viernes, 20 de septiembre de 2013

ESTANCIA EL BOQUERON de ENRIQUE ANCHORENA



Estancia El Boqueron de Enrique Anchorena - Foto extraida del sitio Diario Accion

Saliendo desde Mar del Plata en dirección a Batan y tomando la ruta 88 a la altura del km. 11,26  llegamos hasta el camino conocido como Los Ortiz y desde allí en un trayecto de 8 km. se llega a la entrada principal de la estancia. El notable casco construido en medio de un paisaje inigualable fue obra de Enrique Anchorena y su esposa, Ercilia Cabral Hunter. 

Enrique Justino Pascual de Anchorena Castellanos habia nacido en 1879, hijo de Nicolas Hugo Anchorena Arana (1828-1884) y de Maria Luisa de las Mercedes Castellanos de la Iglesia (1840-1920). Contrajo matrimonio el 14 de septiembre de 1901 con Ercilia Martina Cabral Hunter (nacida en 1880). Tuvieron 5 hijos: Nicolas (1904), Enrique (1907), Alberto (1909), Ercilia (1910-1937) y Amalia (1910)

El dia de la boda de Enrique Anchorena, 14 de septiembre de 1901, con Ercilia Cabral Hunter en la iglesia de la Merced. Foto extraida del sitio La Argentina del Centenario del Diario Accion
 
El dia de la boda de Enrique Anchorena, 14 de septiembre de 1901, con Ercilia Cabral Hunter en la iglesia de la Merced. Foto extraida del sitio La Argentina del Centenario del Diario Accion

Gabriela Acosta de Ocampo, Narciso Ocampo, Adela Unzue de Leloir, Marta Unzue de Blaquier y Maria Luisa Unzue de Aldao, en El Boqueron durante una fiesta. Revista Caras y Caretas en 1913

El nombre de esta estancia es uno de los más encumbrados del área rural marplatense y es una referencia poblacional en desarrollo por su cercanía a la ciudad. El título El Boquerón fue puesto por Ovidio Zubiaurre, una de las primeras autoridades municipales de Mar del Plata. Su padre, Eusebio Zubiaurre, había fundado en la vecindad, en la década del 60 del siglo XIX, la estancia Ituzaingó, nombre que, como El Boquerón, recuerda una famosa batalla de la Guerra del Paraguay. El nombre del barrio se vincula con la guerra que Argentina tuvo con el Paraguay (1867-1870) en el Boquerón, conflicto en el que participo el General Isubarreta a quien por su labor le entregaron 5000 hectáreas en premio. Este luego vende la propiedad a la familia Anchorena

En el circulo vemos a Enrique Anchorena, Marta Unzue de Blaquier, Guillermo Aldao y Carmen Alvear de Peña durante una fiesta de Enrique en la temporada veraniega del '13 en El Boqueron - Revista Caras y Caretas del 1 de marzo de 1913 - Foto extraida del sitio La Argentina del Centenario del Diario Accion

A fines del siglo XIX, Mercedes Castellanos de Anchorena adquirió esta estancia destinada a su hijo Enrique, cuya obra personal se expresa en todos los rincones del casco y del paraje. Empezando por las arboledas que embellecen las colinas circundantes, consideradas el emprendimiento forestal más importante de la región. En las primeras décadas del siglo XX los veraneos en la creciente Mar del Plata atraían a las familias de fortuna. A la construcción de los bellos chalets que le dieron fama al balneario, seguía la casa de la estancia para quienes tenían un campo cerca.

Revista Caras y Caretas del 10 de septiembre de 1921, escenas de El Boqueron, propiedad de Enrique de Anchorena en Mar del Plata - Foto extraida del sitio La Argentina del Centenario del Diario Accion
Enrique de Anchorena y Ercilia Cabral Hunter de Anchorena, junto a Napoleon Paz, durante una reunion en Rosario de la Frontera festejando el Dia de la Virgen de la Montaña;  Caras y Caretas del 7 de septiembre de 1935.Foto extraida del sitio La Argentina del Centenario del Diario Accion

Esta cercanía sobrevalorizaba la estancia desde el punto de vista familiar y social, ya que permitía alternar el veraneo en la playa con el trabajo y los placeres de la estada en la campaña. Así, mientras las tierras de El Boquerón producían, Enrique Anchorena y su esposa, Ercilia Cabral Hunter, emprendieron la construcción de un notable casco de estancia para disfrutar con la familia y sus amigos veraneantes. El Boquerón viejo de Zubiaurre quedó a un costado y todo lo que se hizo después tuvo un espíritu nuevo, el optimismo de la Argentina del Centenario.

Durante la disputa del torneo de golf de la Copa El Boqueron, el dueño de casa Enrique Anchorena con un grupo de invitados - Revista Caras y Caretas en abril de 1937 - Foto extraida del sitio La Argentina del Centenario del Diario Accion

El paisaje era bello de por sí, con esas colinas verdes que cubrían montañas antiguas, con piedras aflorando por todos lados, tanto para acentuar la estética de la naturaleza como para la construcción. Por eso se usó mucha piedra para hacer cercados, paredes, pavimentos, puentes. Disponiendo a gusto de todo el espacio para parquizar, se diversificaron y separaron los centros de interés recreativo, para proponer distintos paseos y actividades al aire libre, mientras una red de caminos internos facilitaba y embellecía los traslados.

Vemos a Enrique Anchorena en compañia de sus invitados durante una «interesante fiesta deportiva-social, la que es una tradicional costumbre del dueño de la estancia El Boqueron» - Revista Caras y Caretas en abril de 1937 - Foto extraida del sitio La Argentina del Centenario del Diario Accion

En un lugar alejado del sector residencial se construyó la pileta de natación, con su vestuario y un solárium al estilo de la época. Cerca, aprovechando el paso de un arroyuelo, se cavaron canales, se levantó una isla y se creó un paseo en bote con el romántico nombre de La Venecia. Para el retiro espiritual y la misa dominical se levantó una pequeña y hermosa capillita de piedra emplazada en una loma de gran impacto visual.

La señora de Anchorena y Demaria Sala, conversando en los links de golf con el señor Arturo Udaondo - Revista Caras y Caretas abril de 1937- Foto extraida del sitio La Argentina del Centenario del Diario Accion

El estilo de vida del balneario marplatense de entonces dictaba que sólo por la mañana se tomaban los baños de mar y por la tarde, después de un copioso almuerzo y una buena siesta, lo obligado era jugar al golf. Entonces, Enrique Anchorena mandó a construir en El Boquerón una cancha de golf de nueve hoyos, un espacio con escollos y declives, árboles a los costados y sierras azules a lo lejos. Una construcción de piedra como casa de té aseguraba tardes de tortas y anocheceres de copas para los aficionados al deporte y sus acompañantes.

En la imagen, los señores Salvador guerrico, Ricardo Cullen Crisol, Ricardo Green y Rafael Pereyra Iraola, «haciendo honores al aperitivo» en el Boqueron en abril de 1937 - Foto extraida del sitio La Argentina del Centenario del Diario Accion
La novia, señorita Amalia de Anchorena, llegando a la basilica del Santisimo Sacramento, acompañada por el padrino, señor Enrique de Anchorena - Foto extraida del sitio La Argentina del Centenario del Diario Accion
Señorita Amalia de Anchorena, saliendo del templo con el señor Ricardo Zuberbuhler en 1935 - Foto extraida del sitio La Argentina del Centenario del Diario Accion

Arriba, sobre la loma más alta, una casa iba creciendo por yuxtaposición de habitaciones a medida que la familia crecía y los huéspedes aumentaban. En el plan de Ercilia y Enrique Anchorena estaba la construcción de una residencia de la misma jerarquía estética del casco, dibujada por Alejandro Bustillo, el arquitecto emblemático de Mar del Plata. Más nunca llegó el momento y el proyecto no se concretó porque la crisis de 1930 terminó con el ambicioso sueño.

Otra imagen de Amalia de Anchorena en 1935 - Foto extraida del sitio La Argentina del Centenario del Diario Accion

Sin embargo, unos años antes, alrededor de 1927, Alejandro Bustillo ya había dejado su impronta profesional en un espacio escénico del paisaje de El Boquerón, una edificación notable al que él mismo le puso el nombre La Ferm. Inspirada en las viejas construcciones de trabajo de la campiña francesa, su enorme volumen blanco se destaca en un claro que deja el bosque, impactando con su diseño totalmente inusual en nuestras estancias.


Piedra fundamental

Aquí también la piedra cumplió un rol fundamental en su estructura, apuntalando paredes, enmarcando terrazas, destacando aberturas y pavimentando totalmente los patios. Allí se concentraron las funciones laborales de la estancia y las dependencias habitacionales del personal, como el gran comedor, los dormitorios, baños, cocina, casa del mayordomo, depósitos varios y una vista espectacular desde ventanas, balcones y terrazas. 

Foto de uno de los porticos de la estancia El Boqueron - Extraido del sitio Revista El Jardin

No se ve el mar, pero sí se percibe su reverbero en el horizonte del lado este. A mediados de siglo desapareció el matrimonio Anchorena y El Boquerón se fraccionó entre sus cinco hijos. Otros 50 años trajeron cambios generacionales y algunas enajenaciones, pero nunca perdió la unidad estilística del conjunto ni la belleza de su marca de nacimiento.

El parque de la Estancia

El paisajista Hermann Böttrich y el arquitecto Alejandro Bustillo fueron los encargados de idear este refugio a sólo minutos de Mar del Plata. Los dueños eligieron al alemán, considerado, junto con Charles Thays, como uno de los paisajistas que más aportaron a la creación de una identidad de los jardines y espacios verdes del Río de la Plata. Entre sus obras, se destacan las plazas de las municipalidades de Sarmiento, Maipú y Lincoln, los parques de las estancias Acelaín, La Azucena y Las Palmas y del actual establecimiento presidencial del Uruguay, conocido como "Barra de San Juan". Aunque el nombre El Boquerón está dado en honor a una batalla ocurrida durante la Guerra de la Triple Alianza, tal vez Böttrich se inspiró en la etimología de la palabra (abertura grande) como leit motiv del diseño.

Un sector del parque de la Estancia El Boqueron - Extraido del sitio Revista El Jardin

Desde el camino de tosca por el que uno llega desde Mar del Plata ya se percibe el juego de abierto y cerrado. A medida que se asciende, los eucaliptos mutan en robles, cedros, magnolias y acacias, y no son más cortinas de una sola fila, sino montes tupidos que alimentan la intriga del curioso.

Un sector del parque de la Estancia El Boqueron - Extraido del sitio Revista El Jardin

A pocos metros, en la intersección del camino, una avenida de ligustros, lambertianas y zarzamoras atraviesa una explanada de pasto que llega hasta la que hoy es la casa principal: una fortaleza de tamaños épicos en la que originalmente vivían los empleados. Por sus dimensiones, llaman la atención sus entradas laterales –no es difícil imaginar carruajes de caballos maniobrar con toda facilidad– y su patio central. Desde cualquier punto, la vista es un mar agitado de pampa.

Un sector del parque de la Estancia El Boqueron - Extraido del sitio Revista El Jardin

El diseño es del arquitecto Alejandro Bustillo, al igual que otras construcciones menores que están diseminadas por el jardín. Alister MacKenzie, para los entendidos el mejor diseñador de canchas de golf de la historia (entre sus obras se destacan la del National de Augusta, en Georgia, las dos canchas del Jockey Club de Buenos Aires y el Golf Club de Montevideo), también fue contratado para intervenir en este sueño grandilocuente. 

Un sector del parque de la Estancia El Boqueron - Extraido del sitio Revista El Jardin

En los bosques de El Boquerón todavía quedan otros tesoros: una fábrica de hielo traída desde Inglaterra –hoy funciona como vestidor para la pileta–, el esqueleto de un invernadero de hierro de origen francés, ciervos –más precisamente axis– y un vasto campo de girasoles.

Un sector del parque de la Estancia El Boqueron - Extraido del sitio Revista El Jardin



Fuentes:
Diario Accion – “La Alegria de Vivir de Enrique Anchorena” http://www.acciontv.com.ar/soca/ancho/enrique/tapa.htm

Yuyú Guzmán, La Nacion, Sábado 18 de marzo de 2006
Las imagenes son gentileza www.revistajardin.com.ar


































Abierto y cerrado
Desde el camino de tosca por el que uno llega desde Mar del Plata ya se percibe el juego de abierto y cerrado. A medida que se asciende, los eucaliptos mutan en robles, cedros, magnolias y acacias, y no son más cortinas de una sola fila, sino montes tupidos que alimentan la intriga del curioso.
A pocos metros, en la intersección del camino, una avenida de ligustros, lambertianas y zarzamoras atraviesa una explanada de pasto que llega hasta la que hoy es la casa principal: una fortaleza de tamaños épicos en la que originalmente vivían los empleados. Por sus dimensiones, llaman la atención sus entradas laterales –no es difícil imaginar carruajes de caballos maniobrar con toda facilidad– y su patio central. Desde cualquier punto, la vista es un mar agitado de pampa.
El diseño es del arquitecto Alejandro Bustillo, al igual que otras construcciones menores que están diseminadas por el jardín. Alister MacKenzie, para los entendidos el mejor diseñador de canchas de golf de la historia (entre sus obras se destacan la del National de Augusta, en Georgia, las dos canchas del Jockey Club de Buenos Aires y el Golf Club de Montevideo), también fue contratado para intervenir en este sueño grandilocuente.
En los bosques de El Boquerón todavía quedan otros tesoros: una fábrica de hielo traída desde Inglaterra –hoy funciona como vestidor para la pileta–, el esqueleto de un invernadero de hierro de origen francés, ciervos –más precisamente axis– y un vasto campo de girasoles.
Texto gentileza: www.revistajardin.com.ar

Por Yuyú Guzmán, La Nacion, Sábado 18 de marzo de 2006
Las imagenes son gentileza www.revistajardin.com.ar

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