jueves, 31 de diciembre de 2020

GASTON IZOARD EN LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Agustín Izoard, al enrolarse en la guerra en 1914.. Imagen exraida del Diario La Capital

 “Son las últimas voluntades de un soldado francés,
el sargento Agustín Izoard,
residente en Mar del Plata, caído frente al enemigo”.

La carta comienza así, sin demasiados preámbulos, acaso con la intención de recuperar algo de la urgencia perdida en el largo viaje a través del Atlántico. Había sido enviada el 28 de diciembre de 1918 desde el Hospital de Merviller (Francia) con la firma del soldado Georges Rollin y publicada recién por el Diario La Capital el 14 de febrero de 1919. La ciudad recibía con dolor el terrible desenlace de un héroe de la Primera Guerra Mundial. Era, además, la tercera puñalada para la familia Izoard, porque antes habían caído en batalla Gastón y Alberto, hermanos de Agustín. Aquí también lloró a la víctima Adolphine Morán, quien quedó viuda tras una efímera vida en matrimonio.

Agustín (Augustin), nacido en 1892 en Argelia, por entonces colonia francesa, llegó a Buenos Aires junto a su madre y ocho hermanos en febrero de 1908. Esta familia, como tantas otras, subió al barco “Formosa” en el Puerto de Marsella con el sueño de encontrar en el lejano país de Sudamérica un futuro mejor. ¿Por qué Mar del Plata como destino final? Parientes que ya se habían asentado aquí los sedujeron en sus cartas con imágenes de la plaza Colón, diciendo que eran terrenos propios.

Agustín Izoard vivió en esta ciudad entre los 16 y 22 años y, como sus cinco hermanos varones, fue empleado por la empresa de “Allard, Dollfus, Sillard & Wiriot”, la firma que participó de las primeras obras para la construcción del puerto. Su nombre también quedó grabado por ser parte del origen de Aldosivi, hoy uno de los clubes más populares de la ciudad que participa en la Primera División de fútbol y que, con una pequeña variante, tomó el nombre de la combinación de iniciales de aquella constructora francesa: en mayo de 1913 fue protagonista del primer partido que disputó el equipo portuense en su historia, un amistoso ante Atlético Mar del Plata. Lo hizo por pedido de sus compañeros, el fútbol no fue su gran pasión o su actuación estuvo por debajo de lo esperado, ya que desde ese día no jugó más.

Ficha del equipo de Atletico Aldosivi en 1913.. Imagen exraida del Diario La Capital


Por lo tanto, no integró el equipo de Aldosivi que el 13 de julio del mismo año debutó oficialmente en la Liga Marplatense ante Pedro Luro. Su patriotismo estaba por delante de todo: ese domingo prefirió ir al Hotel Colón para celebrar junto a 129 franceses el aniversario -que era el día posterior- de la toma de la Bastilla. Puede ser que allí hallara el estímulo para ofrecerse como voluntario en el Ejército francés al que pertenecería y que le habría de cambiar su vida.

“Era mi compañero de combate desde 1915. Siendo los dos casi americanos, visto que yo resido en Nicaragua, éramos como dos hermanos. El 14 de octubre, designado, como yo, a tomar por asalto, con una sección, un nido de ametralladoras, salió con sus hombres a las tres de la tarde. Yo le servía de refuerzo. Diez minutos después era dueño de la posesión enemiga. Al caer de la tarde, una contraofensiva era dada por los enemigos; entonces Izoard, desbordado por todas partes, se defendía como un tigre; sus hombres, caían uno tras otro; a mí me era imposible de socorrerlo, visto que caía una lluvia de fierro; en fin, me decido a saltar, y llegando a él, lo veo caer con una bala en el pecho”.

En 1914, un 27 de junio, Agustín contrajo matrimonio con Adolphine Morán, también residente marplatense. Y recientemente casado, con 22 años, decidió ir a luchar por su patria a miles de kilómetros. Con un entusiasmo algo ingenuo, partió junto a cuatro de sus hermanos desde la Estación Norte de ferrocarril y el 14 de agosto se embarcó en el Puerto de Buenos Aires. Un mes después llegó a Francia y empezó a escribir otra historia, literalmente. Agustín Izoard integró el 50e Regimiento de Infantería y luego el 8e Regimiento de Infantería. Participó de los combates más importantes de la Gran Guerra, fue herido tres veces y los gases asfixiantes le dañaron la vista y pulmones. Por su valentía, obtuvo dos menciones militares.

Extracto de la ficha militar de Agustín Izoard.. Imagen exraida del Diario La Capital

Dado su desempeño, en julio de 1917 le otorgaron una “licencia”, por lo que decidió regresar a Mar del Plata. Aquí fue recibido con honores. La noche del 13 de ese mes, con motivo de la ya tradicional fiesta de su país, el Comité Patriótico Francés organizó un homenaje especial para el héroe de guerra. El dio un breve discurso, cantó fervientemente La Marsellesa y fue ovacionado por los presentes en el Hotel Famille (estaba en 25 de Mayo y San Luís). Pero su cabeza seguía en la guerra, a la que regresó más lejos del frente de batalla: su nuevo rol era como formador de artilleros. Por eso, sorprendió a todos aquella carta que llegó en el verano de 1919 a nombre de su compañero Rollin.

Hotel de Famille, de Dartiguelongue Hnos., abierto todo el año, ubicado en Av. Pueyrredon (actual Diag. Alberdi) y San Luis, UT 5 (Union Telefónica), año 1920, según una publicidad de la época. Enviada por Enrique Mario Palacio a Fotos de Familia del Diario La Capital

“Reconociéndome, me dijo: escriba al director del Diario La Capital, calle San Martín, en Mar del Plata, diciéndome que sea amable de saludar al pueblo marplatense por la buena manera en que fui recibido el 13 de julio de 1917… Fueron estas las últimas palabras de este héroe, que lloré y que llevé yo mismo a la tumba, porque horas después recibía dos balas en el pecho y tengo mis días contados, pero antes quiero hacer el gusto de mi querido amigo. Como nunca me habló de parientes, no sé si los tiene. Esperando que la satisfacción será dada a un soldado muerto por el derecho y la libertad, señor director, mis respetuosos saludos”.

El muerto, vivo

Muchos años después de la guerra, Berta escuchaba en la voz insuperable de Gardel el tango “Silencio” (que, decían en la familia, estaba inspirado en la madre de los Izoard), cuando llegó una carta a su domicilio de la calle Alejandro Korn. La procedencia era Charleville-Mézières y, el remitente, nada menos que su hermano Agustín Izoard.

“Salí de la guerra con muchas heridas, pero con vida. Me he casado otra vez. Tengo cinco hijos. Y de trabajo ando bien, pues formé una empresa constructora y esto va hacia adelante”, explicó sin rodeos. Agustín no había muerto en la Primera Guerra Mundial.

Pasaron muchos años más y, mediante otra carta, anunció su visita a Mar del Plata, la que se concretó en 1970, más de medio siglo después de su partida. Lo acompañó entonces su hija Huguette, quien trabajaba como secretaria del general Charles de Gaulle. Ese viaje a los 78 años fue el inicio del cierre de su historia de vida. El condecorado ex sargento tenía varias cicatrices de guerra y una mandíbula de platino -la suya fue destrozada por una bala-. Ya había quedado viudo de su segunda esposa, tenía siete hijos y varios nietos. Aquí pudo ver el puerto por el que había trabajado, se sorprendió por el crecimiento de Mar del Plata y disfrutó al menos por unos días de parte de la familia que había dejado atrás cuando decidió quedarse en Francia.

Agustín (a la derecha) y dos de sus hermanos. Imagen exraida del Diario La Capital


Agustín Izoard no había fallecido de la forma heroica que narró su compañero Georges Rollin, quien, por otro lado, y de acuerdo a su registro militar, también sobrevivió a la guerra y residió en Argelia, donde lo había hecho toda su vida. Posiblemente, a Nicaragua sólo viajó imaginariamente. La muerte del héroe de guerra ocurrió recién el 12 de septiembre de 1984, en Charleville-Mézières, cuando tenía 92 años. 

El mismo año que había llegado la carta anunciando su deceso al Diario La Capital, Agustín se casaba en Francia con Blanche Josephine Turquin y nacía su primer hijo, Robert Jean Izoard. El soldado que con un coraje ejemplar estuvo en primera línea de batalla ante los ejércitos alemanes y se repuso a heridas de gravedad para continuar la lucha por su patria, quizá no se animó a enfrentar a su esposa de Mar del Plata para decirle que en la guerra también había encontrado un nuevo amor.

Acta casamiento de Agustín Izoard y Blanche Josephine Turquin, Año 1919..Imagen exraida Diario La Capital

“¡Maldita sea la guerra! ¡Ya he peleado! Sobre el frente, ocho días, y en primera línea, cinco, me creía protegido por no sé qué santo viendo mis compañeros caer a mi lado”.

A Gastón Izoard le bastaron pocos días en suelo francés para experimentar el terrible miedo de matar o morir. Su carta, fechada el 13 de octubre de 1914 durante la Primera Guerra Mundial, llegó a Mar del Plata un mes después y fue publicada entonces por el Diario La Capital. El inmigrante que residió en esta ciudad relató su primer encuentro con el horror, describió la vida diaria en la trinchera y manifestó sus sentimientos más profundos. La narración -cuyo contenido se completará en esta nota- tiene un sorprendente nivel de detalle, algo posible sólo en esos días iniciales del conflicto bélico.

“Antes de ayer, después de haber pasado tres días en las trincheras, a 600 metros de los alemanes, y en el momento de ser reemplazado mi regimiento por otro, llegó un obús que, al estallar, me cubrió de tierra y me dejó casi ciego. He quedado con un ojo herido, y me han mandado más atrás”.

Foto ilustrativa del frente de Somme, tomada el 7 de julio de 1916 en la aldea de Biaches. Fueron días cruciales en la vida de Gastón Izoard. Foto: Alamy.Imagen exraida Diario La Capital


Todavía aturdido, Gastón decidió redactar sus primeras líneas en un papel manchado de sangre. Escribir era una forma de abstraerse al contexto de guerra y de tender un puente con el mundo que había dejado atrás, al que pretendía regresar. Además, era algo que le salía con naturalidad (había sido empleado del Diario La Capital). Ya tenía historias tan cautivadoras como perturbadoras para contar.

“Salimos de Burdeos en medio de las delirantes ovaciones del público, que nos cubría de flores. Nos instalamos en un pueblito para dormir hasta las dos, hora en que de repente y señalada seguramente nuestra presencia por algún espía, recibimos una lluvia de 125, que aquí llamamos ‘marmitas’, los cuales nos pusieron en fuga en menos de dos minutos, dejando quince de los nuestros muertos. Ocupamos las trincheras, teniendo a espaldas una quinta, cuyos árboles estaban cargados de manzanas. Una hora después, como la noche era muy obscura, salimos unos cuarenta hombres para recoger esa fruta, y no había transcurrido un minuto cuando nos llegan tres nuevas ‘marmitas’ que al reventar nos arrojan al suelo como a un solo hombre, dándonos a la fuga. Pasado el susto, nos reíamos todos a más no poder”.

La risa, en situaciones trágicas, puede resultar revitalizante. Durante la guerra, era un método de desahogo, una forma de exclamar “¡estoy vivo!”. Y la manzana simboliza en cierta forma el fruto prohibido que siempre persiguió Gastón. Nacido en 1888 en Argelia, por entonces colonia francesa, fue el hijo varón mayor de una familia numerosa (tenía once hermanos, entre ellos Agustín, el soldado que volvió de la muerte).

Debió trabajar sin cesar durante su niñez y adolescencia: cultivaba olivos, nueces y variedades frutales en las tierras de sus padres. Con 19 años, sin un horizonte prometedor, promovió el viaje de toda la familia Izoard a Argentina, que se concretó en febrero de 1908. Pero al poco tiempo de instalarse en Mar del Plata, debió irse a Francia para hacer durante diez meses el servicio militar. Culminado el periodo, cruzó nuevamente el Atlántico y trabajó en la empresa “Allard, Dollfus, Sillard & Wiriot” que había ganado la licitación para construir el puerto de esta ciudad. Hasta que la guerra interrumpió nuevamente sus proyectos, que se redujeron a la mera supervivencia.

“Las trincheras son fosos de 1.60, arreglados de modo que en el fondo podemos estar sentados y tapados en algunas partes por tablas, recubiertos de tierra. En ellas pasamos tres días acechando al enemigo, y luego somos reemplazados. Pasamos el tiempo haciendo fuego, comiendo, fumando, escribiendo y jugando. De noche, la mitad duerme y la otra mitad vela. Delante, los centinelas vigilan. Además, tenemos los aeroplanos, que de cuando en cuando nos envían tarjetas de visita en forma de bombas. De noche, cada partido enemigo trata de acercarse al otro para matarle los centinelas o patrullas”.

El fervor patriótico de Izoard era indudable. Aunque seguramente hubo otras razones en la decisión de ir a un combate tan lejano: la “obligación moral” impuesta desde el “establishment” y quizá cierta presión de la empresa empleadora (no está comprobado en este caso, pero era normal que sucediera en las compañías francesas, inglesas e italianas de la época). Además, le dijeron que la guerra duraría “sólo tres meses”.

Gastón recibió dinero y regalos de la empresa del puerto y el consulado de Francia en Buenos Aires. Y el 14 de agosto se embarcó junto a cuatro hermanos -Alberto, Agustín, Eduardo y María, quien ofició de enfermera- en un clima de fiesta: una banda de música acompañó a los valientes. Hasta entonces todo era bombos y platillos. Pero al llegar a Europa, se topó con la cruel realidad.

“Aquí hay hombres que pelean desde hace setenta días sin haberse desnudado una sola vez. Todos andamos con toda la barba, sucios y delgados; más bien parecemos bandidos que soldados. La mayoría son padres de familia, y cada vez que se piden voluntarios se presentan a centenares. En nuestro ejército, al contrario del alemán, nunca faltó la comida, pero casi siempre carne en conserva, y en vez de pan, bizcochos; vino, nunca; café y leche. Si hay combate, se come todo crudo. Hay pocos soldados que no hayan tenido la disentería. Estas escuadras son como una familia. En ellas se olvida toda la diferencia social. Yo estoy en una de las mejores y de las más pícaras; con nosotros nadie pasa hambre”.

Los hermanos Alberto, Gastón (sentado), Eduardo y Agustín Izoard..Imagen exraida Diario La Capital


Los franco-argentinos fueron destinados principalmente a la infantería, arma que tuvo el 86 por ciento de los muertos. En 1914, Gastón Izoard fue asignado a la unidad número 7 del Regimiento de Infantería Colonial. Luego, pasó a la unidad 37ª, que combatió en la emblemática batalla de Somme. Allí estuvo permanentemente expuesto a la pólvora y las bombas.

“Aquí en el ejército del centro tenemos orden de mantenernos en nuestras posiciones, cueste lo que cueste (…) Pronto ya no habrá más combate de vizcacha, sino cargas a la bayoneta, luchas cuerpo a cuerpo. Así, pecho contra pecho, veremos quién puede más, si la sabia táctica alemana o el furor francés. ¡Pero también cuántas víctimas de cada parte!”

La carta, de elegante prosa, muestra la desazón de un soldado que fue “empujado” al campo de batalla por el contexto de la época. Pero Gastón no tuvo otra opción que adaptarse física y mentalmente a la vida en la guerra. Que no fue de corta duración como se esperaba, porque enseguida se estancó en varios frentes. Su accionar fue destacado y en 1916 lo ascendieron al grado de ayudante.

“¡Si vieras cuánta tristeza hay en esta parte de Francia! Esta región sirvió de teatro para la lucha cuando rechazamos a los alemanes, y ellos, al retirarse, han destruido todo. Todos los pueblos que atravesamos están quemados y nada ha quedado en pie; de cada veinte casas no queda una. Para acampar nos arreglamos como podemos, ya en una granja, ya en una caballeriza, y en sitios donde en tiempo ordinario, no cabrían cien carneros, nos alejamos 250 hombres, y los oficiales se encuentran como en un palacio. El cuerpo colonial, del cual formo parte, ha sido aniquilado; compañías de 250 hombres tienen ahora apenas 70. Los demás son hombres de refuerzo. En fin, venceremos y llegará la paz”.

 
Gastón Izoard dio la vida por Francia. Imagen extraida del Diario La Capital


Los Aliados vencieron. Pero la Gran Guerra se extendió por más de cuatro años y provocó, al menos, diez millones de muertos (no hay datos precisos y se estima que la cifra es superior). Gastón Izoard lideró el 9 de julio de 1916 a un grupo de soldados en la exitosa toma de Biaches y la Maisonnette. Pero un día después falleció en la defensa del mismo sitio, en el marco de la sangrienta batalla de Somme. 

De acuerdo al “diario de marcha del regimiento”, esa tarde del 10 de julio, 50 soldados fueron engañados por alemanes que simularon rendición y los asesinaron “a traición” cuando se acercaron. Quizá murió allí, o tal vez minutos antes en la trinchera. Gastón lo dejó claro desde el principio: ¡maldita sea la guerra!
 
 
Las tropas francesas se preparan para avanzar en las posiciones alemanas. La Batalla del Somme, también conocida como la Ofensiva Somme, fue una de las batallas más grandes de la Primera Guerra Mundial. Fue combatido por los ejércitos de los imperios británico y francés contra el Imperio alemán y tuvo lugar entre el 1 de julio y el 18 de noviembre de 1916 a ambos lados del curso superior del río Somme en Francia.
En la semana previa a la batalla del Somme, se dispararon más de 1,5 millones de proyectiles.
Una mina de 45,000 libras (2 toneladas) bajo las posiciones de primera línea alemana en Hawthorn Redoubt es despedida 10 minutos antes del asalto en Beaumont Hamel en el primer día de la Batalla del Somme. La mina dejó un cráter de 130 pies (40 m) de ancho y 58 pies (18 m) de profundidad. 1 de julio de 1916.
Alemania había cruzado Bélgica para tomar el norte de Francia. En 1916 se desarrollaron quizá dos de las batallas más decisivas de un conflicto al que aún le quedaban dos largos años de batallas. Al norte, en Picardía, el Somme, resaltado en azul en la imagen. La batalla apenas permitió a los británicos ganar un puñado de kilómetros. Más al sur, durante la primera mitad del año, los franceses defendían Verdún, muy protegida, de una ofensiva estratégica alemana que, a largo plazo, se convertiría en uno de su más sonados fracasos durante la Primera Guerra Mundial.

Fuentes:
  • “La guerra en la sangre”, de Hernán Otero  
  • Museo del Hombre del Puerto Cleto Ciocchini
  • Centro Genealógico de Pyrénées Atlantiques
  • Biblioteca virtual de la Biblioteca Nacional de Francia.
  • Ministerio de Armas de Francia,
  • Archivo Diario LA CAPITAL,
  • es.geneanet.org (Michel Amar).