jueves, 31 de diciembre de 2020

LOS NÁUFRAGOS DE LA SPEEDWELL

Tapa del cuento "Los náufragos de la Speedwell" de Pablo Junco

 
"Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos,
la edad de la sabiduría, y también de la locura;
la época de las creencias y de la incredulidad;
la era de la luz y de las tinieblas;
la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación.
Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada;
caminábamos directos al cielo
y nos extraviábamos por el camino opuesto".

Charles Dikens


Mi nombre es Isaac Morris. Cuando me enlisté a las ordenes del almirantazgo británico siempre supe que la "Guerra de la Oreja de Jenkins" (1) era una total estupidez. Siempre supuse que fue un pretexto para poder piratear a los barcos españoles que venían de América, si me lo preguntan, pero también en algún momento pensé que sería una buena manera de detener a esos forajidos españoles.

La flota en el cabo Virgen María en la entrada norte del estrecho de Magallanes. Ilustración del viaje alrededor del mundo en los años 1740,  por George Anson..Compilado por Richard Walter] / J. Mason, grav. ; Richard Walter, aut. du texte Éditeur: J. y P. Knapton (Londres) Año 1748

Fue por entones que me enlisté en la marina real, lo cual me permitió formar parte de la tripulación de la fragata Wager, que el 18 de septiembre de 1740 dispuso la salida de una escuadra con seis unidades a cargo del almirante George Anson rumbo al Pacífico. Las naves iban armadas en corso (2) y les aseguro que el único motivo era volver convertidos en cresos (3), pues el objetivo principal era saquear las colonias españolas del occidente de América del Sur.

El 14 de mayo de 1741, a causa de un temporal, la fragata se separó de la flota y naufragamos en el Golfo de Penas dentro del archipiélago de Guayaneco (4). La situación de la tripulación no pudo ser realmente más caótica y penosa, al punto de no poder evitar un motín. Luego de encallar en esa suerte de restinga (5) frente a los desolados cantiles (6) de aquella ribera, nos trasladamos a una isla a doscientas millas de Chile. Del naufragio se salvaron los botes, todo su malotaje (7) armamentos, algunos víveres, la campana de bronce y solo lo que teníamos en cubierta.

La flota en el cabo Virgen María en la entrada norte del estrecho de Magallanes. Ilustración del viaje alrededor del mundo en los años 1740,  por George Anson
Óleo del HMS Wager durante la tormenta que generó el naufragio del buque en el Golfo de Penas dentro del archipiélago de Guayaneco, a 200 millas de Chile

La isla nos sirvió de refugio. Utilizamos maderas para levantar unas viviendas muy precarias. Nos dedicamos por completo a reparar las embarcaciones. En el lugar había habitantes indígenas pacíficos, los que además nos proporcionaron alimentos.

Fue entonces cuando escuché el disparo que inició todas nuestras desventuras. Todos corrimos hacia la playa y allí pudimos ver al capitán Cheap con su pistola humeante en la mano. Tirado en el piso se encontraba el oficial Cozens, sangrando profusamente por una herida en el pecho. Los gritos del capitán Cheap retumbaban en toda la isla.

__ ¡Maldito bucanero, vas a hacer lo que yo te diga! ¡No voy a permitir un motín ahora!__ gritaba el capitán con todas sus fuerzas.
__ ¡No puede obligarnos a volver al estrecho! ¡Es una maldita travesía!. Ya se perdió toda la flota: el Centurión, el Gloucester, el Savern, el Pearl, el Tryal... Ud. quiere matarnos!__ respondía moribundo el oficial Cozens.
__¡Maldito hijo de perra! ¡Yo soy el que da las órdenes! Cállese!__
Mientras que el oficial se retorcía de dolor en el suelo, el guardiamarina Byron intentó socorrerlo, pero Cheap se lo impidió.
__¿Qué creé que está haciendo Byron? ¡Quédese ahí, ni se le ocurra moverse!__
__¡Pero capitán, sino atendemos esa herida se va a morir desangrado!__
__¡No me importa, no quiero que nadie lo toque! ¡El que quiera ayudarlo, correrá con la misma suerte!__

Todos los hombres se miraban sin saber que hacer. Nadie quería discutir con el capitán Cheap quien era conocido como el mas desalmado y cruel de los capitanes. Mientras que Cozens se quejaba del dolor, el segundo capitán de la fragata, Pemberton, un sargento de brigada y el carpintero Cummius se juntaron para ponerse de acuerdo y desarmar al capitán Cheap. Tenían que averiguar que marinos los seguirían y mientras los hombres se juntaban en grupos, el oficial Cozens dejó de gritar. El capitán me ladró una orden.

__Entierre a este bastardo, Morris. Ya no va a molestar más.__ a lo que obedecí rápidamente. Mirando al resto de los hombres exclamó:
__ Espero haber terminado con las discusiones al respecto. Y que quede claro: tenemos que ir al puerto más cercano, o seguir con nuestra ruta__ finalizó amenazante.

Pero por la noche sus planes terminarían. Entre varios hombres encabezados por Pemberton, lograron desarmar a Cheap hasta reducirlo. Finalmente, se tomó la decisión de volver a Inglaterra. Ya se había perdido la escuadra que había armado el almirante Anson. Encontrarla en el Pacífico era como buscar una aguja en un pajar. Tal vez se habían hundido tratando de cruzar el Estrecho de Magallanes, aunque no lo sabíamos. Por otro lado, aún teníamos que terminar de construir una embarcación pequeña, la cual nos llevara a nuestros hogares nuevamente. Los restos de la fragata Wager solo alcanzarían para armar una balandra (8)  pequeña  o tal vez una goleta. (9)

Frontispicio de la obra Account of the Shipwreck of The Wager; and the Subsequent Adventures of Her Crew, 1768. El naufragio del Wager frente a las costas chilenas (óleo de autor desconocido, 1826).

Luego de cinco meses el carpintero Cummius, en un improvisado astillero empezó a armar una goleta que bautizamos con el nombre de Speedwell. Para que contar lo que fueron esos cinco interminables meses, desprovistos de las más elementales normas de convivencia. Quien llevaba el mando de los trabajos ahora era el capitán Pemberton. Había dispuesto una guardia para mantener vigilado a Cheap y sus hombres. Algunos de ellos se dedicaban a la pesca y a la caza, el resto ayudaba a Cummius en la construcción de la goleta y los que quedaban sin tareas, montaban guardia cuidando a Cheap.

Ese capitán había sido tan malvado en todo el viaje, que todos preferían estar a las órdenes de Pemberton. Cuando terminamos la goleta, nos pasábamos largas horas de la tarde solo observándola. Por algún motivo nos sentíamos dueños de ella, ya que la habíamos construido con nuestras propias manos. Samuel Cooper, John Andrews y yo, luego de cenar nos sentábamos cerca de la orilla mientras fumábamos nuestras pipas solo a pensar como sería nuestra vuelta a casa. No pasó mucho tiempo hasta tener todo listo para partir. Pemberton no quería correr riesgos de un motín a bordo. Se decidió que el capitán Cheap y sus oficiales irían en la falúa (10) y en el bote del Wager. El resto, navegaríamos en la goleta Speedwell.

Comenzamos nuestro largo retorno siguiendo la línea de la costa. La goleta navegaba extraordinariamente bien, pero su línea de flotabilidad no era la indicada. Era demasiado peso el que movía, y si el mar se embravecía, corríamos un serio riesgo de hundirnos. Pembertón lo sabía. Decidió volver hacia la orilla y dejar a doce hombres librados a su suerte. En esas condiciones, no sabíamos que era mas seguro, si navegar o estar en tierra.
 
La navegación diaria se hacía muy difícil. Las existencias de comida se habian terminado y nos alimentábamos muy mal. En esas condiciones, Pemberton decidió tocar tierra nuevamente y comenzamos a buscar un lugar adecuado para fondear nuestro buque. Finalmente encontramos los que estábamos buscando.

Actual Playa de los Ingleses, vista aproximada para el año 1742. (Adaptación del autor)

Era una costa extraña. Cuando nos estábamos acercando podía divisarse con el catalejo, gran cantidad de lobos marinos, caballos salvajes, perros cimarrones, cerdos montaraces o pecarís lo cual nos llamó mucho la atención. Finalmente echamos el ancla a una distancia relativamente corta de la costa y a una profundidad de ocho brazas (11) de agua. Los hombres estaban famélicos, algunos se encontraban sin fuerzas ya. Cuando vieron tanta vida salvaje sin poder resistirse, se tiraron al agua para ser los primeros en cazar algo que llevarse a la boca. Uno se ahogó.

A esta altura ya estaban hartos de comer foca hedionda. De los cuarenta y tres hombres que partieron de Puerto Deseado, solamente quince se encontraban en buenas condiciones para nadar, los otros se encontraban con claras muestras de desnutrición y cansancio. Los que siguieron nadando llegaron a la costa pudiendo conseguir alimento y agua. Podíamos considerarnos salvados. 
 
Era un 10 de enero de 1742 cuando la goleta Speedwell llegó a estas playas la cual denominamos "Bahía del Bajío" (12) por haber coincidido nuestra llegada con una bajamar. Los hombres que se encontraban en la goleta, desenrollaron la baderna (13) para hacer una balsa improvisada que sirvió para desembarcar parte de los tripulantes, llevando además, armas, municiones, implementos para pescar, cuchillos y hachas.

Refugio construido al pie de la barranca, excavando una de las tantas cavernas naturales que había en el lugar. Captura de pantalla del documental realizado por la UNMDP
 
Una vez obtenidas las provisiones el grupo de tierra se dividió. Se asignó a cinco hombres la tarea de llevar algunos víveres a bordo del Speedwell. El resto, Guy Broadwater, Samuel Cooper, Benjamín Smith, John Duck, Joseph Clinch, John Andrews y John Allen y yo, seríamos los encargados de buscar alimentos en tierra. El 12 de enero decidimos echar ancla frente a esas costas bravías. La gran cantidad de lobos marinos, caballos salvajes, perros cimarrones, cerdos montaraces o pecarís, nos llamó la atención. 
 
Al pretender volver a la nave, no pudimos hacerlo por estar el viento al sudeste, con horizonte sucio, arbolando mar gruesa, temible por su violencia en esta costa. Y luego viene lo inconcebible. La goleta levó anclas y se alejó del fondeadero, perdiéndose de vista, quedandonos todos en tierra esperando inútilmente el regreso de la nave. Era evidente la intención de abandonarnos. Samuel Cooper dijo:
"Este golpe inesperado, nos ha dejado en una parte del mundo, salvaje y desolada; fatigados, enfermos y desprovistos de víveres. Cierto es que tenemos armas y municiones y que mientras duren intentaremos realizar un satisfactorio esfuerzo para vivir. El lugar habitado mas cerca del que tenemos noticias es Buenos Aires a una 300 millas al noroeste pero estábamos por el momento en muy pobre condición para emprender ese viaje".
No tuvimos mas remedio que encarar la situación de la mejor forma posible; por lo tanto construimos un refugio al pie de la barranca, (14) excavando una de las tantas cavernas naturales que había en el lugar, cuya formación de arcilla arenosa lo permitía. Para alimentarnos, nos dedicábamos a la pesca y a cazar pecaríes, empleando el resalto. A pocos metros teníamos un ojo de agua dulce. (15)

Al comienzo de la primavera intentamos dos veces llegar a Buenos Aires y entregarnos a las autoridades españolas para terminar así nuestro calvario. Caminamos sin éxito, prácticamente sin un rumbo fijo, pero luego de haber recorrido un tercio del camino, retomamos desanimados por no conocer el terreno.

Los náufragos de la Speedwell comiendo lo que encontraban en las inmediaciones.Captura de pantalla del documental realizado por la UNMDP

__ Tenemos que acostúmbranos a la idea de sobrevivir en estas tierras, hasta que algún barco pase y pueda rescatarnos__ dijo Smith.
__No creo que nadie pase por aquí. Estamos alejados del resto del mundo__ se lamentó Clinch. Todos nos miramos esperando una respuesta, pero nadie dijo nada. Sabíamos claramente que de permanecer aquí, nuestros días estarían contados.
Una tarde la desgracia ensombreció el razonable equilibrio que habíamos conseguido, pues al regresar de una de nuestras acostumbradas excursiones de caza por los alrededores, Duck y yo nos encontramos frente a un macabro hallazgo:
__ ¡Oh Dios mío, esto no puede ser cierto!__ comentó angustiado Duck mientras se tapaba la vista con su mano derecha y se dejaba caer al suelo. Tirados en el piso y sangrando copiosamente de sus gargantas se encontraban muertos Broadwater y Smith. Por su parte Clinch y Allen habían desaparecido...
__ ¡Están degollados! Y la caverna ha sido saqueada! __ grité yo mientras tomaba mi arma buscando algún responsable escondido entre los pastizales.

En ese momento me encontraba totalmente poseído y sin ningún control. Lo único que deseaba era encontrar a los salvajes que habían realizado este acto barbárico, pero obviamente no obtendría resultados. Ante estas terribles circunstancias, Cooper, Duck, Andrews y yo, nos sentimos empujados a emprender el proyectado camino a Buenos Aires.
 
Al día siguiente preparamos las pocas cosas que nos quedaban y emprendimos la marcha. Partimos seguidos de algunos perros y un par de chanchos. Seguimos la costa ya que era el camino más razonable para seguir, si queríamos llegar hacia algún lado. (16)

Pero entonces, aunque parezca increíble, volvimos a nuestro punto de partida. No estábamos seguros de exponernos por la costa estando tan desguarnecidos y maltrechos, teniendo en cuenta además que solo quedábamos cuatro hombres contra todos los elementos.

Los hombres del cacique Cangapol llegando a Playa de los Ingleses. Captura de pantalla del documental realizado por la UNMDP
Los náufragos fueron tomados como prisioneros de la tribu del cacique Cangapol quien, después de tenerlos prisioneros por un tiempo, los vendió como esclavos.Captura de pantalla del documental realizado por la UNMDP

Fue entonces que en el camino de regreso, a un año de haber llegado a estas costas, fuimos tomados como prisioneros de la tribu de un terrible cacique llamado Cangapol quien, después de tenernos prisioneros por un tiempo, nos vendió como si fuéramos esclavos. Así fuimos pasando de mano en mano hasta que perdí a mis compañeros de vista. Lo último que supe de John Duck que era de raza negra, fue que terminó vendido como esclavo cerca de Córdoba a un acaudalado del norte de Buenos Aires.

Pero aun nuestro precario destino no había terminado. Cooper, Andrews, y yo años después fuimos rescatados por un buque negrero inglés residente en Buenos Aires, llamado Grey y mas tarde destinados a trabajos forzados en el buque ingles Asia, que estaba en el puerto de Montevideo. Yo recién pudo embarcar hacia Londres el 28 de abril de 1746, previo paso por Montevideo. Siete meses más tarde me enteré que unos padres jesuitas habían decidido instalarse en aquellas tierras. Pero esa es otra historia. (17)


*          *          *
Referencias

(1) La Guerra del Asiento, llamada también "Guerra de la Oreja de Jenkins" por influencia inglesa, fue un conflicto bélico que duró de 1739 a 1748, en el que se enfrentaron las flotas y tropas del Reino de Gran Bretaña y del Reino de España principalmente en el área del Caribe. El curioso nombre con el que es conocido este episodio en la historiografía inglesa, se debe al episodio que dio pretexto para esta guerra: el apresamiento por el guardacostas español La Isabela del navío contrabandista inglés Rebecca, capitaneado por el pirata Robert Jenkins, en 1731. Según el testimonio de Jenkins, que compareció en la Cámara de los Comunes en 1738, como parte de una campaña belicista por parte de la oposición parlamentaria en contra del primer ministro Walpole, el capitán español Juan León Fandiño, que apresó la nave, cortó una oreja a Jenkins al tiempo que le decía (según el testimonio del inglés) «Ve y di a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve». En su comparecencia, Jenkins denunció el caso con la oreja en un frasco, y al considerar la frase de Fandiño como un insulto al monarca británico, Walpole se vio obligado a regañadientes a declarar la guerra a España el 23 de octubre de 1739.
(2) La patente de corso (del latín cursus, «carrera») era un documento entregado por los monarcas de las naciones o los alcaldes de las ciudades (en su caso las corporaciones municipales) por el cual el propietario de un navío tenía permiso de la autoridad para atacar barcos y poblaciones de naciones enemigas. De esta forma el propietario se convertía en parte de la marina del país o la ciudad expendedora.
(3) Creso (en griego Κροῖσος, Kroisos), último rey de Lidia (entre el 560 y el 546 a. C.), de la dinastía Mermnada, su reinado estuvo marcado por los placeres, la guerra y las artes. Creso nació hacia el 595 a. C.. Al morir su padre Aliates de Lidia en el 560 a. C., Creso conquistó Panfilia, Misia y Frigia; en definitiva, sometió a todas las ciudades griegas de Anatolia hasta el río Halis (salvo Mileto), a las que hizo importantes donaciones para sus templos. Debido a la gran riqueza y prosperidad de su país, de él se decía que era el hombre más rico en su tiempo. El significado actual de creso es; acaudalado, multimillonario, opulento, poderoso, potentado, rico.
(4) El archipiélago Guayaneco está situada en el océano Pacífico en la región austral de Chile, en la parte sur del golfo de Penas al comienzo de los canales patagónicos. El nombre de las dos islas principales del archipiélago recuerdan el naufragio del Wager. (isla Byron e isla Wager)
(5) Banco de arena a poca profundidad bajo el mar que en algunos casos emerge formando islotes.
(6) Lugar que forma escalón en la costa o en el fondo del mar.
(7) Comida y enseres que se encuentran dentro del bote para supervivencia.
(8) La balandra es una embarcación pequeña de vela, con un solo palo y cubierta superior.
(9) La goleta es un buque de vela de dos o más mástiles. Es un buque capaz de alcanzar gran velocidad en ceñida y través, y era utilizado de forma parecida al bergantín.
(10) Embarcación ligera, alargada y estrecha, utilizada generalmente en los puertos y en los ríos.
(11) Una braza es una unidad de longitud náutica, usada generalmente para medir la profundidad del agua. Se llama braza porque equivale a la longitud de un par de brazos extendidos, aproximadamente dos metros, ó 6 pies en el sistema de medición estadounidense. Actualmente es considerada arcaica e imprecisa. Una braza inglesa, llamada fathom en inglés, equivale a 1,8288 metros ó 2 yardas (6 pies).
(12) Actualmente denominado como Cabo Corrientes, situado al extremo S.E. de una cadena de colinas del sistema orográfico Sierras del Vulcán, terminando en un promontorio de 44 mts. que con tiempo bueno se ven desde lejos tres cadenas de collados que afectan en forma de cuña disminuyendo gradualmente hasta terminar en el mar, formando una costa de piedra acantilada y limpia. Fuente: "El naufragio del Wager" por Julio Cesar Gascón.
(13) Cabo trenzado de uno o dos metros de largo que se emplea para trincar la caña del timón. Sirve para sujetar el cable al virador siempre que se vira el cabrestante, para apagar una vela, trincar la caña del timón, etc.
(14) Lo que mas tarde fue el Paseo General Paz.
(15) El sector al que se alude existió en el ángulo lindero de la Plaza Colón, hasta que dio comienzo el relleno del Paseo General Paz.
(16) Pasaron por todos los futuros balnearios que en la actualidad serian Pinamar, Villa Gesell y San Bernardo hasta que los detuvieron los cangrejales de Sanborombóm.
(17) En noviembre de 1746 se produjo el primer asentamiento cerca de Mar del Plata. Los jesuitas José Cardiel, Tomás Falkner, Matías Strobel, Gerónimo Rejón y Manuel Querini llegan a la "Laguna de las Cabrillas" hoy Laguna de los Padres en su recuerdo, y fundan la Misión de Nuestra Señora del Pilar de Puelches.

BIBLIOGRAFIA
Adaptación de la llegada de los marineros británicos a las costas de Mar del Plata en 1742. Del cuento "Los náufragos de la Speedwell" de Pablo J. Junco.
https://www.wattpad.com/500955874-los-n%C3%A1ufragos-de-la-speedwell
Carmen Channing Eberhard . “El Naufragio de la HMS Pager (1741) Sus fuentes, Ediciones y Valor Histórico”.  Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Chile. Tesis para acceder al grado de Magíster en Historia por la Pontificia Universidad Catolica de Valparaíso, Chile. Año 2015-2017. 

martes, 22 de diciembre de 2020

GASTON IZOARD EN LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Agustín Izoard, al enrolarse en la guerra en 1914.. Imagen exraida del Diario La Capital

 “Son las últimas voluntades de un soldado francés,
el sargento Agustín Izoard,
residente en Mar del Plata, caído frente al enemigo”.

La carta comienza así, sin demasiados preámbulos, acaso con la intención de recuperar algo de la urgencia perdida en el largo viaje a través del Atlántico. Había sido enviada el 28 de diciembre de 1918 desde el Hospital de Merviller (Francia) con la firma del soldado Georges Rollin y publicada recién por LA CAPITAL el 14 de febrero de 1919. La ciudad recibía con dolor el terrible desenlace de un héroe de la Primera Guerra Mundial. Era, además, la tercera puñalada para la familia Izoard, porque antes habían caído en batalla Gastón y Alberto, hermanos de Agustín. Aquí también lloró a la víctima Adolphine Morán, quien quedó viuda tras una efímera vida en matrimonio.

Agustín (Augustin), nacido en 1892 en Argelia, por entonces colonia francesa, llegó a Buenos Aires junto a su madre y ocho hermanos en febrero de 1908. Esta familia, como tantas otras, subió al barco “Formosa” en el Puerto de Marsella con el sueño de encontrar en el lejano país de Sudamérica un futuro mejor. ¿Por qué Mar del Plata como destino final? Parientes que ya se habían asentado aquí los sedujeron en sus cartas con imágenes de la plaza Colón, diciendo que eran terrenos propios.

Agustín Izoard vivió en esta ciudad entre los 16 y 22 años y, como sus cinco hermanos varones, fue empleado por la empresa de “Allard, Dollfus, Sillard & Wiriot”, la firma que participó de las primeras obras para la construcción del puerto. Su nombre también quedó grabado por ser parte del origen de Aldosivi, hoy uno de los clubes más populares de la ciudad que participa en la Primera División de fútbol y que, con una pequeña variante, tomó el nombre de la combinación de iniciales de aquella constructora francesa: en mayo de 1913 fue protagonista del primer partido que disputó el equipo portuense en su historia, un amistoso ante Atlético Mar del Plata. Lo hizo por pedido de sus compañeros, el fútbol no fue su gran pasión o su actuación estuvo por debajo de lo esperado, ya que desde ese día no jugó más.

Ficha del equipo de Atletico Aldosivi en 1913.. Imagen exraida del Diario La Capital


Por lo tanto, no integró el equipo de Aldosivi que el 13 de julio del mismo año debutó oficialmente en la Liga Marplatense ante Pedro Luro. Su patriotismo estaba por delante de todo: ese domingo prefirió ir al Hotel Colón para celebrar junto a 129 franceses el aniversario -que era el día posterior- de la toma de la Bastilla. Puede ser que allí hallara el estímulo para ofrecerse como voluntario en el Ejército francés al que pertenecería y que le habría de cambiar su vida.

“Era mi compañero de combate desde 1915. Siendo los dos casi americanos, visto que yo resido en Nicaragua, éramos como dos hermanos. El 14 de octubre, designado, como yo, a tomar por asalto, con una sección, un nido de ametralladoras, salió con sus hombres a las tres de la tarde. Yo le servía de refuerzo. Diez minutos después era dueño de la posesión enemiga. Al caer de la tarde, una contraofensiva era dada por los enemigos; entonces Izoard, desbordado por todas partes, se defendía como un tigre; sus hombres, caían uno tras otro; a mí me era imposible de socorrerlo, visto que caía una lluvia de fierro; en fin, me decido a saltar, y llegando a él, lo veo caer con una bala en el pecho”.

En 1914, un 27 de junio, Agustín contrajo matrimonio con Adolphine Morán, también residente marplatense. Y recientemente casado, con 22 años, decidió ir a luchar por su patria a miles de kilómetros. Con un entusiasmo algo ingenuo, partió junto a cuatro de sus hermanos desde la Estación Norte de ferrocarril y el 14 de agosto se embarcó en el Puerto de Buenos Aires. Un mes después llegó a Francia y empezó a escribir otra historia, literalmente. Agustín Izoard integró el 50e Regimiento de Infantería y luego el 8e Regimiento de Infantería. Participó de los combates más importantes de la Gran Guerra, fue herido tres veces y los gases asfixiantes le dañaron la vista y pulmones. Por su valentía, obtuvo dos menciones militares.

Extracto de la ficha militar de Agustín Izoard.. Imagen exraida del Diario La Capital

Dado su desempeño, en julio de 1917 le otorgaron una “licencia”, por lo que decidió regresar a Mar del Plata. Aquí fue recibido con honores. La noche del 13 de ese mes, con motivo de la ya tradicional fiesta de su país, el Comité Patriótico Francés organizó un homenaje especial para el héroe de guerra. El dio un breve discurso, cantó fervientemente La Marsellesa y fue ovacionado por los presentes en el Hotel Famille (estaba en 25 de Mayo y San Luís). Pero su cabeza seguía en la guerra, a la que regresó más lejos del frente de batalla: su nuevo rol era como formador de artilleros. Por eso, sorprendió a todos aquella carta que llegó en el verano de 1919 a nombre de su compañero Rollin.

Hotel de Famille, de Dartiguelongue Hnos., abierto todo el año, ubicado en Av. Pueyrredon (actual Diag. Alberdi) y San Luis, UT 5 (Union Telefónica), año 1920, según una publicidad de la época. Enviada por Enrique Mario Palacio a Fotos de Familia del Diario La Capital

“Reconociéndome, me dijo: escriba al director de LA CAPITAL, calle San Martín, en Mar del Plata, diciéndome que sea amable de saludar al pueblo marplatense por la buena manera en que fui recibido el 13 de julio de 1917… Fueron estas las últimas palabras de este héroe, que lloré y que llevé yo mismo a la tumba, porque horas después recibía dos balas en el pecho y tengo mis días contados, pero antes quiero hacer el gusto de mi querido amigo. Como nunca me habló de parientes, no sé si los tiene. Esperando que la satisfacción será dada a un soldado muerto por el derecho y la libertad, señor director, mis respetuosos saludos”.

El muerto, vivo

Muchos años después de la guerra, Berta escuchaba en la voz insuperable de Gardel el tango “Silencio” (que, decían en la familia, estaba inspirado en la madre de los Izoard), cuando llegó una carta a su domicilio de la calle Alejandro Korn. La procedencia era Charleville-Mézières y, el remitente, nada menos que su hermano Agustín Izoard.

“Salí de la guerra con muchas heridas, pero con vida. Me he casado otra vez. Tengo cinco hijos. Y de trabajo ando bien, pues formé una empresa constructora y esto va hacia adelante”, explicó sin rodeos. Agustín no había muerto en la Primera Guerra Mundial.

Pasaron muchos años más y, mediante otra carta, anunció su visita a Mar del Plata, la que se concretó en 1970, más de medio siglo después de su partida. Lo acompañó entonces su hija Huguette, quien trabajaba como secretaria del general Charles de Gaulle. Ese viaje a los 78 años fue el inicio del cierre de su historia de vida. El condecorado ex sargento tenía varias cicatrices de guerra y una mandíbula de platino -la suya fue destrozada por una bala-. Ya había quedado viudo de su segunda esposa, tenía siete hijos y varios nietos. Aquí pudo ver el puerto por el que había trabajado, se sorprendió por el crecimiento de Mar del Plata y disfrutó al menos por unos días de parte de la familia que había dejado atrás cuando decidió quedarse en Francia.

Agustín (a la derecha) y dos de sus hermanos. Imagen exraida del Diario La Capital


Agustín Izoard no había fallecido de la forma heroica que narró su compañero Georges Rollin, quien, por otro lado, y de acuerdo a su registro militar, también sobrevivió a la guerra y residió en Argelia, donde lo había hecho toda su vida. Posiblemente, a Nicaragua sólo viajó imaginariamente. La muerte del héroe de guerra ocurrió recién el 12 de septiembre de 1984, en Charleville-Mézières, cuando tenía 92 años. 

El mismo año que había llegado la carta anunciando su deceso a LA CAPITAL, Agustín se casaba en Francia con Blanche Josephine Turquin y nacía su primer hijo, Robert Jean Izoard. El soldado que con un coraje ejemplar estuvo en primera línea de batalla ante los ejércitos alemanes y se repuso a heridas de gravedad para continuar la lucha por su patria, quizá no se animó a enfrentar a su esposa de Mar del Plata para decirle que en la guerra también había encontrado un nuevo amor.

Acta casamiento de Agustín Izoard y Blanche Josephine Turquin, Año 1919..Imagen exraida Diario La Capital

“¡Maldita sea la guerra! ¡Ya he peleado! Sobre el frente, ocho días, y en primera línea, cinco, me creía protegido por no sé qué santo viendo mis compañeros caer a mi lado”.

A Gastón Izoard le bastaron pocos días en suelo francés para experimentar el terrible miedo de matar o morir. Su carta, fechada el 13 de octubre de 1914 durante la Primera Guerra Mundial, llegó a Mar del Plata un mes después y fue publicada entonces por el diario LA CAPITAL. El inmigrante que residió en esta ciudad relató su primer encuentro con el horror, describió la vida diaria en la trinchera y manifestó sus sentimientos más profundos. La narración -cuyo contenido se completará en esta nota- tiene un sorprendente nivel de detalle, algo posible sólo en esos días iniciales del conflicto bélico.

“Antes de ayer, después de haber pasado tres días en las trincheras, a 600 metros de los alemanes, y en el momento de ser reemplazado mi regimiento por otro, llegó un obús que, al estallar, me cubrió de tierra y me dejó casi ciego. He quedado con un ojo herido, y me han mandado más atrás”.

Foto ilustrativa del frente de Somme, tomada el 7 de julio de 1916 en la aldea de Biaches. Fueron días cruciales en la vida de Gastón Izoard. Foto: Alamy.Imagen exraida Diario La Capital


Todavía aturdido, Gastón decidió redactar sus primeras líneas en un papel manchado de sangre. Escribir era una forma de abstraerse al contexto de guerra y de tender un puente con el mundo que había dejado atrás, al que pretendía regresar. Además, era algo que le salía con naturalidad (había sido empleado del diario LA CAPITAL). Ya tenía historias tan cautivadoras como perturbadoras para contar.

“Salimos de Burdeos en medio de las delirantes ovaciones del público, que nos cubría de flores. Nos instalamos en un pueblito para dormir hasta las dos, hora en que de repente y señalada seguramente nuestra presencia por algún espía, recibimos una lluvia de 125, que aquí llamamos ‘marmitas’, los cuales nos pusieron en fuga en menos de dos minutos, dejando quince de los nuestros muertos. Ocupamos las trincheras, teniendo a espaldas una quinta, cuyos árboles estaban cargados de manzanas. Una hora después, como la noche era muy obscura, salimos unos cuarenta hombres para recoger esa fruta, y no había transcurrido un minuto cuando nos llegan tres nuevas ‘marmitas’ que al reventar nos arrojan al suelo como a un solo hombre, dándonos a la fuga. Pasado el susto, nos reíamos todos a más no poder”.

La risa, en situaciones trágicas, puede resultar revitalizante. Durante la guerra, era un método de desahogo, una forma de exclamar “¡estoy vivo!”. Y la manzana simboliza en cierta forma el fruto prohibido que siempre persiguió Gastón. Nacido en 1888 en Argelia, por entonces colonia francesa, fue el hijo varón mayor de una familia numerosa (tenía once hermanos, entre ellos Agustín, el soldado que volvió de la muerte).

Debió trabajar sin cesar durante su niñez y adolescencia: cultivaba olivos, nueces y variedades frutales en las tierras de sus padres. Con 19 años, sin un horizonte prometedor, promovió el viaje de toda la familia Izoard a Argentina, que se concretó en febrero de 1908. Pero al poco tiempo de instalarse en Mar del Plata, debió irse a Francia para hacer durante diez meses el servicio militar. Culminado el periodo, cruzó nuevamente el Atlántico y trabajó en la empresa “Allard, Dollfus, Sillard & Wiriot” que había ganado la licitación para construir el puerto de esta ciudad. Hasta que la guerra interrumpió nuevamente sus proyectos, que se redujeron a la mera supervivencia.

“Las trincheras son fosos de 1.60, arreglados de modo que en el fondo podemos estar sentados y tapados en algunas partes por tablas, recubiertos de tierra. En ellas pasamos tres días acechando al enemigo, y luego somos reemplazados. Pasamos el tiempo haciendo fuego, comiendo, fumando, escribiendo y jugando. De noche, la mitad duerme y la otra mitad vela. Delante, los centinelas vigilan. Además, tenemos los aeroplanos, que de cuando en cuando nos envían tarjetas de visita en forma de bombas. De noche, cada partido enemigo trata de acercarse al otro para matarle los centinelas o patrullas”.

El fervor patriótico de Izoard era indudable. Aunque seguramente hubo otras razones en la decisión de ir a un combate tan lejano: la “obligación moral” impuesta desde el “establishment” y quizá cierta presión de la empresa empleadora (no está comprobado en este caso, pero era normal que sucediera en las compañías francesas, inglesas e italianas de la época). Además, le dijeron que la guerra duraría “sólo tres meses”.

Gastón recibió dinero y regalos de la empresa del puerto y el consulado de Francia en Buenos Aires. Y el 14 de agosto se embarcó junto a cuatro hermanos -Alberto, Agustín, Eduardo y María, quien ofició de enfermera- en un clima de fiesta: una banda de música acompañó a los valientes. Hasta entonces todo era bombos y platillos. Pero al llegar a Europa, se topó con la cruel realidad.

“Aquí hay hombres que pelean desde hace setenta días sin haberse desnudado una sola vez. Todos andamos con toda la barba, sucios y delgados; más bien parecemos bandidos que soldados. La mayoría son padres de familia, y cada vez que se piden voluntarios se presentan a centenares. En nuestro ejército, al contrario del alemán, nunca faltó la comida, pero casi siempre carne en conserva, y en vez de pan, bizcochos; vino, nunca; café y leche. Si hay combate, se come todo crudo. Hay pocos soldados que no hayan tenido la disentería. Estas escuadras son como una familia. En ellas se olvida toda la diferencia social. Yo estoy en una de las mejores y de las más pícaras; con nosotros nadie pasa hambre”.

Los hermanos Alberto, Gastón (sentado), Eduardo y Agustín Izoard..Imagen exraida Diario La Capital


Los franco-argentinos fueron destinados principalmente a la infantería, arma que tuvo el 86 por ciento de los muertos. En 1914, Gastón Izoard fue asignado a la unidad número 7 del Regimiento de Infantería Colonial. Luego, pasó a la unidad 37ª, que combatió en la emblemática batalla de Somme. Allí estuvo permanentemente expuesto a la pólvora y las bombas.

“Aquí en el ejército del centro tenemos orden de mantenernos en nuestras posiciones, cueste lo que cueste (…) Pronto ya no habrá más combate de vizcacha, sino cargas a la bayoneta, luchas cuerpo a cuerpo. Así, pecho contra pecho, veremos quién puede más, si la sabia táctica alemana o el furor francés. ¡Pero también cuántas víctimas de cada parte!”

La carta, de elegante prosa, muestra la desazón de un soldado que fue “empujado” al campo de batalla por el contexto de la época. Pero Gastón no tuvo otra opción que adaptarse física y mentalmente a la vida en la guerra. Que no fue de corta duración como se esperaba, porque enseguida se estancó en varios frentes. Su accionar fue destacado y en 1916 lo ascendieron al grado de ayudante.

“¡Si vieras cuánta tristeza hay en esta parte de Francia! Esta región sirvió de teatro para la lucha cuando rechazamos a los alemanes, y ellos, al retirarse, han destruido todo. Todos los pueblos que atravesamos están quemados y nada ha quedado en pie; de cada veinte casas no queda una. Para acampar nos arreglamos como podemos, ya en una granja, ya en una caballeriza, y en sitios donde en tiempo ordinario, no cabrían cien carneros, nos alejamos 250 hombres, y los oficiales se encuentran como en un palacio. El cuerpo colonial, del cual formo parte, ha sido aniquilado; compañías de 250 hombres tienen ahora apenas 70. Los demás son hombres de refuerzo. En fin, venceremos y llegará la paz”.

 
Gastón Izoard dio la vida por Francia. Imagen extraida del Diario La Capital


Los Aliados vencieron. Pero la Gran Guerra se extendió por más de cuatro años y provocó, al menos, diez millones de muertos (no hay datos precisos y se estima que la cifra es superior). Gastón Izoard lideró el 9 de julio de 1916 a un grupo de soldados en la exitosa toma de Biaches y la Maisonnette. Pero un día después falleció en la defensa del mismo sitio, en el marco de la sangrienta batalla de Somme. 

De acuerdo al “diario de marcha del regimiento”, esa tarde del 10 de julio, 50 soldados fueron engañados por alemanes que simularon rendición y los asesinaron “a traición” cuando se acercaron. Quizá murió allí, o tal vez minutos antes en la trinchera. Gastón lo dejó claro desde el principio: ¡maldita sea la guerra!
 
 
Las tropas francesas se preparan para avanzar en las posiciones alemanas. La Batalla del Somme, también conocida como la Ofensiva Somme, fue una de las batallas más grandes de la Primera Guerra Mundial. Fue combatido por los ejércitos de los imperios británico y francés contra el Imperio alemán y tuvo lugar entre el 1 de julio y el 18 de noviembre de 1916 a ambos lados del curso superior del río Somme en Francia.
En la semana previa a la batalla del Somme, se dispararon más de 1,5 millones de proyectiles.
Una mina de 45,000 libras (2 toneladas) bajo las posiciones de primera línea alemana en Hawthorn Redoubt es despedida 10 minutos antes del asalto en Beaumont Hamel en el primer día de la Batalla del Somme. La mina dejó un cráter de 130 pies (40 m) de ancho y 58 pies (18 m) de profundidad. 1 de julio de 1916.
Alemania había cruzado Bélgica para tomar el norte de Francia. En 1916 se desarrollaron quizá dos de las batallas más decisivas de un conflicto al que aún le quedaban dos largos años de batallas. Al norte, en Picardía, el Somme, resaltado en azul en la imagen. La batalla apenas permitió a los británicos ganar un puñado de kilómetros. Más al sur, durante la primera mitad del año, los franceses defendían Verdún, muy protegida, de una ofensiva estratégica alemana que, a largo plazo, se convertiría en uno de su más sonados fracasos durante la Primera Guerra Mundial.

Fuentes:
“La vida de película del soldado marplatense que volvió de la muerte en la Primera Guerra Mundial”por Juan Miguel Alvarez.Rescatado de:
https://www.lacapitalmdp.com/una-carta-con-letras-de-sangre-que-viajo-desde-la-trinchera-hacia-mar-del-plata/?fbclid=IwAR0_kliG0T2xetAuXs2xR0xj7TEFHD2-_GhMVYmftCSCv2etXKZjk0l3fbw
Museo del Hombre del Puerto Cleto Ciocchini,
Centro Genealógico de Pyrénées Atlantiques,
biblioteca virtual de la Biblioteca Nacional de Francia,
Ministerio de Armas de Francia,
Archivo LA CAPITAL,
es.geneanet.org (Michel Amar).

domingo, 13 de diciembre de 2020

ESTANCIA LA RESERVA

Estancia La Reserva


Ubicación

También en Mar del Plata, a 12 km del mar, la estancia La Reserva invita a pasar el día de campo o alojarse. Se encuentra en Estación Camet, a 12 kilómetros de Mar del Plata y a 395 de Capital Federal por Autovía 2, Km. 391.5, tomando a la derecha 3 kilómetros.

Estancia La Reserva
Estancia La Reserva

Originaria de 1930, su estilo es pintoresquista normando francés con detalles de época. En sus 355 hectáreas incluye dos residencias rurales emplazadas en un imponente parque con variedad de árboles y flores. Ambas residencias son ideales para el descanso y disponen de todas las comodidades para su alojamiento: camas dobles o individuales; amplios ambientes; living comedor con hogar; cocina completa. 

Estancia La Reserva

Se proponen alternativas de gastronomía criolla elaboradas artesanalmente con productos de la huerta y típicos de la zona. Cuenta además, con pileta y sauna; mesa de ping-pong; un rincón de artesanías y un salón de eventos para 150 personas.

Recepción en la Estancia La Reserva
Recepción en la Estancia La Reserva
Recepción en la Estancia La Reserva

En este campo funcionó la fábrica de dulce de leche y quesos La Cucharita. Se puede visitar las instalaciones del tambo y ver ordeñar más de 300 vacas. También ver las maquinarias que se utilizaron para la fabricación de productos lácteos. Hay un criadero de llamas que se esquilan, se hila la fibra de su lana y se la utiliza para la fabricación de prendas, que se venden en la estancia.

Exteriores de la Estancia La Reserva

Actividades

Caminatas; visita guiada al tambo y antigua fábrica de dulce de leche y quesos; deportes al aire libre; masajes reiki y reflexología; visitas guiadas; cabalgatas; avistaje de aves.

"En general vienen argentinos que les gusta mucho la vida de campo y también estar al lado del mar. Se da la posibilidad de hacer ambas cosas, porque estamos muy cerca de la playa", comenta Sandra Escobar, la anfitriona.

En el telefono que se muestra mas abajo se puede averiguar cuanto cuesta el día de campo , con asado, actividades recreativas y degustación de dulces. El alojamiento de dos días/una noche, con media pensión es una buena opción para realizar una escapada romantica.

Estancia La Reserva. Imagen extraida del sitio web en Facebook

Salon de Fiestas Estnacia La Reserva. Imagen extraida del sitio web en Facebook
 
Evento folclorico en Estancia La Reserva. Imagen extraida del sitio web en Facebook

 
Informes, (0223) 471-4286.