaciones pesqueras ya existentes, cuya actividad crecía aceleradamente. Pero el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 afectó la marcha de los trabajos. La empresa elegó mayores costos ante el gobierno nacional que le fueron reconocidos. Aún así las obras se irían concretando en plazos mucho más extensos.

En los años 20 la Marina de Guerra gestionó y obtuvo con éxito la zona, dentro del puerto, que habría de convertirse en la Base Naval, la cual en aquel tiempo inaugural era preferida por la misma arma a un establecimiento en Puerto Belgrano.

 Años 30: se completan las escolleras

Para los años treinta ya están construidas las dos grandes escolleras (la Sur, de 2.750,66 metros y la norte de 1.099,44 metros), entre los cuales durante esa década el calado se mantuvo entre los óptimos y buscados entre 36 y 40 pies, pero ya en los 40 comenzó a manifestar el grave problema de la sedimentación de arena en la boca.

Esas décadas, las del 30 y del 40, pueden considerarse las del esplendor del puerto de Mar del Plata, funcionando tal cual lo imaginado, es decir como de aguas profundas. El 25 de agosto de 1925 había recibido al acorazado inglés Repulse, de 33 pies de caladura, 37.400 toneladas de desplazamiento (era en ese momento la mayor nave de la armada británica), trayendo a bordo al entonces Príncipe de Gales, Eduardo de Windsor. Refiere Lagrange, basándose en una memoria de la Asociación de Propaganda y Fomento, que el de Mar del Plata fue el único puerto sudamericano al que pudo entrar y atracar el Repulse.

Otro dato significativo para reconocer la gran profundidad del puerto en esa época es el que hasta aquí, en diez años, llegaron procedentes de puertos europeos (de Inglaterra, la mayoría, pero los hubo de hasta Polonia). los grandes buques que transportaban miles de toneladas del "carbón de piedra" que era el combustible utilizado en las llamadas cocinas económicas. Con el tiempo, la evolución de todo el sistema de puertos del país fue reservando para el de Mar del Plata el destino pesquero, siendo aún hoy en este aspecto, por los embarques y servicios, uno de los principales del mundo.

 El gran problema del banco de arena

Desde mitad de la década del 30 la arena en suspensión que lleva la deriva costera de sur a norte comenzó a sedimentarse, resultado de la barrera de las escolleras. Y así aparece "el problema" muy difícil de resolver, a tal punto que cada tanto, y después de tiempos más o menos prolongados sin dragados, por su causa se llega casi a punto de operatividad cero. 

En su obra, Lagrange refiere los estudios que se hicieron al máximo nivel, nacional y/o internacional, habiendo él mismo participado de algunos de ellos, con la finalidad de hallar la mejor solución para el banco de arena. De aquí la importancia tanto del funcionamiento permanente de una draga flotante, como del proyecto, nunca concretado, de una draga fija que extraiga la arena acumulada al sur, arrojándola hacia el norte, o el refulado, con despliegue y efectos espectaculares que se realizó en 1998, y que después no tuvo, por las acostumbradas circunstancias políticas y económicas de la Argentina, el necesario mantenimiento que conservara tanto la extensión de las playas como el puerto en su mejor operatividad. 

Fuente:


23ª Reunión - CONCEJO DELIBERANTE 27/11 y 4/12/03
HOMENAJE A ALBERTO LAGRANGE

Sr. Presidente: Le damos la bienvenida a la señora Francesca de Lagrange, a la señora Julia Lagrange de Galotti y Víctor José Lagrange, a los familiares y amigos de Alberto Lagrange a quien homenajeamos hoy en este recinto. Se encuentran presentes en representación del Intendente el ingeniero Julio Estévez, del Departamento de Electromecánica y Obras de Gas; el jefe de la Dirección Provincial de Saneamiento y Obras Hidráulicas, ingeniero Roberto Sciarrone; el presidente del Rotary Club Mar del Plata Douglas Jenkins; miembros del Rotary Club; representantes de la Prefectura Naval, de la Base Naval y de la Jefatura Departamental. Para dar comienzo a este homenaje, tiene la palabra el concejal Pezzati.

Sr. Pezzati: Muchas gracias, Presidente. Cuando pensamos en Alberto Lagrange surge de inmediato una palabra asociada asu imagen: el mar. Antes de entrar a realizar algunas consideraciones muy puntuales y en función de parte de la enseñanza que nos dejó Alberto, permítanme hacer algunas digresiones a este tema del que nos hizo tomar tanta conciencia Alberto y que es el mar. Los argentinos no hemos asumido en su totalidad el ser un pueblo marítimo, como el extenso tamaño de sus costas lo indica, y por ese motivo no se ha notado en forma evidente a través de nuestra historia el conocimiento y amor de los argentinos por nuestro extenso litoral atlántico ni por sus puertos, playas, acantilados y por la magia de la presencia del agua, los movimientos incesantes de su superficie y el misterio de su fondo. Este ha sido tal vez el gran triunfo final del nativo indígena sobre su invasor europeo que llegó imbuido del mar en su historia, sus costumbres, su alimentación y que sin embargo en América, al igual que el indio, sólo aprendió a mirar la pampa, le dio la espalda al océano olvidando que al otro lado, ese mismo mar era la esencia de su vida. Por eso el gaucho –mestizo del español y del indígena- siempre se jactaba de ser de tierra adentro, no existe el menor atisbo de algo marítimo en nuestra tradición y folclore. Recién en nuestros tiempos se impone el mar, aunque como un divertimento de la época estival, simplemente como balneario. Por suerte, lentamente empieza a nacer en nuestra generación la noción de la importancia que para la Argentina representa tener un litoral marítimo como el nuestro. Pero si hablamos en general de la responsabilidad de los argentinos, quienes tienen la mayor carga de esa reivindicación no deberían ser los mediterráneos cordobeses, salteños, mendocinos sino que la responsabilidad primera debe ser de los argentinos que tenemos la dicha y la felicidad de vivir a su lado y que por algo nos hacemos llamar marplatenses. Hoy venimos a reivindicar a un hombre que supo levantar esa bandera de Mar del Plata, la del mar, en todos sus actos, pensamientos y accionar: el querido Alberto Lagrange. ¿Cómo podemos definirlo en pocas palabras? Un argentino, un marplatense que dio todo para reivindicar esa idea que Argentina no termina en el mar sino que es parte de él. Alberto fue un distinguido marplatense, profesional de la ingeniería civil e hidráulica que durante más de cuarenta años trabajó en la Dirección Provincial de Hidráulica de la provincia de Buenos Aires y que gracias a ello participó en los mayores emprendimientos acometidos para conciliar la naturaleza del mar con la vida de los habitantes de sus costas. Sus conocimientos teóricos, la enorme experiencia acumulada y, por sobre todo, su vocación marítima, han posibilitado las más importantes obras hidráulicas marítimas en la costa de la provincia de Buenos Aires. Alberto amaba el mar, sin embargo siempre hablaba de él con gran respeto; no le temía pero sabía que nunca podría dominarlo por completo. Era un poco la relación del domador y la fiera. A través de los años se estableció un cariño mutuo pero por sobre todo un respeto mutuo. Controlar la ira del mar,  traducida en temporales, sus zarpazos contra las costas, obligarla a que mansamente entregara arena sin debilitar otras latitudes, comprender sus malhumores con paciencia y cariño. Finalmente la fiera, el mar, se entregaba a sus deseos. Así aparecieron las playas de La Perla, las escolleras en T y la zona entre Cabo Corrientes y El Torreón, única laguna de mar artificial en todo el litoral argentino que posibilita la realización de deportes náuticos en aguas tranquilas. Para atestiguar estas reflexiones, permítanme leer algunos párrafos del libro de Alberto Lagrange que la Fundación Bolsa de Comercio de Mar del Plata en épocas de la presidencia de Martín Inda –con quien tuve el honor de integrar el Consejo de Administración- publicó hace exactamente diez años y que motivó, entre otras cosas, que este Concejo Deliberante creara  a través de un proyecto de Ordenanza presentado por el concejal Pulti, la Comisión Mixta para la Defensa del Puerto y las Playas de Mar del Plata. Dice Lagrange: “Pero por sobre todo entrará en escena y actuará, ya sea en forma explícita o encubierta un personaje imprescindible y omnipotente: el mar. El mar, al que respetaremos profundamente, esa enorme masa moviente que origina y causa tantos desvelos. Procuraremos conocerlo, entrever sus reacciones, descubrir sus características más sobresalientes para intentar comprender su comportamiento, pero insistimos–decía Alberto- respetaremos su accionar, aunque en determinadas circunstancias podamos prevenir su conducta y en la medida que podamos aprovecharnos de ella. El mar dominará la escena pero sin recelo y con confianza habremos de introducirnos en sus profundidades y deslizarnos sobre sus olas para explorar sus secretos”. La primera intervención del hombre sobre el mar en nuestra región fue concebida por el ingeniero Brague en 1856, casi veinte años antes de la fundación de nuestra ciudad. Fue realizado por encargo de don José Coelho de Meyrelles en la zona de la desembocadura del arroyo San Ignacio, que posteriormente se llamaría Las Chacras y que hoy entubado vierte su caudal al norte de Punta Iglesia. Fue destruido por un temporal y sustituido por decisión de don Pedro Luro en 1877. Para ello, don Pedro Luro contrata en Francia a don Antonio Lagrange, oriundo de Lyon y experto en trabajos marítimos. El muelle es construido y terminado en 1888; su ejecutor muere accidentalmente al caer al mar desde el extremo de su propia obra. Pese a su trágico final, establecido en un rancho propiedad de don Pedro Luro ubicado en lo que hoy sería avenida Luro y Santiago del Estero, había conseguido establecer una familia. Herencia genética, designios de Dios, lo cierto es que su nieto Alberto pudo de alguna manera, un siglo después, continuar y complementar la obra que en parte suabuelo dejó inconclusa. Decir entonces que proyectó las escolleras en T, la trampa de arena para la entonces playa de los Ingleses y finalmente la solución del embancamiento del Puerto a través del dragado del canal de acceso y su posterior refulado para ampliar las playas marplatenses, ocupan algunas líneas de estas palabras, pero cuánta dimensión y significado representan para Mar del Plata y su condición de ciudad turística compatible con un puerto de mar activo. Quienes compartimos con Alberto largas charlas, innumerables viajes a La Plata (designado por el presidente de la comisión Martín Inda, que le escapaba al viaje pero mandaba a su amigo Alberto Lagrange), en esas horas gratísimas vivenciamos su poder de convencimiento y a través de sus sencillas y simpáticas explicaciones impulsó la toma de conciencia de una ciudad que luchó a partir de ese momento por sus playas y su puerto. Su familia deberá estar orgullosa de su tenacidad, bonhomía, desinterés y caballerosidad y al recordarlo, hacerlo con el cariño que merece una persona como Alberto que abrazó causas nobles y que nos van a beneficiar a todos los marplatenses. Gracias, Presidente.

Sr. Presidente: Tiene la palabra el concejal Salas.

Sr. Salas: Gracias, señor Presidente. Es muy difícil hablar de Alberto Lagrange y le contaba a usted, señor Presidente, antes de venir a la sesión que en el día de hoy en homenaje a Alberto, abrí su libro y quiero leer muy brevemente algunos reconocimientos que él hacía en este libro. Decía que “quería agradecer a la Fundación Bolsa de Comercio de Mar del Plata, que posibilitó la impresión de este libro, de manera especial a su presidente Martín Inda (que lo sabemos muy amigo de él), que generosamente creyó en las bondades del mismo desde los primeros tramos que conoció del escrito y con su constante apoyo impulsó su desarrollo, terminación y publicación. Al licenciado Agustín Cordero Mujica, secretario ejecutivo, que con sus conocimientos y diligencia allanó el sendero por el que debía transitar esta narración,(que tanto nos enriqueció a todos los que tenemos algún grado de decisión en Mar del Plata). A la profesora Raquel de Antueno de Bernal, distinguida profesional y dilecta amiga, que cometió el error de aceptar mi pedido de revisar este relato y en consecuencia no tuvo otra alternativa que leerlo y ordenar su desmañada escritura. A mi esposa Sina. Al recuerdo de mis progenitores. A mis condiscípulos de la promoción 1938 del Colegio Nacional de Mar del Plata y -termina diciendo- a toda la buena gente que en diferentes niveles fueron mis consecuentes y leales colaboradores en las obras del mar que juntos realizamos”. Y recordaba, señor Presidente, lo que digo permanentemente. Hay gente muy inteligente que pasa desapercibida por la vida porque no tiene una causa por la cual luchar y creo que Alberto Lagrange no pasó desapercibido por la vida, primero, porque era muy buena gente, y segundo, porque tuvo una causa por la cual luchar. Y creo que en su momento no tuvo el reconocimiento de todos nosotros, por esas mezquindades que tiene la política, pero todos los que participamos de esa comisión de defensa de puerto y playas y por suerte pude hacer una nota en el momento que se refularon las playas de la ciudad de Mar del Plata, que tanto reconocimiento tuvo en la Argentina, donde reconocía el esfuerzo de Alberto Lagrange; como el tema del canal del puerto de la ciudad de Mar del Plata y muchísimas cosas más. Y cuando él agradecía a la buena gente recordaba una frase de Platón que dije cuando vino el obispo: “Si eres bueno, ya sabes demasiado, si no, todo lo que aprendas sólo servirá para acrecentar tu propia destrucción”. Creo que Alberto, además de saber mucho, jamás podía acrecentar su propia destrucción porque era muy buena persona y porque siempre, todo lo que supo lo puso al servicio de los demás. Siempre con perfil bajo. Él hablaba del malhumor del mar pero nunca lo vide malhumor a él; siempre ayudándonos con profundos conocimientos, nos hablaba de lo que estaba pasando con las playas de la ciudad de Mar del Plata, que cada vez había menos playas, y realmente le tenemos que agradecer a Alberto que haya pasado por la vida porque no ha pasado desapercibido, porque tuvo una causa por la cual luchar y porque nos dejó a todos una gran enseñanza, desde el punto de vista de los conocimientos pero fundamentalmente respecto de lo buena persona que era y esa es la enseñanza más importante que todos debemos recoger. Nada más, señor Presidente.

Sr. Petrillo: Tiene la palabra el concejal Petrillo.

Sr. Petrillo: Gracias, Presidente. No me resulta fácil expresar mi opinión sobre nuestro querido Alberto Lagrange ya que en mi caso particular se entrecruzan muchos años de relación, de conocimiento, de amistad. Amistad que he hecho no sólo con Alberto sino también con nuestra querida Sina a través de mis suegros. Hace más de treinta y cinco años que conozco a Alberto y a Sina y por eso decía que no es fácil en algunos minutos sintetizar lo que ha sido Alberto como hombre público y desde el punto de vista familiar. Tengo difuso allí en el pasado el momento en que lo conocí pero creo recordar que fue en nuestras luchas estudiantiles –hace más de 35 años- cuando el Rotary Club se reunía en el Club Español. Y hago esta referencia porque hoy en este recinto nos encontramos con muchas caras amigas, gente íntima amiga de Alberto, gente amiga de mi familia, gente muy amiga de mis suegros de toda la vida, con quien Alberto ha compartido todos estos años. Y cuando digo que se entrecruzan y adhiriendo a las palabras de mis colegas que me antecedieron en el uso dela palabra, quiero significar lo que Alberto ha sido como hombre público desde su defensa permanente del mar con todos esos conceptos que tan bien definía Pezzati, pero también con ese sentimiento profundo que él tenía arraigado y que él nos explicaba en lo que yo diría clases que recibíamos de él cuando conversábamos del tema del mar, de la defensa de la costa. En ese perfil de hombre público no puedo dejar de lado también su condición de docente y esto lo vivíamos durante su sepelio con muchos de los que fueron sus alumnos en el Colegio Nacional y Comercial de nuestra ciudad, ni tampoco su perfil de hombre público vinculado al Rotary, a todas las obras que durante tantos años ellos emprendieron y concretaron para tener una ciudad distinta, una Mar del Plata mejor. Podríamos seguir en estas definiciones de lo que ha sido Alberto Lagrange ingeniero como hombre público. Pero sin dudas está la otra componente, el de ser humano, laque tuve el gusto de compartir en familia, su bonhomía, simplemente el ser un buen tipo. Cómo cruzar estos dos conceptos delante de todos ustedes, que lo quisieron y amaron durante todos estos años. Simplemente decirles a sus familiares, en particular a Sina: querida Sina, nuestro mayor respeto por usted, por Alberto, nuestro profundo agradecimiento y nuestro cariño permanente a usted y a todos los amigos que hoy comparten este simple, sincero acto que estamos haciendo en recordación del ingeniero Alberto Lagrange.

Sr. Presidente: Concejal Romanín, tiene la palabra.

Sr. Romanín: Señor Presidente, si en este ejercicio y ocasión que es ser concejal uno puede buscar momentos en los que se siente gratificado y donde realmente valora lo que significa una lucha política por valores más importantes que los del trajinar diario, este es uno de los momentos que como concejal uno agradece poder estar viviendo. Esta función que tenemos nosotros no es sencilla, fácil, en épocas sobre todo turbulentas. Acá ahora tenemos el ruido que no opaca el homenaje que estamos brindando pero sí de alguna manera marca la situación que en este recinto se vive normalmente: de tensión, de conflicto, de intereses que se contraponen y que hacen que a veces uno, en el devenir de la función de concejal, no digo que lamente hacerlo, pero sí que le cueste poder afirmarse, poder sentirse gratificado, poder decir “vale la pena”. Hoy este es uno de esos momentos. Porque yo no tengo, a diferencia de otros amigos concejales que han hablado, el gusto de decir que lo conocí. No participé en la Comisión Mixta de Puerto y Playas que con acierto el hoy Presidente del Cuerpo impulsó; no tuve esa ligazón. No soy del Rotary, tampoco tuve esa posibilidad de intercambiar con él conceptos, creencias, momentos. No lo conocí, no tengo la posibilidad de hablar de Lagrange ser humano, del amigo, de la persona de convicciones profundas, no puedo decir eso, pero sí puedo decir –y en ese ámbito de gratificarse uno- que esta función me permite hablar y rendirle un homenaje sincero al Lagrange público, al Lagrange que a través de distintos hechos políticos participó, logró trascender del Rotary, de su función en la Comisión Mixta de Puerto y Playas, de su función de ingeniero, de su carácter genético de “hijo de” y ser para lo que Mar del Plata y para lo que Romanín significaba cuando se hablaba de Lagrange. Es decir, en Mar del Plata teníamos un tipo que sabe más del mar que muchos argentinos, europeos. Era un verdadero experto, alguien nuestro, y que de alguna manera ha marcado con su devenir, con su proyectos, en su trayectoria, algo que nos debe enriquecer a todos: que en Mar del Plata podemos sacar a grandes tipos para la función pública. Que no somos –como alguna vez equivocadamente un Intendente nos calificó- mediocres; somos gente que puede producir Lagranges y en otras áreas a magníficos expositores de lo marplatense, a ejemplos de lo que un marplatense que se dedica, que tiene vocación, que es honesto y tiene convicciones, cuando se le da esa posibilidad, puede concretar para nuestra ciudad. En nombre del Bloque Progresista adhiero al homenaje, saludo a los familiares y amigos y creo que en conjunto vamos a tratar un proyecto de Ordenanza firmado por todos los bloques en el cual le vamos, más allá de este homenaje a Lagrange, a fijar su nombre en uno de los lugares que quiso y trabajo más por Mar del Plata. Nada más y gracias.

-Siendo las 10:44 ingresa al recinto el concejal Cordeu.

Sr. Presidente: Antes de pasar al tratamiento del expediente que propone el concejal Pezzati, brevemente me gustaría hacer alguna referencia a Alberto. Lagrange era y es una autoridad en su materia, es decir, una personalidad a la cual se cita para acreditar la opinión de quienes como yo y tantos otros somos legos en la materia que él trataba. Y ese es su rasgo más conocido: el de ser una autoridad en la materia. Pero la verdad es que tenía otras cualidades extraordinarias. Por ejemplo, una de las cualidades más brillantes que encontré en su mirada fue lade ser un tipo alegre, la de ser una persona culta, la de ser un hombre de buena conversación, la de ser un hombre grande, de muchos años que naturalmente no iba a la moda y sin embargo su juventud destacaba en cualquier lado. En esa misma mesa en la cual hoy se sientan su señora, sus amigos entrañables como Martín, sus familiares, compartimos muchísimas reuniones de trabajo que –hay que decirlo- en el caso de él fueron por varios años, reiteradamente, también tensionadamente muchas veces y ad honorem por parte de él. Solamente por honrar esa vocación que tenía de marplatense en primer lugar, de defensa del mar y porque le pasaba algo que él confesó riéndose en más de una oportunidad: él decía que no tenía sangre sino que le pasaba agua salada por las venas. Entonces, esa cuestión, esa vocación tan profunda por defender lo marplatense lo llevó a estar trabajando junto a nosotros y fue en esos lugares donde yo me encontraba con un hombre adulto, de una gran alegría, con una gran bonhomía, de un gran don de gente, de buena persona, capaz, con todo equilibrio y sensatez de compartir una cena y tomar algunos vinos charlando agradablemente de cualquier gestión. Muy capaz del humor, como lo es Martín, su compañero inseparable en estas luchas que tuvimos con la Comisión Mixta de Defensa del Puerto y las Playas, muy capaz de reírse. Entonces el contraste de esa autoridad a la cual yo sin conocer fuimos a consultar porque teníamos este libro extraordinario, que casi debo decir que hemos “panfleteado” en Mar del Plata ya que a partir que lo conocíamos, lo distribuíamos. Lo comprábamos, se lo pedíamos a Pezzati, lo distribuíamos en los colegios secundarios, hicimos de esto una herramienta de difusión. Sin conocerlo fuimos un día a consultarlo por lo que estaba aquí escrito y nos encontramos con esta otra persona. La imagen de la autoridad, que uno la imagina un poco fría, o la imagen de un amigo entrañable, querible, con un gran don de gente. Este libro ha cumplido un cometido. Suele decir el escritor portugués José Saramago que el hombre es su obra y yo creo que a través de su obra el hombre trasciende. Hay una forma de trascendencia muy humilde y muy vehemente que creo nunca se la conté a Alberto. Acá se explica por qué se deterioran las playas y por qué a veces hay que dragar la boca de acceso al Puerto, lo explica también, lo entendimos tan claramente y se ha entendido tan rotundamente en la comunidad política local el problema técnico por el cual hay erosión costera, que se ha intentado trasladarlo a otras esferas de donde sale las inversiones para defender la costa de la ciudad, de un modo donde a lo mejor no se terminó de entender como muchos lo entendieron aquí. Pero fue tan intensa la difusión que se hizo de su obra y por su vocación que un día yo fui a dar una charla a la Escuela Nº 1 y un nene de 7 u 8 años se paró y me dijo qué esperábamos para decidir lo que había que hacer en la costa porque la arena deriva en la corriente costera de sur a norte, se choca con la escollera sur, levanta el fondo y entonces no pueden entrar los barcos que sacan la producción de Mar del Plata. Me lo explicó un nene de menos de diez años, un ciudadano ya en marcha, y eso ocurrió porque Alberto escribió esto, porque no fue egoísta con sus conocimiento, porque alguien lo publicó y porque se difundió masivamente merced a los medios de difusión de Mar del Plata. Ese ciudadano, por la obra de Alberto, es mucho más marplatense que aquellos marplatenses que a lo mejor ignoran esa cuestión. Ese chico, que son muchos chicos y personas grandes, está en mejores condiciones de defender los intereses de la ciudad por la generosidad intelectual, la bonhomía y el don de gente de Alberto Lagrange y eso es valiosísimo. No fue Alberto un hombre de la política, de manera que sería malversar su trayectoria, partidizarlo. Alberto no era de ningún partido, Alberto era de Mar del Plata. Sin embargo un hombre inquieto, fue capaz en los últimos años de su vida de aceptar ser candidato de un partido político, nada más que porque quería aportar ideas y programas. Aceptó ser candidato desde el no partidismo, como un desafío más, como algo que -creo yo- se completaba como un avance más de un ser humano que quiso luchar hasta el último día. Aceptó ser candidato en una lista con la condición exclusiva de que se lo pusiera en el último lugar. Quiero concluir estas palabras con la lectura del último párrafo del libro. Después de haber tratado los problemas incluso de la eternidad, los problemas de los 20.000millones de años que llevó la conformación de lo que hoy conocemos como nuestro planeta y nuestro universo, después de haber tratado los problemas de distintos puertos del mundo, las razones hidráulicas de la erosión costera en Mar del Plata, de haber hecho tratamiento de diversos temas, termina su obra diciendo “bueno, lo que acá hemos escrito es como si lo hubiéramos hecho”. Dice así: “No se podrá negar que hemos transformado nuestra costa mediante una optimista visión de futuro (visión que plasma en el último capítulo). Tengo la íntima convicción, porque la presión de los tiempos por venir lo impulsará, de que algún día la gente de esa época verá a nuestro sueño convertido en realidad. Y porque ese convencimiento está reforzado por una reflexión de Julio Verne, con cuyos conceptos me siento identificado: “Todo lo que un hombre pueda imaginar, otro podrá realizarlo”. Pero inexorablemente debemos pisar tierra, vivir nuestro tiempo y dejar un poco de volar con la imaginación, porque llega el momento de escribir tres letras: f, i, n, que unidas forman una palabra que ya es momento de que la escriba. Se llega a ella con cierta resistencia intelectual, porque se tiene conciencia de que aún rondan en la mente ideas, propuestas, experiencias y recuerdos. ¡Son tantos! Debo impedir que irrumpan y compliquen más aún el relato. Los guardaré muy bien bajo llave ...”. En realidad no los guardó, están en este libro y es el deber de los que venimos detrás consagrar en el futuro las obras y las ideas que Alberto nos legó a través de su obra. Concejal Galicer.

Alberto Lagrange en un encuentro con sus discípulos...El día previo a su partida.- Foto de Celia Fillipi Lagrange

Sra. Galicer: Señor Presidente, simplemente quiero sumar a este homenaje una nota recibida ayer en mi despacho del gobernador internacional del Rotary. “De mi consideración: Rotary Internacional por mi intermedio adhiere al acto que realiza el Honorable Concejo Deliberante en justo homenaje al ingeniero Alberto Lagrange, no solamente por haber sido miembro destacado del Rotary Club Mar del Plata, presidente de su junta directiva y hasta el día de su fallecimiento socio honorario de la institución, sino también porque reconocemos en la figura del ingeniero Lagrange la personificación de los valores humanos que los rotarios destacamos y cultivamos: un acendrado sentido de la amistad y una significativa inclinación por la solidaridad hacia sus semejantes. Pero además, el ingeniero Lagrange era un destacadísimo profesional en las áreas vinculadas a la ingeniería hidráulica, alas que había volcado gran parte del trabajo de su vida profesional en la búsqueda de las soluciones en materia de defensa de costas, recuperación de las playas e investigación sobre las corrientes costeras, todo esto con especial énfasis en la preservación del equilibrio natural en el litoral atlántico. Es un legítimo orgullo, que los rotarios podemos expresar que el ingeniero Lagrange ha sido un factor de prestigio de nuestra institución al integrarla durante tantos años con la actitud propia de quienes teniendo sobrados méritos prefieren el refugio de la humildad antes que las manifestaciones espectaculares. Hago propicia esta oportunidad para saludar al Honorable Concejo Deliberante y a su familia. Arquitecto Julio Méndez, gobernador del Distrito 4920”. Nada más.-

Siendo las 10:54 ingresan los concejales García Conde y Páez.

ALTERACIÓN DEL ORDEN DEL DÍA,
INCORPORACIÓN AL ORDEN
DEL DÍA Y TRATAMIENTO SOBRE TABLAS
- 6 -
PROYECTO DE ORDENANZA
RESERVANDO EL NOMBRE DE PLAYA
“INGENIERO ALBERTO LAGRANGE”
PARA SER IMPUESTO ALSECTOR CONOCIDO
COMO PLAYA VARESE (expte. 1951-V-03)

Sr. Presidente: En consideración la alteración del Orden del día: aprobado. Voy a solicitar a los señores concejales votar la incorporación al Orden del Día del expediente 1951-V-03; sírvanse marcar sus votos: aprobado. Sírvanse marcar sus votos para el tratamiento sobre tablas: aprobado. Por Secretaría se dará lectura al proyecto.

Sr. Secretario:(Lee) “Artículo 1º: Reservase el nombre de playa “Ingeniero Alberto A. Lagrange” para ser impuesto al sector conocido como Playa Varese cuando transcurra el plazo establecido en la Ordenanza 9066. Artículo 2º: De forma”.

Sr. Presidente: La reserva temporal se produce porque existe una legislación nacional que para la imposición de nombres debe transcurrir un determinado período de tiempo posterior al fallecimiento de la persona cuyo nombre se impone. En consideración el proyecto de Ordenanza; sírvanse marcar sus votos en general y en particular por constar de un solo artículo: aprobado por unanimidad. A todos los presentes les propongoque concluyamos este homenaje no del modo tradicional con un minuto de silencio sino que los invito a que, en memoria de Alberto, demos un aplauso desde nuestro corazón.

-Nutridos aplausos de los presentes.

Sr. Presidente: Propongo un breve cuarto intermedio. Sírvanse marcar sus votos: aprobado.-Siendo las 11:00 se pasa a cuarto intermedio-A las 11:30 se reinicia la sesión con la presidencia del concejal Irigoin. Se registran las ausencias de la concejala Fernández Puentes y el ingreso de los concejales Dell’Olio y Martínez Zubiaurre




Homenajearán a Alberto Lagrange
12/11/2006 - Diario La Capital

El Concejo Deliberante homenajeará al ingeniero Alberto Lagrange y le impondrá su nombre a Playa Varese, la cual, hoy existe gracias a la obra de escolleras que él mismo diseñó décadas atrás. Lagrange, quien falleció hace ya 3 años, fue el autor de las obras de defensa costera que actualmente existen en Mar del Plata y editó el libro "Mar del Plata, Playa y Puertos".

Tras una extensa labor en Hidráulica de la Provincia, en la década del '90 integró ad honórem la Comisión Mixta de Defensa de las Playas y el Puerto, cuya tarea fue fundamental para que se pudiera dragar el acceso a la estación marítima local y para devolverle arena a algunos balnearios de la ciudad.

Según dijo el concejal de Acción Marplatense, Gustavo Pulti, Varese existe en la actualidad gracias a la obra realizada por Lagrange, quien diseñó e hizo construir las escolleras que actualmente protegen al lugar. La obra permitió recrear una playa que había desaparecido, que fue bautizada como Varese por el propio Lagrange, para recordar a un cantinero que trabajaba en el lugar.

Hace tres años, las cenizas del ingeniero fueron esparcidas en ese mismo lugar. La semana pasada los concejales acordaron que en días más realizarán un acto para colocar una plaqueta e imponerle a la playa el nombre de su mentor.

Después de una inagotable insistencia, aportando datos y registros que no se conservaron, esta placa recuerda al Ing. Lagrange. En la foto Celia Filippi Lagrange y Alicia Lagrange.


Fuentes:

Extracto del Boletín Oficial del Honorable Concejo Deliberante del Partido de General Pueyrredón – 23° Reunión

Lic. Angel J. Osma – Fotos de Familia del Diario la Capital

“El ingeniero que llegó a buen puerto” de Oscar E. Balmaceda – Revista Toledo con Todos - http://toledocontodos.com.ar/?p=1243

“Los 100 años del puerto pensado como una gran puerta de ultramar” de Oscar Lardizábal – Diario La Capital - http://www.lacapitalmdp.com/noticias/La-Ciudad/2009/08/23/118897.htm


1 comentario:

  1. Como nieta de Victor Lagrange, me emociona mirar estas fotos,me siento muy agradecida Pablo. La reseña que elaboraste de mi familia paterna es magnifica. Un abrazo. Alicia.

    ResponderEliminar